{"id":80555,"date":"2006-05-01T00:00:00","date_gmt":"2006-05-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/05\/01\/con-la-piel-como-alimento\/"},"modified":"2013-01-10T14:16:44","modified_gmt":"2013-01-10T16:16:44","slug":"con-la-piel-como-alimento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/con-la-piel-como-alimento\/","title":{"rendered":"Con la piel como alimento"},"content":{"rendered":"<p>Normalmente ellas son viscosas y se las considera un tanto repugnantes, pero no hay c\u00f3mo negar su calidad de madres abnegadas, aunque que no puedan ver a sus cr\u00edas. Al menos dos especies de culebras ciegas -la <em>Siphonops annulatus<\/em>, encontrada en Brasil, y la <em>Boulengerula taitanus<\/em>, de Kenya- dejan a la prole roerles las capas m\u00e1s superficiales de la piel, que contiene una secreci\u00f3n rica en grasas y prote\u00ednas durante las cuatro o cinco semanas en que se dedican a los cuidados maternales. La piel, gris oscuro antes de la reproducci\u00f3n, se vuelve entonces gris clara y es repuesta a medida que los herederos la devoran. Cuando ellos est\u00e1n cerca, probablemente paran de funcionar las gl\u00e1ndulas de veneno, que se diseminan por toda la superficie del alargado cuerpo de la madre.<\/p>\n<p>Esta forma de cuidar a la cr\u00eda no llama la atenci\u00f3n solo por ser ex\u00f3tica: es tambi\u00e9n importante desde el punto de vista evolutivo. Seg\u00fan Carlos Jared, bi\u00f3logo del Instituto Butantan, ese comportamiento de las culebras ciegas que ponen huevos emergi\u00f3 hace por lo menos 150 millones de a\u00f1os, cuando Am\u00e9rica del Sur y el \u00c1frica formaban un \u00fanico bloque continental, y quiz\u00e1s se encuentre en la base de la evoluci\u00f3n de este grupo de animales que comenz\u00f3 a surgir hace cerca de 250 millones de a\u00f1os. S\u00f3lo mucho m\u00e1s tarde es que deben haber aparecido las especies de culebras ciegas viv\u00edparas, cuyos huevos se desarrollan dentro del cuerpo de la madre -y las cr\u00edas ya nacen pareciendo adultos. Antes de nacer, las cr\u00edas se nutren raspando con sus dientes puntiagudos la pared del \u00fatero, que libera un jugo nutritivo. &#8220;El comer el \u00fatero de la madre ser\u00eda una forma derivada del comportamiento&#8221;, dice \u00e9l.<\/p>\n<p>No se trata, sin embargo, de un artificio exclusivo de los anfibios, la clase de animales a que pertenecen las culebras ciegas, tambi\u00e9n llamadas cecilias. A\u00fan hoy en d\u00eda se nota algo similar en el ornitorrinco (<em>Ornithorhynchus anatinus<\/em>), posiblemente el m\u00e1s extra\u00f1o de los mam\u00edferos, con un pico chato como el de un pato, el cuerpo cubierto de pelos y cuatro aletas, que vive en r\u00edos y lagos de la Australia. Las cr\u00edas del ornitorrinco nacen de huevos y lamen la leche materna segregada por los poros de la piel de la panza de las hembras, que no tienen pezones, a diferencia de los otros mam\u00edferos.<\/p>\n<p>&#8220;Notamos en esas culebras ciegas africanas y brasile\u00f1as un comportamiento de agregaci\u00f3n muy interesante, ya que las madres permanecen enroscadas alrededor\u00a0 de las cr\u00edas mientras est\u00e1n cuid\u00e1ndolas&#8221;, comenta Marta Antoniazzi, bi\u00f3loga del Butantan. Un test bastante simple sugiri\u00f3 que la secreci\u00f3n liberada por la piel, adem\u00e1s de servir como alimento, puede contener feromonas capaces de atraer a la prole. Los investigadores alejaron de la madre a las cr\u00edas de pocos d\u00edas, muy parecidas con lombrices de color de rosa, y observaron: en pocos segundos \u00e9stas comenzaron a volver en direcci\u00f3n a ella, pese a ser completamente ciegas.<\/p>\n<p><strong>En el sur de Bah\u00eda<br \/>\n<\/strong>Las culebras ciegas tienen unos ojos primitivos, tambi\u00e9n llamados vestigiales. Los ojos se ubican por debajo de la piel y s\u00f3lo distinguen lo claro y lo oscuro, lo que basta para indicar si es de d\u00eda o de noche y si es posible salir con seguridad de los t\u00faneles subterr\u00e1neos en que esos animales viven. Dotadas tambi\u00e9n de tent\u00e1culos sensitivos, peque\u00f1as protuberancias con las cuales tantean los caminos, las cerca de 180 especies de cecilias mundialmente conocidas representan las gimnofionas, una de las tres clases de los anfibios, al lado de los batracios (sapos, ranas y renacuajos) y las salamandras. Parecen serpientes o lombrices, pero no se equivoca quien las ve como sapos alargados sin patas, que viven, se aparean y cuidan a su prole en canales y c\u00e1maras cavadas bajo la tierra. A veces puede tambi\u00e9n hall\u00e1rselas, solitarias o con la prole, en otros ambientes oscuros como el toc\u00f3n de un \u00e1rbol o entre las cortezas de cacao que se pudren dentro del boque, en medio de insectos y lombrices, sus alimentos predilectos.<\/p>\n<p>Fue en uno de esos montones de cortezas podridas, los llamados &#8220;casqueiros&#8221;, en una m\u00e1s de esas expediciones al Bosque Atl\u00e1ntico, entre Ilh\u00e9us e Itabuna, en el sur de Bah\u00eda, que el grupo liderado por Jared y Marta encontr\u00f3 en 1993 la especie <em>Siphonops annulatus<\/em> con la piel m\u00e1s clara que lo habitual. Comenz\u00f3 entonces una articulaci\u00f3n cient\u00edfica que termin\u00f3 el d\u00eda 13 del mes pasado, cuando sali\u00f3 en la revista cient\u00edfica <em>Nature<\/em> un art\u00edculo en que se describen por\u00a0 primera vez los cuidados maternales de la especie africana, adoptada como modelo de estudio porque ya era m\u00e1s conocida que la brasile\u00f1a. La <em>Siphonops<\/em> puede alcanzar 40 cent\u00edmetros de longitud, mientras que la <em>Boulengerula taitanus<\/em> llega como m\u00e1ximo a la mitad y es m\u00e1s fina.<\/p>\n<p>Intrigado con el cambio de color de la especie brasile\u00f1a, Jared coment\u00f3 su hallazgo con Mark Wilkinson, expertos en anfibios del Museo de Historia Natural de Londres con quien ya hab\u00eda trabajado. Wilkinson tambi\u00e9n se qued\u00f3\u00a0 intrigado y le escribi\u00f3 a Ronald Nussbaum, especialista en gimnofionas que trabaja en la Universidad de Michigan, Estados Unidos. Nussbaum, quien ya sab\u00eda que en algunas culebras ciegas las cr\u00edas raspaban el \u00fatero de la madre, plante\u00f3 a los colegas que la culebra ciega ov\u00edpara podr\u00eda tener un comportamiento semejante, con las cr\u00edas nutri\u00e9ndose de la piel de la madre.<\/p>\n<p>Una vez establecida una hip\u00f3tesis, los bi\u00f3logos comenzaron a trabajar para caracterizar lo que parec\u00eda ser un tipo de comportamiento maternal que a\u00fan no hab\u00eda sido descrito. La descripci\u00f3n de este mecanismo, incluyendo las transformaciones en la piel y la identificaci\u00f3n de la composici\u00f3n preliminar de la secreci\u00f3n, que debe ser bastante nutritiva, ya que las cr\u00edas crecen en torno de un mil\u00edmetro por d\u00eda, moviliz\u00f3 tambi\u00e9n a Hartmut Greven, de la Universidad de D\u00fcsseldorf, Alemania, y a otros dos bi\u00f3logos del Museo de Historia Natural de Londres, Alexander Kupfer y Hendrik Muller, vinculado tambi\u00e9n a la Universidad de Leiden, de Holanda. Ellos se pusieron de acuerdo para volver a los bosques h\u00famedos del sur de Bah\u00eda al final de este a\u00f1o para recoger muestras de secreci\u00f3n y observar el comportamiento de la culebra ciega brasile\u00f1a desde el nacimiento de las cr\u00edas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Cr\u00edas de culebra ciega se nutren con la secreci\u00f3n y la epidermis de la madre","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[5968],"class_list":["post-80555","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80555","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80555"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80555\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80555"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80555"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80555"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80555"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}