{"id":80597,"date":"2006-07-01T00:00:00","date_gmt":"2006-07-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/07\/01\/como-es-la-vida-silvestre-en-la-metropolis\/"},"modified":"2013-01-10T15:01:51","modified_gmt":"2013-01-10T17:01:51","slug":"como-es-la-vida-silvestre-en-la-metropolis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/como-es-la-vida-silvestre-en-la-metropolis\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo es la vida silvestre en la metr\u00f3polis"},"content":{"rendered":"<p>En las miles de calles de la ciudad de S\u00e3o Paulo habita m\u00e1s vida silvestre de lo que indican las palomas blancas, negras o grises que descansan sobre los cables y disputan migas de pan en las aceras, entorpeciendo el paso de los peatones apresurados. Las palomas constituyen tan s\u00f3lo una de las 433 especies de animales silvestres que se esparcen por el escaso de verde de la metr\u00f3polis, de acuerdo con el m\u00e1s reciente relevamiento de la fauna del municipio, dado a conocer a comienzos de junio por la Secretar\u00eda Municipal de Verde y Medio Ambiente (SVMA).<\/p>\n<p>En el transcurso de doce a\u00f1os, el equipo coordinado por la bi\u00f3loga Anelisa de Almeida Magalh\u00e3es, de la divisi\u00f3n de fauna de la SVMA, hall\u00f3 258 especies de aves, 58 de mam\u00edferos, 37 de reptiles, 2 de crust\u00e1ceos, 2 de ara\u00f1as y 40 de anfibios en las 48 \u00e1reas verdes que resisten entre el concreto y el asfalto de la ciudad. Es probable que la mayor\u00eda de los paulistanos no sepa diferenciar una paloma dom\u00e9stica de otro tipo, como la &#8220;jurit\u00ed&#8221;, ni que haya notado en los jardines de los edificios la existencia de los zorzales colorados, de pecho rojizo y canto pausado y triste.<\/p>\n<p>Pero quienes se interesan y aprecian la fauna silvestre paulistana no necesitan para ello salir de la ciudad. En el Parque do Ibirapuera, el m\u00e1s conocido y uno de los m\u00e1s grandes de la capital, hay 142 especies de aves, de las m\u00e1s f\u00e1cilmente identificables como la garza blanca (Ardea alba) y el ruidoso tero com\u00fan (Vanellus chilensis) a las m\u00e1s raras, como el p\u00e1jaro carpintero de copete amarillo (Celeus flavescens) o el cardenal de copete rojo (Paroaria coronata), con su elegante penacho. Entre las 134 especies que habitan el Parque do Carmo, en la zona este de la capital, vive el chifl\u00f3n (Syrigma sibilatrix), de cara azulada y torso gris\u00e1ceo, el pato sirir\u00ed (Dendrocygna viduata) y el b\u00faho coronado cariblanco (Rhinoptynx clamator), al margen de otras 114 especies de aves.<\/p>\n<p>Con algo de suerte, el visitante puede hasta depararse con el &#8220;caxinguel\u00ea&#8221; (Sciurus ingrami), la versi\u00f3n brasile\u00f1a de las ardillas del Hemisferio Norte, o incluso con alg\u00fan venado gris (Mazama gouazoubira), especie actualmente amenazada de extinci\u00f3n. En el extremo sur de la metr\u00f3polis, donde los edificios y las casas a\u00fan no se han impuesto completamente a la vegetaci\u00f3n natural, el equipo de Anelisa hall\u00f3 rastros de un mam\u00edfero mucho m\u00e1s grande: el temible puma u onza colorada (Puma concolor capricornensis), tambi\u00e9n en riesgo de desaparici\u00f3n de la naturaleza.<\/p>\n<p>No es casual que las aves sean el grupo m\u00e1s abundante, hallado incluso donde la concentraci\u00f3n de edificios es elevada y el verde no pasa de unas suaves pinceladas en el escenario. Una comparaci\u00f3n entre las aves de diez parques de la capital apunta una explicaci\u00f3n. Las especies predominantes en dichas \u00e1reas son las menos exigentes con relaci\u00f3n al tipo de alimento disponible: se alimentan tanto de frutos y semillas como de insectos. &#8220;En estos diez parques, el 60% de las especies tiene una dieta bastante variada, lo que puede favorecer la adaptaci\u00f3n de las mismas al ambiente modificado por la presencia humana&#8221;, dice la bi\u00f3loga Marina Somenzari, autora del estudio.<\/p>\n<p>M\u00e1s que guiar la mirada de los paulistanos entre las alamedas de los bosques de la capital, el relevamiento de la fauna silvestre del municipio ha de ayudar en el trabajo de los bi\u00f3logos y veterinarios de la SVMA. Sucede que la secretar\u00eda administra la principal guardia de la fauna silvestre de S\u00e3o Paulo: el vivero Manequinho Lopes, protegido en un \u00e1rea de acceso restringido del Parque do Ibirapuera, donde la mona Binha y otros 23 compa\u00f1eros de pelaje casta\u00f1o rojizo pasan una temporada, mientras que no les llega el momento de regresar a la naturaleza. &#8220;Este inventario es fundamental para orientar la reintroducci\u00f3n de estos animales a su ambiente natural&#8221;, afirma Vilma Geraldi, directora de la divisi\u00f3n de fauna de la secretar\u00eda, que administra el vivero cuyo nombre homenajea al empleado p\u00fablico Manuel Lopes de Oliveira, quien en la d\u00e9cada de 1920 plant\u00f3 centenares de eucaliptos en el Ibirapuera para drenar el terreno pantanoso y permitir la creaci\u00f3n del parque.<\/p>\n<p>All\u00ed todos los meses llegan unos 170 animales -monos, tit\u00edes, canarios y tortugas, entre otros- en manos de la poblaci\u00f3n, de los bomberos o rescatados por agentes de la polic\u00eda forestal en operaciones de combate contra el tr\u00e1fico de animales silvestres.\u00a0 En el estado de S\u00e3o Paulo se decomisaron el a\u00f1o pasado 30 mil animales silvestres, una poblaci\u00f3n diez veces mayor que la del zool\u00f3gico paulistano, el m\u00e1s grande de Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>&#8220;Para devolver estos animales al ambiente al que pertenecen, era necesario primeramente conocer de qu\u00e9 manera las diferentes especies se distribuyen en las \u00e1reas verdes de S\u00e3o Paulo&#8221;, explica Anelisa, quien hace 12 a\u00f1os trabaja en la identificaci\u00f3n de la fauna silvestre de la localidad, una tarea que no se concluye con la publicaci\u00f3n del inventario.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La ciudad de S\u00e3o Paulo alberga 433 especies de animales salvajes, de zorzales a monos y pumas","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[105],"class_list":["post-80597","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80597","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80597"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80597\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80597"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80597"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80597"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80597"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}