{"id":80662,"date":"2006-10-01T00:00:00","date_gmt":"2006-10-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/10\/01\/mas-atencion-al-corazon-femenino\/"},"modified":"2015-02-05T14:23:22","modified_gmt":"2015-02-05T16:23:22","slug":"mas-atencion-al-corazon-femenino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/mas-atencion-al-corazon-femenino\/","title":{"rendered":"M\u00e1s atenci\u00f3n al coraz\u00f3n femenino"},"content":{"rendered":"<p>Andan tratando mal el coraz\u00f3n de las mujeres. Estudios realizados en Europa y en Estados Unidos indican que a\u00fan hoy la salud cardiaca femenina recibe menos atenci\u00f3n que la masculina, aunque el infarto sea hace a\u00f1os considerado una de las principales causas de muerte en el mundo todo -y no solamente entre los hombres. De los 7,2 millones de personas que cada a\u00f1o pierden la vida como consecuencia de problemas card\u00edacos, alrededor de 3,4 millones son mujeres, seg\u00fan datos de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud. A pesar de que estas cifras sugieren que la diferencia no es tan grande as\u00ed, buena parte de los m\u00e9dicos a\u00fan parece no estar convencido.<\/p>\n<p>Una de las pruebas m\u00e1s contundentes es un estudio publicado en el primer semestre de este a\u00f1o en <em>Circulation<\/em>, la m\u00e1s importante revista de cardiolog\u00eda cl\u00ednica. Parte del proyecto Women at Heart, lanzado en el\u00a0 2005 por la Sociedad Europea de Cardiolog\u00eda con el objetivo de llamar la atenci\u00f3n de los m\u00e9dicos hacia la salud cardiovascular de la mujer y perfeccionar el tratamiento dispensado a ellas, el estudio involucr\u00f3 la colaboraci\u00f3n de 197 centros de cardiolog\u00eda europeos y acompa\u00f1\u00f3 durante un a\u00f1o la atenci\u00f3n\u00a0 dada a 2.197 hombres y 1.582 mujeres, con edad entre 50 y 72 a\u00f1os y diagn\u00f3stico de angina de pecho: aquel intenso dolor en el pecho que quema como una brasa y se extiende al cuello y la espalda, causando falta de aire y dejando el brazo izquierdo dormido -en general la primera se\u00f1al de que el coraz\u00f3n no anda nada bien.<\/p>\n<p>El trabajo mostr\u00f3 que en la consulta inicial la probabilidad de recibir una derivaci\u00f3n para pasar por un examen en que se acompa\u00f1e el desempe\u00f1o del coraz\u00f3n durante el esfuerzo f\u00edsico -electrodos colocados en el pecho registran el ritmo de los latidos card\u00edacos mientras se camina en una cinta- fue menor entre las mujeres que entre los hombres. Ellas tambi\u00e9n recibieron menos indicaci\u00f3n para pasar por un examen llamado angiograf\u00eda, que investiga el estado de las arterias del coraz\u00f3n, que los voluntarios del sexo masculino. Los m\u00e9dicos prescribieron con m\u00e1s frecuencia medicamentos para evitar la coagulaci\u00f3n de la sangre o reducir el nivel de colesterol para los hombres que para las participantes del estudio, a\u00fan despu\u00e9s de confirmado el diagn\u00f3stico de enfermedad cardiaca. Entre las mujeres fue menor la posibilidad de recibir un implante de vasos para restablecer el flujo de sangre para el coraz\u00f3n. Como ya se deber\u00eda de esperar, el riesgo de sufrir un infarto -fatal o no- fue dos veces mayor entre las mujeres\u00a0 que entre los hombres.<\/p>\n<p>&#8220;Los resultados de ese estudio indican una subutilizaci\u00f3n sistem\u00e1tica de los m\u00e9todos de diagn\u00f3sticos y de tratamientos con las mujeres en comparaci\u00f3n con los hombres, aunque ambos grupos hubieran recibido el diagn\u00f3stico de cardi\u00f3logos y la angina de las mujeres fuese m\u00e1s intensa&#8221;, escribi\u00f3 la epidemi\u00f3loga Viola Vaccarino, de la Universidad Emory, Estados Unidos, en un comentario sobre el estudio publicado en la misma edici\u00f3n de <em>Circulation<\/em>. Seg\u00fan la epidemi\u00f3loga, la menor utilizaci\u00f3n de ex\u00e1menes no invasivos en el estadio inicial de la enfermedad se traduce en atraso en el diagn\u00f3stico y en\u00a0 da\u00f1os m\u00e1s graves a la salud. &#8220;Es importante combatir la creencia propagada de que las mujeres no desarrollan enfermedades card\u00edacas, excepto a edad avanzada&#8221;, escribi\u00f3 Sharonne Hayes, de la Cl\u00ednica Mayo, Estados Unidos, en\u00a0 un art\u00edculo publicado este mes en la <em>Nature Clinical Practice<\/em>.<\/p>\n<p>Talvez sea prematuro para afirmarlo, pero el trabajo de <em>Circulation<\/em> puede justificar un descubrimiento hecho por Viola Vaccarino al final de la d\u00e9cada pasada. Analizando los datos de 380 mil personas con edad entre 30 y 89 a\u00f1os que hab\u00edan sufrido infarto, ella constat\u00f3 que la perspectiva de recuperaci\u00f3n era peor entre las mujeres que entre los hombres -la situaci\u00f3n era a\u00fan m\u00e1s cr\u00edtica para aqu\u00e9llas en que el problema hab\u00eda surgido antes de los 60 a\u00f1os. Tambi\u00e9n levant\u00f3 dos posibles explicaciones para este escenario: el diagn\u00f3stico es muy tard\u00edo entre las mujeres o s\u00f3lo se identifican los casos graves.<\/p>\n<p>Excepto esa duda que intriga a investigadores de todo el mundo, el estudio europeo deja -o deber\u00eda dejar- m\u00e1s alertas a los cardi\u00f3logos, ginec\u00f3logos y los otros m\u00e9dicos que se encargan de la salud femenina en los pa\u00edses desarrollados y tambi\u00e9n en Brasil. En un final, por aqu\u00ed las enfermedades del coraz\u00f3n tambi\u00e9n est\u00e1n entre las que m\u00e1s siegan vidas desde la d\u00e9cada de 1960 -solamente est\u00e1n detr\u00e1s del accidente vascular cerebral, tambi\u00e9n conocido como derrame. Y la proporci\u00f3n de muerte entre los sexos por problemas card\u00edacos no es tan desigual: por cada dos mujeres que mueren por infarto tres hombres se van porque el coraz\u00f3n deja de latir de un momento para otro. Registros del banco de datos del Sistema \u00danico de Salud (DataSUS) indican que las mujeres suman el 40% de las 80 mil personas muertas por infarto en 2004 -entre ellas, los problemas card\u00edacos est\u00e1n hasta delante del c\u00e1ncer. En algunas capitales brasile\u00f1as la tasa de mortalidad por problemas card\u00edacos superaba, a mediados de la d\u00e9cada de 1980, los \u00edndices masculinos de pa\u00edses como Inglaterra y Finlandia, constat\u00f3 el epidemi\u00f3logo Paulo Lotufo, superintendente del Hospital Universitario de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP).<\/p>\n<p>Es una situaci\u00f3n que cambi\u00f3 poco en las dos \u00faltimas d\u00e9cadas. &#8220;En ese per\u00edodo hubo una reducci\u00f3n en la tasa de mortalidad por enfermedades cardiacas, pero fue peque\u00f1a&#8221;, afirma el cardi\u00f3logo Antonio de P\u00e1dua Mansur, del Instituto del Coraz\u00f3n (InCor) de S\u00e3o Paulo, que hace siete a\u00f1os inici\u00f3 los an\u00e1lisis sobre los riesgos de muerte por enfermedades cardiovasculares en el pa\u00eds. Molesto con la falta de informaciones abarcadoras sobre nuestra poblaci\u00f3n, Mansur analiz\u00f3 los certificados de defunci\u00f3n de los brasile\u00f1os de m\u00e1s de 30 a\u00f1os que murieron de 1979 para ac\u00e1. Y no le gust\u00f3 lo que vio: las muertes causadas por infarto bajaron de 194 en cada grupo de 100 mil hombres en 1979 a 164 por 100 mil en 1996. Entre las mujeres, la baja fue menor: de 119 para 105 por 100 mil. El an\u00e1lisis m\u00e1s reciente, que saldr\u00e1 publicado este mismo a\u00f1o, confirma la tendencia a la baja lenta y gradual observada desde 1985: la tasa de mortalidad por enfermedades cardiacas, esta vez entre mujeres con m\u00e1s de 65 a\u00f1os, pas\u00f3 de 857 para 522 por 100 mil entre 1981 y 2001 en la regi\u00f3n sudeste, probablemente a causa del mejor control de la hipertensi\u00f3n y de los niveles de colesterol, que contribuyen al bloqueo de los vasos que llevan la sangre al coraz\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Capitales<br \/>\n<\/strong>La reducci\u00f3n, sin embargo, no es general. Cuando se separan las muertes registradas en las capitales de las ocurridas en las ciudades del interior, se hace evidente el crecimiento de la mortalidad por infarto entre las mujeres con edad entre 30 y 69 a\u00f1os en los grandes centros urbanos, como S\u00e3o Paulo y Brasilia. &#8220;Ese aumento est\u00e1, en parte, asociado a la mayor precisi\u00f3n en el llenado de los certificados de defunci\u00f3n en las regiones centro-oeste y sudeste del pa\u00eds, pero tambi\u00e9n a la alimentaci\u00f3n menos saludable y al sedentarismo&#8221;, dice Mansur, coordinador del N\u00facleo de Estudio e Investigaciones del Coraz\u00f3n de la Mujer, del InCor. Conocidos de los cardi\u00f3logos, estos n\u00fameros preocupan, pues son novedad para la mayor\u00eda de las personas y hasta para m\u00e9dicos de otras especialidades. Aunque no existan datos sobre lo que los brasile\u00f1os -y en especial las brasile\u00f1as- saben a al respecto de los problemas cardiacos, pero se presume que la situaci\u00f3n no es mejor que en Europa y en Estados Unidos, donde menos de la mitad de las mujeres afirma ya haber recibido alguna orientaci\u00f3n de sus m\u00e9dicos para evitar las enfermedades cardiovasculares.<\/p>\n<p>Por detr\u00e1s de ese desconocimiento casi general est\u00e1n razones hist\u00f3ricas y sociales. &#8220;Las enfermedades cardiovasculares se revelaron como una causa importante de la mortalidad masculina despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial&#8221;, dice Lotufo, de la USP. &#8220;En aquella \u00e9poca, los hombres fumaban y las mujeres no&#8221;. En las d\u00e9cadas siguientes el cigarro, el principal desencadenador de los problemas cardiovasculares en las mujeres, pas\u00f3 a adornar tambi\u00e9n los labios femeninos, al mismo tiempo que los avances m\u00e9dicos permitieron a las personas vivir cada vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>&#8220;Hab\u00eda un cierto descuido con la salud de la mujer hasta el final de la d\u00e9cada de 1980&#8221;, cuenta Lotufo. Fue cuando los cardi\u00f3logos comenzaron a notar que los problemas cardiovasculares tambi\u00e9n eran comunes entre ellas, con consecuencias para toda la sociedad: las enfermedades card\u00edacas son la segunda principal causa de la p\u00e9rdida de a\u00f1os saludables de vida entre los hombres y la tercera entre las mujeres.<\/p>\n<p>&#8220;No era raro que una mujer de mediana edad llegase a un hospital de urgencias con dolor en el pecho y el m\u00e9dico no pensase en infarto&#8221;, recuerda el m\u00e9dico y epidemi\u00f3logo J\u00falio Cesar Pereira, de la Facultad de Salud P\u00fablica de la USP. &#8220;Era un c\u00edrculo vicioso en que el perro intenta morderse la propia cola&#8221;, dice\u00a0 Lotufo, &#8220;el m\u00e9dico no hac\u00eda diagn\u00f3stico porque no pensaba en la posibilidad de que las mujeres fueran v\u00edctimas del infarto; como no imaginaban esa hip\u00f3tesis, no produc\u00edan estad\u00edsticas sobre el problema, lo que, a su vez, colaboraba con la falta de diagn\u00f3stico&#8221;.<\/p>\n<p>Afortunadamente la salud femenina ha pasado a recibir m\u00e1s atenci\u00f3n en los \u00faltimos 15 a\u00f1os, incluso de parte de las propias mujeres, cuando los m\u00e9dicos notaron algo extra\u00f1o: la probabilidad de recibir tratamiento para el infarto era alrededor de seis veces mayor entre el p\u00fablico masculino que el femenino. O el coraz\u00f3n de las mujeres era m\u00e1s resistente que el de los hombres, o hab\u00eda algo err\u00f3neo. Con esa cuesti\u00f3n en mente, los coordinadores de grandes estudios poblacionales pasaron a incluir a las mujeres en investigaciones que investigaban el surgimiento, la evoluci\u00f3n y la terapia de diversas enfermedades. Hasta entonces regia la idea de que el organismo femenino funcionaba como el del hombre: bastaba investigar lo que pasaba con ellos para saber lo que deber\u00eda ocurrir con ellas -aunque se sepa que el cuerpo del hombre y el de la mujer reaccionan de modo distinto a las enfermedades desde los tiempos de Hip\u00f3crates de Cos, el padre de la medicina.<\/p>\n<p>Una nueva oleada de estudios que surgieron en el inicio de la d\u00e9cada de 1990 mostr\u00f3 que el coraz\u00f3n femenino no era tan fuerte, ayudando a m\u00e9dicos y pacientes a rever conceptos y prejuicios, como el de que el infarto era problema exclusivo de la poblaci\u00f3n masculina. Hoy en d\u00eda se sabe que hay diferencias importantes: los problemas del coraz\u00f3n se manifiestan en los hombres de siete a diez a\u00f1os m\u00e1s temprano que en las mujeres. Este intervalo coincide con el per\u00edodo que va desde el final de la vida reproductiva femenina con la menopausia, cuando los ovarios paran de funcionar y la tasa de las hormonas reproductivas femeninas cae mucho. Esa, por otra parte, fue durante mucho tiempo la justificaci\u00f3n biol\u00f3gica para el descuido en relaci\u00f3n a la salud de la mujer.<\/p>\n<p>El organismo femenino produce hasta alrededor de los 50 a\u00f1os la hormona estr\u00f3geno, que facilita la dilataci\u00f3n de los vasos sangu\u00edneos y la irrigaci\u00f3n del coraz\u00f3n, aunque las arterias que lo ba\u00f1an de sangre est\u00e9n parcialmente obstruidas por placas de grasa. &#8220;Por esa raz\u00f3n se cre\u00eda que las mujeres estuviesen libres del problema&#8221;, dice Pereira, quien recientemente calcul\u00f3 la probable duraci\u00f3n de esa protecci\u00f3n natural. En colaboraci\u00f3n con el matem\u00e1tico La\u00e9cio Carvalho de Barros, de la Universidad Estadual de Campinas, \u00e9ste analiz\u00f3 los datos de 3.350 personas de 54 ciudades brasile\u00f1as que hab\u00edan sufrido infarto entre octubre de 1997 y noviembre de 2000. Constat\u00f3 que a los 23 a\u00f1os de edad el hombre corre dos veces m\u00e1s riesgo de sufrir un infarto que la mujer. Esa probabilidad, sin embargo, disminuye lenta y progresivamente hasta alrededor de los 61 a\u00f1os, cuando las mujeres se encuentran tan propensas cuanto los hombres a ser v\u00edctima de la obstrucci\u00f3n de los vasos sangu\u00edneos del coraz\u00f3n, provocando su parada, seg\u00fan resultados publicados en abril de este a\u00f1o en el <em>European Journal of Epidemiology<\/em>. Despu\u00e9s de los 61 a\u00f1os, el infarto pasa a ser una amenaza mayor para el sexo femenino que para el masculino: una se\u00f1ora de 80 a\u00f1os est\u00e1 dos veces m\u00e1s pr\u00f3xima de un ataque cardiaco que un hombre de la misma edad.<\/p>\n<p><strong>Cautela<br \/>\n<\/strong>Pero es necesario interpretar esos datos con cautela. &#8220;Esos n\u00fameros son una medida de riesgo relativo e indican cuantas veces la probabilidad de infarto es mayor en los hombres que en las mujeres&#8221;, explica Pereira. &#8220;Lo que mide la gravedad del problema es la cantidad de muertes observadas en la poblaci\u00f3n&#8221;. Asimismo, existe una limitaci\u00f3n en este estudio. Hecho con base en informaciones de personas que sufrieron infarto, sus resultados no representan necesariamente el estado del coraz\u00f3n de los brasile\u00f1os. Pero s\u00ed brindan una idea de cuanto dura el efecto protector del estr\u00f3geno. &#8220;Los m\u00e9dicos&#8221;, dice Pereira, &#8220;deben estar m\u00e1s atentos al coraz\u00f3n de las mujeres con m\u00e1s de 61 a\u00f1os&#8221;. En el InCor, Mansur y Jos\u00e9 Antonio Ramires, en colaboraci\u00f3n con Jos\u00e9 Mendes Aldrighi, de la Facultad de Salud P\u00fablica de la USP, confirmaron el efecto protector del estr\u00f3geno en un estudio publicado en 2005 en Archives of Medical Research. Ellos observaron que una variante del gen responsable por la fabricaci\u00f3n de la prote\u00edna a la cual el estr\u00f3geno se liga en las paredes de los vasos sangu\u00edneos era m\u00e1s com\u00fan entre las mujeres con enfermedad cardiaca precoz, antes de los 55 a\u00f1os, que en las saludables.<\/p>\n<p>Pero la protecci\u00f3n del estr\u00f3geno no lo es todo. En otro estudio, evaluaron los factores de riesgo m\u00e1s frecuentes en 850 hombres y 468 mujeres con poca vascularizaci\u00f3n del m\u00fasculo card\u00edaco. Las mujeres generalmente presentaban m\u00e1s problemas considerados factores de riesgo para el infarto, como la hipertensi\u00f3n arterial, diabetes, niveles de grasas (triglic\u00e9ridos y colesterol) aumentados, adem\u00e1s del hist\u00f3rico familiar de problemas card\u00edacos. Entre los hombres, los factores de riesgo que m\u00e1s contribuyeron a la enfermedad cardiaca fueron el tabaquismo y la ocurrencia anterior a un infarto.<\/p>\n<p>&#8220;Esta cantidad mayor de factores de riesgo puede explicar la mayor frecuencia de muertes s\u00fabitas entre las mujeres y la mayor mortalidad femenina despu\u00e9s del infarto&#8221;, dice Mansur. &#8220;El lado positivo es que los factores de riesgo son menos intensos entre ellas&#8221;. Ese resultado sugiere que muchas mujeres pueden vivir mejor, tan s\u00f3lo con el control de los factores de riesgo. Nada muy complicado. Basta tener acceso a un centro de salud donde se mida la presi\u00f3n arterial y los niveles de az\u00facares y grasas en la sangre. &#8220;Estas medidas no impiden el problema cardiaco, pero s\u00ed posiblemente lo aplazan por algunas d\u00e9cadas, reduciendo el costo social y el deterioro de la calidad de vida asociados a la enfermedad&#8221;, dice Mansur.<\/p>\n<p>Una idea m\u00e1s precisa de lo que pasa con el coraz\u00f3n de las brasile\u00f1as y de los brasile\u00f1os debe surgir en algunos a\u00f1os, cuando, se espera, que est\u00e9n listos los resultados iniciales del Estudio Longitudinal de Salud del Adulto (Elsa). Ese an\u00e1lisis, que involucra la participaci\u00f3n de siete instituciones de investigaci\u00f3n, debe acompa\u00f1ar por diez a\u00f1os la salud de aproximadamente 15 mil personas de seis capitales brasile\u00f1as (S\u00e3o Paulo, R\u00edo de Janeiro, Belo Horizonte, Vit\u00f3ria, Porto Alegre y Salvador).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La mayor\u00eda de los m\u00e9dicos no les advierten a las mujeres sobre el riesgo del infarto, aunque la mortalidad se ubique cerca de la masculina","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[105],"class_list":["post-80662","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80662","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80662"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80662\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80662"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80662"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80662"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80662"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}