{"id":80520,"date":"2006-03-01T00:00:00","date_gmt":"2006-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/03\/01\/sao-paulo-nueva-acto-i\/"},"modified":"2016-01-28T15:13:42","modified_gmt":"2016-01-28T17:13:42","slug":"sao-paulo-nueva-acto-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/sao-paulo-nueva-acto-i\/","title":{"rendered":"S\u00e3o Paulo nueva, Acto I"},"content":{"rendered":"<p>Discreta al nacer, la Rep\u00fablica inmediatamente se llen\u00f3 de amores por el espect\u00e1culo. As\u00ed, si la monarqu\u00eda dio poca atenci\u00f3n al aspecto de las ciudades, el nuevo r\u00e9gimen, &#8220;moderno&#8221;, quer\u00eda mostrar que Brasil hab\u00eda cambiado, que formaba parte de la civilizaci\u00f3n, cuyo sin\u00f3nimo, en el inicio del siglo 20, era el Par\u00eds de Haussmann, con sus bulevares, iluminaci\u00f3n el\u00e9ctrica y grandes avenidas, todas desaguando en la catedral de los tiempos industriales, la \u00f3pera.\u00a0 R\u00edo de Janeiro se adapt\u00f3 r\u00e1pidamente al nuevo modelo del gobierno. El alcalde Pereira Passos ech\u00f3 abajo la vieja ciudad, reconstruyendo Par\u00eds en el centro carioca por medio del conjunto de grandes edificios, cuya joya de la corona era el Teatro Municipal, inaugurado no por casualidad el 14 de julio (d\u00eda de ca\u00edda de la Bastilla) de 1909.<\/p>\n<p>En tanto S\u00e3o Paulo viv\u00eda una modorra colonial, que era, para las elites paulistanas, motivo de verg\u00fcenza, ya que tambi\u00e9n quer\u00edan tener su Paris. &#8220;La vida social cerrada en las haciendas y restringida a las misas era sustituida por la b\u00fasqueda cada vez m\u00e1s constante de las calles y plazas, de los encuentros en la esfera p\u00fablica, de la vida en sociedad, referenciada por los c\u00e1nones del mundo llamado civilizado&#8221;, asevera la historiadora Margareth Rago, de la Unicamp. A comienzos de siglo, un columnista del peri\u00f3dico O Estado de S.Paulo exteriorizaba las quejas paulistas: &#8220;Hay mucho retraimiento de las familias y poca sociabilidad. Falta un punto de reuni\u00f3n, con dignidad con el buen gusto de los paulistas&#8221;. La soluci\u00f3n, seg\u00fan \u00e9l, ser\u00eda &#8220;un teatro que va a operar una transformaci\u00f3n radical en los h\u00e1bitos de la ciudad, haciendo que se inicie una fase nueva de vida nocturna que no puede parar ah\u00ed&#8221;. En aquellos tiempos, S\u00e3o Paulo no pod\u00eda parar. El alcalde republicano Antonio Prado (1840-1929) hacia coro: &#8220;La ciudad no tiene vida social y un Teatro Municipal atender\u00e1 tanto a la parte material como a la educativa&#8221;, declar\u00f3, intentando aplacar los \u00e1nimos de los adversarios, que no ve\u00edan tal obra como prioritaria.<\/p>\n<p><strong>Barones del caf\u00e9<br \/>\n<\/strong> &#8220;Lo que contaba era el monumento que la ciudad ganar\u00eda: un s\u00edmbolo tanto pol\u00edtico y cultural como est\u00e9tico, al servicio de la modernidad. Su construcci\u00f3n correspond\u00eda a los anhelos de la elite paulistana de ver la ciudad equipada con un gran teatro l\u00edrico, a la altura del lugar que ella ocupaba en el pa\u00eds, como representante de un centro urbano de las primeras industrias nacionales y de los barones del caf\u00e9&#8221;, analiza Maria Elena Bernardes, autora de la tesis de doctorado, defendida en la USP, El estandarte glorioso de la ciudad: el Teatro Municipal de S\u00e3o Paulo (1911-1938). En verdad, lo que se pretend\u00eda no era solamente erguir una casa de \u00f3pera, sino un nuevo movimiento urbano para S\u00e3o Paulo, hacer de ella una metr\u00f3poli para las elites, con caracter\u00edsticas europeas y, en una dimensi\u00f3n nacional, asegurar la mediaci\u00f3n entre los intereses de los caficultores y los del gobierno federal. &#8220;La concepci\u00f3n de la ciudad para Prado era una metr\u00f3poli cosmopolita internacional, que incorporaba elementos del urbanismo franc\u00e9s e ingl\u00e9s, como los bulevares y parques, donde los palacios neocl\u00e1sicos se tornar\u00edan referencia en la organizaci\u00f3n del espacio de la ciudad&#8221;, observa el historiador Nicolau Sevcenko. El catalizador de la renovaci\u00f3n ser\u00eda el Municipal, primer monumento asumido por el poder p\u00fablico paulista.<\/p>\n<p>&#8220;La gesti\u00f3n de la ciudad se desenvolv\u00eda hasta entonces sin la tutela gubernamental: expansi\u00f3n urbana, saneamiento, prestaci\u00f3n de servicios como agua, energ\u00eda, transporte etc. todo se materializaba gracias a proposiciones de origen privada, sin articulaci\u00f3n entre las acciones. Antonio Prado va a ser la figura paradigm\u00e1tica en ese espectro descoyuntado de transformaci\u00f3n urbana&#8221;, eval\u00faa el arquitecto Hugo Segawa, de la USP. Pero, diferente de lo expansivo Pereira Passos, que realizaba una gran intervenci\u00f3n de saneamiento f\u00edsico-social y de embellecimiento urbano, Prado opt\u00f3 por una cirug\u00eda urbana discreta del triangulo central (calles 15 de Noviembre, S\u00e3o Bento y Directa). El bistur\u00ed abrir\u00eda el corte con la creaci\u00f3n de un teatro en los moldes de la \u00d3pera de Garnier. Las primeras discusiones sobre el Municipal se iniciaron en 1895, pero s\u00f3lo en el 1903 una ley autoriz\u00f3 su construcci\u00f3n. Las obras quedaron a cargo del arquitecto Ramos de Azevedo. El edificio llev\u00f3 ocho a\u00f1os para ser completado y cost\u00f3 4.500 contos de reyes, el doble del presupuesto aprobado.<\/p>\n<p>No se escatim\u00f3 dinero: adornado con pinturas a oro y una gran ara\u00f1a, con 700 colgantes de cristal y 220 bombillos, era el edificio m\u00e1s alto del S\u00e3o Paulo de 1911. Fueron usados 4 millones y medio de ladrillos, 700 toneladas de estructuras de hierro generaron una construcci\u00f3n de 3.600 metros cuadrados, elev\u00e1ndose de una explanada conjugada a jardines que ocupaban 12.600 metros cuadrados. Hab\u00eda lugares para 1.816 espectadores, todos presentes el 12 de septiembre de 1911, cuando el teatro fue inaugurado, realizando, seg\u00fan la revista Ilustraci\u00f3n Paulista, &#8220;su destino de muestrario de civilizaci\u00f3n&#8221;. Ya en 1906, un concejal propon\u00eda &#8220;mejor\u00edas del entorno mal cuidado del monumental edificio, como la transformaci\u00f3n del vale de Anhangaba\u00fa en un jard\u00edn p\u00fablico&#8221;. El palco comenzaba a salir del edificio para tomar la ciudad. &#8220;A\u00fan no era corriente en S\u00e3o Paulo hablar de intervenci\u00f3n urbana planificada. La gesti\u00f3n de Prado fue una etapa preparatoria para instaurar los primeros debates de naturaleza urban\u00edstica en S\u00e3o Paulo&#8221;, cuenta Segawa.<\/p>\n<p>El Municipal, al lado de las estaciones f\u00e9rreas (como la de la Luz), en los moldes de la intervenci\u00f3n de Haussmann, fue la centella que reg\u00f3 el fuego de la modernizaci\u00f3n por la &#8220;villa&#8221; estrecha. En 1910, un a\u00f1o antes de su inauguraci\u00f3n, un grupo de figuras de la sociedad hab\u00eda propuesto la construcci\u00f3n de tres grandes avenidas. &#8220;No es quimera esperar que S\u00e3o Paulo pueda mostrar la voluntad ingente de sus hijos demoliendo, y, en las ruinas, erguir una nueva ciudad, digna de los progresos del siglo&#8221;, escribi\u00f3 el autor del proyecto, Alexandre de Albuquerque. Las nuevas v\u00edas establec\u00edan un v\u00ednculo recto entre el Municipal y las estaciones ferroviarias, la conexi\u00f3n con el barrio noble de los Campos El\u00edseos y un camino para la regi\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 del r\u00edo Tiet\u00e9, sector de expansi\u00f3n de la metr\u00f3poli futura. &#8220;Largos bulevares, definiendo puntos de fuga monumentales, valorizar\u00edan edificios como el Municipal y las estaciones de tren, soluci\u00f3n calcada en el sistema de circulaci\u00f3n parisiense, con la \u00d3pera de Garnier como punto visual culminante&#8221;, analiza Segawa. No todos ve\u00edan con buenos ojos.<\/p>\n<p>&#8220;Un bello d\u00eda, un grupo de bandidos se dio cuenta que S\u00e3o Paulo no ten\u00eda el aspecto de una ciudad moderna y que les faltaba el dinero para prostitutas y para el juego. Dispar\u00f3, entonces, la moda del patriotismo. Todos los peri\u00f3dicos\u00a0 gritan el himno del embellecimiento. \u00a1Manos al pico y pala! Abajo las casas viejas. Alarguen la city. Queremos teatros como Paris, jardines como Berl\u00edn. Derrumbadas las casas, todo lo que deber\u00eda ser embellecido era propiedad del bando&#8221;, denunci\u00f3 el peri\u00f3dico trabajador\u00a0 La Battaglia, en 1912, comparando la elite paulista y el gabinete Prado a los &#8220;miembros de la alta camorra&#8221;. S\u00e3o Paulo, sin embargo, no pod\u00eda m\u00e1s parar de ser Par\u00eds. Al punto de arrancar de Clemenceau el estupor: &#8220;S\u00e3o Paulo es tan curiosamente francesa que durante\u00a0 mi estancia de una semana por la ciudad no me recuerdo de la sensaci\u00f3n de estar en el exterior&#8221;. Al fin, modernos.<\/p>\n<p>Esa modernizaci\u00f3n, sin embargo, trajo incomodidad. &#8220;De todos los bares de la ciudad, el del Municipal era el m\u00e1s concurrido de la sociedad y uno de los m\u00e1s visados por la polic\u00eda. El elogio del progreso pasa a ser contrastado con lo que denunciaban sus altos costos. Aunque muchos se felicitasen por la importaci\u00f3n de costumbres europeas, otros lamentaban la p\u00e9rdida de la simplicidad de la vida provinciana, considerando los males introducidos por la modernizaci\u00f3n, como las drogas&#8221;, afirma Margareth. El Municipal tambi\u00e9n fue palco de la primera bofetada contra las elites del caf\u00e9, la Semana de 22. Aunque restringida a aquellos que pagasen 186 mil-reis por camarote, para o\u00edr odas contra el burgu\u00e9s, las disonancias de Villa-Lobos y, en el hall del teatro, una exposici\u00f3n con obras de Anita Malfatti, Di Cavalcanti y Rego Monteiro. Escandaloso en los a\u00f1os 1920, Mario de Andrade volvi\u00f3 al Municipal en 1935, de esta vez como director del Departamento de Cultura, realizando revoluciones culturales m\u00e1s substanciosas en la vida del teatro que la mera afrenta.<\/p>\n<p>&#8220;Mario posibilit\u00f3 a la poblaci\u00f3n el acceso al equipamiento m\u00e1s suntuoso de la ciudad, estableciendo la obligatoriedad de un recital gratuito de \u00f3pera, adem\u00e1s de otras a precios populares&#8221;, cuenta Maria Elena. &#8220;El p\u00fablico que va al Municipal- Pero ese no representa absolutamente el pueblo de la ciudad que eligi\u00f3 los due\u00f1os de la alcald\u00eda para que ella subvencionase una empresa para que esta, por precios exorbitantes, satisficiera una moda de elite&#8221;, bram\u00f3 el autor de Macuna\u00edma. A pesar de los esfuerzos de M\u00e1rio, al salir, en 1938, todo volvi\u00f3 a lo mismo, situaci\u00f3n que parece mantenerse hasta hoy. &#8220;Mientras las estructuras jur\u00eddicas de los teatros municipales de R\u00edo y de S\u00e3o Paulo estuviesen condicionadas al paternalismo estatal y sujetas a las intemperies de cambios pol\u00edticos, no existen soluciones factibles para un trabajo de perfeccionamiento art\u00edstico a largo plazo&#8221;, avisa el maestro Isaac Karabtchevsky, que ya fue director art\u00edstico de los dos teatros.<\/p>\n<p>&#8220;El inevitable y obligatorio cambio de las direcciones art\u00edsticas proporciona todo el tipo de amateurismo, de cancelaci\u00f3n de temporadas a cambios abruptos de orientaci\u00f3n musical. Se habla de la transformaci\u00f3n de esos teatros en fundaciones, pero eso tropieza con los problemas que alcanzaron recientemente a Italia, donde, por falta de respaldo comunitario, el gobierno redujo los recursos para el pago del personal y artistas convidados&#8221;, cuenta. &#8220;Nuestra tradici\u00f3n no es comunitaria, pero deber\u00edamos hallar una manera de preservar, al frente de los teatros, a profesionales que contribuyan a al rescate y evoluci\u00f3n de los cuerpos estables.&#8221; En un final, en el caso del Municipal de S\u00e3o Paulo, hay un pasado de gloria, con el paso, por su palco, de estrellas como Isadora Duncan, Caruso, Gigli, Toscanini, Callas, Tebaldi etc. \u00bfQu\u00e9 qued\u00f3 de toda esa gloria? No fueron sonidos ni gestos, sino ropas, trajes de escenario de gran belleza y valor hist\u00f3rico. &#8220;El patrimonio de hoy, que se remonta a la d\u00e9cada de 1940, cuenta con cerca de 50 mil piezas, cuant\u00eda digna de la \u00d3pera de Paris o del Metropolitan de Nueva York. Pero sufri\u00f3 negligencia, fue atacado por plagas o simplemente descartado&#8221;, revela Fausto Viana, investigador de la USP y coordinador del proyecto Traje en Escena: La Catalogaci\u00f3n de los Atrezos Teatrales del Theatro Municipal de S\u00e3o Paulo, financiado por la Fundaci\u00f3n Vitae, que realiz\u00f3 la catalogaci\u00f3n y la higienizaci\u00f3n de atrezos de m\u00e1s de 60 \u00f3peras.<\/p>\n<p>Hay rarezas como los trajes de una A\u00edda hechos todos a mano, el atrezo usado por Renata Tebaldi en su paso por S\u00e3o Paulo, los h\u00e1bitos creados por Denner para la \u00f3pera Lakm\u00e9, de Delibes, y, tesoro, todas las ropas del Ballet del IV Centenario, idealizadas por Portinari, Di Cavalcanti, Burle Marx, Lasar Segall, entre otros. &#8220;Es importante que atrezos de valor hist\u00f3rico o est\u00e9tico sean preservados para investigaciones y no sean reutilizados en montajes del teatro&#8221;, afirma Viana, que destaca que no es su intenci\u00f3n &#8220;enyesar&#8221; el patrimonio\u00a0 del teatro, s\u00f3lo proteger los trajes m\u00e1s antiguos (con m\u00e1s de 30 a\u00f1os) o cuyo dise\u00f1o o dise\u00f1ador tengan importancia museol\u00f3gica. Contando con un equipo de 75 voluntarios, sin gravar a los cofres p\u00fablicos, el grupo ya organiz\u00f3 3.800 atrezos, separados por \u00f3pera, \u00e9poca y attrezzista. Todo ese trabajo, sin embargo, est\u00e1 en riesgo de ser perdido. El Municipal est\u00e1 transfiriendo los atrezos catalogados para un galp\u00f3n abierto del Metro y a\u00fan no se decidi\u00f3 a donar la parte museol\u00f3gica del patrimonio al Museo del Teatro Municipal (que, fijen, no pertenece al teatro, sino a la Divisi\u00f3n de Iconograf\u00eda y Museos).<\/p>\n<p>&#8220;Ser\u00eda fundamental preservar ese legado para que \u00e9l pueda servir como material de investigaci\u00f3n para la posteridad. M\u00e1s importante a\u00fan ser\u00eda la creaci\u00f3n de un museo de teatro, no solamente con los trajes del Municipal, sino reuniendo los muchos patrimonios de atrezos teatrales diseminados por el pa\u00eds, fundamentales para poder guardar la historia de nuestra escena&#8221;, dice. No parece dif\u00edcil evaluar las consecuencias da\u00f1osas de reutilizar (y con seguridad en el proceso, inutilizar) trajes antol\u00f3gicos solamente para vestir un figurante en un montaje actual. En un final, del teatro que fue creado para &#8220;civilizar&#8221; S\u00e3o Paulo no qued\u00f3 gran cosa, m\u00e1s all\u00e1 de su historia, de los fantasmas que, dicen, viven en el teatro y, concretamente, en esos atrezos. La ciudad los merece.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Teatro Municipal ayud\u00f3 en la modernizaci\u00f3n urbana y est\u00e9tica de S\u00e3o Paulo","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-80520","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80520","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80520"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80520\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80520"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80520"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80520"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80520"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}