{"id":80456,"date":"2006-01-01T10:40:00","date_gmt":"2006-01-01T12:40:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/01\/01\/por-que-los-bosques-son-distintos\/"},"modified":"2015-07-17T15:20:22","modified_gmt":"2015-07-17T18:20:22","slug":"por-que-los-bosques-son-distintos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/por-que-los-bosques-son-distintos\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 los bosques son distintos?"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_98231\" style=\"max-width: 202px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-98231\" title=\"art2744img1\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/art2744img12.jpg\" alt=\"\" width=\"192\" height=\"127\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/art2744img12.jpg 192w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/art2744img12-120x79.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 192px) 100vw, 192px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO CESAR<\/span>Una caraguat\u00e1 (Bromelia balanceae) del \u2018Cerrad\u00e3o\u2019: es la m\u00e1s iluminada y seca de las cuatro \u00e1reas en estudio<span class=\"media-credits\">EDUARDO CESAR<\/span><\/p><\/div>\n<p>No solamente los jaguares pelean por el espacio. Las plantas tambi\u00e9n delimitan su territorio, y generalmente lo hacen con sutileza: una hoja que cae puede ahuyentar a otras especies. &#8220;\u00bfVieron que ac\u00e1 hay casi que \u00fanicamente guarantas?&#8221;, pregunta Flaviana Souza, bot\u00e1nica del Instituto Forestal, en una reserva de Bosque Atl\u00e1ntico del municipio de G\u00e1lia, sudoeste paulista. Ac\u00e1 los guarantas, o Esenbeckia leiocarpa &#8220;la especie preferida por el zorzal para hacer su nido&#8221;, crean con sus troncos rectos de hasta 60 cent\u00edmetros de di\u00e1metro y 20 metros de altura una cierta homogeneidad en medio al desorden de los \u00e1rboles retorcidos y desgajados de la vecindad. En laboratorio, Flaviana verific\u00f3 que las hojas del guaranta liberan sustancias que retrasan la germinaci\u00f3n de las semillas y provocan la pudrici\u00f3n de otras especies.<\/p>\n<p>Pero la dominaci\u00f3n del guaranta tiene sus l\u00edmites. &#8220;La selva se rehace punto por punto, como una colcha de retazos&#8221;, comenta Geraldo Franco, bot\u00e1nico del Forestal. En algunos tramos, se impone un enmara\u00f1ado de lianas que crecen sobre los \u00e1rboles y entre ellos. Maria Teresa Toniato, otra investigadora del Forestal, sostiene que nunca perdi\u00f3 el humor al enfrentar esa tela de enredaderas junto al bi\u00f3logo Tiago Barreto, para reencontrar y medir nuevamente cada uno de los 13.053 \u00e1rboles listados cuatro a\u00f1os antes, cuando un grupo de bi\u00f3logos, agr\u00f3nomos e ingenieros forestales se dej\u00f3 llevar por una audaz tarea: descubrir c\u00f3mo y por qu\u00e9 las selvas paulistas son diferentes entre s\u00ed.<\/p>\n<p>Aunque el gigantismo de la Amazonia opaque a las otras selvas de Brasil, una mirada m\u00e1s atenta encontrar\u00e1 en el territorio paulista una vegetaci\u00f3n variada, que va de las exuberantes selvas del litoral a los montes secos del interior, con derecho a ricos matices entre un extremo y otro. Y no es poco: S\u00e3o Paulo alberga el 15% de lo que resta del Bosque Atl\u00e1ntico brasile\u00f1o, cuya densidad de especies de plantas y animales exclusivos equivale a la de la Amazonia. El \u00e1rea cubierta por los remanentes de vegetaci\u00f3n natural, correspondiente al 13,9% del total del estado, es pr\u00e1cticamente la misma que la que ocupan las plantaciones de ca\u00f1a de az\u00facar.<\/p>\n<p>La tarea de descubrir las razones de las diferencias entre los bosques paulistas reuni\u00f3 a expertos en suelo, vegetaci\u00f3n y luz, capitaneados por Ricardo Rodrigues, Vin\u00edcius Souza y S\u00e9rgius Gandolfi, docentes de la Escuela Superior de Agronom\u00eda Luiz de Queiroz (Esalq) de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), y Alexandre Oliveira, del Instituto de Biociencias, tambi\u00e9n de la USP. De entrada verificaron el alcance y los l\u00edmites del proyecto m\u00e1s antiguo de monitoreo de bosques, que ocupa 50 hect\u00e1reas de una isla del canal del Panam\u00e1 &#8211; all\u00ed desde hace 25 a\u00f1os se hace un seguimiento del crecimiento de alrededor de 300 mil \u00e1rboles. Era un buen modelo, adoptado en 13 pa\u00edses, pero ese grupo prefiri\u00f3 adentrarse en nuevas sendas. Demarcaron cuatro \u00e1reas menores, pero que pudieran compararse: una muestra de Bosque Atl\u00e1ntico del interior, el as\u00ed llamado &#8220;Cerrad\u00e3o&#8221;, la restinga y una muestra de Bosque Atl\u00e1ntico de Serra do Mar. Cada terreno tiene 10,24 hect\u00e1reas y representa a los principales tipos de vegetaci\u00f3n natural del estado. Otra innovaci\u00f3n consisti\u00f3 en investigar la influencia del suelo, del agua y de la luz sobre las plantas.<\/p>\n<p>&#8220;Es la primera vez que se obtiene una muestra tan grande de las selvas paulistas, examinadas con la misma metodolog\u00eda, integrando a expertos de diferentes campos del conocimiento&#8221;, comenta Oliveira. &#8220;Con el tiempo esperamos poder comparar las conclusiones de este trabajo con las obtenidas en el marco de proyectos similares en marcha en Brasil y otros pa\u00edses&#8221;. Cada bosque revel\u00f3 que constituye un organismo \u00fanico, dotado de profundas diferencias en su modo de funcionar. La diversidad y la distribuci\u00f3n de especies y, en un plano m\u00e1s amplio, la propia fisonom\u00eda de cada tipo de vegetaci\u00f3n, dependen de combinaciones muy peculiares de lluvia m\u00e1s escasa o m\u00e1s abundante, de temperaturas m\u00e1s altas o m\u00e1s bajas, de luz m\u00e1s intensa o m\u00e1s tenue y de suelo m\u00e1s f\u00e9rtil o m\u00e1s pobre en nutrientes, capaz de almacenar agua durante un tiempo m\u00e1s largo o m\u00e1s corto. Uno de los resultados de dicha combinaci\u00f3n es que cada selva alberga conjuntos \u00fanicos de especies de \u00e1rboles. Solamente cinco especies &#8211; de las 537 que los investigadores encontraron luego de identificar el g\u00e9nero y la especie de 64.004 \u00e1rboles &#8211; logran adaptarse a los cuatro ambientes, poco importando la cantidad de nutrientes en el suelo, agua o luz.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfpara qu\u00e9 tanto trabajo? Para entender de qu\u00e9 manera una selva se reorganiza, se diferencia y reacciona ante fen\u00f3menos locales o globales como los cambios clim\u00e1ticos, que solamente pueden evaluarse por medio de mediciones de largo plazo. &#8220;Si la temperatura del planeta sigue subiendo desaparecer\u00e1n primeramente las especies que viven en la cima de las sierras, que son las m\u00e1s sensibles a las variaciones clim\u00e1ticas&#8221;, comenta Rodrigues, coordinador general de este proyecto que empez\u00f3 con 15 integrantes y re\u00fane actualmente a 104. &#8220;En tanto, las selvas del interior, m\u00e1s acostumbradas a la sequ\u00eda, se deben adaptar m\u00e1s f\u00e1cilmente&#8221;. Seg\u00fan \u00e9l, la perspectiva de una extinci\u00f3n de las plantas del Bosque Atl\u00e1ntico es preocupante en primer lugar porque hace in\u00fatil el esfuerzo de creaci\u00f3n y mantenimiento de la mayor\u00eda de las \u00e1reas de preservaci\u00f3n ambiental, ubicadas a lo largo de la costa. Ser\u00eda un ataque al coraz\u00f3n verde de S\u00e3o Paulo, representado por los fragmentos de Bosque Atl\u00e1ntico que le escaparon a la expansi\u00f3n urbana y agr\u00edcola precisamente porque ocuparon terrenos monta\u00f1osos y ayudan as\u00ed a mantener una temperatura agradable para los 18 millones de habitantes del Gran S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p>Atento al futuro, pero fuertemente arraigado en el presente, el equipo paulista siembra pr\u00e1cticas m\u00e1s adecuadas de conservaci\u00f3n y restauraci\u00f3n de los espacios naturales, en vista del conocimiento acumulado sobre las interacciones entre las especies y de cada una de ellas con el suelo, el agua y la luz. Seg\u00fan Rodrigues, la restauraci\u00f3n ser\u00e1 importante especialmente en el interior paulista, donde la vegetaci\u00f3n natural se halla bastante fragmentada en raz\u00f3n de la constante expansi\u00f3n de los cultivos y tierras de pastoreo. El propio Rodrigues est\u00e1 utilizando este conocimiento para recuperar montes aleda\u00f1os a los r\u00edos en ingenios de ca\u00f1a de az\u00facar: en cinco a\u00f1os, su equipo ha logrado reforestar 2.500 hect\u00e1reas de montes ciliares.<\/p>\n<p>Germinan tambi\u00e9n algunas hip\u00f3tesis sobre los mecanismos de supervivencia propios de cada tipo de selva. \u00bfPor qu\u00e9 especies del interior no llegan a la costa? &#8220;Porque no pueden vivir con tan poca luz&#8221;, responde Sergius Gandolfi, docente de la Esalq, quien instal\u00f3 decenas de sensores de luz para entender de qu\u00e9 modo las variaciones de luminosidad pueden favorecer o dificultar la supervivencia de las plantas. \u00bfY por qu\u00e9 las de la costa no llegan al interior? Esta vez el que brinda la respuesta es Miguel Cooper, tambi\u00e9n investigador de la Esalq, quien coordin\u00f3 los estudios de agua en el suelo: &#8220;Porque no saben vivir con poca agua&#8221;. Las informaciones recabadas hasta ahora indican que a medida que el suelo se vuelve m\u00e1s f\u00e9rtil, algunas especies crecen m\u00e1s que otras, cae la densidad de \u00e1rboles y aumenta la competencia por la luz, pues los \u00e1rboles que crecen m\u00e1s se imponen en el monte, hacen sombra y eliminan a los otros.<\/p>\n<p><strong>Suelo f\u00e9rtil, agua y luz variables<br \/>\n<\/strong>La fertilidad del suelo principalmente es lo que hace del Bosque Atl\u00e1ntico del interior un escenario rico. En esta \u00e1rea de estudio, integrada a la Estaci\u00f3n Ecol\u00f3gica de la localidad de Caetetus, que pertenece G\u00e1lia, un municipio del sudoeste paulista con casi ocho mil habitantes, se mezclan \u00e1rboles delgados y gruesos, bajos y altos &#8211; los m\u00e1s altos tienen alrededor de 30 metros, la mitad de la altura de los m\u00e1s grandes de la Selva Amaz\u00f3nica. &#8220;Uno de los mayores \u00e1rboles que encontr\u00e9 ac\u00e1 fue una Gallesia integrifolia, un palo de ajo, que emite un fuerte olor a ajo que se siente a metros de distancia, con un tronco de un metro y medio de di\u00e1metro&#8221;, comenta Franco.<\/p>\n<p>Para las plantas, no faltan nutrientes ni agua, porque el suelo retiene la lluvia que cae entre noviembre y enero. &#8220;Es como si lloviera todo el a\u00f1o y las ra\u00edces contaran siempre con un stock de agua&#8221;, dice Cooper. Pero no son s\u00f3lo r\u00e9ditos: seg\u00fan Rodrigues, debido a la riqueza de este suelo, sumado al relieve plano, muchos montes de este tipo del interior paulista fueron derribados para dar lugar a las pasturas, al caf\u00e9, a la ca\u00f1a o a la soja. Otra peculiaridad es que aproximadamente la mitad de los \u00e1rboles pierde sus hojas durante la estaci\u00f3n seca, entre junio y agosto. Es cuando el monte, al iluminarse, ejercita un mecanismo propio de renovaci\u00f3n. Gandolfi y Flaviana verificaron que los \u00e1rboles que pierden sus hojas funcionan como claros estacionales, que dejan pasar la luz que durante tres meses ba\u00f1a a los \u00e1rboles que hasta ese momento luchaban para crecer a la sombra de los otros.<\/p>\n<p>Los claros generados por la ca\u00edda de las hojas y, a lo largo de todo el a\u00f1o, por el viento, aportan la luz que alimenta la red de lianas y mantiene la elevada diversidad de este monte, donde conviven 151 especies, representadas por 13.053 \u00e1rboles. Y fue precisamente para saber de qu\u00e9 manera el monte se recrea que Maria Teresa y Barreto salieron en busca de cada una de \u00e9stas. Durante seis meses verificaron cu\u00e1ntos \u00e1rboles murieron y midieron, identificaron y mapearon a aqu\u00e9llos que crecieron a punto tal de alcanzar los 15,7 cent\u00edmetros de per\u00edmetro m\u00ednimo requerido para incorporarse al relevamiento.<\/p>\n<p><strong>Suelo pobre, poca agua y mucha luz<br \/>\n<\/strong>Aunque est\u00e1 cerca, a unos 80 kil\u00f3metros de distancia, el &#8220;Cerrad\u00e3o&#8221; de la Estaci\u00f3n Ecol\u00f3gica de Assis, ubicado en la localidad hom\u00f3nima de casi 90 mil habitantes, tambi\u00e9n en el sudoeste paulista, es muy diferente &#8211; y ahora se sabe por qu\u00e9. En este monte, que constituye la forma forestal del Cerrado o sabana, crecen muchos \u00e1rboles porque hay bastante luz &#8211; es el ambiente m\u00e1s iluminado y seco entre los cuatro. All\u00ed fue donde se hall\u00f3 la mayor densidad de \u00e1rboles: en 10 hect\u00e1reas, 23.495, casi el doble que la cantidad encontrada en las otras \u00e1reas, aunque la diversidad es menor, de apenas 122 especies. Pero los \u00e1rboles raramente pasan de los 15 metros debido al suelo, que es pobre en nutrientes. Y por ser arenoso, el agua de la lluvia de desliza y se seca r\u00e1pidamente.<\/p>\n<p>Estas caracter\u00edsticas del suelo ayudan a entender por qu\u00e9 el escenario es relativamente uniforme. Los \u00e1rboles del &#8220;Cerrad\u00e3o&#8221;, cuyos troncos tienen espesores similares, sin grandes variaciones, en general tienen escaso follaje y ramificaciones; es como si no quisieran llamar la atenci\u00f3n. Son discretos hasta para morir: se mueren en pie. Pierden sus hojas, las ramas se caen y luego son lentamente devoradas por las termitas &#8211; a diferencia de los \u00e1rboles del Bosque Atl\u00e1ntico o de la Amazonia, que al morir caen ruidosamente, llevando otros consigo: es cuando se forman los claros y surge la oportunidad para que otras especies germinen, lo que explica en buena medida la elevada diversidad de especies de los bosques tropicales.<\/p>\n<p>El reconocimiento de los \u00e1rboles y caminos en el &#8220;Cerrad\u00e3o&#8221; requiere una mirada aguzada como la de Giselda Durigan, investigadora del Instituto Forestal que comenz\u00f3 a explorar los montes de dicha regi\u00f3n cuando a\u00fan era ni\u00f1a. Ella presenta las especies m\u00e1s comunes como la copa\u00edba (Copaifera langsdorffii), de tronco voluminoso cubierto de l\u00edquenes y manchado de gris y rojo oscuro, que representa el 27% de las \u00e1rboles identificados en esta \u00e1rea de estudio. El an\u00e1lisis de las especies de \u00e1rboles que crecen en este &#8220;Cerrad\u00e3o&#8221; revel\u00f3 un fen\u00f3meno curioso, que sugiere c\u00f3mo un tipo de bosque puede transformarse en otro: comienzan a predominar algunas especies indiferentes a la sequ\u00eda o a la humedad, que viven tambi\u00e9n en los bosques atl\u00e1nticos de la costa o del interior, como la propia copa\u00edba, la canela del cerrado (Ocotea corymbosa) y el lim\u00f3n bravo (Siparuna guianensis). &#8220;El &#8216;Cerrad\u00e3o&#8217; puede ser una forma de transici\u00f3n entre Cerrado y el Bosque Atl\u00e1ntico&#8221;, conjetura Giselda, &#8220;o del Bosque Atl\u00e1ntico al Cerrado, si la temperatura del planeta se elevase&#8221;.<\/p>\n<p><strong>Suelo f\u00e9rtil, mucha agua y poca luz<br \/>\n<\/strong>Si bien en el interior el agua es rara por lo menos irregular, en las otras dos \u00e1reas de estudio, ambas cercanas a la costa, lo que no falta es humedad. &#8220;Llovi\u00f3 todas las veces que yo vine ac\u00e1&#8221;, comenta Cooper, fatigado, bajo una lluvia fr\u00eda e incesante, mientras que escala las laderas de la reserva de Bosque Atl\u00e1ntico que integra el Parque Estadual de Carlos Botelho, compartido por los municipios de Sete Barras, Eldorado y S\u00e3o Miguel Arcanjo.<\/p>\n<p>Esta selva atl\u00e1ntica del litoral es la m\u00e1s impresionante, con troncos de \u00e1rboles cubiertos de bromelias, y la m\u00e1s rica de las cuatro \u00e1reas estudiadas, pues alberga 220 especies de \u00e1rboles, aunque es tambi\u00e9n la menos poblada: en el \u00e1rea de estudio hab\u00eda solamente 10.582 ejemplares con tronco suficiente como para entrar en el relevamiento. Es tambi\u00e9n la m\u00e1s oscura. Gandolfi verific\u00f3 que las hojas m\u00e1s cercanas a la superficie del suelo reciben tan s\u00f3lo el 1% de la luz que llega a la cima de la selva.<\/p>\n<p><strong>Suelo pobre, poca luz y mucha agua<br \/>\n<\/strong>Esta exuberancia contrasta con el porte discreto de la otra \u00e1rea de investigaci\u00f3n que tambi\u00e9n se encuentra en la costa, a unos 80 kil\u00f3metros de distancia: la restinga del Parque Estadual de Ilha do Cardoso, en Canan\u00e9ia, una de las m\u00e1s antiguas poblaciones brasile\u00f1as, actualmente con alrededor de 23 mil habitantes, en el extremo sur del estado de S\u00e3o Paulo. Cuando Daniela Sampaio lleg\u00f3 a la isla por primera vez, en mayo de 2001, reci\u00e9n egresada de la carrera de biolog\u00eda, vio solamente una masa verde. Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, al cabo de identificar 16.890 \u00e1rboles de 177 especies distintas, camina por la restinga como si estuviera en su jard\u00edn, desvi\u00e1ndose con naturalidad de las espinas de las palmeras y las bromelias, cuyas hojas de medio metro saltan del suelo cuan lanzas.<\/p>\n<p>Poco a poco, a medida que el relevamiento que hizo se sum\u00f3 a los estudios de los otros especialistas del grupo, pudo entender por qu\u00e9 este bosque es as\u00ed. Los \u00e1rboles raramente pasan de los 15 metros de altura debido al suelo pobre en nutrientes, como en el &#8220;Cerrad\u00e3o&#8221;. Pero el suelo arenoso tiene a su vez otro problema: vive inundado. En las \u00e1reas m\u00e1s bajas, la napa fre\u00e1tica emerge y forma riachos de agua cobriza &#8220;el color se debe a la concentraci\u00f3n de hierro&#8221; que se mueven lentamente entre las orillas de arena blanca como una hoja de papel. Pero Cooper, un argentino robusto y alto, de 40 a\u00f1os, recomienda: es mejor permanecer alejado del agua. Cooper la revuelve con la bota y les pregunta a los otros expedicionarios si sienten el olor a huevo podrido, debido al azufre acumulado en las hojas y troncos en lenta descomposici\u00f3n. &#8220;Mucho peor&#8221;, dice, &#8220;ser\u00eda deforestar y drenar el agua&#8221;. El azufre, al reaccionar con el ox\u00edgeno, puede transformarse en sulfato, que al combinarse con el agua, forma \u00e1cido sulf\u00farico, que puede esterilizar el suelo.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<br \/>\n<\/strong>Diversidad, din\u00e1mica y conservaci\u00f3n de \u00e1rboles en los bosques del estado de S\u00e3o Paulo: estudios en \u00e1reas permanentes<br \/>\n<em><strong>Modalidad<br \/>\n<\/strong><\/em>Proyecto Tem\u00e1tico vinculado al Programa Biota\/ FAPESP<br \/>\n<em><strong>Coordinador<br \/>\n<\/strong><\/em>Ricardo Ribeiro Rodrigues &#8211; Esalq\/ USP<br \/>\n<em><strong>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/strong><\/em>R$ 1.785.067,39 (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Bi\u00f3logos detectan mecanismos que alimentan la competencia entre los \u00e1rboles y permiten establecer diferencias en las selvas paulistas","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[5968],"class_list":["post-80456","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80456","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80456"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80456\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80456"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80456"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80456"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80456"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}