{"id":80646,"date":"2006-09-01T00:00:00","date_gmt":"2006-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/09\/01\/mi-reino-por-un-punto-mas\/"},"modified":"2015-08-25T13:06:52","modified_gmt":"2015-08-25T16:06:52","slug":"mi-reino-por-un-punto-mas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/mi-reino-por-un-punto-mas\/","title":{"rendered":"Mi reino por un punto m\u00e1s"},"content":{"rendered":"<p>Tan inteligente como vivo, Leonel Brizola, en una de sus innumerables campa\u00f1as, sal\u00eda por las calles pregunt\u00e1ndole a cada transe\u00fante si ya hab\u00eda sido entrevistado para una encuesta de opini\u00f3n electoral. Yo tampoco nunca lo fui, aseguraba el ga\u00facho despu\u00e9s de o\u00edr, casi siempre un no de su interlocutor. El mes pasado, el candidato a la Presidencia Geraldo Alckmin igualmente prefiri\u00f3 despreciar los n\u00fameros y calificar de chiste los resultados de una encuesta que no le eran favorables. Yo s\u00f3lo hablo de cosas serias y eso es un chiste. \u00bfUstedes lo dicen en serio?, pregunt\u00f3 a los periodistas que lo acompa\u00f1aban. En cada elecci\u00f3n se repite la controversia sobre el desempe\u00f1o de los institutos de investigaci\u00f3n durante la campa\u00f1a electoral, se cuestionan los n\u00fameros que afectan el voto, etc. Esto sucede por la diferencia de \u00e9tica que mueve a los pol\u00edticos, periodistas y coordinadores de encuestas. Los candidatos por ejemplo, tienden a despreciarlas cuando el resultado no es bueno y viceversa, explica el cientista pol\u00edtico Alberto Almeida, coordinador de FGV Opini\u00e3o y autor del libro Como son hechas las encuestas electorales y de opini\u00f3n? (Editora FGV) y que presenta ahora el estudio: \u00bfPor qu\u00e9 Lula?.<\/p>\n<p>Finalmente, \u00bfse puede confiar en las encuestas electorales? Elemental mis queridos Brizola y Alckmin, responder\u00eda Sherlock Holmes, quien en El signo de los cuatro, revela el curioso mecanismo que mueve a los sondeos electorales. Aunque el individuo sea un enigma irresoluble, un conjunto humano representa una certeza matem\u00e1tica, ya entend\u00eda, en el siglo XIX, el detective. Recuerdo cuando era ni\u00f1o, haber asistido a un mitin de Janio Quadros, en la elecci\u00f3n presidencial de 1960. Fue la \u00faltima escena de campa\u00f1a del Brasil rural. El pa\u00eds record\u00f3 el pasado militar, 29 a\u00f1os despu\u00e9s, para la elecci\u00f3n de 1989, urbano y tele man\u00edaco. Las campa\u00f1as se corrieron de los escenarios hacia los estudios de televisi\u00f3n, gobernadas por las encuestas electorales, que, en teor\u00eda, expresar\u00edan los caprichos de la opini\u00f3n p\u00fablica, un milagro estad\u00edstico que hace a mil personas hablar por millones, observa el periodista Maur\u00edcio Dias.<\/p>\n<p>Desde la democratizaci\u00f3n, las encuestas indican errores y aciertos en las t\u00e1cticas de campa\u00f1a, redireccionan estrategias, incentivan renuncias, fuerzan alianzas, proveen elementos para los programas de gobierno y alteran la agenda de los candidatos, analiza el soci\u00f3logo Antonio Teixeira Mendes, del Centro Brasile\u00f1o de An\u00e1lisis y Planeamiento (Cebrap). Por todo eso, ellas ya no pueden verse solamente como meras figuras del escenario electoral. Los candidatos sufren el impacto directo de la danza de los n\u00fameros: buenos resultados en las encuestas significan apoyo pol\u00edtico, apoyo financiero por parte de empresarios, y tal vez m\u00e1s espacio en los medios. Lo opuesto, puede representar p\u00e9rdida de aliados, presiones intrapartidarias, apat\u00eda, crisis y hasta la misma renuncia. Una definici\u00f3n algo cruda del ex presidente norteamericano\u00a0 Richard Nixon: Los agentes del servicio secreto protegen a los candidatos contra los psic\u00f3patas y los encuestadores de opini\u00f3n los protegen contra los electores. A pesar de todo ese poder, las encuestas representan un misterio para los electores, igual que para muchos periodistas que, muchas veces, interpretan err\u00f3neamente la oscilaci\u00f3n num\u00e9rica. En verdad, no se cree en la encuesta porque se sepa como ella funciona, pero si simplemente, porque funciona, recuerda Mendes.<\/p>\n<p>Y a no dudarlo. El promedio de acierto de los cuatro grandes institutos brasile\u00f1os de encuestas (Ibope, Datafolha, Vox P\u00f3puli y Sensus) est\u00e1 dentro de los par\u00e1metros internacionales: considerando los n\u00fameros referentes\u00a0 a las elecciones presidenciales, a partir de 1989, el promedio de acierto es superior al 90%. La democracia agradece esa precisi\u00f3n. Al final, las encuestas crean actos pol\u00edticos, en la medida en que reducen el costo de la informaci\u00f3n de lo que est\u00e1 ocurriendo pol\u00edticamente en el pa\u00eds. Se ha tornado un fen\u00f3meno importante para los ciudadanos, ayud\u00e1ndolos a decidir, a reflexionar y a juzgar a aquellos que se presentaban, recomendando, desechando o pidiendo su voto, observa el cientista pol\u00edtico Wanderley Guilherme dos Santos. Esos tipos de actos creados por las encuestas son bienvenidos, porque son un ingrediente indispensable para tornar a la democracia no s\u00f3lo en un bien colectivo sino en un bien tan barato como pueda ser, asevera el investigador. Existe sin embargo, quien considera el instrumento como una espectacularizaci\u00f3n de las elecciones, transformadas en carreras de caballos de la cual se excluye la discusi\u00f3n pol\u00edtica seria. Aunque eso fuera verdad, tenemos que ponderar que esa conversi\u00f3n de la pol\u00edtica en deporte hace que el p\u00fablico quede m\u00e1s atento para el debate y, en ese contexto, acabe inform\u00e1ndose m\u00e1s sobre las plataformas de los candidatos y dem\u00e1s. Los electores obtienen informaci\u00f3n pol\u00edtica con la difusi\u00f3n y discusi\u00f3n de las encuestas por los medios, dice Lydia Miljan, de la Windsor University, de Canad\u00e1. La informaci\u00f3n es un bien precioso.<\/p>\n<p>Bien, si concordamos en que el ingrediente es indispensable, es preciso entender en que forma \u00e9l es utilizado en la cocina electoral. El primer misterio que ronda a las encuestas es el muestreo. \u00bfC\u00f3mo pocos pueden hablar en nombre de tantos y finalmente, todo resultar cierto? El tama\u00f1o no es el documento, responde Alberto Almeida. La man\u00eda por las encuestas comenz\u00f3 en 1916, en Estados Unidos, cuando la revista The Literary Digest comenz\u00f3 a enviar millones\u00a0 de cuestionarios a todos los electores que ten\u00edan en carpeta (tambi\u00e9n poniendo el ojo en futuros suscriptores) y acert\u00f3, con razonable precisi\u00f3n, los resultados de la elecci\u00f3n presidencial de aqu\u00e9l a\u00f1o en adelante. En 1936 repitieron (y aumentaron: enviaron 20 millones de cuestionarios) la dosis, con un concepto de encuesta que consist\u00eda en alcanzar el mayor n\u00famero de personas posible. Un a\u00f1o antes, m\u00e1s modesto, George Gallup fund\u00f3 el American Institute of Public Opinion, donde desarroll\u00f3 un m\u00e9todo m\u00e1s cient\u00edfico de investigaci\u00f3n, basado en el muestreo. Para conquistar a los diarios prometi\u00f3 prever el ganador de\u00a0 la elecci\u00f3n de 1936, en la que compet\u00edan Franklin Roosevelt y Alf Landon. La Digest, que envi\u00f3 20 millones de cuestionarios afirm\u00f3 que el \u00faltimo ganar\u00eda la compulsa. Gallup desparram\u00f3 encuestadores por Am\u00e9rica, habl\u00f3 con 3 mil personas y apost\u00f3 por Roosevelt, quien venci\u00f3 a su oponente por un margen de 19 puntos. \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3?<\/p>\n<p>La Digest envi\u00f3 sus cuestionarios a todos los propietarios de autom\u00f3viles y tel\u00e9fonos, porci\u00f3n importante pero nada representativa del pa\u00eds como un todo. En nada adelanta realizar millones de entrevistas si los entrevistados no fueran representativos de toda la poblaci\u00f3n. Es mejor realizar pocas entrevistas pero que sean representativas, explica Almeida. Como hizo Gallup, basado en la llamada muestra por cuotas, el m\u00e9todo adoptado a\u00fan hoy por los institutos brasile\u00f1os de encuestas. En el, se divide a la poblaci\u00f3n en subgrupos (hombres y mujeres, negro y blanco, joven y anciano, etc.) y se calcula el tama\u00f1o proporcional de cada uno de esos conjuntos. A partir de all\u00ed, se define el total de entrevistas que ser\u00e1n realizadas, las cuales ser\u00e1n divididas de acuerdo con las proporciones encontradas para cada subgrupo. Cuantas m\u00e1s variables fueran controladas en la definici\u00f3n de las cuotas, mejor la representatividad de la encuesta, o sea, su grado de similitud respecto de la poblaci\u00f3n. El tama\u00f1o de la muestra es independiente de la poblaci\u00f3n investigada. Ese sistema es barato, r\u00e1pido y funcional. En Brasil, se opta por un universo que gira en torno a dos mil personas. \u00bfPero cu\u00e1l es el margen de error?<\/p>\n<p>Se enga\u00f1a quien piensa que se trata de un enga\u00f1o de los encuestadores, una forma de excusarse en caso de que una previsi\u00f3n no se confirme en las urnas. Existe siempre la posibilidad de que aquellos que fueron incluidos en la muestra no fueren\u00a0 perfectamente representativos de toda la poblaci\u00f3n. As\u00ed, las estimaciones est\u00e1n sujetas a diferencias entre los datos obtenidos por medio de la muestra y los de la poblaci\u00f3n investigada. Si estas diferencias fueran aleatorias, son llamados errores de muestreo, que pueden ser calculados y controlados, esclarece M\u00e1rcia Cavallari, directora de Ibope. El margen de error nos dice cuan cerca la estad\u00edstica de la muestra cae o est\u00e1 en relaci\u00f3n a los par\u00e1metros de la poblaci\u00f3n. Entra en juego la segunda \u00e9tica de la encuesta, como fue observado por Alberto Almeida, la de los medios. Para los periodistas, nada es m\u00e1s frustrante que una campa\u00f1a electoral en la que los \u00edndices de intenci\u00f3n de voto de los candidatos no se alteren. El cambio es noticia, la continuidad no. Muchas veces, un candidato subi\u00f3 de 30% a 32% en sendas encuestas con margen de error de tres puntos y, por la estad\u00edstica, no hubo alteraci\u00f3n. Para la \u00e9tica del periodista, eso es imposible de ser aceptado, y probablemente, el titular principal de su peri\u00f3dico ser\u00e1 que el candidato X subi\u00f3 2% en la carrera electoral. Los medios prefieren correr el riesgo de quedar como una hip\u00f3tesis errada que perder una noticia, avisa Almeida. Para el coordinador de encuestas, el tercer caso de \u00e9tica en escena, sucede a la inversa. El prefiere no descubrir que hubo un cambio en la tendencia electoral antes que aceptar una hip\u00f3tesis errada que cuestionar\u00eda su confiabilidad.<\/p>\n<p>Pero no basta con saber escoger, es preciso saber preguntar. Las preguntas de un cuestionario son el eje de un proyecto de investigaci\u00f3n, asegura M\u00e1rcia, que preconiza que ellas deben ser breves, objetivas, claras y en un vocabulario accesible a cualquier elector. Existe no obstante un chiste sobre acerca de eso: Un joven monje fue advertido severamente por su superior cuando pregunt\u00f3 si pod\u00eda fumar mientras rezaba. Haga la pregunta diferente, sugiri\u00f3 un amigo. Pregunte si puede rezar mientras fuma. la formulaci\u00f3n del cuestionario afecta los resultados de una encuesta por eso, muchas veces los resultados pueden ser fabricados de una manera muy sutil. Es com\u00fan que los medios no presenten las preguntas tal como fueron hechas, sino apenas, su resumen. El ciudadano debe tener cuidado con ello y buscar saber siempre la totalidad de las cuestiones, advierte Almeida. La encuesta es un excelente instrumento de marketing, desde que se tiene conciencia de su poder y de sus l\u00edmites, advierte la directora de Ibope. Finalmente, por mejor que sea la pregunta, ella ser\u00e1 formulada por un humano. Y errar es:<\/p>\n<p><strong>Opiniones<br \/>\n<\/strong>De nada vale contar con una muestra perfecta y un cuestionario sin fallas, si los encuestadores cometen errores o hacen fraude con los cuestionarios. Ellos est\u00e1n solamente recolectando informaciones y eso no les da derecho a exponer sus ideas o contraponer opiniones. Un equipo de campo bien entrenado y profesional es un elemento clave en el \u00e9xito de cualquier instituto de investigaci\u00f3n, avala el investigador. Existen reglas para conducir las entrevistas que incluyen instrucciones como nunca entrevistar personas acompa\u00f1adas por terceros (la tendencia es responder lo que al acompa\u00f1ante le gustar\u00eda o\u00edr), no entrevistar a m\u00e1s de una persona de un mismo grupo, no importando si el grupo est\u00e1 formado por dos o m\u00e1s personas, etc. La vida del encuestador no es nada f\u00e1cil, en 1998 realizamos una investigaci\u00f3n en R\u00edo de Janeiro. En la zona sur, por ejemplo, fue preciso traer encuestadoras con cara bonita para que los transe\u00fantes evitaran segregarlas, como hicieron con las profesionales de fenotipo m\u00e1s popular. En la favela de Roc\u00edan, fuimos abordados por hombres armados y los entrevistados respond\u00edan las cuestiones con los ojos puestos en ellos, asustados, recuerda Almeida. La modalidad del trabajo de campo, adem\u00e1s, diferencia a los institutos brasile\u00f1os.<\/p>\n<p>El Datafolha, creado en 1983, como un departamento de encuestas del Grupo Folha da Manh\u00e3 para realizar sondeos de opini\u00f3n con rigor t\u00e9cnico y agilidad, prefiere investigar en las calles. Tenemos en nuestro ADN el esp\u00edritu period\u00edstico. Adem\u00e1s de eso, hoy es dif\u00edcil el acceso a los condominios de lujo y s\u00f3lo se ingresa en las favelas despu\u00e9s de un acuerdo con el tr\u00e1fico, observa Mauro Paulino, hace 20 a\u00f1os director general de Datafolha, que, a partir, de 1995, fue transformado en una unidad de negocios. El Vox Populi, por su parte, s\u00f3lo hace entrevistas a domicilio, eso aumenta la posibilidad de controlar los flujos en campo. La encuesta ideal es aquella que otorga la misma chance a todo integrante de un determinado universo de ser incluido en el muestreo, cree Marcos Coimbra, director del instituto. A pesar de la creencia en el instrumento de su trabajo, el investigador mantiene reservas acerca del l\u00edmite real de las encuestas. Una intenci\u00f3n de voto es apenas una intenci\u00f3n de voto. A\u00fan no contamos con un gran n\u00famero de elecciones para entender el patr\u00f3n de comportamiento del elector brasile\u00f1o. En 506 a\u00f1os de historia, esta es la quinta elecci\u00f3n directa seguida en Brasil, recuerda. De ah\u00ed la juventud de los institutos de encuestas.<\/p>\n<p>El pionero entre ellos, Ibope, fue creado en 1942 por Auric\u00e9lio Penteado, contrariado due\u00f1o de la radio Kosmos, de S\u00e3o Paulo, que, dec\u00edan encuestas ap\u00f3crifas de la \u00e9poca, era la emisora menos o\u00edda. Utilizando las t\u00e9cnicas desarrolladas por Gallup, Penteado luego descubri\u00f3 que su futuro no se encontraba en las ondas de radio (efectivamente la Cosmos era un desastre), sino en la cima de las encuestas. El primer test del nuevo instituto fue de lo m\u00e1s inusitado: Ary Barroso, concejal carioca, disputaba con Carlos Lacerda acerca de cual ser\u00eda el mejor lugar para edificar el futuro estadio Maracan\u00e1. El compositor defend\u00eda un terreno en el Derby Club y el Cuervo, la restinga de Jacarepagu\u00e1. El creador de Aquarela do Brasil sugiri\u00f3 que el Ibope hiciese hablar a la voz popular y venci\u00f3 en la contienda con\u00a0 88% de los cariocas de su lado. La acci\u00f3n de Barroso puso en suspenso la idea de representatividad parlamentaria, indicando aunque indirectamente, el hecho de que los representantes de la poblaci\u00f3n no se interesasen en conocer la voluntad de aquellos que los hab\u00edan elegido. La gran mayor\u00eda de los representados, evocados en discursos, se manten\u00eda restringida al papel de elector-consumidor, debiendo escoger los productos pol\u00edticos elaborados por los productores pol\u00edticos, nota el historiador \u00c1ureo Busetto, de la Universidad Estadual Paulista (Unesp). La democracia nacional crec\u00eda con encuestas.<\/p>\n<p>En 1953 vino el mayor test de Ibope, capaz de prever la victoria en\u00a0 S\u00e3o Paulo, de J\u00e2nio Quadros. Como la elecci\u00f3n, el suceso de la encuesta har\u00eda que Brasil diese un gran giro. Aunque no fuese percibido por la mayor\u00eda del electorado, el compromiso entre organizaciones y profesionales de la prensa era conocido por los grupos pol\u00edticos y por las \u00e9lites intelectuales. De ese modo, los informes de intenci\u00f3n de voto dados por la prensa, antes de Ibope, eran meras piezas de propaganda partidaria o de candidaturas, cuenta Busetto. El pron\u00f3stico preciso de Ibope fue un paso importante para la redenci\u00f3n y cualificaci\u00f3n de la encuesta de opini\u00f3n p\u00fablica en el campo pol\u00edtico-electoral. La reacci\u00f3n lleg\u00f3 con la viveza [jeitinho] brasile\u00f1a. Si antes los peri\u00f3dicos enmascaraban certezas dudosas o que se contradec\u00edan parte (fulano tiene tanto por ciento de electorado y va a ganar por paliza), despu\u00e9s de Ibope se hizo necesario tener mayor cuidado para agradar al lector. Se inventaron institutos fantasmas, como el Epil o el Ip\u00ea, que garantizaban precisi\u00f3n cient\u00edfica de resultados, pero el m\u00e9todo continuaba igual: marchaba al frente quien pagaba m\u00e1s o aqu\u00e9l cuya victoria interesaba al peri\u00f3dico.<\/p>\n<p>Efectuamos dos encuestas b\u00e1sicas con la finalidad de establecer las \u00e1reas de conocimiento e ignorancia del hecho investigado (las elecciones) y el estudio de la opini\u00f3n p\u00fablica frente a los problemas que carecen de soluci\u00f3n y los hombres que ser\u00edan capaces de resolverlos. Ese era el m\u00e9todo adoptado por el Ip\u00ea, seg\u00fan palabras de su director. Era s\u00f3lo el comienzo de los problemas de Ibope. En 1954, en la elecci\u00f3n estadual paulista, estaban polarizados J\u00e2nio e Adhemar de Barros y todos quer\u00edan acertar el desenlace de la contienda. Igualmente la Radio Record arriesg\u00f3 su p\u00e1lpito: JQ. Y, por una coincidencia infeliz, fue la \u00fanica en acertar. El Ibope dar\u00eda la victoria a Adhemar (que perdi\u00f3 por apenas 1%) y cay\u00f3 en las fauces de los peri\u00f3dicos. Si se nos permitiera hablar en jerga, dir\u00edamos que el Ibope est\u00e1 chapucero, atac\u00f3 el Di\u00e1rio da Noite, de Assis Chateaubriand, que tem\u00eda la competencia cient\u00edfica del instituto de Auric\u00e9lio. Lleg\u00f3 asimismo a realizar una serie de reportajes con un vidente armenio, Sana-Khan, que profetizaba cosas como ?hay tres estrellas jupiterianas en el destino de J\u00e2nio, forma de acotar a Ibope y cuestionar la encuesta electoral por muestreo al afirmar que lo sobrenatural estaba mejor equipado que \u00e9l.<\/p>\n<p>Fue dif\u00edcil recuperar la credibilidad de la estad\u00edstica electoral junto a los brasile\u00f1os, para, en 1984, sufrir otro batacazo, esta vez con el Instituto Gallup. J\u00e2nio se encontraba nuevamente en escena, esta vez enfrentando a Fernando Henrique Cardoso. Para el Gallup hab\u00eda un empate t\u00e9cnico, la voluntad pol\u00edtica de los medios era la victoria de Cardoso y ella perdi\u00f3 la apuesta. Ellos enloquecieron al electorado, observa Marcus Figueiredo, de Iuperj. Los institutos de encuestas percibieron que era necesario tener cuidado con las pancartas y a\u00fan m\u00e1s con la prensa, encerr\u00e1ndose m\u00e1s en la profesionalizaci\u00f3n, para asegurar la competitividad por competencia. Sea como sea, las encuestas hab\u00edan llegado para quedarse. Desde el comienzo de los a\u00f1os 1980, las investigaciones pol\u00edticas en Latinoam\u00e9rica se han constituido en un evento central del proceso de redemocratizaci\u00f3n, afirma el cientista pol\u00edtico Fabi\u00e1n Echegaray, de Market Analisys Brasil. Ellas fueron, observa, un veh\u00edculo clave para chequear la transparencia del voto e impedir el fraude electoral, una pr\u00e1ctica com\u00fan hasta entonces, en varios pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina. En casos como los de Argentina y Venezuela, la divulgaci\u00f3n de las encuestas lleg\u00f3 asimismo a impedir tentativas golpistas, ellas tambi\u00e9n desmitificaron el discurso dictatorial sobre el exagerado precio a pagar por el retorno de un r\u00e9gimen electo y civil; y promovieron el espacio para que el pueblo, en fin, expresara sus deseos y los viese respetados, analiza.<\/p>\n<p><strong>Reagan<br \/>\n<\/strong>Empero, no siempre. Fue basado en encuestas cuyos supuestos datos indicaban el deseo popular de romper con la Constituci\u00f3n, que en 1992,\u00a0\u00a0 Fujimori dio un golpe de Estado en Per\u00fa. Durante la administraci\u00f3n Reagan hubo, cuenta Echegaray, tambi\u00e9n una ola de encuestas electorales fraudulentas, patrocinadas por el gobierno norteamericano para consolidar los intereses de Estados Unidos en varias regiones. Una consecuencia directa de este mal uso de las encuestas fue la representaci\u00f3n incorrecta de la verdadera agenda pol\u00edtica y un pobre conocimiento sobre cuales eran los asuntos prioritarios. De ah\u00ed la pregunta inevitable: \u00bflas encuestas afectan el voto? Si. Es racional que el ciudadano considere y escoja de una opci\u00f3n con m\u00e1s chance de victoria y la posibilidad de una segunda vuelta. Lo curioso es que la divisi\u00f3n en turnos fue hecha justamente para incentivar a las personas a que expresasen sus preferencias reales, el menos en primer turno. En Brasil, a veces, se anticipa el voto \u00fatil para esta fase, sin duda alimentada por la valorizaci\u00f3n de las encuestas electorales, considera Alessandra Ald\u00e9, de Iuperj.<\/p>\n<p>Igualmente existe un argot para indicar ese movimiento: los efectos bandwagon (literalmente la carroza que encabeza el circo, es indicativo del candidato con mayores chances de vencer y, luego, atractivo para la mayor\u00eda que prefiere seguir el movimiento general y apostar a ganador) y underdog (o paria, o candidato C, farolito, al que se vota para ayudar a B, cuando lo que se desea es forzar la definici\u00f3n de la elecci\u00f3n en un segundo turno con A, al que no se quiere). Las encuestas entonces, empujan al elector hacia un lado u otro y deber\u00edan, por esta raz\u00f3n, ser sometidas a controles, como la prohibici\u00f3n de su divulgaci\u00f3n un per\u00edodo de tiempo anterior a la votaci\u00f3n (en varios pa\u00edses ellas son totalmente prohibidas o deben ser interrumpidas varias semanas antes de la elecci\u00f3n). Un elector es sometido a un gran volumen de informaci\u00f3n acerca de candidatos, denuncias, hechos, etc., y se formar\u00e1 una imagen de cada uno de ellos. Todas esas informaciones ser\u00e1n filtradas de acuerdo con sus preferencias, visiones del mundo y simpat\u00edas de los electores. Una de las informaciones que puede (o no) llegar al elector y a la encuesta. N\u00f3tese: es una dentro de un vasto universo, avala Almeida. La influencia directa de las encuestas no es algo a ser supuesto, pero probado. Al final el elector puede saber de las encuestas y dudar de la veracidad de ellas o simplemente desconocerlas. No es obvio que las encuestas influencien el voto y hasta hoy no hubo una investigaci\u00f3n cient\u00edfica que pruebe esa hip\u00f3tesis. Puede decirse que candidatos bien posicionados en las encuestas tienen m\u00e1s recursos, animan a sus partidarios, etc., pero solamente eso.<\/p>\n<p>Para Almeida, lo mismo vale para la supuesta manipulaci\u00f3n de las encuestas hechas por institutos serio y conocidos. Cuando ello ocurre, es preciso generar un dato p\u00fablico que lo compruebe. Caso contrario, es mera sospecha, sin base cient\u00edfica Teixeira Mendes concuerda con el investigador. La evaluaci\u00f3n de p\u00fablico y la confrontaci\u00f3n con los resultados finales tornan a la manipulaci\u00f3n un suicidio mercadol\u00f3gico, \u00c9l igualmente no ve una posibilidad de determinaci\u00f3n precisa del grado en que una encuesta afecte la decisi\u00f3n del votante, aunque reconozca que ella tenga impacto en la elecci\u00f3n. Basta que un candidato suba en las encuestas para que sufra un bombardeo por parte de los otros, que reconocen as\u00ed, que el acapara las intenciones de voto del electorado. En el buen sentido, el precio de la libertad democr\u00e1tica es la eterna vigilancia: entienda a la danza de los n\u00fameros, pero no se asfixie con ellos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El apetitoso misterio de las elecciones que hace que mil hablen por millones","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[],"coauthors":[117],"class_list":["post-80646","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80646","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80646"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80646\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80646"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80646"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80646"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80646"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}