{"id":80489,"date":"2006-02-01T00:00:00","date_gmt":"2006-02-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/02\/01\/un-pacato-ciudadano\/"},"modified":"2016-01-28T16:13:10","modified_gmt":"2016-01-28T18:13:10","slug":"un-pacato-ciudadano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/un-pacato-ciudadano\/","title":{"rendered":"Un pacato ciudadano"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2006\/02\/01\/un-pacato-ciudadano\/pacato-cidadao-4\/\" rel=\"attachment wp-att-84816\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-84816\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Pacato-Cidad\u00e3o2.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"222\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Pacato-Cidad\u00e3o2.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Pacato-Cidad\u00e3o2-120x89.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/02\/Pacato-Cidad\u00e3o2-250x185.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">MIGUEL BOYAYAN, H\u00c9LIO DE ALMEIDA E JOS\u00c9 ROBERTO MEDDA<\/span><\/a>Nada mejor que la m\u00fasica para los o\u00eddos. Y especialmente cuando, de vez en cuando, engendra alg\u00fan tir\u00f3n de orejas. &#8220;Oh pacato ciudadano, te llam\u00e9 la atenci\u00f3n, y no fue por gusto, no. C&#8217;est fini la utop\u00eda, pero la guerra todo el d\u00eda, d\u00eda a d\u00eda&#8221;, canta el grupo Skank. \u00c9sa es la banda de sonido ideal para leer la reci\u00e9n publicada investigaci\u00f3n <em>Ciudadan\u00eda, participaci\u00f3n e instituciones pol\u00edticas: \u00bfqu\u00e9 piensa el brasile\u00f1o?<\/em>, realizada por el Centro de Investigaci\u00f3n y Documentaci\u00f3n de la Fundaci\u00f3n Get\u00falio Vargas, que muestra c\u00f3mo los brasile\u00f1os se siguen conformando con la tesis de que Brasil es, y siempre ser\u00e1 un eterno &#8220;mar de lodo&#8221;, contra el cual poco se puede hacer.<\/p>\n<p>Para el 79% de los entrevistados, la corrupci\u00f3n es la marca del servicio p\u00fablico; la \u00fanica instituci\u00f3n democr\u00e1tica que funciona es la Iglesia Cat\u00f3lica; el 72% de los investigadores cree que los pol\u00edticos lo \u00fanico que piensan es salirse bien en la vida. Estos resultados refuerzan el &#8220;conformismo&#8221; expreso en el \u00faltimo <em>Latino-bar\u00f3metro<\/em>, investigaci\u00f3n hecha por una ONG chilena, que muestra c\u00f3mo anda la satisfacci\u00f3n latinoamericana con la democracia.<\/p>\n<p>Alrededor del 43% de los brasile\u00f1os entrevistados cree que la &#8220;mano dura&#8221; en el gobierno no le vendr\u00eda mal al pa\u00eds; un 48% no se importar\u00eda de que el pa\u00eds se quede a merced de empresas privadas si la vida de ellos mejorase; y un 26% piensa que tener un r\u00e9gimen democr\u00e1tico o no democr\u00e1tico da lo mismo. La ciudadan\u00eda, entendida como la participaci\u00f3n del individuo en la creaci\u00f3n de su sociedad, parece estar poco desarrollada entre nosotros. Una investigaci\u00f3n de 1993 (CESOP\/ Unicamp) mostraba ya en ese entonces la indiferencia nacional sobre la presencia de los \u00f3rganos de representaci\u00f3n como necesaria para el funcionamiento democr\u00e1tico: un 30% de los brasile\u00f1os cre\u00eda que Brasil podr\u00eda pasarla bien sin el Congreso Nacional. La incredulidad de hoy, retomada en la crisis en curso, no es por ende precisamente una novedad. De ah\u00ed que surge la pregunta: \u00bfqu\u00e9 ciudadanos somos nosotros, tan \u00e1giles para identificar las deficiencias institucionales, y tan lentos para cambiar ese estado de cosas? \u00bfSomos efectivamente pacatos ciudadanos o ser\u00e1 que nos hicieron creer eso?<\/p>\n<p>\u00c9se es el cuestionamiento de la investigaci\u00f3n m\u00e1s reciente del cient\u00edfico pol\u00edtico Wanderley Guilherme dos Santos, <em>Horizonte do desejo: instabilidad, fracasso coletivo e inercia social<\/em> (FGV Editora, 200 p\u00e1gs., 26.00 reales), que intenta entender por qu\u00e9, en un pa\u00eds con tantas desigualdades e insatisfacciones, nunca hubo un movimiento popular capaz de promover una reforma en la vida nacional. &#8220;Brasil se encuentra mucho m\u00e1s all\u00e1 del umbral\u00a0 de la sensibilidad social y as\u00ed ha convivido, pac\u00edficamente, con la miseria cotidiana, material y c\u00edvica, sin generar grandes amenazas. Aqu\u00ed, el horizonte del deseo a\u00fan es puro deseo, sin horizonte&#8221;, avisa el autor.<\/p>\n<p>La paradoja, se\u00f1alada por Santos, es que, desde los a\u00f1os 1930, el pa\u00eds experiment\u00f3 un gran salto econ\u00f3mico y lo que \u00e9l llama una &#8220;mega-conversi\u00f3n&#8221; electoral (&#8220;partimos de un electorado reducido en 1945-1950 rumbo a otro que, en 2002, correspond\u00eda al 68% de la poblaci\u00f3n&#8221;, acota), sin que la ciudadan\u00eda de los votos se hiciese acompa\u00f1ar por una ciudadan\u00eda de disfrute de los derechos sociales. &#8220;Con el fin de la dictadura militar y de la construcci\u00f3n de la democracia, a partir de 1985, la palabra ciudadan\u00eda cay\u00f3 en la boca del pueblo.<\/p>\n<p>Se ten\u00eda la creencia de que la democratizaci\u00f3n de las instituciones traer\u00eda r\u00e1pidamente la felicidad nacional. Eso funcion\u00f3 con el voto, pero no en todo. Las grandes desigualdades sociales y econ\u00f3micas siguen en pie y, en consecuencia, los mecanismos y agentes de la democracia, como las elecciones, los partidos, el Congreso y los pol\u00edticos, se desgastan y pierden la confianza del p\u00fablico&#8221;, analiza Jos\u00e9 Murilo de Carvalho, docente de la UFRJ y autor de<em> Cidadania no Brasil, o longo caminho<\/em>.<\/p>\n<p>&#8220;Hay al mismo tiempo una recusa hist\u00f3rica del pa\u00eds en configurar un espacio p\u00fablico de enunciaci\u00f3n aut\u00f3noma de derechos junto con la novedad sorprendente de que los derechos humanos y sociales y su regulaci\u00f3n p\u00fablica se transformaron en obst\u00e1culos a la ciudadan\u00eda que, dram\u00e1ticamente transformada, habita ahora los espacios del mundo privado y de la realizaci\u00f3n individual bajo gobiernos que se presentan como meros gestores de la crisis y del cambio&#8221;, eval\u00faa la soci\u00f3loga de la USP, Maria C\u00e9lia Paoli, coordinadora del proyecto tem\u00e1tico <em>Ciudadan\u00eda y democracia: el pensamiento en las rupturas de la pol\u00edtica<\/em>, financiado por la FAPESP, que pretende ocuparse del &#8220;derrumbe, del largo proceso de desregulaci\u00f3n e internacionalizaci\u00f3n del mundo, que se hace destruyendo mediaciones&#8221;, influyendo directamente en los derechos de ciudadan\u00eda y generando la &#8220;privatizaci\u00f3n de lo p\u00fablico, destituci\u00f3n del habla y anulaci\u00f3n de la pol\u00edtica&#8221;, para usar palabras del soci\u00f3logo Francisco de Oliveira, de la USP, parte del equipo del proyecto.<\/p>\n<p>Oliveira cuestiona, en especial, como todo ese proceso puede ocurrir con tan poca resistencia de la sociedad, &#8220;un dominio de clase consentido, activa y pasivamente, donde finalmente los dominados comparten los mismos valores de los dominantes&#8221;. Quiz\u00e1 la perenne desilusi\u00f3n con la pol\u00edtica nacional tenga razones que la raz\u00f3n com\u00fan desconoce. &#8220;\u00bfA d\u00f3nde iremos a parar con todo ese frenes\u00ed \u00e9tico-moralizador que parece querer, con su af\u00e1n regenerador, bombardear todas las pr\u00e1cticas de la vida parlamentaria democr\u00e1tica?&#8221;, pregunta el cient\u00edfico pol\u00edtico Marco Aur\u00e9lio Nogueira, de la Unesp.<\/p>\n<p>&#8220;Si bien cabe presumir que dif\u00edcilmente crearemos una sociedad genuinamente democr\u00e1tica, c\u00edvica e indemne a la corrupci\u00f3n con la preservaci\u00f3n del legado de desigualdad y elitismo, \u00bfser\u00e1 razonable esperar que podamos superar ese legado sin actuar con determinaci\u00f3n en el sentido de crear &#8216;artificialmente&#8217; los mecanismos legales que puedan pretender eficacia en poner barreras a la corrupci\u00f3n e implantar una cultura nueva y pol\u00edticamente m\u00e1s propicia?&#8221;, observa el profesor de la UFMG, F\u00e1bio Wanderley Reis. Es un c\u00edrculo &#8220;vicioso&#8221;: la falta de ciudadan\u00eda real impide una acci\u00f3n efectiva para cambiar el Estado; eso, aliado a un &#8220;darle la espalda&#8221; a la pol\u00edtica y a una incredulidad en los pol\u00edticos, genera un mecanismo nocivo que, a su vez, impide la creaci\u00f3n de formas efectivas de controlar la corrupci\u00f3n y de resolver las desigualdades sociales.<\/p>\n<p>&#8220;El difundido desprecio de la poblaci\u00f3n por los derechos civiles, con seguridad, no es irrelevante desde el punto de vista de la corrupci\u00f3n y sus correlatos&#8221;, observa Reis. &#8220;La inseguridad &#8216;hobbesiana&#8221; (Hobbes preconizaba la necesidad de un Estado que refrenase la b\u00fasqueda por poder, ilimitada, que cada ciudadano tendr\u00eda en un &#8216;estado natural&#8221;) y el deseo de un poder autoritario y fuerte tal vez ayuden a explicar las enormes proporciones de apoyo a hipot\u00e9ticos liderazgos personales que pudiesen unificar y guiar la naci\u00f3n ajena a los partidos&#8221;. Y, advierte el profesor Marcello Baquero (UFRGS), cuanto mayor es la falta de legitimaci\u00f3n institucional, mayor el llamado a l\u00edderes carism\u00e1ticos, que, a su vez, contribuyen a neutralizar y desacreditar a esas mismas instituciones.<\/p>\n<p><strong>Derechos<br \/>\n<\/strong>La historia tortuosa de la ciudadan\u00eda brasile\u00f1a es un componente fundamental en el estado pol\u00edtico y social del presente. &#8220;En Brasil experimentamos una inversi\u00f3n. Aqu\u00ed, primero vinieron los derechos sociales, implantados en per\u00edodos de supresi\u00f3n de derechos pol\u00edticos y de reducci\u00f3n de los derechos civiles por un dictador, Vargas, que se hizo popular&#8221;, explica Murilo de Carvalho. &#8220;Despu\u00e9s vinieron los derechos pol\u00edticos, de manera algo extravagante, pues la mayor expansi\u00f3n del voto se dio en otro per\u00edodo dictatorial, el militar, en que los \u00f3rganos de representaci\u00f3n pol\u00edtica fueron transformados en pieza decorativa del r\u00e9gimen&#8221;. En un balanc\u00edn, siempre que el pa\u00eds increment\u00f3 los derechos pol\u00edticos dej\u00f3 de lado los sociales, y viceversa.<\/p>\n<p>Esa l\u00f3gica perversa dej\u00f3 sus secuelas: la excesiva valorizaci\u00f3n del Ejecutivo, pues, si los derechos sociales fueron implementados en per\u00edodos dictatoriales, se cre\u00f3 la imagen, para el grueso de la poblaci\u00f3n, de la centralidad del Estado. Las mejoras sociales siempre vinieron aparejadas al clientelismo. &#8220;Los beneficios sociales no eran tratados como derecho de todos, sino como fruto de la negociaci\u00f3n de cada categor\u00eda con el gobierno. As\u00ed, la sociedad pas\u00f3 a\u00a0 organizarse para garantizar los derechos y los privilegios distribuidos por el Estado&#8221;, apunta Murilo de Carvalho. O, en las palabras de Baquero, se establecieron en Brasil &#8220;relaciones sociales terciarias&#8221;, a saber: un lazo directo entre el Estado y el individuo, el cual se siente deudor del Ejecutivo, en detrimento de los partidos. La representaci\u00f3n se fragiliza.<\/p>\n<p>El modelo neoliberal, adoptado en escala global, al llegar al pa\u00eds, afect\u00f3 a\u00fan m\u00e1s ese cuadro, invirti\u00e9ndolo sin resolver con todo sus males. &#8220;El pensamiento liberal insisti\u00f3 en la importancia del mercado y en la reducci\u00f3n del rol del Estado. En esa visi\u00f3n, el ciudadano se vuelve cada vez m\u00e1s un consumidor, alejado de las preocupaciones con la pol\u00edtica y los problemas colectivos&#8221;, dice Murilo de Carvalho.<\/p>\n<p>&#8220;Hoy em dia las personas no quieren ser ciudadanos, sino consumidores. O mejor, la ciudadan\u00eda que reivindican es la del derecho al consumo, la ciudadan\u00eda pregonada por los nuevos liberales. La cultura del consumo dificulta la desatadura del nudo que vuelve tan lenta la marcha de la ciudadan\u00eda entre nosotros, sea cual sea la capacidad del sistema representativo de producir resultados que impliquen la reducci\u00f3n de las desigualdades de todo tipo&#8221;. Oliveira va a\u00fan m\u00e1s lejos. &#8220;Todo el esfuerzo de democratizaci\u00f3n, de creaci\u00f3n de una esfera p\u00fablica en Brasil, es consecuencia de la acci\u00f3n de las clases dominantes&#8221;.<\/p>\n<p>Desde ah\u00ed, defiende los varios momentos en que el Estado &#8220;silenci\u00f3&#8221; esas voces en nombre de la &#8220;armon\u00eda social&#8221;, de la anulaci\u00f3n pol\u00edtica, del consenso, en direcci\u00f3n contraria al &#8220;desentendimiento social&#8221;, constructivo en la medida que permite que la sociedad participe activamente en la construcci\u00f3n de su universo sociopol\u00edtico-econ\u00f3mico. &#8220;Es un desplazamiento que intenta subalternar la presencia pol\u00edtica de los actores y de sus demandas y significa una falta de capacitaci\u00f3n de la representaci\u00f3n y de la participaci\u00f3n social en las esferas de decisi\u00f3n pol\u00edtica&#8221;, analiza\u00a0 C\u00e9lia Paoli.<\/p>\n<p>Si antes era el Estado poderoso el que dificultaba efectuaci\u00f3n la de la ciudadan\u00eda, a partir de la d\u00e9cada de 1990 ser\u00e1 la propagaci\u00f3n del ideal de un Estado &#8220;fallido&#8221; el responsable por la desmovilizaci\u00f3n de los ciudadanos. &#8220;Si el Estado, por largo tiempo, subsidi\u00f3 la formaci\u00f3n del capital, con la llegada de la crisis de la deuda externa de los a\u00f1os 1980, convertida despu\u00e9s en deuda interna p\u00fablica, se agot\u00f3 el papel de <em>condottiere<\/em> del Ejecutivo en la expansi\u00f3n capitalista&#8221;, eval\u00faa Oliveira. Se cre\u00f3 la imagen del Estado agotado.<\/p>\n<p>&#8220;Esa crisis interna del gobierno coloc\u00f3 los reflectores sobre el dispendio p\u00fablico y convirti\u00f3 los gastos sociales p\u00fablicos en el chivo expiatorio de la quiebra del Estado, cuando en verdad eso se debi\u00f3 a la deuda interna p\u00fablica y a los servicios de la deuda externa&#8221;. Se estableci\u00f3, contin\u00faa el soci\u00f3logo, la ilusi\u00f3n de que el Estado solamente sobrevivir\u00eda como extensi\u00f3n del universo privado, que &#8220;sustentar\u00eda&#8221; al gobierno, cuando, afirma, el camino es a la inversa. Seg\u00fan Oliveira, naci\u00f3 la falsa conciencia de la innecesidad del sector p\u00fablico, que deber\u00eda funcionar con la misma racionalidad que la empresa privada. Ergo, nada m\u00e1s natural que el ciudadano cambie su ciudadan\u00eda por el consumo de mercanc\u00edas.<\/p>\n<p>Esa permuta, sin embargo, trae implicaciones: el individuo es obligado a resolver por s\u00ed solo sus problemas mientras que la masa demanda cada vez m\u00e1s al Estado. Lo primero se verifica en las p\u00e1ginas policiales. &#8220;En el h\u00edbrido constitucional que se asocia el confinamiento regulador de la ciudadan\u00eda a un hobbesianismo social, imperan la violencia como modo rutinario de resoluci\u00f3n de conflictos intersubjetivos y el comportamiento predatorio, que, en esos tiempos, se vienen generalizando en la sociedad brasile\u00f1a&#8221;, analiza Vera Telles, soci\u00f3loga de la USP.<\/p>\n<p>Del lado de la masa, observa Santos, la insatisfacci\u00f3n es consecuencia del incremento del volumen de demandas de una arena pol\u00edtica superpoblada, pedidos que no son f\u00e1ciles de ser atendidos por parte del Estado en su momento actual. &#8220;La insatisfacci\u00f3n de la poblaci\u00f3n no es tanto con la democracia en s\u00ed, sino con el subdesarrollo de las instituciones democr\u00e1ticas. En los \u00faltimos 10, 15 a\u00f1os, el pa\u00eds ingres\u00f3 en un proceso de subdesarrollo institucional, a medida que la expansi\u00f3n y la madurez pol\u00edtica de la sociedad, su creciente heterogeneidad de grupos de inter\u00e9s, no se ven adecuadamente expresados en las instituciones&#8221;, cree.<\/p>\n<p><strong>Apat\u00eda<br \/>\n<\/strong>Al fin y al cabo, tal como recuerda Nogueira, el Estado fue apropiado por intereses particulares, que fue obligado a intermediar. &#8220;Se lo fragment\u00f3, qued\u00f3 aprisionado por las diferentes privatizaciones e incapacitado de responder a las multiplicadas demandas sociales, dar condiciones a los sectores estrat\u00e9gicos (educaci\u00f3n y salud) y seguir coordinando el desarrollo.&#8221; Ante eso, el sistema, obsoleto, patin\u00f3. La poblaci\u00f3n, sin embargo, quer\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n<p>&#8220;Al pasado dictatorial reciente se atribuy\u00f3 la mayor parte de responsabilidad por el precario <em>status quo<\/em>, concluyendo, con l\u00f3gica certera, que cabr\u00e1 a la democracia que lo sucedi\u00f3 la tarea de proveer la desaparici\u00f3n de hasta del m\u00e1s min\u00fasculo vestigio de las heridas heredadas&#8221;, apunta Santos. Era, sin embargo, demasiado tarde y el futuro trajo m\u00e1s frustraci\u00f3n que contentamiento con la revelaci\u00f3n del peso de la inercia del estado de cosas. Aun as\u00ed, la poblaci\u00f3n se manten\u00eda ap\u00e1tica. \u00bfC\u00f3mo se logr\u00f3 esto?<\/p>\n<p>Una hip\u00f3tesis, adoptada por Santos, es la llamada &#8220;privaci\u00f3n relativa&#8221;, el hiato existente entre la condici\u00f3n de vida percibida por el individuo y aqu\u00e9lla que \u00e9l considera que deber\u00eda tener, por m\u00e9rito o compensaci\u00f3n social. Cuanto m\u00e1s modesto el consumo real, mayor el gap entre lo que alguien posee y el horizonte de su deseo. Este componente, en un pa\u00eds signado por la inestabilidad, genera un elevado \u00edndice de inseguridad, estimulando en las personas una &#8220;aversi\u00f3n al riesgo&#8221;, en especial en los m\u00e1s pobres, temerosos del desempleo, la violencia policial y la marginalizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Acreci\u00e9ntese una falta cr\u00f3nica de organizaci\u00f3n (con sindicatos debilitados, etc.) y se tendr\u00e1 una sociedad inerte. &#8220;Ni los partidos, ni los pol\u00edticos son requeridos. Hay una evidente descompensaci\u00f3n entre la magnitud de las carencias sociales y el empe\u00f1o de la sociedad en resolverlas. No sobra tiempo para eso, ante la ubicaci\u00f3n prioritaria del tiempo y recursos de los individuos en la soluci\u00f3n de problemas personales y familiares&#8221;. Mejor dejarlo como est\u00e1.\u00a0Este razonamiento, en nada carente de sentido, hace que la falta de ciudadan\u00eda y las desigualdades tengan, seg\u00fan Santos, &#8220;el amparo de la indiferencia&#8221;.<\/p>\n<p>El c\u00e1lculo que se hace es cu\u00e1nto se puede perder, actuando, o ganar, callando. El resultado es obvio y se revela en la convivencia casi pac\u00edfica con la miseria c\u00edvica, moral y material. &#8220;El &#8216;costo del fracaso&#8217; de las acciones colectivas puede ser elevado, teni\u00e9ndose en cuenta la deterioraci\u00f3n del <em>status quo<\/em> de los participantes, circunstancia lo suficientemente amenazadora como para deprimir el \u00e1nimo reivindicativo de los m\u00e1s necesitados.&#8221;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La incredulidad en las instituciones exige una discusi\u00f3n sobre ciudadan\u00eda","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[117],"class_list":["post-80489","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80489","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80489"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80489\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80489"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80489"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80489"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80489"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}