{"id":80508,"date":"2006-03-01T00:00:00","date_gmt":"2006-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/03\/01\/los-granos-del-tiempo\/"},"modified":"2013-01-10T11:06:00","modified_gmt":"2013-01-10T13:06:00","slug":"los-granos-del-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/los-granos-del-tiempo\/","title":{"rendered":"Los granos del tiempo"},"content":{"rendered":"<p>M\u00e1s all\u00e1 de Parelheiros, uno de los barrios ubicados m\u00e1s al sur de la capital paulista, las casas, tiendas y dep\u00f3sitos de chatarra progresivamente dan lugar a chacras con huertas, pastos, palmeras, pi\u00f1ales y un poco de Bosque Atl\u00e1ntico. Es dif\u00edcil percibir que ese terreno casi plano sea el cr\u00e1ter de Colonia, formada posiblemente por el impacto de un cometa o de un meteorito hace por lo menos 3 millones de a\u00f1os. Sus l\u00edmites s\u00f3lo se hacen evidentes a medida que se abre la mirada oteando el horizonte y se nota un anillo de cerrando cercando un \u00e1rea circular de 10 kil\u00f3metros cuadrados. El centro del cr\u00e1ter est\u00e1 ocupado por un charco cubierto por vegetaci\u00f3n rastrera en la cual ni las vacas entran.<\/p>\n<p>Las vacas lo evitan, pero a los investigadores les encanta entrar en ese pantano. Tambi\u00e9n llamado yacimiento de turba, est\u00e1 formado por una capa que puede alcanzar 450 metros de espesor, con sedimentos cenagosos y negros que se depositaron lentamente entre los bordes del cr\u00e1ter desde el supuesto impacto del cuerpo celeste. La turba &#8211; materia org\u00e1nica en descomposici\u00f3n cuyo color, all\u00ed, var\u00eda del negro ceniza al negro verdoso &#8211; se mezcla con pedazos de tallos, restos de hojas y espinas, algunos frutos y granos de polen. &#8220;Esos sedimentos pueden contener registros de los cambios clim\u00e1ticos de los \u00faltimos 4 millones de a\u00f1os en la Regi\u00f3n Sudeste&#8221;, dice el ge\u00f3logo Cl\u00e1udio Riccomini, del Instituto de Geociencias (IG) de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). \u00c9l visit\u00f3 el cr\u00e1ter por\u00a0 primera vez en 1980 y a\u00fan hoy no dudar\u00eda en, de nuevo, enfilarse hasta la cintura en ese matorral y recoger muestras de un tesoro que fascina apenas a los cient\u00edficos. &#8220;Geol\u00f3gicamente&#8221;, dice \u00e9l, &#8220;ese cr\u00e1ter es \u00fanico, por todav\u00eda estar cerrada y aislada por sus bordes&#8221;.<\/p>\n<p>Situado en los l\u00edmites de la zona urbana, a 50 kil\u00f3metros del centro de la ciudad, el cr\u00e1ter de Colonia es el \u00fanico de la Regi\u00f3n Sudeste y uno de los seis en Brasil cuyo origen a\u00fan necesita ser atestado por estudios m\u00e1s detallados. A esos se suman otras cinco que, comprobadamente, resultan del impacto de cuerpos celestes &#8211; en la Am\u00e9rica Latina hay 11 y en el mundo todo 170 depresiones ya conocidas formadas por el impacto de objetos venidos del espacio. Con un di\u00e1metro de 3.6 kil\u00f3metros y bordes con entre 100 a 125 metros de altura, el cr\u00e1ter de Colonia vuelve a ganar importancia en raz\u00f3n de un estudio hecho con los 130 tipos de granos de polen encontrados en una columna de sedimentos de 7.8 metros retirados del medio del charco.<\/p>\n<p><strong>Los tent\u00e1culos de la floresta<\/strong><br \/>\nEn ese trabajo, publicado en la revista Quaternary Research, los investigadores de Brasil y de Francia, a partir de la secuencia, de la diversidad y de la abundancia de polen, concluyeron como la vegetaci\u00f3n cambi\u00f3, de acuerdo con las alteraciones clim\u00e1ticas. A lo largo de los \u00faltimos 100 mil a\u00f1os, l\u00edmite que corresponde a la edad aproximada de los sedimentos de la base de la columna, la floresta avanz\u00f3 y retrocedi\u00f3 algunas veces de modo radical, ganando o perdiendo espacio como si fuese un pulpo abriendo o encogiendo los tent\u00e1culos. Seg\u00fan la coordinadora de ese trabajo, la paleobot\u00e1nica francesa Marie-Pierre Ledru, investigadora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo (IRD, en la sigla en franc\u00e9s) y profesora visitante del Instituto de Geociencias de la USP entre 1998 y 2003, en esos 100 mil a\u00f1os el bosque atl\u00e1ntico se expandi\u00f3 ocho veces y se retrajo dos, en respuesta al clima, una hora m\u00e1s caliente o h\u00famedo, otra hora m\u00e1s fr\u00edo y seco.<\/p>\n<p>Cuando la humedad y la temperatura se mostraban m\u00e1s favorables a la reproducci\u00f3n de las plantas, en uno de los per\u00edodos interglaciales recientes, entre 130 mil y 85 mil a\u00f1os atr\u00e1s, la floresta present\u00f3 tres ciclos de crecimiento. Los \u00e1rboles se nutr\u00edan a su gusto de luz y de agua, formando bosques cerrados semejantes a los encontrados en el litoral paulista. Pero se sigui\u00f3 un largo per\u00edodo de clima hostil &#8211; el per\u00edodo glacial, que dur\u00f3 73 mil a\u00f1os, de 85 mil a 12 mil a\u00f1os atr\u00e1s. La temperatura media cay\u00f3 por lo menos cinco grados &#8211; lo bastante para desregular los ciclos reproductivos de las plantas, que muchas veces mor\u00edan sin dejar descendientes. Poco a poco, en el lugar de la floresta alta y densa brot\u00f3 una vegetaci\u00f3n campestre, abierta y baja, con \u00e1rboles apenas en las m\u00e1rgenes de los r\u00edos. Seg\u00fan Marie-Pierre, probablemente en esa \u00e9poca hab\u00eda vientos fuertes, capaces de derrumbar los \u00e1rboles m\u00e1s altos o m\u00e1s fr\u00e1giles.<\/p>\n<p>La floresta se recompon\u00eda en los momentos de clima m\u00e1s ameno. De acuerdo con el an\u00e1lisis de los p\u00f3lenes a lo largo de la columna de sedimentos, el bosque se expandi\u00f3 entre 55 mil y 43 mil a\u00f1os atr\u00e1s y se retrajo severamente entre 43 mil y 28 mil a\u00f1os. Pero volvi\u00f3 a ganar espacio entre 28 mil y 23 mil para despu\u00e9s encoger, al punto de otra vez casi desaparecer, entre 23 mil y 12 mil a\u00f1os. En el per\u00edodo interglacial m\u00e1s reciente, que comenz\u00f3 hace 12 mil a\u00f1os y sigue hasta hoy, los \u00e1rboles se vieron nuevamente bajo condiciones clim\u00e1ticas m\u00e1s amigables. El bosque atl\u00e1ntico se disemin\u00f3 tambi\u00e9n en tres momentos en esos \u00faltimos 12 mil a\u00f1os, recomponiendo el bosque cerrado, denso y rico en especies. Los cambios en el clima y en la vegetaci\u00f3n registrados en el cr\u00e1ter de Colonia coinciden con los verificados en dos cavernas, una en S\u00e3o Paulo y otra en Santa Catarina, en la que ya se hace ese tipo de estudio. Confieren tambi\u00e9n con los testigos del hielo de Groenlandia y de la Ant\u00e1rtida.<\/p>\n<p><strong>Un jard\u00edn de con\u00edferas<\/strong><br \/>\nCada vez que la floresta encog\u00eda, surg\u00edan nuevas especies de \u00e1rboles, mientras que otras desaparec\u00edan. En uno de los momentos de retracci\u00f3n del bosque, hace cerca de 80 mil a\u00f1os, se propagaron los \u00e1rboles del g\u00e9nero Weinmannia. Uno de los representantes actuales de ese g\u00e9nero, la Weinmannia paulliniifolia, un \u00e1rbol de hasta 16 metros tambi\u00e9n llamado gramimunha o gramoinha, con una c\u00e1scara rica en tanino bastante utilizada para curtir cueros, es normalmente encontrada en lo alto de cerros. Al mismo tiempo, como consecuencia de los cambios clim\u00e1ticos, casi acabaron los representantes de la familia Myrsine, formada por casi mil especies, generalmente arbustos, hoy encontrados en las regiones tropicales del planeta. En los tiempos m\u00e1s fr\u00edos restaban pocos ejemplares, contenidos en refugios, probablemente cerca de los r\u00edos. &#8220;Esos refugios se expandieron hace 15 mil a\u00f1os por causa de las condiciones clim\u00e1ticas favorables&#8221;, cuenta Marie-Pierre.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Marie-Pierre, en los \u00faltimos 12 mil a\u00f1os, en los alrededores de la futura metr\u00f3polis paulista, tambi\u00e9n crec\u00edan en abundancia con\u00edferas como la Araucaria y la Podocarpus. Sus decendientes, como el pino de Paran\u00e1 (Araucaria angustifolia) y el pino bravo (Podocarpus lambertii), formaban poblaciones m\u00e1s densas en los estados del Sur y en \u00e1reas monta\u00f1osas de lSerra da Mantiquiera ?actualmente apenas punt\u00faan la capital paulista. &#8220;Ese fen\u00f3meno de retracci\u00f3n de las con\u00edferas es muy interesante&#8221;, dice Marie-Pierre, &#8220;porque no se debe a la acci\u00f3n del hombre, que lleg\u00f3 mucho despu\u00e9s. Puede ser el resultado de la historia evolutiva de las antiguas con\u00edferas, que no encontraron m\u00e1s condiciones clim\u00e1ticas favorables a las expansiones&#8221;.<\/p>\n<p>El cr\u00e1ter atrae a los investigadores tambi\u00e9n por causa de las inseguridades sobre su origen. Despu\u00e9s de ser eliminadas otras posibilidades, como la erosi\u00f3n o el vulcanismo, en raz\u00f3n de las caracter\u00edsticas geol\u00f3gicas del terreno, se acept\u00f3 la idea de que esa depresi\u00f3n pueda ser el resultado del impacto de un cuerpo celeste. Sin embargo, &#8220;cient\u00edficamente s\u00f3lo descartar otras posibilidades no es suficiente&#8221;, comenta el ge\u00f3logo \u00c1lvaro Cr\u00f3sta, profesor del Instituto de Geolog\u00eda de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), que estudia cr\u00e1teres hace tres d\u00e9cadas. &#8220;Ese es un punto fr\u00e1gil del trabajo cient\u00edfico&#8221;, observa el astr\u00f3nomo Oscar Matsuura, profesor jubilado del Instituto de Astronom\u00eda, Geof\u00edsica y Ciencias Atmosf\u00e9ricas (IAG) de la USP. A\u00f1os atr\u00e1s, el ge\u00f3logo estadounidense Eugene Shoemaker, uno de los mayores especialistas en asteroides y cometas, examin\u00f3 los datos sobre Colonia y coment\u00f3 a los colegas brasile\u00f1os: &#8220;No tengo dudas de que se trata de un impacto de un cuerpo celeste. Pero ustedes lo tendr\u00e1n que probar&#8221;. Shoemaker muri\u00f3 en un accidente de auto en el 1997, de vacaciones en Australia.<\/p>\n<p>Esa hip\u00f3tesis s\u00f3lo ser\u00eda demostrada se los investigadores encontrasen se\u00f1ales del impacto que pudiesen ser aceptadas como concluyentes, ya que el objeto que vino del espacio se deshizo inmediatamente despu\u00e9s de chocar con la superficie. Ser\u00eda necesario recoger muestras de las rocas que sustentan la capa de sedimentos y tener la suerte de encontrar deformaciones en minerales como el cuarzo o resquicios de metales del grupo del platino, como el iridio, que s\u00f3lo se forma fuera de la Tierra.<\/p>\n<p>Fue el iridio detectado en 1980 en rocas con 65 millones de a\u00f1os en puntos distantes como Italia y la China que sugiri\u00f3 a los ge\u00f3logos la posible ocurrencia de un gigantesco impacto en esa misma \u00e9poca en alg\u00fan lugar del planeta. S\u00f3lo en 1991 fue que encontraron el cr\u00e1ter de Chicxulub, sumergido en el golfo de M\u00e9xico, con 180 kil\u00f3metros de di\u00e1metro. El impacto de un asteroide con cerca de 10 kil\u00f3metros de di\u00e1metro debe haber generado una densa nube de polvo\u00a0 que se expandi\u00f3 por el planeta, bloque\u00f3 el paso de la luz solar, hizo que la temperatura cayese abruptamente cerca de diez grados y contribuy\u00f3 a la extinci\u00f3n en masa de muchas formas de vida de entonces, incluso los dinosaurios.<\/p>\n<p><strong>Un pu\u00f1al de hielo<br \/>\n<\/strong>Riccomini cree que el impacto sobre Colonia tambi\u00e9n haya formado una nube de polvo y generado una ola de choque y de calor, aunque bien menor, pero ancha y densa lo suficiente como para causar la muerte de los animales que viv\u00edan en un radio de distancia de 50 kil\u00f3metros. Fue \u00e9l que estim\u00f3 que la colisi\u00f3n pueda haber ocurrido en un momento cualquiera entre 5 millones y 3 millones de a\u00f1os atr\u00e1s &#8211; y, a su modo de ver, puede no haber sido causada por un objeto rocoso como un meteorito o un asteroide, sino por un cometa, que, por ser formado de hielo, no dejar\u00eda vestigios. &#8220;Ser\u00eda como un pu\u00f1al de hielo, que se deshace despu\u00e9s de un asesinato&#8221;, compara.<\/p>\n<p>Los investigadores est\u00e1n un poco afligidos, sobre todo porque la regi\u00f3n est\u00e1 siendo progresivamente tomada viviendas. Por all\u00ed habitan cerca de 30 mil personas. Se teme que la ocupaci\u00f3n desordenada desfigure los bordes, altere la composici\u00f3n de los sedimentos de la turba o dificulte futuras excavaciones. Los primeros habitantes llegaron a la regi\u00f3n en el final del siglo XVIII, cuando el emperador Dom Pedro I autoriz\u00f3 la instalaci\u00f3n de granjas por colonos alemanes &#8211; el nombre del cr\u00e1ter viene de ah\u00ed. Las granjas persistieron hasta dos d\u00e9cadas atr\u00e1s, cuando sus due\u00f1os comenzaron a vender las tierras, exigidas para un presidio,\u00a0 inaugurado en 1987, y despu\u00e9s para viviendas. Desde 2001 el cr\u00e1ter integra el \u00c1rea de Protecci\u00f3n Ambiental (APA) Capivari-Monos, pero las casas contin\u00faan avanzando sobre los cerros y la vegetaci\u00f3n original del cr\u00e1ter.<\/p>\n<p><strong>Naturaleza y cultura<br \/>\n<\/strong>&#8220;Esa regi\u00f3n tiene una clara vocaci\u00f3n, que podr\u00eda ser aprovechada por medio de un parque tem\u00e1tico que atendiese a toda la ciudad&#8221;, dice Matsuura. El parque que \u00e9l esboz\u00f3 explota no s\u00f3lo el patrimonio natural &#8211; las diversas formas de vegetaci\u00f3n &#8211; y lo antropol\u00f3gico: all\u00ed cerca hay dos aldeas de indios tup\u00ed-guaran\u00edes.<\/p>\n<p>Hay ejemplos notables de como conservar y explotar esos lugares. En los Estados Unidos, la familia Barringer construy\u00f3 un museo de geolog\u00eda y astronom\u00eda cerca de un cr\u00e1ter de\u00a0 50 mil a\u00f1os en el desierto de Arizona. En Alemania, una ciudad medieval, Ries, creci\u00f3 en el interior de un cr\u00e1ter de 25 kil\u00f3metros de di\u00e1metro y se mantiene con la renta generada por el turismo.<\/p>\n<p>En Brasil hay solamente se\u00f1ales del deseo de explotar los cr\u00e1teres, como la torre de 30 metros erguida hace pocos a\u00f1os para que los visitantes aprecien el Domo de Varge\u00e3o, un cr\u00e1ter de 12 kil\u00f3metros de di\u00e1metro en el oeste de Santa Catarina. En el 2005, Cr\u00f3sta estuvo una vez m\u00e1s en el Domo de Araguainha, cr\u00e1ter de 40 kil\u00f3metros en Mato Grosso. Particip\u00f3 en la inauguraci\u00f3n de un marco instalado en el centro del cr\u00e1ter, ofreci\u00f3 conferencias en escuelas y convers\u00f3 con los alcaldes y concejales de Araguainha y Ponte Branca, situadas en el interior del cr\u00e1ter.<\/p>\n<p>Hace casi 20 a\u00f1os Cr\u00f3sta anduvo bastante por all\u00e1 y se recuerda de como era dif\u00edcil de explicar a los habitantes lo que hac\u00eda y lo que era aquella estructura circular cortada por el r\u00edo Araguaia. Pero no dudaba en mostrar sus mapas e im\u00e1genes de sat\u00e9lite. Poco despu\u00e9s \u00e9l consigui\u00f3 probar que Araguainha no era una estructura volc\u00e1nica, como se pensaba, sino un cr\u00e1ter de impacto &#8211; el m\u00e1s antiguo y el mayor de la Am\u00e9rica del Sur, con 245 millones de a\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los p\u00f3lenes de un cr\u00e1ter en la ciudad de S\u00e3o Paulo atestiguan los cambios clim\u00e1ticos y ambientales de los \u00faltimos 100 mil a\u00f1os","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[5968],"class_list":["post-80508","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80508","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80508"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80508\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80508"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80508"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80508"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80508"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}