{"id":80638,"date":"2006-09-01T10:50:00","date_gmt":"2006-09-01T13:50:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/09\/01\/a-traves-del-muro\/"},"modified":"2015-07-17T13:02:25","modified_gmt":"2015-07-17T16:02:25","slug":"a-traves-del-muro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/a-traves-del-muro\/","title":{"rendered":"A trav\u00e9s del muro"},"content":{"rendered":"<p><em>* Carlos Fioravanti estuvo en La Jolla por invitaci\u00f3n del Instituto de las Am\u00e9ricas. Mariana M. Estens es periodista del diario Frontera, de Tijuana.<\/em><br \/>\nAll\u00ed est\u00e1 la frontera de Estados Unidos con M\u00e9xico: un vallado de placas met\u00e1licas verdes de cuatro metros de altura se extiende hasta perderse de vista. Dos m\u00f3viles de la polic\u00eda se mueven sin parar a lo largo de esta barrera ?imponente, pero a su vez insuficiente para mantener la separaci\u00f3n efectiva entre dos mundos muy distintos a orillas del Pac\u00edfico. De un lado, en California, uno de los estados m\u00e1s ricos de Estados Unidos, se esparce la ciudad de La Jolla, con sus anchas y as\u00e9pticas calles y un shopping al aire libre un outlet pegado a esta barrera. Los compradores entran y salen de las amplias tiendas de ropas, perfumes y calzados. Andan con sus bolsas bajo el fuerte sol de julio como si ni siquiera vieran el muro; mucho menos lo que se esconde del otro lado: las calles estrechas y las casitas que cubren los cerros de la vecina ciudad de Tijuana, una de las m\u00e1s grandes de M\u00e9xico. All\u00ed viven temporalmente pero durante muchos a\u00f1os? los inmigrantes que son expulsados de Estados Unidos y que no tienen dinero para volver a sus tierras de origen, adem\u00e1s de aqu\u00e9llos que alimentan la esperanza de ingresar en el pa\u00eds m\u00e1s rico del mundo.<\/p>\n<p>Los que no se aventuran a correr el riesgo de morir atravesando esta versi\u00f3n moderada del Muro de Berl\u00edn puede ir de un pa\u00eds a otro presentando sus documentos en alguno de los veinte puestos de frontera, distribuidos a lo largo de los tres mil kil\u00f3metros de barreras que cortan \u00e1reas urbanas, r\u00edos y desiertos. El flujo es intenso. Anualmente, 350 millones de personas un mill\u00f3n de personas por d\u00eda en promedio atraviesan los puestos de un lado al otro, con autorizaci\u00f3n para trabajar, dejar a los hijos en la escuela e ir de compras, al m\u00e9dico o al cine. Es una de las fronteras m\u00e1s movidas del mundo, y eso sin contar a los inmigrantes ilegales aproximadamente un mill\u00f3n por a\u00f1o, que intentan pasar escondidos en coches o cavando t\u00faneles por debajo de la empalizada para retar a la suerte en Estados Unidos. Cuando lo logran, como sucedi\u00f3 con los personajes de la novela brasile\u00f1a Am\u00e9rica, transmitida el a\u00f1o pasado por la TV Globo, algunos inmigrantes marchan hacia zonas m\u00e1s lejanas, en tanto que otros se quedan por ah\u00ed. Solamente en California, uno de los estados norteamericanos fronterizos con M\u00e9xico, viven unos nueve millones de habitantes extranjeros, un mill\u00f3n y medio de ellos ilegalmente.<\/p>\n<p>Por esas mismas brechas se propagan virus y bacterias en la zona. Las franjas de 100 kil\u00f3metros ubicadas al norte y al sur de la frontera exhiben mucho m\u00e1s casos nuevos de enfermedades infecciosas que el interior de cada uno de ambos pa\u00edses. Timothy Doyle y Ralph Bryan, investigadores de los Centros de Control y Prevenci\u00f3n de Enfermedades (CDC, por sus siglas en ingl\u00e9s), arribaron a conclusiones impresionantes al comparar la incidencia de 22 enfermedades infecciosas de notificaci\u00f3n obligatoria en tres diferentes \u00e1reas de Estados Unidos. La primera es la regi\u00f3n ubicada m\u00e1s cerca de la frontera, donde viven actualmente 9,8 millones de personas; la segunda es una franja que atraviesa el interior de Estados Unidos habitada por alrededor de 45 millones de personas; la tercera es la m\u00e1s distante, ocupada por otros 203 millones. La fracci\u00f3n oeste de las tres franjas incluye tierras que alguna vez pertenecieron a M\u00e9xico. Mediante acuerdos o guerras, Estados Unidos se apoder\u00f3 de dos millones de kil\u00f3metros cuadrados del pa\u00eds vecino, el equivalente a una cuarta parte del territorio brasile\u00f1o.<\/p>\n<p>Los contrastes en el campo de la salud se acent\u00faan m\u00e1s entre la zona ubicada m\u00e1s cerca de la frontera con M\u00e9xico y la m\u00e1s lejana, que re\u00fane principalmente a los estados vecinos a otro pa\u00eds, Canad\u00e1. En el territorio estadounidense m\u00e1s cercano a M\u00e9xico es ocho veces m\u00e1s alta la tasa de personas que padecen brucelosis, una enfermedad bacteriana causada por la ingesta de carne o leche contaminadas, y siete veces mayor la de botulismo, otra afecci\u00f3n de origen bacteriana, transmitida por los alimentos industrializados en mal estado o que se consumen una vez que ha vencido su fecha de validez. La cantidad de enfermos con la enfermedad de Hansen es cinco veces m\u00e1s alta, la de sarampi\u00f3n cuatro veces y la de hepatitis A, 3,8 veces.<\/p>\n<p>De estas comparaciones entre los habitantes de ambas regiones fronterizas de Estados Unidos emerge la cara menos glamourosa del pa\u00eds m\u00e1s rico del mundo, la de la pobreza. Cinco de las 14 regiones administrativas (o counties, como se las llama en ingl\u00e9s) m\u00e1s pobres de Estados Unidos se ubican en la zona fronteriza de Texas con M\u00e9xico. Las diferencias en los \u00edndices de enfermedades persistieron aun cuando se adopt\u00f3 la etnicidad como criterio de an\u00e1lisis. Las tasas de hepatitis A, por ejemplo, son dos veces m\u00e1s altas entre los habitantes de origen latino que entre los no latinos. Contribuyen a este resultado no solamente las condiciones socioecon\u00f3micas diferenciadas, sino tambi\u00e9n los h\u00e1bitos culturales: los latinos son mucho m\u00e1s afectos a los besos y a los abrazos ?en definitiva, al contacto f\u00edsico que los norteamericanos t\u00edpicos.<\/p>\n<p>Los altos \u00edndices de enfermedades infecciosas en la frontera de Estados Unidos con M\u00e9xico denuncian la falta de profesionales de la salud, hospitales y atenci\u00f3n m\u00e9dica adecuada, ya que muchas de estas afecciones podr\u00edan evitarse: la aparici\u00f3n de enfermedades que pueden prevenirse por medio de vacunas, como el sarampi\u00f3n, la difteria y el t\u00e9tanos, es dos veces m\u00e1s elevada en la \u00e1reas m\u00e1s cercanas a M\u00e9xico que en las m\u00e1s distantes. En segundo lugar, el cuadro que emerge de este estudio, publicado en septiembre de 2000 en el Journal of Infectious Diseases y uno de los m\u00e1s abarcadores que ya hayan hecho hasta ahora, exponen las fallas en el saneamiento b\u00e1sico. No hay agua potable ni sistema de alcantarillado en los 2.500 asentamientos informales establecidos a lo largo de la frontera, conocidos como colonias, que re\u00fanen aproximadamente a 500 mil personas. El agua subterr\u00e1nea que circula de un pa\u00eds a otro est\u00e1 contaminada con bacterias causantes de enfermedades infecciosas.<\/p>\n<p><strong>Las dos hermanas<br \/>\n<\/strong>Aunque est\u00e1 regi\u00f3n est\u00e1 cortada por una frontera es una sola desde el punto de vista biol\u00f3gico, ecol\u00f3gico y geol\u00f3gico, comenta Exequiel Ezcurra, director del Museo de Historia Natural de San Diego, mientras dirige su mirada a un grupo de ni\u00f1os que desmontan y montan maquetas de dinosaurios, que vivieron ac\u00e1 hace millones de a\u00f1os. Tijuana y San Diego, la metr\u00f3polis regional de California a la cual La Jolla se fusion\u00f3, son hoy ciudades hermanas y forman una mancha urbana de casi diez millones de habitantes. Es la mayor \u00e1rea metropolitana binacional de Norteam\u00e9rica, signada por contrastes econ\u00f3micos: el ingreso promedio anual de los habitantes de San Diego es de casi 30 mil d\u00f3lares, cinco veces mayor que el de los vecinos de Tijuana.<\/p>\n<p>San Diego constituye la regi\u00f3n m\u00e1s pr\u00f3spera ubicada a lo largo de la frontera. Es un centro de industrias ligadas a las telecomunicaciones, la agricultura y la biotecnolog\u00eda, y adem\u00e1s es un polo tur\u00edstico, con hermosas playas, pese a que el agua del Pac\u00edfico ah\u00ed est\u00e1 casi siempre helada y no siempre est\u00e1 limpia. Principalmente despu\u00e9s de las intensas lluvias de fin de a\u00f1o, el r\u00edo Tijuana, que ba\u00f1a el norte de M\u00e9xico y una parte de California, vierte en el mar una carga superior a la normal de desag\u00fces domiciliarios y residuos industriales, que oscurecen las aguas que llegan a las playas de la vecina californiana.<\/p>\n<p>La planificaci\u00f3n urbana, que podr\u00eda detener la contaminaci\u00f3n, se hace m\u00e1s dif\u00edcil debido a las peculiaridades de Tijuana. De sus casi cuatro millones de habitantes, al menos un mill\u00f3n corresponde a moradores temporales porque a\u00fan sue\u00f1an con cruzar la frontera, porque no lo lograron o incluso porque ya han sido deportados. Los que viven en Tijuana no echan ra\u00edces o parece como que no quieren echarlas porque no se sienten enlazados a la ciudad, hasta despu\u00e9s de veinte o treinta a\u00f1os. El \u00edndice de desempleo es cero, pero la mayor\u00eda de los habitantes trabaja en ensambladoras que se benefician con la mano de obra abundante, pagando bajos salarios. Pese a las precarias condiciones laborales, los habitantes temporales que trabajan en las centenas de ensambladoras de artefactos electr\u00f3nicos o m\u00e9dicos instaladas en la regi\u00f3n del norte de M\u00e9xico conocida como Baja California se arriesgan a un posible despido si es que osan agremiarse en los sindicatos.<\/p>\n<p>Tijuana puede ser angustiante, triste o violenta, pero jam\u00e1s aburrida. Esta ciudad de pocos edificios y muchos comercios de fachadas de colores se vuelve a\u00fan m\u00e1s viva con los festivales anuales de m\u00fasica y sushi. All\u00ed van los norteamericanos en busca de bebidas m\u00e1s baratas, permitidas en los bares mexicanos a los mayores de 18 a\u00f1os, mientras que en Estados Unidos el l\u00edmite de edad es de 21 a\u00f1os. La mayor\u00eda de los bares abre sus puertas tambi\u00e9n a los menores de edad, aunque a riesgo de tener que pagar pesadas multas. Otra motivaci\u00f3n para ir a Tijuana es la compra de drogas o remedios, o para someterse a cirug\u00edas que en Estados Unidos ser\u00edan mucho m\u00e1s caras: la extracci\u00f3n de un tumor costar\u00eda siete mil d\u00f3lares en California, pero menos de tres mil en Tijuana. Entre compra y compra, los visitantes estadounidenses dejan all\u00ed unos 800 millones de d\u00f3lares anuales.<\/p>\n<p><strong>Los hombres de la frontera<br \/>\n<\/strong>Como la mayor\u00eda de las ciudades de frontera, Tijuana tiene una poblaci\u00f3n predominantemente masculina. Los inmigrantes llegan solos y tienen sexo de riesgo con mujeres o con otros varones. El resultado de esto es la contracci\u00f3n de enfermedades sexualmente transmisibles que se propagan libremente, especialmente el Sida. De acuerdo con un estudio coordinado por Kimberly Brouwer, de la Universidad de California con sede en San Diego (UCSD), publicado en marzo de este a\u00f1o en el Journal of Urban Health, uno de cada 125 habitantes de Tijuana con edades entre 15 y 49 a\u00f1os es portador del VIH, el virus causante del Sida. La mayor\u00eda (el 70%) corresponde a varones que tienen sexo con varones. Luego se ubican los usuarios de drogas inyectables.<\/p>\n<p>La m\u00e9dica epidemi\u00f3loga Mar\u00eda Luisa Z\u00fa\u00f1iga, de la UCSD, coordin\u00f3 un equipo que entrevist\u00f3 a 354 varones portadores del VIH que admit\u00edan tener sexo con otros hombres. La primera constataci\u00f3n, que obstaculiza las campa\u00f1as de prevenci\u00f3n del Sida, apunta que \u00e9stos no se consideran homosexuales sino heterosexuales. Para ellos la homosexualidad es un estilo de vida con el cual no se identifican, coment\u00f3 Mar\u00eda Luisa en julio, durante una das conferencias del programa de periodismo cient\u00edfico Jack Ealy, organizado por el Instituto de las Am\u00e9ricas en La Jolla. El comportamiento sexual puede ser distinto de la identidad sexual, dijo. Esta distinci\u00f3n puede ayudar a los m\u00e9dicos a entender y a detener el avance de la enfermedad en la regi\u00f3n fronteriza. De acuerdo con este estudio, casi la mitad de estos hombres va a San Diego o a Tijuana una o dos veces por mes, diluy\u00e9ndose entre la multitud de aproximadamente 42 mil personas que cruzan la frontera diariamente.<\/p>\n<p>Como los inmigrantes son los habitantes de Tijuana que tienen mayor riesgo de contraer el VIH, el gobierno mexicano dio inicio a una campa\u00f1a radial destinada a promover los test gratuitos de VIH, con el prop\u00f3sito de detectar a las personas infectadas e iniciar el tratamiento lo m\u00e1s r\u00e1pido posible. La campa\u00f1a pone de relieve que La prueba del VIH es para gente que piensa que no la necesita. Pero no ha sido f\u00e1cil avanzar. Cualquiera que sospeche que puede ser un portador del virus sabe que, si lo tuviera realmente, podr\u00eda perder el trabajo, los amigos y quiz\u00e1 tambi\u00e9n a la propia familia. En las ciudades mexicanas cercanas a Estados Unidos hay otra raz\u00f3n para posponer el test: Cuando la gente descubre que tienen el virus,\u00a0 puede perder la autorizaci\u00f3n para atravesar la frontera, dice Mar\u00eda Luisa, una de las coordinadoras de un proyecto en el marco del cual se pretende expandir el acceso por parte de las personas con VIH y Sida a los servicios de salud en San Diego y Tijuana. Incluso en Estados Unidos, el 40% de los infectados desconoce tal situaci\u00f3n con relaci\u00f3n al virus.<\/p>\n<p>Otro problema es que los habitantes temporales de Tijuana, debido al hecho de que no tienen el h\u00e1bito de usar preservativos, pueden contaminar a sus esposas con el VIH al volver a casa. El virus se esparce encubierto por el silencio y la negaci\u00f3n de la posibilidad de haber contra\u00eddo la enfermedad, que normalmente se plantea o se confunde con una anemia. La salida m\u00e1s com\u00fan es esconder la enfermedad hasta el \u00faltimo minuto, cuando ya puede haberse producido la contaminaci\u00f3n de muchas otras personas.<\/p>\n<p>Y en el aire flota otro peligro: las bacterias causantes de las tuberculosis, afecci\u00f3n que se propaga por todo el mundo en la estela del Sida y la pobreza. Es una enfermedad end\u00e9mica en Tijuana debido al clima sumamente h\u00famedo y de los numerosos y vastos asentamientos de habitantes temporales. Asimismo, los migrantes tienen muchas dificultades para acceder a los m\u00e9dicos del Seguro social, que es la estructura de atenci\u00f3n m\u00e9dica que brinda el gobierno mexicano, cuando vienen de otro estado sin un documento de identidad oficial. Mientras que Estados Unidos registra tan s\u00f3lo cinco casos de tuberculosis por cada 100 mil personas, la zona de la Baja California registra de 50 a 60 por cada grupo de 100 mil habitantes. Es casi el doble de la actual media mexicana, que hab\u00eda ca\u00eddo en la d\u00e9cada de 1990 y volvi\u00f3 a elevarse durante los \u00faltimos a\u00f1os, debido a la menor atenci\u00f3n a las campa\u00f1as de prevenci\u00f3n y tratamiento.<\/p>\n<p>La tuberculosis no perdona, comenta el m\u00e9dico neum\u00f3logo Rafael Laniado-Labor\u00edn, de la Universidad Aut\u00f3noma de Baja California, en Tijuana. En el marco de un estudio publicado en mayo de este a\u00f1o en la revista Infection Control and Hospital Epidemiology, Laniado-Labor\u00edn y Mar\u00eda Noemi Cabrales-Vargas informan sobre 18 casos de tuberculosis entre los m\u00e9dicos y enfermeros que trabajaron durante cinco a\u00f1os en un hospital de 140 camas en Tijuana. Este resultado representa una incidencia 11 veces mayor que entre la poblaci\u00f3n y es preocupante pues se trata de un lugar de intensa circulaci\u00f3n de personas enfermas, m\u00e1s propensas a contraer otras infecciones. Seg\u00fan Laniado-Labor\u00edn, el hospital adopt\u00f3 algunas medidas administrativas sugeridas, pero despu\u00e9s las dej\u00f3 de lado. En el mismo hospital surgieron otros 17 nuevos casos entre los profesionales de salud desde noviembre de 2005 hasta junio de 2006.<\/p>\n<p><strong>Acciones conjuntas<br \/>\n<\/strong>Del otro lado de la frontera la tuberculosis tambi\u00e9n preocupa. Un estudio llevado a cabo hace dos a\u00f1os con 571 inmigrantes y refugiados que se hab\u00edan instalado hac\u00eda poco tiempo en San Diego demostr\u00f3 que, aunque s\u00f3lo el 7% padece la forma activa de la tuberculosis, el 76% ten\u00eda la forma latente y correspond\u00eda a potenciales transmisores del bacilo causante de la enfermedad. Es posible contener esta afecci\u00f3n cuando las personas contaminadas toman los medicamentos rigurosamente durante seis meses; pero sucede que generalmente interrumpen el tratamiento tan pronto como los s\u00edntomas desaparecen. All\u00ed es cuando surgen las formas m\u00e1s agresivas de la enfermedad, causadas por variedades de bacterias para las cuales los medicamentos se han vuelto inocuos. Por cierto, tres profesionales de la salud que trabajaban en el hospital de Tijuana estaban infectados con una variedad de M. tuberculosis multirresistente. La resistencia a los dos f\u00e1rmacos m\u00e1s utilizados contra la tuberculosis se detect\u00f3 en laboratorio en el 1% de las variedades del bacilo que circulan en San Diego y en el 17% de las variedades aisladas en pacientes de Baja California.<\/p>\n<p>Y los expertos en salud insisten: tanto la tuberculosis como otras enfermedades infecciosas solo pueden detenerse por medio de la implementaci\u00f3n acciones de ambos pa\u00edses que faciliten el diagn\u00f3stico y el tratamiento. Pero no alcanza con capacitar a los m\u00e9dicos para atender a los mexicanos que viven en California o darles m\u00e1s atenci\u00f3n a los habitantes de Tijuana. Hay que respetar las realidades locales, tal como advierte Laniado-Labor\u00edn. No podemos aplicar sencillamente lo que viene de otros pa\u00edses, dice, porque las situaciones y las culturas son distintas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Virus y bacterias se propagan libremente en la frontera de Estados Unidos con M","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[5968,543],"class_list":["post-80638","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80638","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80638"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80638\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80638"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80638"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80638"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80638"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}