{"id":80543,"date":"2006-04-01T00:00:00","date_gmt":"2006-04-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/04\/01\/cuatro-paredes-magicas\/"},"modified":"2016-01-28T15:10:30","modified_gmt":"2016-01-28T17:10:30","slug":"cuatro-paredes-magicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/cuatro-paredes-magicas\/","title":{"rendered":"Cuatro paredes m\u00e1gicas"},"content":{"rendered":"<p>En una divertida paradoja, despu\u00e9s de la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn (que pese a ser horrendo, era una construcci\u00f3n arquitect\u00f3nica), los arquitectos se encuentran entre los pocos y \u00faltimos que siguen defendiendo con coraje ut\u00f3pico ideas marxistas libertarias, que hoy en d\u00eda muchos prefieren ver como un molesto fardo autoritario del pasado. En esa posici\u00f3n se encuentra Oscar Niemeyer, un comunista convencido y suave como los pilotes de Brasilia, y, en el otro extremo, el curitibano S\u00e9rgio Ferro, quien, casi siendo septuagenario, sigue trabajando como docente, arquitecto, te\u00f3rico y pintor comprometido que, durante la dictadura militar, se uni\u00f3 a la Alianza Liberadora Nacional, de Carlos Marighella y, en 1968 coloc\u00f3 una bomba en el estacionamiento del Conjunto Nacional, en S\u00e3o Paulo, donde funcionaba el consulado norteamericano. La explosi\u00f3n amput\u00f3 una pierna de un transe\u00fante.<\/p>\n<p>La b\u00fasqueda por el camino de la violencia y la acci\u00f3n marcaron el uage de su des\u00e1nimo al respecto de la profesi\u00f3n, que antes era fuente de entusiasmo para el joven S\u00e9rgio, para quien la arquitectura era un instrumento capaz de transformar la sociedad. El grupo formado por \u00e9l, Rodrigo Lef\u00e8vre y Fl\u00e1vio Imp\u00e9rio percibi\u00f3 luego que exist\u00eda una imposibilidad humana de soportar la contradicci\u00f3n entre el discurso plagado de buenas intenciones de los arquitectos y el desmoronamiento de esas intenciones en una de las realidades m\u00e1s dif\u00edciles, el obrador, lugar privlegiado de la explotaci\u00f3n y de la violencia, en palabras de Ferro. Lecturas de Kant, Marx, Hegel, transformaron al hombre de dise\u00f1os en el cr\u00edtico de palabras que abominaba lo que el capitalismo hiciera con su amado arte: Son nuestros trabajadores quienes bajan de los andamios quienes sustentan las constructoras abarrotadas de robots. Nuestros dise\u00f1os de arquitectura tienden a convertirse en instrumento de extracci\u00f3n de plusval\u00eda en los obradores, plusval\u00eda que migra para alimentar las ganancias de los sectores avanzados, critica, revelando, en su ira, un indisimulado amor por la profesi\u00f3n, violada por el capital.<\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed, no basta para descubrir a S\u00e9rgio Ferro, sus casas experimentales, dotadas de po\u00e9tica de la econom\u00eda, con sus b\u00f3vedas y sus materiales accesibles y de producci\u00f3n nacional. Tambi\u00e9n es preciso leer sus escritos te\u00f3ricos, reunidos ahora en\u00a0 S\u00e9rgio Ferro: 40 a\u00f1os de producci\u00f3n (editorial Cosac Naify, 456 p\u00e1ginas, 65 Reales), 19 art\u00edculos (incluyendo disertaciones y entrevistas) escritos entre 1963 y 2003, con toda su producci\u00f3n cr\u00edtica, idealizada en Brasil y Francia. Entre ellas se destacan los cl\u00e1sicos: El cantero y el dise\u00f1o, punto basal de su pensamiento acerca de la cuesti\u00f3n de la morada; Arquitectura nueva, de 1964, en que rese\u00f1a la desfiguraci\u00f3n a la que fue sometida la arquitectura moderna nacional, puesta al servicio del desarrollismo burgu\u00e9s de los militares; y, entre tantos otros, an\u00e1lisis devastadores de \u00edconos como Niemeyer, Le Corbusier y Brasilia, cuya construcci\u00f3n Ferro acompa\u00f1\u00f3 de cerca y fue el motivo de la transformaci\u00f3n del artista en militante y pensador cr\u00edtico.<\/p>\n<p>Entre 1958 y 1961, viaj\u00e9 frecuentemente a Brasilia y asist\u00ed en parte al nacimiento de la capital. Nosotros deb\u00edamos modificar Brasil, todo con una perspectiva social muy bonita. Pero, al arribar all\u00e1, observ\u00e9 aquellos lindos dise\u00f1os de Niemeyer, blancos, pur\u00edsimos, pero tambi\u00e9n a una turba de gente ultra miserable, ultra explotada, construyendo aquello. Fue un enorme contraste ver como era producida la arquitectura: nuestro dise\u00f1o, te\u00f3ricamente cargado de las mejores intenciones, se desarrollaba en las peores condiciones que se pueda imaginar. Eso echaba por tierra mi sue\u00f1o como arquitecto, confiesa Ferro. Pero el desencanto lo acerc\u00f3 a la creaci\u00f3n. en esa atm\u00f3sfera de confianza en el futuro y en la fuerza racionalista y de saneamiento de la industrializaci\u00f3n, S\u00e9rgio, Rodrigo y Flavio dan un paso sorprendente: como la industrializaci\u00f3n y sus beneficios demorar\u00edan, ellos buscaron una soluci\u00f3n para las casas populares que fuese inmediata, barata, simple y prefabricada, nota Roberto Schwarz en el ap\u00e9ndice del libro. En un esp\u00edritu pr\u00f3ximo a la est\u00e9tica del hambre, de Glauber Rocha, los arquitectos comienzan a buscar una democratizaci\u00f3n de la t\u00e9cnica, una alianza entre t\u00e9cnicos y trabajadores. Por eso las casas con b\u00f3vedas, realizadas en materiales baratos, de principios constructivos simples, f\u00e1ciles de aprender y de ense\u00f1ar\u00a0 a construir. Un hogar, que adquir\u00eda el estatuto metaf\u00f3rico de prototipo para una nueva alianza de clase, para la alianza productiva entre la intelectualidad y la vida popular, la b\u00fasqueda de una redefinici\u00f3n no burguesa de la cultura, nota Schwarz.<\/p>\n<p>Esa po\u00e9tica de la econom\u00eda situ\u00f3 a Ferro frente a frente con su metier, oblig\u00e1ndolo a rechazar lo que un d\u00eda, junto a su mentor, el arquitecto Vilanova Artigas, idolatrara. Arquitectura Nueva fue uno de sus primeros petardos, S\u00e9rgio investiga por qu\u00e9, luego de 1964, la celebrada arquitectura moderna brasile\u00f1a, no s\u00f3lo se desfigura, sino que se conforma con la nueva situaci\u00f3n. \u00c9l comprueba el malestar en una arquitectura que, en aqu\u00e9l momento adverso (la dictadura militar), trataba a\u00fan de conferir apariencia de orden nacional a un objeto (la residencia burguesa) de reconocida insignificancia, as\u00ed como la irracionalidad de las construcciones individuales, cuando eran confrontadas con las soluciones de masas, que se hac\u00edan de hecho, sumamente necesarias, observa Pedro Arantes, el organizador de los textos te\u00f3ricos integrales de Ferro. Cada vez m\u00e1s, se hac\u00eda manifiesta la disociaci\u00f3n entre el progreso tecnol\u00f3gico y cualquier promesa de progreso material, y S\u00e9rgio comienza a esbozar una econom\u00eda pol\u00edtica de la arquitectura. En La construcci\u00f3n de la casa en Brasil, revela como, dada la abundancia de mano de obra, interesaba a los empresarios mantener el sector de la construcci\u00f3n civil en condiciones primitivas, con mucho personal y poca t\u00e9cnica y maquinaria, visi\u00f3n que hac\u00eda del cantero de obra un campo f\u00e9rtil para la producci\u00f3n de plusval\u00eda apropiada por la industria.<\/p>\n<p>El siguiente paso fue la composici\u00f3n de El obrador y el dise\u00f1o, cuya tesis central proviene de Marx, o sea, de como todo bajo el capital, incluyendo la arquitectura, es mercader\u00eda que sirve y, como tal, procura la plusval\u00eda que es lo que alimenta el lucro. Poco importa la ideolog\u00eda del arquitecto: \u00e9l sirve al capital. De ah\u00ed proviene entonces: la irracionalidad del proyecto (la simplicidad en la construcci\u00f3n exige buenas dosis de mistificaci\u00f3n para justificar la ?necesidad? de dominaci\u00f3n; desaparici\u00f3n de cualquier vestigio de arte (fruto exclusivo del trabajo libre); y, en el polo obrero, miseria, descalificaci\u00f3n, etc.. Como en la l\u00ednea de montaje, el operario es alienado del proceso total, centralizado en manos y dise\u00f1os t\u00e9cnicos del arquitecto, cuya figura adquiere nivel art\u00edstico y superior. Para Ferro, segregado de todo, el trabajador se idiotiza, relegado en la supuesta neutralidad t\u00e9cnica del maestro.<\/p>\n<p>Fue un proceso hist\u00f3rico y concomitante con el desarrollo del capitalismo. S\u00e9rgio recuerda la figura de Brunelleschi, durante el fin del g\u00f3tico italiano, y la construcci\u00f3n de la c\u00fapula de la Iglesia Santa Mar\u00eda de Fiori, en Florencia, Italia. \u00c9l contaba con trabajadores magn\u00edficos, artesanos de gran capacidad que hab\u00edan construido, pr\u00e1cticamente sin arquitecto, las iglesias rom\u00e1nicas y g\u00f3ticas. Brunelleschi busca un lenguaje del pasado que no era el de los operarios que se encontraban all\u00ed. El nuevo dise\u00f1o ya no es m\u00e1s el de los trabajadores, no se encuentra a disposici\u00f3n del conocimiento de ellos. As\u00ed, por un lado est\u00e1 la estructura masiva de ladrillos que sustenta el edificio, y, al frente, columnas, frontispicios, etc.. Para Ferro, es en ese momento, que la arquitectura se transforma en el arte del travestismo, la necesidad de corregir cualquier trazo de simplicidad en la construcci\u00f3n realizada por los operarios, escondida bajo los ornamentos, bajo la decoraci\u00f3n. Se encubre as\u00ed, todo aquello que es el verdadero lenguaje, la verdadera pr\u00e1ctica constructiva, ocultando los trazos del trabajo.<\/p>\n<p>Para que la exploraci\u00f3n se instale sin exceso de coerci\u00f3n cotidiana, es preciso mediante cu\u00f1as, rajaduras, complicar, sombrear la simplicidad. Desde el inicio de la penetraci\u00f3n del capital en el cantero, en el siglo XII, las \u00f3rdenes del arquitecto alejan la normalidad del construir. El resultado es que los \u00edndices dejados por el proceso de trabajo pasan a ser no pertinentes, analiza. De ah\u00ed proviene, queda claro, la arquitectura que \u00e9l, Rodrigo e Imperio pasan a defender, calcada en la simplicidad y para servir de morada para las grandes masas populares. Seg\u00fan \u00e9l, era posible que los canteros de obra se transformasen en un terreno f\u00e9rtil para el trabajo libre, de intercambio de conocimientos, momento en el cual la arquitectura, retornar\u00eda a su raz\u00f3n de ser como arte, como en los dichos de William Morris, citados por Ferro, en el sentido en que arte es la alegr\u00eda en el trabajo. Intent\u00e9 realizar una historia de la arquitectura de arriba hacia abajo, mirando a la arquitectura de abajo hacia arriba, del cantero de obras al dise\u00f1o, y no al contrario.<\/p>\n<p>El dise\u00f1ador de las obras se transforma en humanista. S\u00e9rgio considera que trabajo y emancipaci\u00f3n caminan juntos, o sea, la liberaci\u00f3n del sujeto no ocurrir\u00e1 por la conquista del tiempo libre, en el ocio, en la abstracci\u00f3n intelectual, sino en la resignificaci\u00f3n del trabajo manual, eval\u00faa Arantes. la negaci\u00f3n del trabajo abstracto no ser\u00e1 su automatizaci\u00f3n, el no-trabajo, sino el retorno al trabajo concreto \u00fatil, simult\u00e1neamente intelectual y manual, y a su expresi\u00f3n po\u00e9tica y ornamento. Para Ferro, entre la mano que hace y su objetivo, se inserta, en forma indebida, el dise\u00f1o del proyectista, cuya misi\u00f3n ser\u00eda separar esa mano de su objetivo, el hacer de hecho. En lugar de las elucubraciones modernas, al servicio de pocos, S\u00e9rgio opt\u00f3 por la simplicidad que alcanzar\u00eda a muchos y que revelar\u00eda, sin avergonzarse, las marcas del hacer humano. S\u00f3lo una arquitectura del trabajo libre (incluyendo el trabajo de arquitecto) merecer\u00e1 el respeto, avisa Ferro .<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Libro re\u00fane textos de S\u00e9rgio Ferro, cr\u00edticas apasionadas de la arquitectura","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-80543","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80543","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80543"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80543\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80543"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80543"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80543"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80543"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}