{"id":80554,"date":"2006-05-01T00:00:00","date_gmt":"2006-05-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/05\/01\/el-poder-entre-los-monos\/"},"modified":"2013-01-10T14:13:28","modified_gmt":"2013-01-10T16:13:28","slug":"el-poder-entre-los-monos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-poder-entre-los-monos\/","title":{"rendered":"El poder entre los monos"},"content":{"rendered":"<p>Conocido en Brasil como &#8220;bigodeiro&#8221;, al tamarino de la foto le gusta mandar. A la hora de comer permanece a distancia y deja a los otros tamarinos del grupo que busquen frutos en la copa de los \u00e1rboles. Cuando ve que encuentran algo, inmediatamente suelta gritos agudos como un silbido y expulsa a los compa\u00f1eros de cerca, dejando claro quien es el que da las \u00f3rdenes por all\u00ed. Ese comportamiento de padrino a la italiana no vale \u00fanicamente entre estos monos. Hasta cuando sale en busca de comida con especies menores, el capo tambi\u00e9n impone a los otros su superioridad&#8230; gritando. Pero la capacidad de reconocer el papel que cada animal desempe\u00f1a en su grupo no es la \u00fanica que rige la vida de esas dos especies de micos. Despu\u00e9s de hacer un seguimiento diario durante cuatro meses a dos grupos de tamarinos emperadores y dos de tamarinos de cabeza amarilla en un tramo de la Selva Amaz\u00f3nica en plena \u00e1rea urbana de la localidad de R\u00edo Branco, el primat\u00f3logo J\u00falio C\u00e9sar Bicca-Marques, de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de R\u00edo Grande do Sur (PUC-RS), verific\u00f3 que tan importante como saber qui\u00e9n es el mandam\u00e1s es la capacidad de usar se\u00f1ales disponibles en el ambiente para hallar comida. Asociadas, esas habilidades ayudaron a moldear la inteligencia de estos monos y de otros primates -grupo de animales que incluye a los seres humanos, si bien no se puede extrapolar esos resultados directamente a nuestra especie, sujeta a relaciones sociales m\u00e1s intrincadas y capaz de alterar el propio ambiente.<\/p>\n<p>Esa conclusi\u00f3n naci\u00f3 de dos ideas independientes sobre el desarrollo del cerebro y de la inteligencia de los primates lanzadas en la d\u00e9cada de 1970. Observando monos africanos, la antrop\u00f3loga Sue Taylor Parker concluy\u00f3 en 1977 que la capacidad de lidiar con informaciones ambientales o ecol\u00f3gicas, tales como encontrar el camino de vuelta a casa o descubrir un \u00e1rbol con comida, hab\u00eda sido esencial para la supervivencia de los primates. As\u00ed, a lo largo de cientos de miles de a\u00f1os la naturaleza habr\u00eda favorecido la supervivencia de aqu\u00e9llos con mayor habilidad de sacar provecho de ese tipo de informaci\u00f3n. Seg\u00fan ese razonamiento, la necesidad cada vez mayor de lidiar con informaciones ambientales habr\u00eda\u00a0 promovido el surgimiento de cerebros m\u00e1s y m\u00e1s voluminosos -el de los tit\u00edes y tamarinos, distantes 35 millones de a\u00f1os de los seres humanos desde el punto de vista evolutivo, tienen aproximadamente 30 gramos, mientras que el nuestro, aproximadamente 40 veces mayor, tiene en promedio 1.350 gramos.<\/p>\n<p><strong>Articulaci\u00f3n maquiav\u00e9lica<br \/>\n<\/strong>Pero no todos coincid\u00edan. En 1976 el psic\u00f3logo brit\u00e1nico Nicholas Humphrey hab\u00eda sugerido que el factor que habr\u00eda conducido la evoluci\u00f3n del cerebro de los primates ser\u00eda de orden social. La naturaleza habr\u00eda beneficiado a aqu\u00e9llos que ten\u00edan habilidad para relacionarse con los otros miembros del grupo -y hasta de manipularlos con el objetivo de mantener el grupo cohesionado. Seg\u00fan Humphrey, esta habilidad se relacionar\u00eda con la capacidad de lidiar con otra categor\u00eda de informaci\u00f3n, conocida como social o maquiav\u00e9lica, en referencia al pensador florentino Nicol\u00e1s Maquiavelo, quien en 1513 describi\u00f3 en la obra <em>El pr\u00edncipe<\/em>, las articulaciones pol\u00edticas y sociales empleadas por los soberanos para preservar el poder. Es esa categor\u00eda de informaci\u00f3n que una peque\u00f1a cr\u00eda de tamarino emperador, o hasta un adulto cabeza amarilla, usa cuando abandona un jobo o un ing\u00e1 reci\u00e9n descubierto y deja al macho dominante hacerse un fest\u00edn solo. Respetadas las particularidades de cada especie, es una decisi\u00f3n similar a la de alguien que deja a un asaltante armado robar su coche sin esbozar reacci\u00f3n porque sabe que son mayores los chances de no herirse y conseguir otro coche m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Humphrey argumentaba que los primates tienen que ser &#8220;seres calculadores&#8221;: deben ser capaces de evaluar las consecuencias de su propio comportamiento, del comportamiento de los otros y del equilibrio entre ventajas y p\u00e9rdidas, decisiones tomadas con base en informaciones no siempre confiables. Suponiendo que esa haya sido la situaci\u00f3n hallada con m\u00e1s frecuencia en la naturaleza, esta habilidad o inteligencia habr\u00eda sido la principal fuerza para modelar las transformaciones por las que pas\u00f3 el cerebro de los primates desde el surgimiento de ese grupo de animales, hace cerca de 50 millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Por casi tres d\u00e9cadas los partidarios de una y otra hip\u00f3tesis coleccionaron evidencias sin arribar a un consenso. Pero ahora, en esa serie de experimentos con los monos amaz\u00f3nicos, Bicca-Marques lleg\u00f3 a una conclusi\u00f3n conciliadora. Es imposible determinar la supremac\u00eda de una forma de inteligencia sobre la otra: ambas son esenciales para la supervivencia de los micos. &#8220;Una consecuencia de la vida en grupo&#8221;, afirma Bicca-Marques, &#8220;es que los primates deben decidir sobre d\u00f3nde buscar comida teniendo en consideraci\u00f3n la probabilidad de encontrar alimento en un determinado sitio, una informaci\u00f3n ambiental, asociada a la posibilidad de tener acceso a la comida o de compartirla con otros miembros del grupo, una informaci\u00f3n social&#8221;.<\/p>\n<p>Bicca-Marques comenz\u00f3 a pensar que esos factores no actuaron aisladamente sobre el desarrollo del cerebro durante la observaci\u00f3n de c\u00f3mo estos monos se comportan a la hora de comer. En 1993, renunci\u00f3 del empleo en el Ministerio del Medio Ambiente en Brasilia y se instal\u00f3 en la Universidad Federal de Acre (Ufac) para estudiar a estos micos que conoc\u00eda apenas por los libros. Paralelamente, entr\u00f3 en contacto con antrop\u00f3logo estadounidense Paul Garber, de la Universidad de Illinois en Urbana, expertos en el comportamiento de estas especies, que lo ayud\u00f3 a planear los experimentos que permitieron controlar el acceso de los monos a la comida.<\/p>\n<p>En un predio de tres hect\u00e1reas del Parque Zoobot\u00e1nico de la Ufac, Bicca-Marques instal\u00f3 estaciones de alimentaci\u00f3n donde era posible controlar las condiciones en que los tamarinos emperadores (<em>Saguinus imperator<\/em>) y los tamarinos de cabeza amarilla (<em>Saguinus fuscicollis<\/em>) encontraban comida -cada estaci\u00f3n estaba compuesta por ocho tableros dispuestos en un c\u00edrculo de 10 metros de di\u00e1metro. A unos 15 pasos de cada estaci\u00f3n mont\u00f3 una torre de observaci\u00f3n, de cuyo interior era posible ver a los tamarinos sin ser notado. Del 22 de septiembre de 1997 al 29 de enero de 1998, Bicca-Marques y tres alumnos de biolog\u00eda se levantaron todos los d\u00edas a las tres y media de la ma\u00f1ana y se internaban bosque adentro hasta las torres donde pasaban, muchas veces bajo un calor de casi 40 grados, de nueve a diez horas sentados siguiendo las comidas de los tamarinos. En casi 4 mil horas de monitoreo, los monos visitaron las estaciones 1.294 veces. En la mayor\u00eda de ellas, cinco o seis tamarinos de una misma especie <em>S. imperator<\/em> o <em>S. fuscicollis<\/em>\u00a0aparec\u00edan para la merienda.<\/p>\n<p>Durante los 120 d\u00edas de experimento el equipo del primat\u00f3logo del sur de Brasil prepar\u00f3 simult\u00e1neamente en las cuatro estaciones test en los cuales los tamarinos ten\u00edan que aprender que las bananas estaban siempre en los mismos tableros -mientras que los otros exhib\u00edan bananas de pl\u00e1stico- o que un cubo amarillo o un poste de madera pintado indicaba la posici\u00f3n de la comida. Los monos salieron airosos en el primer test, pero apenas algunos integrantes de los grupos de emperadores y cabeza amarilla descubrieron que el cubo amarillo y el poste de madera indicaban el tablero con la banana. El hecho de que algunos tamarinos no usaran esas se\u00f1ales para encontrar alimento no significa que no sean capaces de hacer la asociaci\u00f3n. Cuando se analizan esos resultados teniendo en consideraci\u00f3n la especie <em>S. imperator<\/em> o <em>S. fuscicollis<\/em>\u00a0y no cada individuo del grupo, se concluye que tanto los emperadores como los cabeza amarilla saben lidiar con informaciones ambientales para encontrar comida.<\/p>\n<p><strong>P\u00e9rdidas y ganancias<br \/>\n<\/strong>Pero fue el comportamiento de estos tamarinos -cuando llegaban para alimentarse en grupos de una \u00fanica especie o en grupos mixtos- que revel\u00f3: realmente no es posible separar la influencia de la inteligencia ambiental sobre el desarrollo del cerebro de la influencia de la inteligencia social. Siempre que uno de ambos grupos de emperadores aparec\u00eda para comer sin compa\u00f1\u00eda, el macho m\u00e1s fuerte del grupo -llamado como dominante o alfa, una especie de capo- esperaba que sus subalternos localizasen las bananas antes de manifestarse y adue\u00f1arse de lo que considera suyo. Es algo similar a lo que pasaba en los grupos mixtos. Apenas entre los tamarinos de cabeza amarilla el nivel de colaboraci\u00f3n era mayor: Con frecuencia todos se empe\u00f1aban en buscar las bananas en los tableros. Esta colaboraci\u00f3n aparentemente injusta, la protocooperaci\u00f3n, en verdad beneficia a ambos lados. Ganan los emperadores, que ahorran energ\u00eda mientras sus subordinados buscan comida en las partes m\u00e1s bajas del bosque, y ganan los cabeza amarilla, que aguardan su turno de comer los frutos encontrados por los emperadores en la copa de los \u00e1rboles o capturan los insectos que de ellos escapan y huyen hacia cerca del suelo. Asimismo, ambos se benefician con la vigilancia contra los predadores realizada por sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Otra peculiaridad de la convivencia entre esas dos especies es que el peso de cada tipo de informaci\u00f3n parece variar de un momento para otro. &#8220;Esos peque\u00f1os primates lidian con ambas formas de informaci\u00f3n alternadamente a lo largo del d\u00eda&#8221;, afirma Bicca-Marques, que describi\u00f3 sus descubrimientos en una serie de art\u00edculos, los m\u00e1s recientes publicados en el <em>American Journal of Primatology<\/em>, en el <em>International Journal of Primatology<\/em> y en el <em>Journal of Comparative Psychology<\/em>. Cuando aprenden que determinado tablero siempre contiene un pedazo de banana, los subordinados usan la informaci\u00f3n ambiental para encontrar la comida. Para los tamarinos dominantes es la informaci\u00f3n social que vale cuando usan su posici\u00f3n jer\u00e1rquica para tomar el alimento encontrado por los otros, aunque tambi\u00e9n sepan usar se\u00f1ales ambientales.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Las disputas sociales y la capacidad de orientarse en el ambiente para hallar comida amoldaron el cerebro de los primates","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[105],"class_list":["post-80554","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80554","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80554"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80554\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80554"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80554"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80554"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80554"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}