{"id":80482,"date":"2006-02-01T00:00:00","date_gmt":"2006-02-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/02\/01\/energia-extra-bajo-la-piel\/"},"modified":"2013-01-11T19:55:17","modified_gmt":"2013-01-11T21:55:17","slug":"energia-extra-bajo-la-piel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/energia-extra-bajo-la-piel\/","title":{"rendered":"Energ\u00eda extra bajo la piel"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2006\/02\/01\/energia-extra-bajo-la-piel\/energia-extra-sob-a-pele-4\/\" rel=\"attachment wp-att-84620\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-84620\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Energia-extra-sob-a-pele2.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Energia-extra-sob-a-pele2.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Energia-extra-sob-a-pele2-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Energia-extra-sob-a-pele2-250x167.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Al final de 1998, pocos meses despu\u00e9s de instalarse como profesor visitante en uno de los laboratorios de la Universidad Harvard, Estados Unidos, el m\u00e9dico Antonio Bianco encontr\u00f3 en m\u00fasculos de primates, incluyendo a los seres humanos, la misma prote\u00edna con que hab\u00eda trabajado en ratones durante 15 a\u00f1os en la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). Se trata de la D2, como es llamada la enzima que activa la principal hormona producida por la gl\u00e1ndula tiroides y, a partir de ah\u00ed, acelera las reacciones que aumentan el consumo de ox\u00edgeno \u2013\u00a0o, en t\u00e9rminos pr\u00e1cticos, la liberaci\u00f3n de calor.<\/p>\n<p>Siete a\u00f1os m\u00e1s tarde, ya ocupando el cargo de director de investigaciones del laboratorio de tiroides del Hospital Brigham and Women&#8217;s en Boston, afiliado a la Universidad Harvard, Bianco descubri\u00f3 dos mecanismos por los cuales el organismo puede regular la producci\u00f3n y la actividad de esa prote\u00edna. Esos descubrimientos, publicados en dos art\u00edculos recientes de la Nature y de la Nature Cell Biology, pueden llevar a nuevos abordajes terap\u00e9uticos para combatir la obesidad, frecuentemente asociada a la diabetes tipo 2 \u2013\u00a0un serio problema para cerca de 300 millones de personas y la causa de muerte de 3 millones de individuos por a\u00f1o. En la medida que sirvan como base para nuevos medicamentos, esos hallazgos tambi\u00e9n pueden contribuir al tratamiento de otras centenas de millones de personas que sufren de disfunciones de la tiroides.<\/p>\n<p>Uno de los mecanismos reci\u00e9n descubiertos que inducen la producci\u00f3n de la D2 pone en escena la bilis, un l\u00edquido verdoso producido diariamente durante la digesti\u00f3n que atrajo el inter\u00e9s, primeramente, de los fil\u00f3sofos, comenzando por los griegos. Uno de ellos, Hip\u00f3crates, divid\u00eda los fluidos del cuerpo en cuatro humores \u2013\u00a0bilis negra, bilis amarilla, flema y sangu\u00edneo \u2013, equiparados a cuatro elementos universales \u2013\u00a0tierra, agua, fuego y aire \u2013\u00a0y las estaciones del a\u00f1o.<\/p>\n<p>Para Hip\u00f3crates, las enfermedades resultaban de un desequilibrio entre esos cuatros humores.\u00a0A despecho de esa popularidad, las sales biliares, principal componente de la bilis, no ganaron mucha atenci\u00f3n durante siglos. Se admit\u00eda que participasen exclusivamente de la absorci\u00f3n de l\u00edpidos \u2013\u00a0o grasas \u2013\u00a0y de la eliminaci\u00f3n del colesterol. Reci\u00e9n hacen tres d\u00e9cadas se descubri\u00f3 que podr\u00edan tener otras tareas en el organismo. De hecho, se mostr\u00f3 que act\u00faan en otras reacciones qu\u00edmicas \u2013\u00a0y no s\u00f3lo en el h\u00edgado, en donde son producidos, o en el intestino, donde act\u00faan en la absorci\u00f3n de las grasas, pero tambi\u00e9n en otras partes del cuerpo. Lentamente, dejaron de ser solamente un agente apenas un agente emulsionante \u2013\u00a0una especie de detergente \u2013\u00a0de grasas y ganaron el status de hormonas multitareas.<\/p>\n<p>En un estudio publicado en enero de 2006 en Nature, Bianco e investigadores de institutos de Francia y de Jap\u00f3n describen los resultados de un experimento que demuestra los efectos, en peque\u00f1os ratones dom\u00e9sticos, de una dieta rica en sales biliares. Uno de ellos es el aumento de la actividad de la enzima D2 en el tejido adiposo marr\u00f3n \u2013\u00a0un tejido especializado en la producci\u00f3n de calor en peque\u00f1os roedores \u2013\u00a0y, tal como tambi\u00e9n se demostr\u00f3, en el tejido muscular esquel\u00e9tico humano. Ese fen\u00f3meno no fue verificado en los roedores en que se bloque\u00f3 la acci\u00f3n del gen que lleva a la producci\u00f3n de la enzima D2. Despu\u00e9s de haber sido accionada por las sales biliares, la D2 acelera el metabolismo celular, con mayor gasto energ\u00e9tico, evitando la obesidad y la diabetes tipo 2, causada por una deficiencia en la actuaci\u00f3n de la insulina.<\/p>\n<p>Los investigadores arribaron a la conclusi\u00f3n de que los \u00e1cidos biliares se ligan a mol\u00e9culas espec\u00edficas \u2013\u00a0los receptores \u2013\u00a0de la superficie de las c\u00e9lulas de grasa. En respuesta, aumenta la producci\u00f3n intracelular de mol\u00e9culas se\u00f1alizadoras que activan el gen de la D2, una sigla que significa desiodasa de las iodotironinas tipo 2. Eso es s\u00f3lo la mitad del camino. A su vez, la D2 convierte la tiroxina o T4, una prohormona de la tiroides, en la hormona T3. Es la T3 la que inicia una serie de reacciones qu\u00edmicas que aumentan la actividad metab\u00f3lica de los m\u00fasculos y los hacen funcionar como el radiador de los autom\u00f3viles, liberando calor.<\/p>\n<p>&#8220;Se trata de un mecanismo muy selectivo, que solo funciona en c\u00e9lulas como las de los m\u00fasculos esquel\u00e9ticos, que contienen al mismo tiempo los receptores espec\u00edficos de los \u00e1cidos biliares y la D2&#8221;, dice Bianco. &#8220;Como resultado de ello, aumenta el gasto de energ\u00eda, sin modificar los niveles de hormonas de las tiroides en la circulaci\u00f3n o en los procesos metab\u00f3licos en otras c\u00e9lulas&#8221;. Seg\u00fan \u00e9l, esos estudios demuestran el papel esencial de los \u00e1cidos biliares y de las hormonas de la tiroides en la regulaci\u00f3n del organismo, tambi\u00e9n llamada\u00a0 homeostasis, &#8220;adem\u00e1s de mostrar cuanto la medicina de los antiguos griegos ya era sofisticada&#8221;.<\/p>\n<p>Si ese primer mecanismo de producci\u00f3n de la D2 implica la activaci\u00f3n del gen de esa enzima, el segundo mecanismo \u2013\u00a0descrito por Bianco en julio del a\u00f1o pasado en un art\u00edculo en la Nature Cell Biology \u2013\u00a0depende esencialmente de una prote\u00edna conocida por la sigla WSB1, que, como \u00e9l verific\u00f3, controla el tiempo de vida de la D2. &#8220;Despu\u00e9s de reconocer y ligarse a la D2, la WSB1 auxilia en la uni\u00f3n de otra prote\u00edna, la ubiquitina, a la D2&#8221;, explica Bianco. La estructura de la ubiquitina ya hab\u00eda sido caracterizada hace tres d\u00e9cadas, pero su funci\u00f3n s\u00f3lo fue aclarada recientemente. En el 2004, Aaron Ciechanover y Avram Hershko, ambos del Instituto de Tecnolog\u00eda Technion, de Israel, dividieron el Premio Nobel de Qu\u00edmica con Irwin Rose, de la Universidad de California, Estados Unidos, por haber identificado los mecanismos de degradaci\u00f3n de prote\u00ednas, que son destruidas despu\u00e9s de unirse con la ubiquitina.<\/p>\n<p>No es s\u00f3lo la D2 la que est\u00e1 marcada para morir despu\u00e9s de ganar una ubiquitina \u2013\u00a0la mayor\u00eda de las prote\u00ednas producidas por las c\u00e9lulas tienen el mismo destino. &#8220;Una caracter\u00edstica muy importante de ese mecanismo es que es regulable y altamente espec\u00edfico, pues requiere la interacci\u00f3n de un ligamento, tal como la WSB1, que hace el enlace entre la ubiquitina y la prote\u00edna que ser\u00e1 marcada para la degradaci\u00f3n&#8221;, explica Bianco. La ubiquitina inactiva la D2 y hace que ella sea destruida en algunos minutos por otras enzimas. Por otro lado, una D2 a la cual no se enlaz\u00f3 ninguna ubiquitina permanece en la c\u00e9lula por muchas horas.<\/p>\n<p>Bianco mostr\u00f3 tambi\u00e9n como otra prote\u00edna, la VDU1, reconoce, se liga y salva a la D2 de la degradaci\u00f3n, retir\u00e1ndole la ubiquitina. &#8220;Es como un interruptor&#8221;, compara. Examinando ese mecanismo de une y desune, \u00e9l concluy\u00f3 que, inhibi\u00e9ndose la acci\u00f3n de la WSB1, la D2 podr\u00eda permanecer activa por m\u00e1s tiempo \u2013\u00a0normalmente, su vida media, como es llamado el tiempo en el cual se deshace la mitad de la cantidad de mol\u00e9culas, var\u00eda de diez minutos, cuando est\u00e1 conjugada a la ubiquitina, a cerca de cinco horas.<\/p>\n<p>El control de ese mecanismo podr\u00eda no s\u00f3lo acelerar la quema de grasas. Por aumentar o disminuir la conversi\u00f3n de la prohormona T4 para la hormona T3, representar\u00eda tambi\u00e9n una forma de ayudar a regular la cantidad de hormona de la tiroides en circulaci\u00f3n en el organismo. La falta de T4 y, por consecuencia, de T3, que caracteriza el hipotiroidismo, causa fatiga, p\u00e9rdida de peso y de memoria, intolerancia al fr\u00edo, depresi\u00f3n o irritabilidad, entre otros s\u00edntomas; su exceso, el hipertiroidismo, acelera el ritmo card\u00edaco, provoca temblores y causa adelgazamiento.<\/p>\n<p>En el hipotiroidismo, el organismo trata de aumentar la actividad de la D2, maximizando la conversi\u00f3n de T4 a T3. Esa transformaci\u00f3n de la prohormona en la hormona activa s\u00f3lo es posible porque, en esas circunstancias, la WSB1 deja unirse con la D2, maximizando la producci\u00f3n de T3, como Bianco demostr\u00f3 mediante de experimentos en cultivo de c\u00e9lulas y en peque\u00f1os ratones dom\u00e9sticos. Ya en el hipertiroidismo, ocurre lo contrario: la WSB1 parece buscar a la D2 y, con m\u00e1s intensidad, le adiciona una ubiquitina, evitando as\u00ed que sea producida m\u00e1s hormona.<\/p>\n<p><strong>A la busca de una semejante<br \/>\n<\/strong>Bianco cree que es realmente factible la utilizaci\u00f3n de ese conocimiento para generar nuevas formas de tratamiento m\u00e9dico \u2013\u00a0y ya obtuvo en Estados Unidos el registro de la patente sobre el mecanismo de enlace de los \u00e1cidos biliares con el receptor de las c\u00e9lulas musculares, que activa la D2 y puede ser utilizado para el tratamiento contra la diabetes y la obesidad. \u00c9l pretende encontrar una mol\u00e9cula semejante a los dos \u00e1cidos biliares, que se enlace al receptor celular y active la D2 y la producci\u00f3n de la hormona T3 con el m\u00ednimo posible de efectos colaterales.<\/p>\n<p>&#8220;El tratamiento prolongado con sales biliares no es recomendado, por causa de efectos adversos&#8221;, alerta. &#8220;Estamos en contacto con industrias farmac\u00e9uticas, que se mostraron muy interesadas en licenciar nuestra patente.&#8221;<\/p>\n<p>\u00c9l no es el \u00fanico brasile\u00f1o trabajando en el laboratorio de tiroides del Hospital de Boston que apoya estas investigaciones. En los \u00faltimos a\u00f1os pasaron por all\u00e1, bajo su direcci\u00f3n, Rog\u00e9rio Ribeiro y Cyntia Curcio, que cursan posgrados en la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp), Luciane Capelo, de la USP, y Miriam Ribeiro, profesora de fisiolog\u00eda de la Universidad Presbiteriana Mackenzie, de S\u00e3o Paulo. En este momento est\u00e1n all\u00e1 Marcelo Christoffolete y Beatriz Freitas, de la Unifesp, y Wagner Seixas da\u00a0 Silva, de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro (UFRJ),\u00a0 que cursa posdoctorado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Componente de la bilis acciona cadena de reacciones qu\u00edmicas en los m\u00fasculos que evita la obesidad","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[5968],"class_list":["post-80482","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80482","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80482"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80482\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80482"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80482"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80482"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80482"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}