{"id":80480,"date":"2006-02-01T00:00:00","date_gmt":"2006-02-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/02\/01\/escenas-de-un-parasito\/"},"modified":"2013-01-11T20:22:09","modified_gmt":"2013-01-11T22:22:09","slug":"escenas-de-un-parasito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/escenas-de-un-parasito\/","title":{"rendered":"Escenas de un par\u00e1sito"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_84702\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2006\/02\/01\/escenas-de-un-parasito\/cenas-de-um-parasita-4\/\" rel=\"attachment wp-att-84702\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-84702\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Cenas-de-um-parasita2.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"226\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Cenas-de-um-parasita2.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Cenas-de-um-parasita2-120x90.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Cenas-de-um-parasita2-250x188.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">ROGERIO AMINO\/UNIFESP<\/span><\/a><p class=\"wp-caption-text\">El Plasmodium perfora la piel de ratones<span class=\"media-credits\">ROGERIO AMINO\/UNIFESP<\/span><\/p><\/div>\n<p>En su voraz b\u00fasqueda por sangre, la hembra del mosquito<em> Anopheles<\/em> puede causar m\u00e1s que dolor y picaz\u00f3n. Muchas veces ella deja en el cuerpo de sus v\u00edctimas algunas decenas de ejemplares del par\u00e1sito causante de la malaria, una de las enfermedades infecciosas m\u00e1s comunes en el mundo, que anualmente afecta a alrededor de 300 millones de personas y causa la muerte de un mill\u00f3n. Vieja conocida de la humanidad \u2013\u00a0el griego Hip\u00f3crates, considerado el padre de la medicina, la describi\u00f3 hace unos 2.500 a\u00f1os \u2013, la malaria o paludismo comenz\u00f3 a ser mejor comprendida a finales del siglo XIX, cuando el cirujano franc\u00e9s Charles Louis Alphonse Laveran identific\u00f3 al microorganismo que la causaba, los protozoos del g\u00e9nero<em> Plasmodium<\/em>.<\/p>\n<p>M\u00e1s de un siglo despu\u00e9s del descubrimiento que contribuy\u00f3 a que Laveran recibiera el Nobel de Fisiolog\u00eda en el 1907, los experimentos hechos en el Instituto Pasteur, de Par\u00eds, por el biom\u00e9dico brasile\u00f1o Rogerio Amino y por el parasit\u00f3logo alem\u00e1n Friedrich Frischknecht revelan detalles sobre el comportamiento de ese par\u00e1sito que pueden reorientar el desarrollo de vacunas contra la malaria.<\/p>\n<p>Invitado por Frischknecht para hacer un posdoctorado de dos a\u00f1os en la Unidad de Biolog\u00eda y Gen\u00e9tica de la Malaria de Pasteur, encabezada por Robert M\u00e9nard, Amino decidi\u00f3 verificar c\u00f3mo el <em>Plasmodium<\/em> infecta a los organismos vivos. Desde los tiempos de Laveran se sabe que el par\u00e1sito es inyectado en el cuerpo de los mam\u00edferos en el momento de la picadura del insecto, pero nunca se hab\u00eda observado hasta ahora el trayecto del protozoario hasta las c\u00e9lulas del h\u00edgado, en donde se aloja y se multiplica r\u00e1pidamente antes de ocupar los gl\u00f3bulos rojos de la sangre.<\/p>\n<p>Amino y el parasit\u00f3logo alem\u00e1n contaminaron ejemplares del mosquito <em>Anopheles stephensi<\/em>, responsable de la transmisi\u00f3n de la malaria humana en el Asia, con el protozoario <em>Plasmodium<\/em> berghei gen\u00e9ticamente alterado para producir una prote\u00edna verde fluorescente. En seguida, dejaron que los insectos picaran la oreja de ratones y de peque\u00f1os ratones dom\u00e9sticos anestesiados. Con la ayuda de un microscopio de l\u00e1ser, que permite observar estructuras bajo la piel en seres vivos y reconstruir las im\u00e1genes en tres dimensiones, acompa\u00f1aron paso a paso lo que suced\u00eda.<\/p>\n<p>Ya de entrada surgieron novedades. En la picadura, el insecto no inyecta los ejemplares del protozoario en el interior de los vasos sangu\u00edneos, como se supon\u00eda. La mayor parte de los mosquitos lanza de 10 a 20 par\u00e1sitos mezclados con la saliva en una capa m\u00e1s profunda de la piel \u2013\u00a0a 50 mil\u00e9simas de mil\u00edmetro de la superficie, cerca de la regi\u00f3n en donde nacen los pelos. &#8220;Ese resultado confirm\u00f3 una antigua sospecha&#8221;, dice Amino, profesor de la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp).<\/p>\n<p>Antes de investigar la malaria, Amino estudiaba la transmisi\u00f3n de otro protozoario \u2013\u00a0el <em>Trypanosoma cruzi<\/em>, causante del mal de Chagas, transmitido por la vinchuca \u2013\u00a0y sab\u00eda que la saliva del insecto era inoculada en la piel, y no directamente en los vasos sangu\u00edneos. Como contiene compuestos farmacol\u00f3gicamente activos, la saliva de la vinchuca facilitar\u00eda el acceso del insecto a la sangre. Si era as\u00ed con la vinchuca, Amino imagin\u00f3 que lo mismo pudiese ocurrir con el <em>Anopheles<\/em>.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s importante, sin embargo, sucedi\u00f3 a continuaci\u00f3n.\u00a0 Siete horas despu\u00e9s que el mosquito se alimentara en la oreja de los roedores a\u00fan hab\u00eda protozoarios en local de la picadura, seg\u00fan el estudio publicado el 22 de enero en la edici\u00f3n\u00a0<em> online<\/em> de <em>Nature Medicine<\/em>. La mitad de los par\u00e1sitos pr\u00e1cticamente no se desplaza y muere en el punto en que fueron depositados. El resto puede tomar dos caminos, con destinos bien diversos. Siete de cada diez ejemplares del<em> Plasmodium<\/em> se desplazan por medio de movimientos que recuerdan a los de un sacacorchos, perforando las c\u00e9lulas que encuentran en su camino, a una velocidad de un micr\u00f3metro por segundo. Parece poco, pero es lo suficiente como para que alcancen el torrente sangu\u00edneo pocos minutos despu\u00e9s de la picadura.<\/p>\n<p><strong>Entre la vida y la muerte<br \/>\n<\/strong>Una vez en la sangre, cada par\u00e1sito \u2013\u00a0que hasta entonces se encontraba en el estadio de esporozoario, con un formato alargado como el de un pl\u00e1tano \u2013\u00a0puede invadir el h\u00edgado, en donde pasa a reproducirse r\u00e1pidamente, generando 30 mil copias del protozoario. Ahora con forma de pera, llamado merozo\u00edta, el par\u00e1sito deja el h\u00edgado y vuelve a la sangre, en donde infecta a los gl\u00f3bulos rojos. Es el inicio de otra etapa de multiplicaci\u00f3n, que termina con la explosi\u00f3n de los gl\u00f3bulos rojos y las fiebres\u00a0 de hasta 40\u00b0C, capaces de dejar a cualquier persona en cama, tiritando los dientes de fr\u00edo y con anemia.<\/p>\n<p>Las otras copias del <em>Plasmodium<\/em> que escapan del lugar de la picadura siguen una ruta suicida jam\u00e1s imaginada: atraviesan las c\u00e9lulas de la piel hasta alcanzar los vasos linf\u00e1ticos, canales cercanos a los vasos sangu\u00edneos que, en vez de sangre, transportan linfa, un l\u00edquido blanquecino rico en grasas, prote\u00ednas y c\u00e9lulas de defensa del organismo. Conducidos por la linfa hasta los linfonodos, peque\u00f1os ganglios con gran concentraci\u00f3n de c\u00e9lulas de defensa llamadas linfocitos, estos protozoarios encuentran su destino final. La mayor parte es destruida en hasta cuatro horas.<\/p>\n<p>Unos pocos ejemplares sobreviven por hasta 24 horas y maduran, asumiendo la forma correspondiente a la que adquieren en el h\u00edgado, antes de morir. &#8220;Ese descubrimiento es importante porque es en el sistema linf\u00e1tico que se produce la respuesta inmunol\u00f3gica del organismo&#8221;, dice Amino. &#8220;Siempre que se avanza en biolog\u00eda, una aplicaci\u00f3n surge tarde o temprano&#8221;, comentan Victor y Ruth Nussenzweig, pareja de investigadores brasile\u00f1os que trabaja en el desarrollo de una vacuna contra la malaria en la Universidad de Nueva York, Estados Unidos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Biom\u00e9dico brasile\u00f1o descubre en Par\u00eds de qu\u00e9 manera el protozoo de la malaria se esparce por el cuerpo","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[105],"class_list":["post-80480","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80480","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80480"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80480\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80480"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80480"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80480"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80480"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}