{"id":80583,"date":"2006-06-01T00:00:00","date_gmt":"2006-06-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/06\/01\/castigo-y-crimen\/"},"modified":"2016-01-28T15:04:24","modified_gmt":"2016-01-28T17:04:24","slug":"castigo-y-crimen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/castigo-y-crimen\/","title":{"rendered":"Castigo y crimen"},"content":{"rendered":"<p>Se\u00f1ores, S\u00e3o Paulo tiene 140 mil presos. S\u00e3o 140 mil hombres del PCC (Primer Comando de la Capital) dentro de la c\u00e1rcel y 500 mil o m\u00e1s familiares fuera. Ellos est\u00e1n hoy programando inclusive para hacer elecciones de pol\u00edticos, \u00bfest\u00e1 correcto? El PCC es fuerte en la capital, pero \u00e9l es apoyado en todo el Brasil adonde va. Se convirti\u00f3 realmente en una fiebre. Ser del PCC es un buen negocio. Muchas personas van a cometer un crimen sin saber lo que tienen que hacer. Si no va, muere. Quien afirm\u00f3 eso es el director del Departamento de Investigaciones sobre el Crimen Organizado (Deic), de S\u00e3o Paulo, Godofredo Bittencourt Filho, en una reuni\u00f3n reservada de la CPI del Tr\u00e1fico de Armas, el d\u00eda 10 de mayo.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente al encuentro cerrado varios presidios estaduales iniciaron rebeliones casi simult\u00e1neas y una onda de violencia paraliz\u00f3 S\u00e3o Paulo por varios d\u00edas. Esa crisis fue de una gran amplitud, envolviendo a m\u00e1s de 70 unidades penitenciarias rebeladas, lo que equivale a la mitad del n\u00famero de prisiones bajo la responsabilidad de la Secretar\u00eda de Administraci\u00f3n Penitenciaria. Y, lo m\u00e1s importante, las acciones del grupo sobrepasaron las murallas del sistema de prisiones. Llegaron a las bases policiales, a las jefaturas, a los \u00f3mnibus, a las agencias bancarias. Diseminaron el terror no s\u00f3lo entre los\u00a0 policiales y otros agentes p\u00fablicos, sino en la poblaci\u00f3n en general. Eso es in\u00e9dito, observa el soci\u00f3logo Fernando Salla, del N\u00facleo de Estudios de la Violencia (NEV) de la USP y coordinador (al lado de Marcos C\u00e9sar Alvarez) del proyecto del Centro de Investigaci\u00f3n, Innovaci\u00f3n y Difusi\u00f3n (Cepid) Construcci\u00f3n de las pol\u00edticas de seguridad p\u00fablica y sentido de la penalidad en S\u00e3o Paulo, financiado por la FAPESP.<\/p>\n<p>Un amplio panel, a\u00fan en desarrollo, la investigaci\u00f3n revela que el paso del tiempo no cambi\u00f3 tanto cuanto deber\u00eda a la pol\u00edtica del Estado brasile\u00f1o en el tratamiento de la seguridad p\u00fablica. Segundo el Cepid, las elites, desde el siglo 19, quisieron transformar el Brasil en un pa\u00eds materialmente moderno, sin demostrar gran entusiasmo por las formas de vida democr\u00e1tica de los pa\u00edses que tomaban como modelo. Hay un desencaje entre la modernizaci\u00f3n pol\u00edtica e institucional (inclusive del sistema de seguridad p\u00fablica y de la Justicia criminal) y el avance efectivo en la garant\u00eda de los derechos y en la consolidaci\u00f3n de la democracia y de la ciudadan\u00eda. Las representaciones sobre la forma de proceder en el trabajo policial, en el lidiar con el criminal, fueron marcadas por la posibilidad del uso de la violencia ilegal, del recurso a la arbitrariedad, por la certeza de que siempre hubo una legitimidad en esos procedimientos y la connivencia de las elites, que asegurar\u00edan la impunidad a cualquier irregularidad.<\/p>\n<p><strong>Inteligencia<br \/>\n<\/strong>El proyecto demuestra que la parte represiva de las pol\u00edticas de seguridad es una cara de la cuesti\u00f3n, pero no puede ser vista como soluci\u00f3n para todo. Lo m\u00e1s importante seria tener un trabajo de inteligencia policial y penitenciar\u00eda que desarticulase al crimen organizado fuera y dentro de las prisiones. ?Lo m\u00e1s dif\u00edcil de combatir el crimen no es lo que est\u00e1 en el territorio de la ilegalidad, que est\u00e1 en la clandestinidad, sino sus aliados que act\u00faan y circulan en la legalidad. La prisi\u00f3n no es una burbuja aislada de la sociedad e, inmediatamente, ver los celulares como la cuesti\u00f3n central es mirar para la direcci\u00f3n incorrecta, alerta el investigador. Es bueno que las autoridades sacasen lecciones de esa experiencia, pues muchos de los actos fueron practicados no apenas por los soldados, sino tambi\u00e9n por simpatizantes del PCC, que se quer\u00edan mostrar listos para la facci\u00f3n, dispuestos a correr riesgos. Para el investigador, sin una pol\u00edtica consistente de enfrentamiento al crimen organizado, las chances de un nuevo alzamiento en las prisiones y un nuevo caos urbano no deben ser descartados.<\/p>\n<p>Los resultados iniciales del proyecto muestran que la crisis en el \u00e1rea de seguridad es m\u00e1s antigua de lo que se imagina. Desde los a\u00f1os 1950 el sistema penitenciario vive un colapso cr\u00f3nico. A lo largo de los a\u00f1os 1970, el autoritarismo favoreci\u00f3 una invisibilidad a los problemas m\u00e1s graves del sistema y manten\u00eda la actuaci\u00f3n de las fuerzas policiales en sinton\u00eda con las fuerzas de represi\u00f3n pol\u00edtica. Con la redemocratizaci\u00f3n, se frustr\u00f3 la esperanza de que el nuevo orden trajese nuevos caminos para el \u00e1rea de seguridad. La investigaci\u00f3n revela que las autoridades hasta hoy no tuvieron la osad\u00eda de enfrentar problemas recurrentes, y que, afirma Salla, se manifestaron, con gran fuerza, en la crisis reciente: las relaciones entre los agentes p\u00fablicos y la criminalidad, en las prisiones y fuera de ellas; la fragilidad de los mecanismos de responsabilizar a los agentes p\u00fablicos; la interferencia pol\u00edtica en el funcionamiento de los \u00f3rganos policiales y de las prisiones, de forma que perjudiquen su actuaci\u00f3n; la ausencia de transparencia en el funcionamiento de esos \u00f3rganos.<\/p>\n<p>Salla concuerda con Bittencourt sobre el potencial de organizaci\u00f3n del PCC. Est\u00e1 dentro de las prisiones, pero posee amplias conexiones con actividades criminosas fuera de las prisiones, en especial el tr\u00e1fico de drogas. Impresiona\u00a0 su capacidad de mantener un comando m\u00e1s centralizado de las acciones criminosas y de movilizaci\u00f3n de sus miembros y al mismo tiempo disponer del poder de sofocar las dem\u00e1s facciones que aparecen en el sistema de las prisiones, analiza. En ese sentido, seg\u00fan el soci\u00f3logo, el PCC muestra habilidad en construir la identidad de grupo, en establecer los v\u00ednculos de pertenencia, en ejercer la coerci\u00f3n sobre los posibles disidentes.<\/p>\n<p>El nosotros, continua Salla, es constituido no s\u00f3lo por los encarcelados que pasan por las mismas privaciones y humillaciones, que necesitan ayudarse para enfrentar las angustias y precariedades de la prisi\u00f3n, pero comprende tambi\u00e9n la identificaci\u00f3n con la situaci\u00f3n de pobreza y desempleo vivido por los pobres de la periferia. Varios de los l\u00edderes del PCC tienen efectivamente niveles considerables de politizaci\u00f3n y tienen clareza con relaci\u00f3n a su fuerza pol\u00edtica e identifican en las autoridades al interlocutor y al enemigo de sus disputas, eval\u00faa. El se\u00f1or, cuando habla en la televisi\u00f3n, el se\u00f1or representa el gobierno; yo soy el l\u00edder del PCC, bueno, entonces somos dos lideres, \u00bfentiende?, como dijo Marcola\u00a0 al director del Deic.<\/p>\n<p>Hay una astucia pol\u00edtica de los gobiernos que no quieren provocar turbulencias en la relaci\u00f3n con su aparato represivo. Los problemas en el \u00e1rea de la seguridad provocan desgaste pol\u00edtico con la opini\u00f3n p\u00fablica y los gobernantes tienden, para evitar la exposici\u00f3n del sector, a acomodarse a las desobediencias\u00a0 y arbitrariedades de los aparatos, siempre que no provoquen una exposici\u00f3n desfavorable de los gobiernos, en especial en los medios, observa el investigador. En la declaraci\u00f3n que se filtr\u00f3 para el PCC, Bittencourt llega a la misma conclusi\u00f3n: ?Hubo una \u00e9poca en que el gobierno del estado cometi\u00f3 un error, cuando tom\u00f3 el liderazgo del PCC y los bandidos m\u00e1s peligrosos y los redistribuyo por el Brasil. Entonces eso, en la realidad, acab\u00f3 haciendo un apareamiento. El Comando Rojo, por ejemplo, comenz\u00f3 a tener mucho contacto con el PCC, hasta el punto de hasta liberar droga en R\u00edo para que el PCC pudiese hasta explotar en una bronca de punto de droga.<\/p>\n<p>Para Salla, tambi\u00e9n la reacci\u00f3n de las polic\u00edas civil y militar fue desastrosa en los eventos recientes. Pasado el primer momento, en que la polic\u00eda podr\u00eda repactar su relaci\u00f3n con la sociedad, profundizar los lazos de solidariedad, estrechar su relaci\u00f3n de confianza, el aparato represivo se dej\u00f3 llevar por el camino de la violencia que siempre sembr\u00f3 la desconfianza y el temor conjuntamente con la poblaci\u00f3n, avisa. El soci\u00f3logo observa que uno de los mayores desaf\u00edos es construir pol\u00edticas de seguridad que respeten los derechos de los ciudadanos y que no coloquen en suspensi\u00f3n el ordenamiento legal cada vez que se crea que se est\u00e1 viviendo un momento excepcional.<\/p>\n<p>El investigador recuerda que los agentes de la ley necesitan actuar en el estricto cumplimiento de la ley, pero, afirma, que lo que se vio fue la atribuci\u00f3n de un estado de guerra, una situaci\u00f3n de excepci\u00f3n que justificaba un enfrentamiento casi hasta el erizamiento, de la ley. Fue una oportunidad m\u00e1s perdida de dar a la sociedad una clase magistral de respeto al Estado de derecho, respondiendo a los ataques criminosos no con arbitrariedad o legalidad dudosa, sino por medio de acciones inteligentes y que demostrasen ser la polic\u00eda moralmente superior a los actos de los bandidos.<\/p>\n<p>As\u00ed, los investigadores van en la direcci\u00f3n contraria del sentido com\u00fan, que ve el mantenimiento de los derechos civiles de los presos como dar cama blanda\u00a0 para bandido. Al contrario: es justamente la incapacidad del Estado en asegurar\u00a0 que est\u00e1 dispuesto en ley que provoca las fragilidades del sistema. La pena privativa de libertad no puede ser vista como la principal soluci\u00f3n para la criminalidad. Es preciso reducir las presiones, hoy fuertes en Brasil, para la construcci\u00f3n de nuevas vacantes, que son caras y generan una poblaci\u00f3n que s\u00f3lo crece. Reducir esa presi\u00f3n significa estimular otros mecanismos de condenas, las penas alternativas.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis hist\u00f3rico de las pol\u00edticas de seguridad revelan que seria igualmente imperioso que el conjunto de entidades que gravitan al rededor del sistema penitenciario (jueces, el ministerio p\u00fablico, consejos penitenciarios etc.) aumentase su eficiencia, ejerciendo un monitoreo efectivo de las prisiones que estimule un control democr\u00e1tico por todo el sistema de Justicia criminal. Talvez esa crisis pueda traer una se\u00f1al de alerta para que los estados busquen la organizaci\u00f3n de sus sistemas penitenciarios de forma mucho m\u00e1s consistente y eficiente, en que la ilegalidad en el ejercicio del cargo sea castigada?, observa.<\/p>\n<p>Para el soci\u00f3logo, uno de los factores esenciales para comprender el crecimiento de las facciones criminosas es su capacidad de envolver agentes del Estado que act\u00faan como policiales o que lidian con la custodia de presos. El facilitar las fugas, la connivencia con la entrada de armas de fuego, drogas, celulares y dinero son formas por las cuales esos agentes se envuelven con las organizaciones y permiten que ellas se desarrollen. Ya el director del Deic tiene otras preocupaciones. El PCC es hoy una organizaci\u00f3n extremadamente estructurada, que hace su recaudaci\u00f3n con cinco tesoreros diferentes que se reportan a un responsable, que es para que la polic\u00eda, a la hora en que capturar,\u00a0 no tomar todo. Seg\u00fan Bittencourt, Marcola tendr\u00eda dividido la capital en cuatro \u00e1reas de influencia y tendr\u00eda un representante en cada una de ellas, determinando todo lo que suceder\u00eda all\u00e1. Inclusive la provocaci\u00f3n del caos. Pero es necesario tomar cuidado con las generalizaciones.<\/p>\n<p><strong>Rutina<br \/>\n<\/strong>Un acontecimento excepcional, rompe la rutina carcelaria, hace que un asunto poco abordado por los medios merezca la atenci\u00f3n por meses. Pero como se habla poco de lo cotidiano de los presidios, cuando se enfatizan los acontecimientos extraordinarios que son los motines, se produce una imagen invertida de las penitenciarias, que pasan a ser representadas como locales donde no hay rutina, por obra de las manifestaciones violentas de los presos. Lo que es excepcional asume la apariencia de regla, anota la ge\u00f3grafa de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), Eda Maria G\u00f3es. Hasta porque exponer a la poblaci\u00f3n a la violencia continua demanda un precio elevado en la salud de los ciudadanos.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el impacto de esa exposici\u00f3n a una violencia que parece nunca terminar? En esa socializaci\u00f3n negativa, poco a poco se van perdiendo los interdictos morales contra el uso de la violencia, vista como forma de reparar da\u00f1os, de hacerse justicia, de protegerse contra amenazas reales o imaginarias, avisa la investigadora del NEV, Nancy C\u00e1rdia. Cuanto mayor la exposici\u00f3n a la violencia, menor la creencia en las fuerzas encargadas de aplicar las leyes y mayor el riesgo de cinismo en relaci\u00f3n a las leyes, y, parad\u00f3jicamente, mayor la aceptaci\u00f3n del arbitrio y de la violencia, de tal forma\u00a0 que aplicados contra sospechosos de la pr\u00e1ctica de delitos percibidos como muy graves.<\/p>\n<p>Todo ese cuadro llevar\u00eda a un proceso de aislamiento, de privatizaci\u00f3n, ya que las personas, aterrorizadas, tendr\u00edan que retirarse del espacio p\u00fablico, aisl\u00e1ndose y construyendo barreras que, en sentido contrario del deseado, las dejan a\u00fan m\u00e1s vulnerables. En un final, con apenas R$ 200, Marcola compr\u00f3 la declaraci\u00f3n de altas autoridades atr\u00e1s de puertas cerradas, dentro del Congreso Nacional.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Estudio revela que la violencia reciente del PCC tiene ra\u00edces antiguas","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-80583","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80583","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80583"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80583\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80583"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80583"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80583"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80583"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}