{"id":80547,"date":"2006-05-01T00:00:00","date_gmt":"2006-05-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/05\/01\/la-dura-poesia\/"},"modified":"2015-08-25T14:58:43","modified_gmt":"2015-08-25T17:58:43","slug":"la-dura-poesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-dura-poesia\/","title":{"rendered":"La dura poes\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>Si en 1978 Caetano Veloso todav\u00eda se quejaba de la &#8220;dura poes\u00eda concreta&#8221; de las esquinas de S\u00e3o Paulo, se puede imaginar el tama\u00f1o de la osad\u00eda de un grupo de arquitectos paulistanos, en plenos a\u00f1os dorados, al renegar de la levedad elegante de la conmoci\u00f3n nacional e internacional arquitect\u00f3nica: Brasilia, la capital bossa-nova, alabada por Vinicius y Tom Jobim, en Sinfonia da Alvorada, como la &#8220;ciudad blanca y pura&#8221; construida en medio del &#8220;desierto yermo&#8221; en oposici\u00f3n directa al racionalismo del trazado carioca y de las formas flotantes de la moda brasiliense, ellos propon\u00edan cajas de concreto, de absoluta austeridad, donde todos los equipamientos funcionales, en especial las canalizaciones, siempre oculto a las miradas burguesas, aparec\u00edan con una sinceridad desconcertante, orgullosa de su funci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Brasil de la garota de Ipanema estaba transform\u00e1ndose en una naci\u00f3n de consumidores, con el ascenso de las clases media y alta, que se reforzar\u00eda con la llegada al poder de los militares en el 1964. Gusto y dinero no siempre andan juntos, en especial en los tiempos en que los mayores intermediarios entre el feliz propietario de una casa y su construcci\u00f3n eran las revistas de decoraci\u00f3n. Pero en las escuelas de arquitectura se desarrollaba una generaci\u00f3n que quer\u00eda cambiar el pa\u00eds, construir para el pueblo, &#8220;sin la separaci\u00f3n entre el arte, la sociedad y la acci\u00f3n individual, que siempre debe reflejar una toma de posici\u00f3n filos\u00f3fica en t\u00e9rminos utilitarios en el plano pr\u00e1ctico&#8221;, como le gustaba explicar al mentor de esta nueva arquitectura, Vilanova Artigas en 1950, cuando Le Corbusier y Gropius eran vistos como dioses del dise\u00f1o, el paulista publicaba art\u00edculos rabiosos contra ellos, acus\u00e1ndolos de &#8220;burgueses vendidos a los intereses del imperialismo norteamericano&#8221;. Con el golpe y las persecuciones pol\u00edticas, a muchos arquitectos les parece poco el confort del tablero y pasan a denunciar las relaciones de producci\u00f3n capitalistas en la construcci\u00f3n, rehus\u00e1ndose a poner su saber al servicio de esas relaciones. El nuevo ideal es la revelaci\u00f3n de lo que estaba escondido detr\u00e1s de los ornamentos, la &#8220;verdad&#8221; arquitect\u00f3nica que muestra las marcas del trabajo en las casas burguesas y lo que \u00e9stas escond\u00edan. No sin raz\u00f3n, Artigas ser\u00eda considerado el l\u00edder de un grupo de j\u00f3venes arquitectos cuyas innovaciones ser\u00edan bautizadas como &#8220;brutalismo paulista&#8221; (un ep\u00edteto execrado por casi todos ellos), en verdad un amor por los materiales sin revestimiento, por la austeridad draconiana del concreto expuesto que daban en su simplicidad, una monumentalidad a las construcciones, consiguiendo en una curiosa paradoja, con que formas geom\u00e9tricas r\u00edgidas y estructuras desnudas, brutales, que superaran el sue\u00f1oque Oscar Niemeyer y L\u00facio Costa intentaron conseguir sin \u00e9xito, en Brasilia: una arquitectura que facilitaba el contacto humano y privilegiaba el esp\u00edritu comunitario.<\/p>\n<p>Basta con mirar hacia las calles de la capital para percibir que \u00e9l no est\u00e1 all\u00e1. A\u00fan as\u00ed, el paulista admiraba, para estupor de sus colegas de izquierda, al creador de la Pampulha: &#8220;Oscar y yo tenemos las mismas preocupaciones y encontramos los mismos problemas; pero mientras que \u00e9l siempre se esfuerza en resolver las contradicciones en una s\u00edntesis arm\u00f3nica, yo las expongo claramente. En mi opini\u00f3n, el papel del arquitecto no consiste en una acomodaci\u00f3n; no se debe cubrir con una m\u00e1scara elegante las luchas existentes. Es necesario revelarlas sin temor&#8221;. Po\u00e9tica brutalidad.<\/p>\n<p>La influencia de Artigas se concretiz\u00f3 en el edificio que proyect\u00f3 para la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU &#8211; USP) y en la concentraci\u00f3n\u00a0 de un grupo de disc\u00edpulos de sus ideas. Uno de los primeros fue Joaquim Guedes, un arquitecto de la FAU que hizo su carrera en la Escuela de Sociolog\u00eda y Pol\u00edtica. Sus proyectos re\u00fanen al brutalismo paulista con la levedad de la arquitectura brasile\u00f1a &#8220;moderna&#8221;, en la cual el cemento crudo entra como un digno invitado de la casa, un elemento de la sofisticaci\u00f3n, pese a su rudeza originaria. Su colega Carlos Millan era un seguidor severo de la severidad de Artigas, no haciendo concesiones a la plasticidad pura, de sinceridad total. Fue un digno &#8220;brutalista&#8221;. Sin ser alumno de Artigas, Paulo Mendes da Rocha anduvo el mismo camino. &#8220;El arquitecto Vilanova Artigas me leg\u00f3 esa visi\u00f3n cr\u00edtica. Mi arquitectura siempre se inspir\u00f3 en ideas; no evoca modelos de castillos ni palacios, sino la habilidad del hombre en transformar el lugar que habita, con un fundamental inter\u00e9s social, a trav\u00e9s de una visi\u00f3n abierta, volcada hacia el futuro&#8221;, escribi\u00f3 Mendes da Rocha. Las casas que proyecta en los a\u00f1os 1960 son de un rigor extremo, donde las fachadas de cemento se lanzan a la cara de los transe\u00fantes a punto tal de provocar malestar, por su atm\u00f3sfera paulistana de ciudad de concreto. Su casa, casi como en la m\u00fasica de Vinicius, &#8220;no ten\u00eda puertas, ni ten\u00eda paredes&#8221;: los cuartos no eran aislados y el arquitecto, observa el historiador\u00a0 Yves Bruand, &#8220;impone su ideal de vida comunitaria, impidiendo a cualquier habitante de esa casa escapar de \u00e9l, hecho \u00e9ste que hizo a Fl\u00e1vio Motta describirla como &#8216;favela racionalizada&#8217;; pero Artigas jam\u00e1s hab\u00eda ido tan lejos&#8221;. Como \u00e9l, vendr\u00edan otros.<\/p>\n<p>S\u00e9rgio Ferro, Ruy Ohtake y C\u00e1ndido Campos, entre otros, cada uno a su tiempo y manera, iban a adoptar el mentado brutalismo, visto por Bruand como &#8220;el primer cuestionamiento de la arquitectura por parte de los brasile\u00f1os despu\u00e9s del triunfo internacional despu\u00e9s de la Segunda Guerra, y merece respeto en raz\u00f3n de su honestidad b\u00e1sica&#8221;. Tambi\u00e9n seg\u00fan el autor de Arquitetura Contempor\u00e2nea no Brasil, el movimiento apuntaba a &#8220;una vuelta a los principios de un funcionalismo estricto, de una esencia decididamente t\u00e9cnica y aspirando a una industrializaci\u00f3n de la construcci\u00f3n, aun cuando se expresa por el camino artesanal, y de una est\u00e9tica que valora la fuerza, la masa y el peso, que ama los contrastes violentos y la psicolog\u00eda del shock&#8221;. Curiosamente, Artigas y sus seguidores recorrieron un camino inverso al de Niemeyer y L\u00facio Costa. Sin embargo, volvieron al punto de partida racionalista, de la mismidad mec\u00e1nica arquitect\u00f3nica pesada de los dise\u00f1os de los a\u00f1os 1930, tan criticados por el d\u00fao que cre\u00f3 la &#8220;ciudad blanca y pura&#8221;. Los brutalistas, dignos o no de su apodo, eran la imagen de la metr\u00f3polis en donde viv\u00edan, el reverso del reverso del reverso. De cualquier modo, y como lo prueba Caetano Velos, fue capaz de suscitar la\u00a0 imaginaci\u00f3n y de &#8220;crear cosas bellas&#8221;. &#8220;La arquitectura es una visi\u00f3n po\u00e9tica de la forma, que sobrepasa la estricta necesidad en su dimensi\u00f3n humana. La arquitectura no desea ser funcional, sino oportuna&#8221;, en las palabras de Mendes da Rocha. La imaginaci\u00f3n de lo concreto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Grupo Brutalista paulista cuestion\u00f3 la arquitectura","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[272],"coauthors":[117],"class_list":["post-80547","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-arquitectura"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80547","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80547"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80547\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80547"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80547"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80547"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80547"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}