{"id":80604,"date":"2006-07-01T00:00:00","date_gmt":"2006-07-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/07\/01\/sangre-y-arena\/"},"modified":"2015-03-20T16:07:56","modified_gmt":"2015-03-20T19:07:56","slug":"sangre-y-arena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/sangre-y-arena\/","title":{"rendered":"Sangre y arena"},"content":{"rendered":"<p>&#8220;Pan y circo&#8221; es el emperador de los lemas, usado para atacar desde al Mundial de F\u00fatbol hasta al presidente de la Naci\u00f3n; un s\u00edmbolo de un pueblo &#8220;idiotizado&#8221; y clientelista, que se deja comprar por muy poco. De derecha a izquierda, la imagen proveniente de los tiempos de los romanos sirve como forma de fustigar a los pol\u00edticos, la mayor\u00eda de las veces sin que el atacante se de cuenta del menosprecio a los ciudadanos impl\u00edcito en la frase, robada de su contexto, una\u00a0 de las S\u00e1tiras del poeta Juvenal (67 d.C.-130 d.C.). Pero, para combatir un clich\u00e9, nada mejor que otro (con permiso del fil\u00f3sofo Santayana, su creador): &#8220;Aqu\u00e9llos que no recuerdan su pasado est\u00e1n condenados a repetirlo&#8221;. &#8220;Desplazada de su contexto, la m\u00e1xima de Juvenal nos remite a la tentadora posibilidad de ver a los romanos como desinteresados en los acontecimientos pol\u00edticos y amantes de los placeres de acceso f\u00e1cil&#8221;, afirma Renata Garraffoni, autora de la tesis doctoral intitulada T\u00e9cnica y destreza en las arenas romanas: una lectura de la gladiadura en el apogeo del imperio, defendida en la Unicamp.<\/p>\n<p>&#8220;M\u00e1s que reforzar la idea del gusto por el pan y el circo, el sexo y la violencia, es necesario crear alternativas a la idea predominante de una masa manipulada por la elite y poner de relieve las distintas formas de relaciones sociales en la Roma antigua, que son creativas, \u00fanicas y sorprendentes&#8221;, explica. Aqu\u00e9llos que no estudian bien el pasado est\u00e1n condenados a repetir la misma tonter\u00eda. &#8220;La idea del pan y circo no hace sino valorar un solo aspecto de los munera (los juegos de los gladiadores en la arena), esto es, el de la manipulaci\u00f3n pol\u00edtica. Se ha hablado de ociosidad, de parasitismo del Estado, de violencia y de placeres, pero poco se ha dicho sobre el cotidiano de estas personas que combatieron, lo que nos lleva a pensar en los l\u00edmites de estas interpretaciones que aprisionan la diversidad de los sujetos, impidiendo que los mismos sean agentes de su historia&#8221;, advierte Renata. La investigadora, al hablar del pasado, revela de qu\u00e9 manera los historiadores, con la visi\u00f3n moderna del siglo XIX, muestran a la poblaci\u00f3n romana desmoralizada y decadente, el &#8220;populacho&#8221; que pod\u00eda ser controlado a gusto por el gobernante, pues prefer\u00eda ir los juegos y no trabajar.<\/p>\n<p>Curiosamente, el mismo prejuicio permea las cr\u00edticas modernas, que tratan a la poblaci\u00f3n de la misma manera &#8220;idiotizada&#8221;. &#8216;En el siglo XIX, cuando el historiador alem\u00e1n Friedl\u00e4nder emplea el dicho de Juvenal sobre panem et circenses para analizar el aspecto cultural de esta sociedad, lo hace a partir de su experiencia, es decir, en un contexto de desarrollo capitalista en que se valora el trabajo al m\u00e1ximo y se presenta el ocio como una potencial amenaza a orden establecida&#8221;, explica. &#8220;En el propio texto, \u00e9l compara a los marginados romanos con los modernos, revelando m\u00e1s la preocupaci\u00f3n moderna con el desempleo y la indignaci\u00f3n que acomet\u00eda a las ciudades de su momento que el concepto romano en s\u00ed&#8221;. Para Renata, la expresi\u00f3n naci\u00f3 del an\u00e1lisis de un texto antiguo a partir de la \u00f3ptica burguesa, generalizando una imagen sat\u00edrica antigua y convirti\u00e9ndola en una categor\u00eda anal\u00edtica que se fue cristalizando en la historiograf\u00eda como concepto. Y en las mentes de muchos, como una imagen eterna del pueblo como &#8220;masa embrutecida&#8221;.<\/p>\n<p><strong>Arenas<br \/>\n<\/strong>Renata eval\u00faa que en un momento hist\u00f3rico en que la violencia es cuestionada y tenida como algo que debe ser extirpado, cuando la paz social es un anhelo y la protecci\u00f3n de los animales y la naturaleza crean nuevos estilos de vida; pensar que, en una \u00e9poca, centenares de hombres y animales mor\u00edan en las arenas causa malestar en nuestro mundo contempor\u00e1neo. Parad\u00f3jicamente, lo que nos asquea tambi\u00e9n puede servir como forma de identificaci\u00f3n y est\u00edmulo. &#8220;En general los perfiles de los gladiadores no tienen asidero hist\u00f3rico, sino que se inspiran en conductas morales de la sociedad capitalista, donde que predomina la universalizaci\u00f3n de valores contempor\u00e1neos como la victoria, la felicidad como consecuencia de la realizaci\u00f3n profesional y el \u00e9xito econ\u00f3mico, y \u00e9stos se env\u00edan al pasado para comprobar de qu\u00e9 modo desde la Antig\u00fcedad eran inherentes a la \u00edndole del hombre&#8221;, recuerda la historiadora. \u00bfQui\u00e9nes eran ellos?<\/p>\n<p>Los munera ten\u00edan su origen en los rituales de sacrificio destinados al esp\u00edritu de los muertos, para los que, seg\u00fan se cre\u00eda, era necesario ofrecer sangre. Se introdujeron en Roma, siendo de origen etrusco, en el a\u00f1o 264 a.C., cuando los hijos de Junius Brutus honraron a su padre muerto con tres pares de gladiadores en combate. En el a\u00f1o 65 a.C., C\u00e9sar, para homenajear al padre muerto veinte a\u00f1os antes, junt\u00f3 320 parejas de luchadores en trajes de plata y solo no fueron m\u00e1s porque el Senado conden\u00f3 tama\u00f1o exceso. As\u00ed, durante la Rep\u00fablica, los juegos eran financiados por particulares, y paulatinamente el significado religioso dio lugar a la exhibici\u00f3n de riqueza y poder, lo que dot\u00f3 de un car\u00e1cter abiertamente pol\u00edtico a las luchas. Los emperadores, d\u00e1ndose cuenta de tal potencial, enseguida tomaron para s\u00ed la exclusividad de la organizaci\u00f3n del munera, a punto tal que el poeta Tertuliano ironiz\u00f3 el evento: &#8220;pas\u00f3 de ser un homenaje a los muertos a una glorificaci\u00f3n de los vivos&#8221;. Entre los luchadores, hab\u00eda desde esclavos delincuentes a hombres libres y mujeres, incluidos muchas veces nobles patricios, senadores y hasta emperadores.<\/p>\n<p>El principio no era la carnicer\u00eda descarada, sino la exhibici\u00f3n de la virtus, del valor, de la capacidad de un gladiador para vencer en condiciones de igualdad a su oponente de manera justa. Tampoco todas las justas llevaban a la muerte. La investigadora comenta que, al estudiar l\u00e1pidas en Pompeya, se descubri\u00f3 que muchos de ellos mor\u00edan a edad avanzada, lejos de las arenas. &#8220;Al contrario de lo que se ve en las pel\u00edculas, las luchas no se destinaban a la mera diversi\u00f3n del pueblo, ni la lucha era hasta la muerte. Esos espect\u00e1culos fueron importantes en la afirmaci\u00f3n de la ciudadan\u00eda romana&#8221;, revela el arque\u00f3logo de la USP Pedro Paulo Funari. &#8220;Era siempre la lucha de la civilizaci\u00f3n contra la barbarie, el ser humano contra el animal, el justo contra el injusto, un medio p\u00fablico de mostrar que la sociedad domina a las fuerzas de la naturaleza y de la perversi\u00f3n social&#8221;. Al final de un combate, el perdedor se sacaba el yelmo y ofrec\u00eda su cuello al vencedor, quien, no obstante, no ten\u00eda poder para determinar la muerte de \u00e9ste.<\/p>\n<p>&#8220;La decisi\u00f3n no estaba tampoco en manos del emperador, sino en las de la multitud, lo que testifica un acto de soberan\u00eda popular que solamente tendr\u00eda parang\u00f3n en el mundo moderno con los referendos o plebiscitos, donde todos se manifiestan. Si en las elecciones las mujeres no pod\u00edan votar, en la arena, todos pod\u00edan dar su palabra, algo que la ciudadan\u00eda moderna reci\u00e9n alcanzar\u00eda en el siglo XX&#8221;, observa Funari. El bajar el pulgar (que, al contrario del sentido com\u00fan, significaba dejar vivo al perdedor, en un movimiento que imitaba el envainar la espada) o levantarlo (apuntando a la garganta, indicando que se deber\u00eda matar al vencido) no eran meros caprichos, sino que obedec\u00edan a un sentido de humanitas romano, para quien la principal cuesti\u00f3n para perdonarle la vida al perdedor era que \u00e9ste hubiera demostrado gran valent\u00eda. &#8220;En todas partes, en ciudades grandes o peque\u00f1as, en el Mediterr\u00e1neo o en las fronteras, la arena representaba un lugar de afirmaci\u00f3n de la ciudadan\u00eda y de la justicia, donde la palabra final estaba en manos de aquellos que all\u00ed se reun\u00edan, hombres y mujeres, ricos o pobres&#8221;, dice el historiador.<\/p>\n<p>El propio Juvenal, pese al contumaz estilo hiperb\u00f3lico de sus S\u00e1tiras, pensaba lo mismo. Cuando dice que &#8220;el pueblo conced\u00eda mando, honor y legiones&#8221; y &#8220;ahora se limita y desea ansioso s\u00f3lo dos cosas: pan y circo&#8221;, a decir verdad el poeta est\u00e1 desarrollando un razonamiento cr\u00edtico con relaci\u00f3n a aqu\u00e9llos que piden cosas vanas a los dioses, cuando ser\u00eda mejor que deseasen la virtud. &#8220;En este sentido, podemos suponer que la imagen degradada de la plebe se encuentra en un contexto m\u00e1s amplio para componer un texto al mismo tiempo divertido y moral. As\u00ed, creemos que la cr\u00edtica de Juvenal no apunta al otium (el ocio), valor que era apreciado por la aristocracia de la cual de la cual \u00e9l mismo formaba parte, sino a los placeres mundanos que, en exceso, le impiden al ciudadano una participaci\u00f3n activa en su universo social&#8221;, analiza Renata. Lo que el siglo XIX interpret\u00f3 a su modo, el siglo XX repiti\u00f3 y el siglo XXI parlotea, muchas veces juntando el ideal de que el cristianismo &#8220;salv\u00f3&#8221; al pueblo degenerado romano de esa vida profana, nefasta y violenta.<\/p>\n<p><strong>Las capas populares<br \/>\n<\/strong> En el sustrato de todo se encuentra la posici\u00f3n elitista de la visi\u00f3n negativa de las capas populares que a\u00fan sigue viva entre nosotros. &#8220;El \u00e9nfasis recae sobre aqu\u00e9llos que organizan el evento y, cuando se desplaza la mirada a esas capas pobres, se las interpreta como un coro \u00fanico de voces. Aun cuando sea para cuestionar o exigir sus derechos, las capas populares son retratadas de manera homog\u00e9nea, sintetizada, casi siempre en la oposici\u00f3n pueblo-gobernante. Se comenta muy poco la figura de aqu\u00e9llos sobre los que todos las miradas converg\u00edan: los gladiadores&#8221;, recuerda la investigadora. Otro punto importante de mal entendimiento es el aspecto material de los juegos y las luchas: la arena. La historiadora advierte que tomamos como par\u00e1metro los anfiteatros que quedaron, de piedra (cuando que en general eran de madera), en especial el Amphiteatrum Flavium, el Coliseo, construido reci\u00e9n en el a\u00f1o 80 d.C., siglos despu\u00e9s del comienzo de la pr\u00e1ctica de los munera. A partir del tama\u00f1o de la construcci\u00f3n, advierte, tendemos a sobrevaluar la grandiosidad de los espect\u00e1culos y a imaginar ba\u00f1os de sangre igualmente colosales.<\/p>\n<p>&#8220;Cinco siglos separan al primero del \u00faltimo combate presenciado por los romanos. Son fen\u00f3menos hist\u00f3ricos, construidos y reinterpretados de distintas maneras a lo largo del per\u00edodo en que se sucedieron&#8221;, afirma. &#8220;No siempre el gladiador perec\u00eda y, aun cuando muriera en combate, las relaciones entre la muerte y la sangre en esa sociedad divergen de las nuestras. Un estudio sobre los munera debe tener en cuenta que \u00e9stos se desarrollaron en un ambiente esclavista y altamente militarizado&#8221;. Por ende, los anfiteatros y sus\u00a0 extensiones expresan y constituyen cotidianamente estos valores. &#8220;Los espect\u00e1culos romanos pod\u00edan analizarse como una especie de comunicaci\u00f3n entre los individuos que brinda el sentimiento de participar en la construcci\u00f3n de orden del mundo&#8221;. Hab\u00eda incluso &#8220;competencia de hinchadas&#8221;, que revelaban en el conflicto entre los espectadores de los juegos las propias contradicciones sociales de la sociedad romana. Nada m\u00e1s lejos que la supuesta pasividad del pan y circo.<\/p>\n<p>Pese a tener sus cr\u00edticos, en particular en las clases m\u00e1s intelectualizadas, las luchas eran valoradas tambi\u00e9n por las cabezas pensantes, por su resultado en la psiquis del pueblo romano. &#8220;Al presenciar p\u00fablicamente los castigos en la arena, los ciudadanos se sent\u00edan seguros de que el orden social hab\u00eda sido restaurado. As\u00ed es como los juegos reafirmaban el orden moral y pol\u00edtico de las cosas y la muerte de criminales y animales era el restablecimiento real y simb\u00f3lico de una sociedad bajo amenaza. En la arena, la civilizaci\u00f3n triunfaba sobre la barbarie&#8221;, explica la historiadora alemana Cordelia Ewigleben, autora del libro Gladiators and Caesars. &#8220;Los gladiadores demostraban el poder de superar la muerte e inspiraban en el p\u00fablico las virtudes de coraje y disciplina. Aqu\u00e9l que no sab\u00eda luchar y morir con coraje deshonraba a la sociedad que intentaba redimirlo y redimirse. De all\u00ed la poca simpat\u00eda por los luchadores que valoraban demasiado su vida&#8221;, comenta.<\/p>\n<p>En tal contexto, al testimoniar de qu\u00e9 manera estos hombres enfrentaban la necesidad de la muerte, al ver lo que m\u00e1s tem\u00edan, los romanos se confrontaban con su propia mortalidad y triunfaban. El orden de las cosas se equilibraba y la muerte era vencida; al fin y al cabo, al luchar bravamente y con argucia, el gladiador podr\u00eda demostrar el valor suficiente como para ganar su salvaci\u00f3n. Al morir sin protestar, igualmente la adquir\u00eda. En una sociedad en la cual tres de cada cinco personas mor\u00edan antes de cumplir los veinte a\u00f1os, y en donde las posibilidades de que un gladiador profesional muriera eran de una en diez, esto no era poca cosa. Con o sin pan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El estudio de los antiguos gladiadores ayuda a entender la sociedad actual","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-80604","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80604","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80604"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80604\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80604"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80604"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80604"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80604"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}