{"id":80434,"date":"2005-12-01T00:00:00","date_gmt":"2005-12-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/12\/01\/cazadores-de-virus\/"},"modified":"2015-03-26T15:45:59","modified_gmt":"2015-03-26T18:45:59","slug":"cazadores-de-virus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/cazadores-de-virus\/","title":{"rendered":"Cazadores de virus"},"content":{"rendered":"<p>Las vacaciones de julio fueron de mucho trabajo para un grupo de investigadores y estudiantes de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). A bordo de un jeep y de una camioneta, se internaron por los senderos de la Selva Amaz\u00f3nica con la misi\u00f3n de recolectar material biol\u00f3gico de aves, insectos y otros animales. El objetivo: dar sost\u00e9n a investigaciones que procurar rastrear la llegada de enfermedades tales como la gripe aviar o la fiebre del oeste de Nilo, transportadas por las aves migratorias. La elecci\u00f3n de la Amazonia no fue casual. Por un lado, la riqueza de su biodiversidad y el impacto de la deforestaci\u00f3n descontrolada favorecen el surgimiento de virosis emergentes. Por otro, la regi\u00f3n norte de Brasil constituye la puerta de entrada de las principales rutas migratorias de aves, que pueden traer consigo estas afecciones. &#8220;La vigilancia epidemiol\u00f3gica en esta zona es important\u00edsima&#8221;, explica el bi\u00f3logo Luciano Matsumya Thomazelli, que fue de la partida en la expedici\u00f3n.<\/p>\n<p>Una vez concluida la misma, cuando recorrieron alrededor de nueve mil kil\u00f3metros, pasando por diez estados brasile\u00f1os, volvieron a S\u00e3o Paulo con el equipaje lleno. Hab\u00edan extra\u00eddo muestras de sangre, de materia fecal y de secreciones orales de m\u00e1s de 400 patos, pavos, aves silvestres, insectos y murci\u00e9lagos, que ahora est\u00e1n siendo analizados en el Instituto de ciencias Biom\u00e9dicas (ICB) de la USP. En el marco de este tipo de relevamiento, los investigadores procuran hallar los primeros indicios de ingreso de las enfermedades emergentes, y as\u00ed, delinear con rapidez estrategias de prevenci\u00f3n y tratamiento. Los primeros resultados de este esfuerzo muestran que, por ahora, no existen rastros de animales infectados. Pero el monitoreo continuar\u00e1 y se extender\u00e1 a varios estados. El temible virus H5N1, que produce epidemias en pa\u00edses asi\u00e1ticos, fue detectado en aves migratorias halladas muertas en varios pa\u00edses de Europa.<\/p>\n<p>La importancia de esta expedici\u00f3n, capitaneada por Edison Luiz Durigon, profesor de virolog\u00eda de la USP, puede entenderse teniendo en cuenta varios par\u00e1metros. En primer lugar, se cheque\u00f3 con \u00e9xito una estructura m\u00f3vil de monitoreo capaz de salir de S\u00e3o Paulo y llegar por tierra a lugares remotos y poco accesibles. &#8220;Es un reto que tendremos de cumplir en caso de que aparezca de alguna enfermedad desconocida. Ahora estamos preparados para eso&#8221;, dice Durigon. Y en cualquier momento pueden partir de nuevo, a bordo del jeep Land Rover y de la pick-up Ford con capacidad para transportar a diez personas, dos carpas, un barco, equipos de laboratorio y un generador el\u00e9ctrico. Tal estructura es tan s\u00f3lo un ap\u00e9ndice de un proyecto mayor. La idea es recolectar material para abastecer al Laboratorio Klaus Eberhard Stewien, creado hace dos a\u00f1os en el ICB, el primero en el pa\u00eds con el est\u00e1ndar NB3+ (nivel de bioseguridad 3+). Es casi el m\u00e1ximo posible para la investigaci\u00f3n civil &#8211; hay instalaciones m\u00e1s sofisticadas solamente en los pa\u00edses desarrollados.<\/p>\n<p>En segundo lugar, el viaje fue \u00fatil para entrenar a futuros investigadores. Entre los ocho integrantes que viajaron con Durigon y otros cuatro que compusieron el equipo de retaguardia, se cuentan ocho alumnos de doctorado, uno de maestr\u00eda y tres de iniciaci\u00f3n cient\u00edfica. La mayor\u00eda encar\u00f3 en este viaje su primera gran experiencia de campo. &#8220;Nunca m\u00e1s voy a observar una muestra dentro de un tubo de ensayo de la misma manera que antes. Aprend\u00ed a respetar el trabajo de quienes obtienen el material&#8221;, dice Jansen de Ara\u00fajo, bi\u00f3logo y alumno de doctorado del ICB. El viaje tambi\u00e9n fue importante por motivos que no caben propiamente en los curr\u00edcula acad\u00e9micos. Si bien es cierto que la expedici\u00f3n sirvi\u00f3 para hacer madurar a los investigadores, tambi\u00e9n fue rica en aventuras y en experiencias de vida. Tuvo desde ribetes cinematogr\u00e1ficos (como la del puente que se desmoron\u00f3 segundos despu\u00e9s del paso de los autom\u00f3viles) hasta ataques de nervios, racionamiento de comida y al menos un vuelco con heridos. Y eso sin contar las curiosas figuras que el grupo conoci\u00f3 a lo largo de los 29 d\u00edas de viaje.<\/p>\n<p>Eran las 13 horas del d\u00eda 3 de julio cuando la expedici\u00f3n, con un total de ocho personas, parti\u00f3 del estacionamiento del ICB, en la ciudad Universitaria. La salida fue el corolario de un esfuerzo de superaci\u00f3n del bi\u00f3logo y doctorando Luiz Francisco Sanfilippo, responsable del equipo de campo, quien junto con el alumno de grado Ricardo Lieutaud concret\u00f3 la tarea de armar la estructura de la expedici\u00f3n. Pocos d\u00edas antes de partir, se descubri\u00f3 que el barco estaba fuera de las especificaciones solicitadas, y \u00e9l tuvo que ser duro con el proveedor, quien termin\u00f3 por cambiarle la mercader\u00eda. Tambi\u00e9n se enoj\u00f3 con el retraso en la entrega de la capota de la pick-up Ford. Lieutaud, tambi\u00e9n convocado para el viaje, no pudo ir debido a un problema familiar. Fue reemplazado por Miguel Augusto Golono, bi\u00f3logo y alumno de doctorado.<\/p>\n<p>Cuatro d\u00edas despu\u00e9s, tras pernoctar en Tr\u00eas Lagoas (Mato Grosso do Sul), Coxim (Mato Grosso do Sul), Cuiab\u00e1 (Mato Grosso) y Comodoro (Mato Grosso), el grupo llegar\u00eda al primer destino, el n\u00facleo de estudios del ICB con sede en Monte Negro, estado de Rond\u00f4nia, a 250 kil\u00f3metros de Porto Velho. Permanecer\u00edan all\u00ed durante una semana, recabando material y calde\u00e1ndose para lo que les deparar\u00eda la expedici\u00f3n de all\u00ed en adelante. Contando con una buena estructura &#8211; el n\u00facleo del ICB dispone de laboratorios, alojamientos y comunicaci\u00f3n -, se arriesgaron a hacer las primeras capturas. Abr\u00edan redes a las cuatro y media de la ma\u00f1ana para capturar insectos y aves.<\/p>\n<p>Luego de la temporada en Monte Negro, se incorporar\u00eda a la expedici\u00f3n una nueva integrante. La bi\u00f3loga Carolina da Silva Ferreira, alumna de maestr\u00eda del ICB, convenci\u00f3 a sus colegas a dejarla ir con ellos. Carolina estaba en Monte Negro hac\u00eda dos meses, haciendo la investigaci\u00f3n que le servir\u00e1 de base para su tesina. Aburrida con la larga temporada lejos de casa, una de sus pocas diversiones era consumir el barat\u00edsimo helado de asa\u00ed vendido en Monte Negro &#8211; cuatro bochas por tan s\u00f3lo 2,50 reales. &#8220;En dos meses engord\u00e9 10 kilos&#8221;, recuerda la bi\u00f3loga. En las semanas siguientes, no solamente perder\u00eda el peso acumulado, sino que tambi\u00e9n protagonizar\u00eda algunas de las situaciones m\u00e1s dif\u00edciles de la expedici\u00f3n.<\/p>\n<p>La salida de Monte Negro con destino a Manaus fue a las 11 de la ma\u00f1ana del d\u00eda 15 de julio. Los investigadores planeaban cumplir el tramo de 680 kil\u00f3metros en un d\u00eda y avisaron a un grupo que los esperaba en Bel\u00e9m que, si en tres d\u00edas no dieran noticias, deber\u00edan buscar ayuda. Pernoctaron en un hotel en Humait\u00e1, ciudad amazonense ubicada pasando el l\u00edmite con Rond\u00f4nia, y a la ma\u00f1ana del d\u00eda 16 se metieron en lo que fue el peor momento del viaje: la carretera BR 319, intrasponible durante el per\u00edodo de lluvias, y un calvario aun en el per\u00edodo de sequ\u00eda y para quienes viajan en jeeps preparados para todo. Sin imaginar lo que tendr\u00edan por delante, cometieron una temeridad &#8211; llevaron poca comida. &#8220;Me pidieron que comprar\u00e1 20 panes para el viaje y yo compr\u00e9 40, pero fue poco&#8221;, recuerda el bi\u00f3logo Jansen de Ara\u00fajo. La estudiante de biomedicina Tatiana Lopes Ometto, alumna de iniciaci\u00f3n cient\u00edfica, resume lo que sucedi\u00f3: &#8220;Salimos felices y entusiasmados, pero a medida que los baches de la carretera iban apareciendo, nuestras sonrisas fueron desapareciendo. Unos estaban preocupados. Otros, bastante nerviosos&#8221;.<\/p>\n<p>En el camino se depararon con un hombre en una motocicleta. Era un habitante de los alrededores que hab\u00eda recibido del gobierno amazonense el encargo de hacer el mantenimiento de los puentes de madera de la carretera BR. El hombre les sugiri\u00f3 que volvieran. Es que el \u00faltimo puente de la carretera se hab\u00eda ca\u00eddo hac\u00eda unos pocos d\u00edas. &#8220;Pero seguimos adelante a\u00fan as\u00ed porque el Land Rover y la pick-up pueden pasar sobre peque\u00f1os r\u00edos&#8221;, dice el profesor Durigon. El hombre les recomend\u00f3 que parasen para dormir en un pueblo, unos kil\u00f3metros m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>Los obst\u00e1culos eran tantos y las condiciones de la carretera tan precarias que a una cierta altura el grupo par\u00f3 para decidir entre todos si deber\u00edan realmente seguir adelante. Hicieron una votaci\u00f3n a la sombra del barco que la pick-up cargaba. La mayor\u00eda opt\u00f3 por seguir viaje &#8211; una de las pocas voces disonantes fue la de Luiz Francisco Sanfilippo, no por casualidad el miembro de la expedici\u00f3n que mejor conoc\u00eda la regi\u00f3n. La tensi\u00f3n alcanz\u00f3 su nivel m\u00e1ximo cuando un puente se desmoron\u00f3 segundos despu\u00e9s del paso de los coches. Entonces s\u00ed, ya no hab\u00eda manera de retroceder. El tiempo fue pasando, el sol se puso &#8211; pero nada de aparecer el tal villorrio descrito por el hombre de la motocicleta, o de cualquier vestigio de vida humana. El m\u00e1s exasperado con la situaci\u00f3n era Miguel Golono. Al borde de un ataque de nervios, exig\u00eda sus tres panes a los que ten\u00eda derecho. Pero sus colegas lo calmaron. Eran las 11 de la noche de aquel s\u00e1bado de luna en cuarto creciente cuando, extenuados, resolvieron montar el campamento en medio a la carretera, en un pedazo de asfalto que la selva y las lluvias se olvidaron de devorar.<\/p>\n<p>Algunos, como Luiz Sanfilippo, durmieron a la intemperie &#8211; s\u00f3lo m\u00e1s tarde \u00e9l sabr\u00edan que hay jaguares en esa regi\u00f3n. &#8220;Aquella parada fue un para\u00edso. Pens\u00e9: ?estamos vivos, pues v\u00e1monos a dormir?&#8221;, recuerda Tatiana Ometto. Consumieron los panecillos no si una cierta angustia &#8211; pues nadie sab\u00eda decir cu\u00e1nto tiempo pasar\u00edan a\u00fan en aquel engendro de carretera. Se levantaron temprano, y a las seis de la ma\u00f1ana ya estaban en marcha de nuevo. Y por supuesto, nuevos contratiempos los esperar\u00edan. Carolina Ferreira, la bi\u00f3loga que se junt\u00f3 al equipo en Monte Negro, sufri\u00f3 un accidente. Junto a su colega Mario Luiz Figueiredo, bi\u00f3logo y alumno de doctorado, deb\u00edan encargarse de analizar las condiciones de los puentes antes de que los veh\u00edculos pasaran. En uno de esos chequeos, Carolina cay\u00f3 en un vac\u00edo y casi va a parar al r\u00edo. Pas\u00f3 el resto del viaje sufriendo dolores y escoriaciones.<\/p>\n<p>Dos preocupaciones signaron ese tramo de viaje. Una era el mentado puente que no exist\u00eda m\u00e1s, tal como anticipara el hombre de la motocicleta. Pero el grupo tuvo tambi\u00e9n una grata sorpresa. Encontraron un puente flamante, construido horas antes por un equipo que estaba instalando un cable \u00f3ptico entre Manaos y Porto Velho. La otra preocupaci\u00f3n era el retraso. Hab\u00edan programado que ese tramo lo har\u00edan en un d\u00eda, y ya duraba tres &#8211; y no hab\u00eda manera de comunicarse. Estaban completamente aislados. Los celulares no funcionan en aquel fragmento de la selva. &#8220;Yo no har\u00eda ese viaje de nuevo sin un tel\u00e9fono satelital&#8221;, dice Durigon.<\/p>\n<p>Mientras tanto, a 5.500 mil kil\u00f3metros de all\u00ed, en Ilha do Mosqueiro, estado de Par\u00e1, el equipo de apoyo, integrado por la biom\u00e9dica Danielle Leal de Oliveira y las bi\u00f3logas Juliana Rodrigues y L\u00edlian Keller, se exasperaba con la falta de noticias.\u00a0 Empezaron a discutir qu\u00e9 hacer y a buscar tel\u00e9fonos de auxilio. A las once de la noche del d\u00eda 17 de julio, son\u00f3 el tel\u00e9fono de la casa donde estaban finalmente. Y corrieron a atenderlo. Pero fue en vano. La llamada se cort\u00f3. Como el n\u00famero qued\u00f3 registrado, llamaron de nuevo. Del otro lado atendi\u00f3 alguien en un tel\u00e9fono comunitario de Careiro Castanho, estado de Amazonas, a 88 kil\u00f3metros de Manaos. &#8220;Era un vecino. Le pregunt\u00e9 si hab\u00eda un hombre barbudo cerca&#8221;, dice Danielle, refiri\u00e9ndose al biotipo de Edison Durigon. &#8220;Me dijo que s\u00ed. Al fin, lo hab\u00eda logrado.&#8221;<\/p>\n<p>Los siguientes dos d\u00edas se relajaron de la tensi\u00f3n haci\u00e9ndoles mantenimiento de los veh\u00edculos, que fueron embarcados en balsa rumbo a Bel\u00e9m, y prepar\u00e1ndose tambi\u00e9n para viajar a la capital de Par\u00e1 &#8211; ahora en avi\u00f3n. Llegaron a Ilha do Mosqueiro, a 79 kil\u00f3metros de la capital de Par\u00e1, a las nueve de la noche del d\u00eda 19 de julio. El objetivo era visitar a los criadores de patos de los alrededores de Bel\u00e9m. El grupo de apoyo, formado por Danielle, Juliana y L\u00edlian, ya hab\u00eda rastreado direcciones y visitado a los criadores de granjas y a habitantes que cr\u00edan en el fondo de la casa, solicitando autorizaci\u00f3n para que los investigadores, cuando llegaran, hicieran la recolecci\u00f3n del material biol\u00f3gico. Recorrieron varias localidades: Marabitana, Vigia, Santa B\u00e1rbara, Santo Ant\u00f4nio do Taru\u00e1 y Santa Isabel. La cr\u00eda de patos es un pr\u00e1ctica antigua en la regi\u00f3n &#8211; el &#8220;pato al &#8216;tucup\u00ed&#8217; [jugo de mandioca prensada]&#8221; es un comida t\u00edpica del almuerzo durante la festividad religiosa del Cirio de Nazaret, en Par\u00e1. &#8220;\u00cdbamos parando de casa en casa y explic\u00e1ndoles a las personas. Algunos se rehusaban. La mayor\u00eda preguntaba: \u00bfpero mis patos se van a morir?&#8221;, recuerda Juliana. Yo les advert\u00eda que no morir\u00edan. Era s\u00f3lo para sacarles un poco de sangre.<\/p>\n<p>En esos lugares es com\u00fan que los pobladores cr\u00eden patos, cerdos, gallinas y otros animales dom\u00e9sticos, todos juntos, en el fondo de las casas. A partir de esta convivencia excesivamente cercana entre hombres y animales evoluciona el contagio de enfermedades tales como la gripe aviar, una afecci\u00f3n veterinaria capaz de infectar a los seres humanos. El temor es que mutaciones del virus de esa gripe del pollo encuentren medios de transmitirse entre los hombres, produciendo una pandemia. &#8220;Sacamos fotos de esos lugares. Parecen ciertas escenas de Vietnam, donde ya se ha registrado un brote humano de la gripe del pollo&#8221;, dice Durigon. &#8220;Los elementos son los mismos: residencias rurales pobres, rodeadas de animales. En una de las casas, las gallinas cluecas estaban con sus huevos en la cocina.&#8221;<\/p>\n<p>Ese periplo en Par\u00e1, que dur\u00f3 una semana, fue productivo. Recabaron material de aves silvestres, patos y pavos, y conocieron lugares y gente que jam\u00e1s olvidar\u00e1n. &#8220;Fue muy fuerte el ver a aquellas personas sencillas ayud\u00e1ndonos. Hubo un se\u00f1or que fue en bicicleta a buscar a un pato para que pudi\u00e9ramos extraerle el material&#8221;, dice Renata Ferreira Hurtado, alumna de Veterinaria. All\u00e1 conocieron a do\u00f1a Maroquinha, una humilde campesina que les ofreci\u00f3 a los investigadores de la USP un banquete fruto de su propio patio, con derecho a patos y pavos condimentados con cilantro y achiote, guarniciones de arroz, fr\u00edjoles y mandioca; y crema de copuaz\u00fa de postre. &#8220;Ellos son muy pobres, pero nadie pasa hambre&#8221;, dice Durigon.<\/p>\n<p>El viaje de regreso a S\u00e3o Paulo, nuevamente a bordo del Land Rover y de la camioneta Ford, durar\u00eda cuatro d\u00edas, con paradas en Imperactriz (Par\u00e1), Para\u00edso do Tocantins (Tocantins) y Goi\u00e2nia (Goi\u00e1s). Los cient\u00edficos quedaron felices con el \u00e9xito de la empresa. Sin embargo, les quedaron las marcas de esa aventura. Varios viajaron debilitados por la gastroenteritis. La bi\u00f3loga Carolina Ferreira, aqu\u00e9lla que se sum\u00f3 al grupo en Rond\u00f4nia y se lastim\u00f3 al caerse de un puente de madera, pasar\u00eda los meses de agosto y septiembre en reposo. Tan pronto como arrib\u00f3 a S\u00e3o Paulo descubri\u00f3 que hab\u00eda contra\u00eddo hepatitis A durante el viaje. As\u00ed fue como perdi\u00f3 los diez kilos acumulados por el festival pantagru\u00e9lico de helados de su temporada en Monte Negro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un equipo de cient\u00edficos va la regi\u00f3n amaz\u00f3nica con el objetivo de vigilar el ingreso de enfermedades emergentes","protected":false},"author":11,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[98],"class_list":["post-80434","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80434","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/11"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80434"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80434\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80434"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80434"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80434"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80434"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}