{"id":80511,"date":"2006-03-01T00:00:00","date_gmt":"2006-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/03\/01\/unidos-hasta-la-muerte\/"},"modified":"2013-01-10T11:15:31","modified_gmt":"2013-01-10T13:15:31","slug":"unidos-hasta-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/unidos-hasta-la-muerte\/","title":{"rendered":"Unidos hasta la muerte"},"content":{"rendered":"<p>Como si no aguantase m\u00e1s de a\u00f1oranza, un marido octogenario fallece pocas semanas despu\u00e9s de que su esposa, la mujer con quien hab\u00eda compartido las tres cuartas partes de su vida, se enfermara, fuera por ello internada y muriera. Y \u00e9ste no es tan s\u00f3lo un episodio dentro de alguna que otra familia sino una situaci\u00f3n com\u00fan de acuerdo con un estudio realizado con 518.240 parejas estadounidenses con edades entre 65 y 98 a\u00f1os que se sometieron a un seguimiento durante nueve a\u00f1os: es el efecto del duelo.<\/p>\n<p>En el marco de esta investigaci\u00f3n, Nicholas Christakis, m\u00e9dico y soci\u00f3logo de la Universidad de Harvard, y el soci\u00f3logo Paul Allison, de la Universidad de Pensilvania, verificaron que la probabilidad de que el var\u00f3n tambi\u00e9n muera despu\u00e9s de la partida de su compa\u00f1era es un 21% m\u00e1s alta, independientemente de que \u00e9sta estuviera previamente enferma o no. Entre las mujeres, llega tan s\u00f3lo a un 17% el riesgo de partir tambi\u00e9n luego de la desaparici\u00f3n f\u00edsica del marido. La sola internaci\u00f3n de uno de los ancianos de la pareja es motivo suficiente como para que se eleve el riesgo de que el otro se muera; y tambi\u00e9n en este caso, los varones responden m\u00e1s intensamente (el riesgo de muerte es un 4,5% m\u00e1s alto) que las mujeres (con un riesgo un 2,7% mayor).<\/p>\n<p><strong>Al fin la libertad &#8211;<\/strong>\u00a0Al menos en lo que se refiere a Brasil, tal diferencia podr\u00eda explicarse porque los varones y las mujeres sobrellevan la viudez cada cual a su modo. Para los varones, la muerte de la esposa es el momento m\u00e1s triste de la vida, mientras que para las mujeres la p\u00e9rdida del marido representa a menudo el fin de la opresi\u00f3n de la vida conyugal y la conquista de la autonom\u00eda, de acuerdo con los estudios realizados por la antrop\u00f3loga Guita Grin Debert, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p>Sin embargo, el cuadro que observaron Christakis y Allison no es tan sencillo como parece, puesto que la posibilidad de perder la salud var\u00eda de acuerdo con la enfermedad que motiv\u00f3 la hospitalizaci\u00f3n o la muerte de la pareja. La internaci\u00f3n del var\u00f3n o de su compa\u00f1era debido a un c\u00e1ncer de intestino pr\u00e1cticamente no afecta la salud del otro. Pero si el motivo de la internaci\u00f3n es una insuficiencia card\u00edaca, una fractura de cadera o una enfermedad pulmonar cr\u00f3nica como un enfisema, la probabilidad de muerte del compa\u00f1ero aumenta de un 11% a un 15%.<\/p>\n<p>Con todo, parece que son las enfermedades mentales aqu\u00e9llas que m\u00e1s obran en detrimento del bienestar de los c\u00f3nyuges. La internaci\u00f3n de la esposa debido a un trastorno psiqui\u00e1trico, a ejemplo de la esquizofrenia o como resultado de una demencia, la p\u00e9rdida progresiva de la memoria y la capacidad de juicio elev\u00f3 el riesgo de muerte de la pareja hasta un 32%. &#8220;Las enfermedades que provocan un sufrimiento cr\u00f3nico y cambios dr\u00e1sticos en el grado de dependencia de uno de los c\u00f3nyuges terminan por afectar la salud y supervivencia del otro&#8221;, comenta el geriatra Luiz Roberto Ramos, de la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp), quien coordina un estudio en el marco del cual se realiza un seguimiento de la salud de los ancianos de la capital paulista desde 1991: el proyecto Epidoso.<\/p>\n<p><strong>La fragilidad aumenta &#8211;<\/strong>\u00a0De este estudio, publicado en el New England Journal of Medicine, se desprenden tambi\u00e9n algunas informaciones que les se\u00f1alan a los familiares y m\u00e9dicos los momentos en que deber\u00edan prestarles m\u00e1s atenci\u00f3n a los recientes viudos. El per\u00edodo m\u00e1s cr\u00edtico es el primer mes luego de la muerte o la hospitalizaci\u00f3n del compa\u00f1ero, cuando el riesgo de que el otro tambi\u00e9n muera puede ser un 61% m\u00e1s alto. &#8220;Este riesgo sigui\u00f3 siendo elevado hasta dos a\u00f1os despu\u00e9s&#8221;, sostiene Christakis.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el cient\u00edfico, la raz\u00f3n de este incremento obedece a que tanto la enfermedad como la muerte del c\u00f3nyuge imponen al otro un elevado nivel de estr\u00e9s o la p\u00e9rdida del apoyo social, emocional e incluso econ\u00f3mico. Otra posible causa es la adopci\u00f3n de h\u00e1bitos nocivos, tales como el consumo exagerado de alcohol.<\/p>\n<p>&#8220;No sabemos todav\u00eda de qu\u00e9 modo las redes sociales ejercen sus efectos sobre la salud&#8221;, comenta Richard Suzman, director de investigaciones sociales y de comportamiento del Instituto Nacional del Envejecimiento, uno de los centros de investigaci\u00f3n de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, que financi\u00f3 este trabajo. &#8220;Debemos investigar los mecanismos que subyacen al estr\u00e9s asociado a tales hospitalizaciones, mientras buscamos nuevas formas de proteger a la gente cuando sus relaciones sociales se rompen&#8221;. Lo cierto es que despu\u00e9s de compartir la vida con un compa\u00f1ero durante a\u00f1os, tanto el hombre como la mujer sufren el impacto de la soledad. En el marco del proyecto Epidoso, el equipo de Luiz Ramos constat\u00f3 que el casamiento funciona como un factor protector de la salud.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un estudio llevado a cabo con 520 mil parejas muestra cu\u00e1n intenso puede ser el impacto de una enfermedad o la muerte de un c\u00f3nyuge","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[105],"class_list":["post-80511","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80511","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80511"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80511\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80511"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80511"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80511"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80511"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}