{"id":80452,"date":"2006-01-01T10:00:00","date_gmt":"2006-01-01T12:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/01\/01\/el-mundo-de-sofia\/"},"modified":"2015-07-17T15:19:53","modified_gmt":"2015-07-17T18:19:53","slug":"el-mundo-de-sofia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-mundo-de-sofia\/","title":{"rendered":"El mundo de Sof\u00eda"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_98201\" style=\"max-width: 266px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-98201\" title=\"art2740img11\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/art2740img112.jpg\" alt=\"\" width=\"256\" height=\"232\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/art2740img112.jpg 256w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/art2740img112-120x109.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/art2740img112-250x227.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 256px) 100vw, 256px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">MIGUEL BOYAYAN<\/span>Sof\u00eda: en la l\u00ednea de los animales \u201cling\u00fc\u00edsticos\u201d<span class=\"media-credits\">MIGUEL BOYAYAN<\/span><\/p><\/div>\n<p>Sof\u00eda no es una perra superdotada. Sin una raza definida, de peque\u00f1o porte, pesando unos cinco kilos, pasar\u00eda desapercibida entre una jaur\u00eda de perros callejeros. Pero la cosa es que desarroll\u00f3 durante sus cuatro a\u00f1os de vida y centenas de sesiones de adiestramiento una o dos habilidades que la hacen especial para un grupo de cient\u00edficos del Instituto de Psicolog\u00eda de la Universidad de S\u00e3o Paulo (IP\/ USP) especializado en el estudio del comportamiento animal. Sof\u00eda entiende y diferencia con un razonable grado de acierto frases compuestas por dos t\u00e9rminos distintos, como &#8220;busca pelota&#8221; y &#8220;apunta palito&#8221;, y se comunica con los seres humanos por medio de un teclado especial, en el cual ciertas se\u00f1ales arbitrarias representan objetos o acciones que el animal anhela. Impreso en una de las ocho teclas de ese tablero electr\u00f3nico, un conjunto de listas verticales negras simbolizan por ejemplo las ganas de salir a pasear en compa\u00f1\u00eda de su due\u00f1o. En vez de apuntar hacia la puerta de calle como hacen la mayor\u00eda de los perros, esta perra, cuando quiere salir, acciona en el tablero electr\u00f3nico la tecla equivalente a paseo y comienza menearse ante su instructor; es como si dijera: &#8220;Eh, quiero dar una vueltita&#8221;. Este gesto surge \u00fanicamente cuando hay un ser humano cerca y, seg\u00fan los cient\u00edficos, tiene el car\u00e1cter de se\u00f1al comunicativa, no de una mera respuesta condicionada.<\/p>\n<p>Nuevos estudios, como los trabajos con Sof\u00eda, sugieren que el proceso cognitivo es m\u00e1s refinado de lo que se pensaba en nuestros amigos de cuatro patas. Los canes se ubicar\u00edan en la tradici\u00f3n de los llamados animales &#8220;ling\u00fc\u00edsticos&#8221;, como los chimpanc\u00e9s, los bonobos, los delfines y los loros, capaces de adquirir sistemas de comunicaci\u00f3n mediante signos arbitrarios al estar en contacto con el hombre. No llegar\u00edan a ser tan &#8220;inteligentes&#8221; como los perros, pero los superar\u00edan en ciertas habilidades comunicativas, tales como la interpretaci\u00f3n de gestos y miradas humanas. Cuando una perra de cuatro a\u00f1os usa un teclado para mandar un mensaje a su adiestrador, o cuando responde apropiadamente a comandos m\u00faltiples, este acto denota una capacidad de abstracci\u00f3n y asociaci\u00f3n de ideas similar al proceso de aprendizaje de palabras por parte de los ni\u00f1os. &#8220;A menudo se subestima el potencial de los perros para comprender el lenguaje humano, o se lo trata de manera folcl\u00f3rica&#8221;, afirma Cesar Ades, experto en comportamiento animal del IP\/ USP, quien coordina los estudios con la perra. &#8220;Los perros no son m\u00e1s inteligentes que los lobos (Canis lupus), de los cuales descienden. Pero se comunican mejor con nosotros.&#8221;<\/p>\n<p>La elecci\u00f3n de Sof\u00eda para un estudio de largo plazo sobre la cognici\u00f3n canina no fue aleatoria. &#8220;Seleccionamos un perro cualquiera precisamente para salir de las razas que tienen fama de ser m\u00e1s inteligentes&#8221;, explica el zoot\u00e9cnico Alexandre Pongracz Rossi, alumno de maestr\u00eda de Ades. &#8220;No quer\u00edamos trabajar con un perro prodigio&#8221;. Adquirieron a la perra en octubre de 2001 con la finalidad espec\u00edfica de que participase en un programa de investigaci\u00f3n que apuntaba a replicar experimentos realizados con otros animales &#8220;ling\u00fc\u00edsticos&#8221;. La cachorra fue separada de su madre y de sus seis hermanos cuando ten\u00eda 50 d\u00edas de vida y empez\u00f3 a vivir como mascota en la casa de Rossi. Su adiestramiento se llev\u00f3 a cabo en los laboratorios del IP\/ USP. Se elabor\u00f3 un derrotero complejo de condicionamiento, con un registro preciso y cuantitativo de todas las etapas, apuntando a evaluar dos dominios de aptitud comunicativa del animal: la capacidad de comprender frases de dos t\u00e9rminos (acci\u00f3n\/ objeto y acci\u00f3n\/ lugar) y la capacidad de emitir se\u00f1ales v\u00eda teclado. La primera l\u00ednea de trabajo le cupo a las alumnas de maestr\u00eda Daniela Ramos y L\u00e9a Yuri Suenaga, y la segunda, que tendr\u00e1 continuidad con la maestranda Carine Savalli Redigolo, al propio Rossi.<\/p>\n<p>Los cient\u00edficos se sorprendieron con el desempe\u00f1o de la perra en la mayor\u00eda de los ensayos. Una vez debidamente entrenada, Sof\u00eda respond\u00eda a un pedido verbal compuesto de dos t\u00e9rminos con un grado de acierto superior al azar (esta capacidad se distingue de la mera respuesta a comandos unitarios, como la orden de sentarse, generalmente usados en el adiestramiento de canes). La primera palabra del pedido designaba al objeto de la acci\u00f3n (una pelota, una llave, un palo o una botella) y la segunda, el comportamiento que se esperaba del animal (lo va a buscar o lo apunta). Combinando ambos t\u00e9rminos, hab\u00eda por lo tanto ocho posibilidades distintas de comando. Inicialmente los pedidos se hac\u00edan siempre en el siguiente orden: objeto m\u00e1s acci\u00f3n (llave busca, botella apunta y as\u00ed en adelante). En un segundo momento, el orden de los t\u00e9rminos se invirti\u00f3 (busca llave, apunta botella, etc.) para ver si la perra no respond\u00eda a la combinaci\u00f3n de sonidos como si \u00e9sta fuera un comando unitario. La alteraci\u00f3n no afect\u00f3 el desempe\u00f1o de Sof\u00eda. Tambi\u00e9n se cambi\u00f3 el lugar de las pruebas, la persona que daba los comandos y los objetos o acciones implicados en el experimento. Ninguna modificaci\u00f3n hizo que la perra se portase de manera diferente. &#8220;Creemos que Sof\u00eda retiene ambas informaciones, la del objeto y la de la acci\u00f3n, y logra correlacionarlas&#8221;, sostiene Ades. &#8220;Su comportamiento no deriva de un condicionamiento sencillo, del tipo est\u00edmulo-respuesta&#8221;. La perra tambi\u00e9n fue capaz de combinar las informaciones contenidas en comandos donde uno de los t\u00e9rminos indicaba una acci\u00f3n y otro el sitio en que esta acci\u00f3n deb\u00eda ejecutarse (si a la derecha o a la izquierda).<\/p>\n<p>A ejemplo de la respuesta a \u00f3rdenes verbales de dos t\u00e9rminos, el buen desempe\u00f1o de Sof\u00eda en las pruebas con el tablero electr\u00f3nico tambi\u00e9n indica que el perro puede ser un animal m\u00e1s &#8220;ling\u00fc\u00edstico&#8221; de lo que se imagina. La perra aprendi\u00f3 a comunicar su anhelo de realizar siete acciones diferentes &#8211; dar un paseo, que le den un juguete, hacer pis, ir a su cucha, pedir comida, tomar agua y recibir caricias &#8211; accionando los respectivos botones asociados a tales comportamientos. El tablero tiene ocho teclas, y siete de \u00e9stas se asociaron a siete diferentes actos (un casillero qued\u00f3 sin funci\u00f3n). Los s\u00edmbolos presentes en los casilleros eran arbitrarios y no ten\u00edan ninguna ligaz\u00f3n directa con la acci\u00f3n ansiada por la perra. Se evit\u00f3 as\u00ed representar la caricia con el dibujo de una mano sobre un can, ni tampoco se asoci\u00f3 el acto de jugar a la ilustraci\u00f3n de una pelota. La tecla alimento, por ejemplo, conten\u00eda solamente una cruz de goma negra, y la de juguete, un peque\u00f1o c\u00edrculo amarillo.<\/p>\n<p>La perra, que recib\u00eda una recompensa por el accionamiento correcto de cada tecla al ser atendido su pedido, emple\u00f3 la nueva interfaz de comunicaci\u00f3n con desenvoltura. En alrededor de 300 ocasiones apret\u00f3 con una de sus patitas el comando equivalente a la acci\u00f3n que quer\u00eda ejecutar, acto que depend\u00eda de la ayuda humana de su entrenador para concretarse. Sof\u00eda miraba significativamente m\u00e1s hacia su entrenador despu\u00e9s de presionar una tecla que antes; es como si esperara una reacci\u00f3n de su parte. A menudo tambi\u00e9n miraba hacia alg\u00fan objeto relacionado con la acci\u00f3n deseada, como por ejemplo una botella de agua cuando estaba con sed, o el port\u00f3n de la calle cuando quer\u00eda pasear. &#8220;Creemos que Sof\u00eda es capaz de aprender conceptos y evocarlos con el teclado&#8221;, dice Rossi. &#8220;Nos sorprendi\u00f3 cuando ella accion\u00f3 la tecla comida al presentarles por primera vez un cobayo vivo.&#8221;<\/p>\n<p><strong>Domesticaci\u00f3n<br \/>\n<\/strong>La perra activaba los botones del tablero en forma espont\u00e1nea &#8211; presionaba la tecla comida luego de hacer un paseo o la de cari\u00f1o cuando Rossi estaba presente, por ejemplo &#8211; o ante un incentivo externo (el investigador le mostraba un juguete y el animal apretaba el bot\u00f3n correspondiente o, habiendo\u00a0 comida, la perra accionaba la tecla de alimento). Observaciones de control mostraron que el desempe\u00f1o de Sof\u00eda segu\u00eda siendo significativo a\u00fan cuando se cambi\u00f3 la posici\u00f3n relativa de las teclas en el tablero. Para los investigadores, el comportamiento de la perra no es fruto \u00fanicamente del condicionamiento al que fue sometida (Rossi es un renombrado entrenador de animales en Brasil). Al fin y al cabo, la perra solamente accionaba las teclas del tablero en presencia de una persona. &#8220;Por supuesto que las acciones de Sof\u00eda reflejan en parte su entrenamiento, pero en parte son tambi\u00e9n esfuerzos de comunicaci\u00f3n con el hombre&#8221;, asevera Ades. &#8220;Ahora queremos ver si Sof\u00eda es capaz de designar objetos ausentes, una funci\u00f3n t\u00edpica del lenguaje humano, y si el uso del teclado aumenta cuando se da cuenta de que una persona le est\u00e1 prestando atenci\u00f3n.&#8221;<\/p>\n<p>Compa\u00f1ero de cacer\u00edas, pastor, guardi\u00e1n del hogar y el mejor amigo del hombre. El perro ha sido pese a todos estos adjetivos el patito feo de los estudios sobre cognici\u00f3n e inteligencia animal durante d\u00e9cadas, siempre opacado por los trabajos con delfines, ballenas y primates no humanos, sobre todo los chimpanc\u00e9s. \u00bfSer\u00eda \u00e9ste, a diferencia de lo que suele pensar su due\u00f1o, necio en demas\u00eda por naturaleza, o debido a la domesticaci\u00f3n humana? La respuesta a esta pregunta es no, con toda seguridad. Pero hab\u00eda una resistencia central contra las investigaciones referentes al comportamiento de los perros, que se mantuvo infranqueable durante d\u00e9cadas: la idea de que no val\u00eda la pena estudiar la comunicaci\u00f3n de un animal que perdi\u00f3 su h\u00e1bitat original y pr\u00e1cticamente no existe m\u00e1s en forma salvaje. Es decir que, siguiendo esa l\u00ednea de razonamiento, el Canis familiares estaba descartado como objeto importante de la etolog\u00eda, la rama de la ciencia que estudia el comportamiento de los animales en su ambiente natural. No porque era perro, sino porque era demasiado familiar con relaci\u00f3n al hombre. Un ser aculturado, fuera de su lugar en la naturaleza.<\/p>\n<p>Pero, desde los a\u00f1os 1990, esa visi\u00f3n qued\u00f3 atr\u00e1s. Lo que era una desventaja se ha convertido actualmente en la gran diferencia de los trabajos con perros. Al fin y al cabo, se trata de la \u00fanica especie animal, adem\u00e1s del gato, que evolucion\u00f3 junto al hombre. Su nicho natural es actualmente el mismo que el del ser humano. Nadie sabe a ciencia cierta cu\u00e1ndo se produjo su proceso de domesticaci\u00f3n, un evento que probablemente se dio en Asia hace entre 15 mil y 100 mil a\u00f1os (los datos son inciertos y discutibles).<\/p>\n<p>Este cambio de visi\u00f3n sobre la inserci\u00f3n del Canis familiares en el mundo aument\u00f3 diez veces la cantidad de art\u00edculos cient\u00edficos sobre el comportamiento de la especie en los \u00faltimos a\u00f1os. Uno de los trabajos recientes que m\u00e1s obtuvieron repercusi\u00f3n, incluso en los medios de comunicaci\u00f3n, fue un art\u00edculo publicado en junio de 2004 en la renombrada revista estadounidense Science por cient\u00edficos del Instituto Max Planck de Antropolog\u00eda Evolutiva de Leipzig.<\/p>\n<p>En dicho estudio, el equipo de investigadores alemanes describ\u00eda las habilidades cognitivas de un border collie llamado Rico, una raza con fama de inteligente. Objeto de un extensivo entrenamiento, el perro, en ese entonces de nueve a\u00f1os, dominaba un vasto &#8220;vocabulario&#8221;: su entrenador dec\u00eda una de las 200 palabras conocidas por el can y \u00e9ste iba a buscar el objeto o el juguete designado por la voz humana. Rico tambi\u00e9n era capaz de asociar una nueva palabra a un nuevo objeto. Esta forma de aprendizaje, llamada t\u00e9cnicamente de fast mapping, es comparable a la manera en que los ni\u00f1os de 2 \u00f3 3 a\u00f1os incorporan t\u00e9rminos a su repertorio.<\/p>\n<p>Poca gente duda hoy en d\u00eda de que es mucho lo que se puede aprender con los perros, no solamente en el \u00e1rea de la comprensi\u00f3n y de la producci\u00f3n de se\u00f1ales comunicativas, sino tambi\u00e9n en el campo de estudios de la gen\u00e9tica comparativa (lea en el recuadro lo referente al secuenciamiento del genoma del mejor amigo del hombre). &#8220;El m\u00e1s grande desaf\u00edo consiste hoy en d\u00eda en entender los l\u00edmites de las habilidades de los perros y c\u00f3mo los mismos, con un sistema cognitivo probablemente m\u00e1s sencillo que el nuestro, pueden &#8216;simular&#8217; comportamientos para interactuar con los seres humanos&#8221;, afirma el et\u00f3logo \u00c1dam Mikl\u00f3si, de la Universidad E\u00f6tv\u00f6s, Hungr\u00eda, uno de los grandes estudiosos del tema. Al igual que su colega Cesar Ades, de la USP, Mikl\u00f3si pertenece al linaje de et\u00f3logos para quienes la capacidad de comunicaci\u00f3n de los canes con el hombre fue un elemento decisivo en su proceso de domesticaci\u00f3n. Mikl\u00f3si argumenta que los perros son buenos para percibir se\u00f1ales y pistas visuales dadas por los seres humanos, no porque tengan enormes habilidades mentales, sino porque se interesan m\u00e1s en nosotros. &#8220;El perro dirige su mirada hacia el ser humano como ning\u00fan lobo lo hace&#8221;, comenta Ades. Y esto quiz\u00e1s explique por qu\u00e9 el perro, no as\u00ed su pariente salvaje, se transform\u00f3 en el mejor amigo del hombre.<\/p>\n<p><strong>El genoma del mejor amigo<\/strong><\/p>\n<p>La ciencia le ha encontrado una nueva funci\u00f3n al perro: adem\u00e1s de ser el mejor amigo del hombre, el Canis familiaris puede ser tambi\u00e9n un excelente modelo gen\u00e9tico de estudio y, qui\u00e9n sabe, poder encontrar las bases moleculares que llevan a la aparici\u00f3n de una serie de enfermedades en los seres humanos, como el c\u00e1ncer y otros 350 des\u00f3rdenes presentes en mam\u00edferos. A largo plazo, \u00e9sta puede ser la mayor contribuci\u00f3n de la publicaci\u00f3n del secuenciamiento pr\u00e1cticamente completo (del 99%) del genoma del perro en la edici\u00f3n del 8 de diciembre del a\u00f1o pasado de la revista brit\u00e1nica Nature. El principal material gen\u00e9tico empleado en el trabajo fue el de Tasha, una boxer de 12 a\u00f1os, que fue seleccionada entre asociaciones de criadores y facultades veterinarias por representar a una raza muy pura, con un ADN\u00a0 bastante homog\u00e9neo y menos diferencias entre sus pares de cromosomas. Esta peculiaridad hizo m\u00e1s r\u00e1pida la tarea de secuenciar el genoma del animal. Por ser centrado en el ADN \u00a0de una perra, el trabajo no contiene informaci\u00f3n sobre el cromosoma Y canino, presente \u00fanicamente en animales del sexo masculino.<\/p>\n<p>El art\u00edculo de Nature, redactado por un grupo internacional de investigadores, liderados por Kerstin Lindblad-Toh, del Instituto Broad, de Estados Unidos, informa que los 39 pares de cromosomas del genoma del perro cuentan con 2.400 millones de pares de bases nitrogenadas, las unidades qu\u00edmicas que componen el ADN, y albergan 19.300 genes. El hombre posee 23 pares de cromosomas, alrededor de tres mil millones de pares de bases y aproximadamente 26 mil genes. El tama\u00f1o menor del ADN canino con relaci\u00f3n al de nuestra especie se debe a la existencia de menos secuencias repetidas en su genoma. Al margen del material gen\u00e9tico de Tasha, el estudio tambi\u00e9n contiene datos sobre el genoma de otras diez razas de perros y parientes salvajes del mismo (como el lobo y el zorro), un tipo de informaci\u00f3n molecular que ser\u00e1 \u00fatil para establecer conexiones entre la activaci\u00f3n de genes, la aparici\u00f3n de rasgos f\u00edsicos espec\u00edficos y el desarrollo de los problemas de salud m\u00e1s comunes en dichos animales. \u201cCentenares de a\u00f1os de cuidadosos cruzamientos crearon las actuales razas, que constituyen un excelente modelo gen\u00e9tico de las enfermedades humanas\u201d, dice Hans Ellegren, del Centro de Biolog\u00eda Evolutiva de la Universidad de Uppsala, Suecia.<\/p>\n<p>Con la secuencia gen\u00e9tica del perro en sus manos, los investigadores pudieron hacer algunas comparaciones con genomas relevados previamente, de otras especies de mam\u00edferos. En el marco de un primer estudio con tal abordaje, descubrieron que alrededor del 5% del genoma humano parece estar conservado en el perro y tambi\u00e9n en el rat\u00f3n, un indicio de que estos tramos deben ser esenciales para los tres animales. El art\u00edculo sobre el ADN de Tasha no es el primer esfuerzo de secuenciamiento del genoma del perro. En 2003, en el marco de un trabajo publicado en la revista estadounidense Science, otro equipo de cient\u00edficos secuenci\u00f3 el 75% del material gen\u00e9tico de Shadow, el poodle de Craig Venter, el cient\u00edfico-empresario estadounidense que mont\u00f3 un programa privado de secuenciamiento del genoma humano. Ambos genomas caninos, el de Tasha y el de Shadow, son \u00fatiles para la ciencia. Pero la secuencia de la boxer es m\u00e1s completa y refinada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una perra diferencia oraciones con dos t\u00e9rminos y emplea teclas para comunicarse con los seres humanos","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[101],"class_list":["post-80452","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80452","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80452"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80452\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80452"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80452"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80452"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80452"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}