{"id":80483,"date":"2006-02-01T00:00:00","date_gmt":"2006-02-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/02\/01\/la-vida-entre-hojas-secas\/"},"modified":"2013-01-11T20:04:14","modified_gmt":"2013-01-11T22:04:14","slug":"la-vida-entre-hojas-secas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-vida-entre-hojas-secas\/","title":{"rendered":"La vida entre hojas secas"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_84631\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2006\/02\/01\/la-vida-entre-hojas-secas\/a-vida-entre-folhas-secas-4\/\" rel=\"attachment wp-att-84631\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-84631\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/A-vida-entre-folhas-secas2.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"232\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/A-vida-entre-folhas-secas2.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/A-vida-entre-folhas-secas2-120x93.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/A-vida-entre-folhas-secas2-250x193.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Lara Guimar\u00e3es<\/span><\/a><p class=\"wp-caption-text\">Dos Pheidole flavens: una soldado, apta para trabajos m\u00e1s pesados<span class=\"media-credits\">Lara Guimar\u00e3es<\/span><\/p><\/div>\n<p>Normalmente recordadas por la mayor\u00eda de las personas solamente cuando infestan la azucarera o el equipo de sonido, las hormigas ocupan el planeta desde hace al menos 100 millones de a\u00f1os, de acuerdo con los f\u00f3siles m\u00e1s antiguos. Y algo que puede sonar a\u00fan m\u00e1s sorprendente: son componentes esenciales de los ecosistemas y tienen una importancia ecol\u00f3gica mayor de lo que se podr\u00eda esperar, adem\u00e1s de presentar una elevada riqueza y una alta diversidad de especies, todas sociales.<\/p>\n<p>El mayor estudio sobre estos insectos ya realizado en el Bosque Atl\u00e1ntico brasile\u00f1o, que reuni\u00f3 a expertos de 11 instituciones del pa\u00eds y colaboradores del exterior, comprueba que las hormigas son uno de los principales indicadores de la diversidad biol\u00f3gica de una regi\u00f3n: cuanto m\u00e1s especies de hormigas, m\u00e1s especies probablemente habr\u00e1 de otros animales y de plantas.<\/p>\n<p>El equipo coordinado por Carlos Roberto Brand\u00e3o, bi\u00f3logo del Museo de Zoolog\u00eda de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), identific\u00f3 hasta ahora 410 especies de hormigas del Bosque Atl\u00e1ntico, pero se estima que esta selva del litoral puede abrigar hasta mil especies \u2013\u00a0mundialmente, de un total estimado en 20 mil especies, ya fueron descritos cerca de 12 mil. &#8220;Con base en esos datos&#8221;, afirma Brand\u00e3o, &#8220;el Bosque Atl\u00e1ntico puede ser visto como uno de los ambientes m\u00e1s ricos en especies de hormigas del mundo&#8221;. Hay regiones con mucho menos: en Gran Breta\u00f1a, por ejemplo, viven tan s\u00f3lo 36 especies de hormigas.<\/p>\n<p>&#8220;Las hormigas viven en colonias que pueden albergar desde pocos hasta millones de individuos, lo que las coloca como uno de los animales terrestres m\u00e1s abundantes en regiones tropicales y subtropicales&#8221;, dice. Estudios realizados en la Amazonia indican que las hormigas y las termitas, otro grupo de insectos sociales, representan alrededor del 70% de la biomasa animal terrestre, medida a partir del peso seco.<\/p>\n<p>En otros t\u00e9rminos, las poblaciones de estos insectos que miden de un mil\u00edmetro a 4 cent\u00edmetros e individualmente no pesan m\u00e1s de una d\u00e9cima de gramo, si pudiesen ser reunidas y pesadas, presentar\u00edan una masa de materia org\u00e1nica m\u00e1s elevada que la de todos los otros invertebrados y vertebrados terrestres juntos. Seg\u00fan Brand\u00e3o, algunos grupos animales, en especial los cascarudos y \u00e1caros, son a\u00fan m\u00e1s ricos en especies, m\u00e1s generalmente son solitarios y, por lo tanto, cada especie es representada por muchos menos individuos que las especies sociales.<\/p>\n<p>Durante dos a\u00f1os, de 1999 a 2001, los bi\u00f3logos recorrieron 26 \u00e1reas de la Bosque Atl\u00e1ntico preservada en diez estados \u2013\u00a0Santa Catarina, Paran\u00e1, S\u00e3o Paulo, R\u00edo de Janeiro, Esp\u00edrito Santo, Bah\u00eda, Sergipe, Pernambuco, Alagoas y Para\u00edba. Reunieron 1.400 muestras de un metro cuadrado de la capa m\u00e1s superficial del suelo y de la cobertura de hojas secas, la llamada arpillera, donde se concentra el 60% de las especies conocidas de hormigas. En general no\u00a0 alej\u00e1ndose m\u00e1s de dos metros de sus nidos, estos insectos habitan los espacios ubicados entre las hojas que caen al suelo, protegidas contra el ataque de otros animales y, al mismo tiempo, encontrando ah\u00ed sus alimentos preferidos, como los \u00e1caros.<\/p>\n<p>Dos de las especies de hormigas m\u00e1s comunes en la Bosque Atl\u00e1ntico son la Pheidole flavens, con obreras de solamente un mil\u00edmetro de largura, encontrada en 842 de las 1.400 muestras \u2013\u00a0es decir, casi en 2 de cada 3 metros estudiados \u2013, y la <em>Pyramica denticulata<\/em>, tambi\u00e9n milim\u00e9trica, con obreras dotadas de mand\u00edbulas muy largas y cabeza en forma de coraz\u00f3n, presente en 780 muestras. &#8220;Probablemente&#8221;, dice Brand\u00e3o, &#8220;esas dos especies est\u00e1n entre los animales m\u00e1s comunes del Bosque Atl\u00e1ntico&#8221;.<\/p>\n<p>Analizando las informaciones que resultaron de ese vasto trabajo de campo, adem\u00e1s de decenas de probables especies nuevas, en especial en g\u00e9neros bastante raros como la <em>Asphinctanilloides<\/em> y la <em>Cryptomyrmex<\/em>, los investigadores encontraron formas refinadas de organizaci\u00f3n de la fauna de hormigas, vistas normalmente como integrantes de sociedades sencillas, con machos, que act\u00faan solamente en la reproducci\u00f3n, y hembras, a su vez divididas en reinas, obreras y soldados, que son obreras modificadas que ejecutan los trabajos m\u00e1s pesados. El estudio de las obreras, m\u00e1s abundantes y m\u00e1s f\u00e1cilmente encontradas fuera de los nidos, mostr\u00f3 una inesperada riqueza de comportamientos.<\/p>\n<p>Fueron identificados nueve patrones distintos de comportamiento y h\u00e1bitos. Normalmente, los investigadores reconocen esos patrones de comportamiento a partir de informaciones previas sobre los h\u00e1bitos de cada especie. Rog\u00e9rio Rosa da Silva, uno de los bi\u00f3logos del equipo, examin\u00f3 las especies que viv\u00edan en cuatro de las 26 localidades estudiadas y desarroll\u00f3 otro abordaje. Naci\u00f3 de ah\u00ed una propuesta de clasificaci\u00f3n de los comportamientos de las hormigas del suelo, que puede ser v\u00e1lida en todo el Bosque Atl\u00e1ntico y representar de modo m\u00e1s preciso lo que otros especialistas hac\u00edan de modo subjetivo.<\/p>\n<p>Aunque la composici\u00f3n de especies var\u00ede de una a otra localidad, la estructura del conjunto de las comunidades es constante: las hormigas siempre se organizan de acuerdo con los mismos patrones de comportamiento, llamados guildas, que muestran c\u00f3mo act\u00faa cada especie en el ambiente. Donde existen hormigas existen las nueve guildas, formadas por cinco categor\u00edas b\u00e1sicas, una de ellas con cuatro subconjuntos.<\/p>\n<p>Los grupos b\u00e1sicos son: las predadoras generalizadas, que cazan cualquier tipo de presa; las predadoras especializadas, que colectan presas espec\u00edficas como huevos de otros insectos o hasta de otras hormigas; las cultivadoras de hongos, que llevan para el nido hojas, pedazos de plantas y restos de otros insectos, que se usan para alimentar a la colonia de hongos que crece en el fondo del nido y suministra az\u00facar y prote\u00ednas para las hormigas; y, finalmente, las generalizadas, que colectan la savia de las plantas y peque\u00f1os animales, de los cuales las hormigas se alimentan.<\/p>\n<p>Las predadoras generalizadas son las que se agrupan en cuatro conjuntos: las que recolectan apenas lo que est\u00e1 sobre el suelo, llamadas epigeas; las que visitan tambi\u00e9n las capas superficiales del suelo, o hipogeas, y las especies con obreras relativamente grandes y las relativamente peque\u00f1as, distingui\u00e9ndose, en este caso, por el tama\u00f1o de la presa que recolectan. Tambi\u00e9n existen, pero no fueron recolectadas, otras seis guildas: dos de especies n\u00f3madas, que se desplazan bajo el suelo, tres de arbor\u00edcolas y las exclusivamente subterr\u00e1neas, que viven en nidos fijos.<\/p>\n<p><strong>Competencia<br \/>\n<\/strong>&#8220;Esa clasificaci\u00f3n permite un an\u00e1lisis m\u00e1s fino de la estructura de\u00a0 las comunidades de hormigas&#8221;, dice el bi\u00f3logo Rog\u00e9rio Silva, del Museo de Zoolog\u00eda de la USP. Cada lugar comporta apenas un n\u00famero limitado de especies en cada categor\u00eda de comportamiento o guilda: en una regi\u00f3n en que pueden vivir solamente cuatro o cinco especies de hormigas predadoras jam\u00e1s se encontrar\u00e1n 20 especies predadoras. &#8220;Ese l\u00edmite deriva de la competici\u00f3n entre especies, ya que las hormigas predadoras grandes disputan solamente con otras predadoras grandes un n\u00famero finito de presas&#8221;, dice Brand\u00e3o.<\/p>\n<p>&#8220;La guildas, en este caso, representan los escenarios de la competencia&#8221;. Debido a que como se demostr\u00f3 que la fauna de hormigas del Bosque Atl\u00e1ntico debe estar compuesta siempre por las mismas 15 guildas, se puede ahora evaluar con m\u00e1s precisi\u00f3n el estado de conservaci\u00f3n de un bosque, algo que se hac\u00eda solamente por medio de listas comparativas de nombres de especies.<\/p>\n<p>La regularidad con que se encuentran esos patrones de comportamiento lleva a concluir que las alteraciones impuestas por las actividades humanas, como la deforestaci\u00f3n de un tramo del bosque, puede causar desequilibrios entre esos grupos y la consiguiente superpoblaci\u00f3n de algunos de ellos, con perjuicios para las propias comunidades y para los animales y plantas que dependen de ellas para sobrevivir. &#8220;Ellas mantienen tantas relaciones mutualistas que es posible concluir que si en un lugar hay m\u00e1s hormigas tambi\u00e9n existen m\u00e1s animales de otras especies&#8221;, dice Brand\u00e3o.<\/p>\n<p>En el monte, el 70% de las plantas presenta gl\u00e1ndulas productoras de n\u00e9ctar, los llamados nectarios, que atraen a las hormigas. Al colectar el n\u00e9ctar, las hormigas protegen a las plantas, evitando que otros insectos vengan a alimentarse de la propia planta. Ellas tambi\u00e9n controlan la poblaci\u00f3n de otros insectos y de otros peque\u00f1os invertebrados, ya que muchas especies son predadoras, mientras que otras diseminan las semillas. Las relaciones de las hormigas con las plantas pueden ser positivas, cuando eliminan animales herb\u00edvoros, a cambio de n\u00e9ctar, o negativas, cuando implantan colonias de insectos capaces de obtener savia, cuyo exceso ellas recolectan, a cambio de la protecci\u00f3n a insectos como cochinillas, pulgones y otros parientes de las cigarras.<\/p>\n<p><strong>Indicadores<br \/>\n<\/strong>El primer estudio en mostrar que las hormigas servir\u00edan como un indicador de la diversidad de otras especies animales fue hecho por investigadores ingleses y estadounidenses, por medio de la comparaci\u00f3n de ocho grupos de animales en la reserva forestal de Mbalmayo, en Camer\u00fan, en el \u00c1frica, es publicado en el 1998 en <em>Nature<\/em>. Nacieron de ah\u00ed otros estudios que pueden ayudar a orientar la selecci\u00f3n de las \u00e1reas que van a ser preservadas y dimensionar el tama\u00f1o m\u00ednimo de nuevas \u00e1reas de vegetaci\u00f3n nativa que ser\u00e1n preservadas.<\/p>\n<p>Esta posibilidad ya est\u00e1 poni\u00e9ndose en pr\u00e1ctica. Seg\u00fan Brand\u00e3o, la Secretar\u00eda de Planeamiento y Medio Ambiente del Estado de Tocantins pretende utilizar los datos de un an\u00e1lisis sobre la diversidad de las hormigas en el estado para seleccionar \u00e1reas priorizadas para la conservaci\u00f3n de la sabana. El a\u00f1o pasado, en el municipio de Craol\u00e2ndia, Tocantins, Rog\u00e9rio Silva encontr\u00f3 un g\u00e9nero nuevo de hormiga, a\u00fan sin nombre oficial.<\/p>\n<p>En el an\u00e1lisis sobre las hormigas del Bosque Atl\u00e1ntico participaron tambi\u00e9n investigadores del Instituto Biol\u00f3gico de Ribeir\u00e3o Preto, de la Universidad de Mogi das Cruzes, de la Universidad Estadual de Santa Cruz y de la Comisi\u00f3n Ejecutiva del Plan de Labranza del Cacao de Ilh\u00e9us (Bah\u00eda), y las universidades federales de S\u00e3o Carlos (S\u00e3o Paulo), Rural de R\u00edo de Janeiro, Vi\u00e7osa (Minas Gerais), Esp\u00edrito Santo, Para\u00edba y Pernambuco. En conjunto, ayudaron tambi\u00e9n a cambiar algunas ideas bien arraigadas mudar.<\/p>\n<p>Hace cuatro d\u00e9cadas se cre\u00eda que el n\u00famero de especies de animales y de plantas variaba seg\u00fan la latitud: cuanto m\u00e1s pr\u00f3ximo del ecuador, mayor ser\u00eda la diversidad biol\u00f3gica. No fue lo que se vio. La mayor diversidad de especies se encontr\u00f3 en trechos de Bosque Atl\u00e1ntico del norte de R\u00edo de Janeiro hasta el sur de Esp\u00edrito Santo, con alrededor de un 10% m\u00e1s especies que de localidades m\u00e1s al norte, que, se cre\u00eda, deber\u00edan albergar una diversidad mayor. En esa franja entre R\u00edo y Esp\u00edrito Santo, informa Brand\u00e3o, fueron recolectadas hasta 140 especies \u2013\u00a0solamente de las que viven sobre el suelo, en un \u00e1rea de 1 kil\u00f3metro cuadrado.<\/p>\n<p>Paralelamente a la demostraci\u00f3n de la diversidad de especies de la Bosque Atl\u00e1ntico y de la importancia de esos insectos en el apoyo a la definici\u00f3n de estrategias de preservaci\u00f3n ambiental, vino a colaci\u00f3n una caracter\u00edstica peculiar m\u00e1s de esos insectos de h\u00e1bitos complejos. En un art\u00edculo publicado en enero en <em>Nature<\/em>, un equipo coordinado por Nigel Franks y Tom Richardson, de la Universidad de Bristol, Inglaterra, demostr\u00f3 que las hormigas son capaces de ense\u00f1ar a otras de la colonia c\u00f3mo buscar alimento. Tal vez sea la primera demostraci\u00f3n formal de ense\u00f1anza en los animales, una capacidad hasta entonces atribuida solamente a los seres humanos.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<br \/>\n<\/strong>Riqueza y diversidad de Hymenoptera e Isoptera a lo largo de un gradiente latitudinal del Bosque Atl\u00e1ntico<br \/>\n<em><strong>Modalidad<br \/>\n<\/strong><\/em>Proyecto Tem\u00e1tico vinculado al Programa Biota-FAPESP<br \/>\n<em><strong>Coordinador<br \/>\n<\/strong><\/em>Carlos Roberto Ferreira Brand\u00e3o &#8211; Museo de Zoolog\u00eda de la USP<br \/>\n<strong><em>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/em><\/strong>925,901.82 reales (FAPESP)<br \/>\n30,000.00 reales (CNPq)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Bi\u00f3logos identifican patrones de comportamiento de hormigas del Bosque Atl\u00e1ntico","protected":false},"author":188,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[503],"class_list":["post-80483","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80483","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/188"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80483"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80483\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80483"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80483"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80483"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80483"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}