{"id":80664,"date":"2006-10-01T00:00:00","date_gmt":"2006-10-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/10\/01\/los-ecos-de-la-gravedad\/"},"modified":"2013-01-11T16:19:27","modified_gmt":"2013-01-11T18:19:27","slug":"los-ecos-de-la-gravedad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/los-ecos-de-la-gravedad\/","title":{"rendered":"Los ecos de la gravedad"},"content":{"rendered":"<p>Cuando sobra tiempo, el f\u00edsico S\u00e9rgio Turano de Souza toca la guitarra en una banda de rock. Ya no es muy asiduo que digamos a los ensayos y ahora quiz\u00e1 tenga que faltar un poco m\u00e1s, porque es uno de los responsables del Detector de Ondas Gravitacionales Mario Schenberg, un equipamiento \u00fanico en el pa\u00eds que comenz\u00f3 a funcionar experimentalmente el d\u00eda 8 de septiembre, sin hora justa para los imprevistos. Por el momento no hubo ninguno -al menos ninguno tan desalentador como el desbordamiento de la napa fre\u00e1tica, seis a\u00f1os atr\u00e1s, sobre el foso que era cavado para abrigar el detector. En uno de los galpones del Instituto de F\u00edsica de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) comenzaba entonces la etapa realmente concreta de la persecuci\u00f3n de las ondas que, si fueran encontradas y si fueran pulsadas en vez de continuas, podr\u00edan mostrar que pueden de hecho existir las part\u00edculas elementales conocidas como gravitones, por el momento s\u00f3lo previstas te\u00f3ricamente, a las cuales se atribuye la fuerza de la gravedad.<\/p>\n<p>Semanas atr\u00e1s, aunque a la espera de tareas extras, el equipo coordinado por los f\u00edsicos Odylio Aguiar, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE, sigla en portugu\u00e9s), y Nei Oliveira Jr., de la USP, acompa\u00f1\u00f3 la primera recolecci\u00f3n de datos, que sigui\u00f3 por cinco d\u00edas continuos, y a cada momento echaba una ojeada al conjunto de aparatos electr\u00f3nicos, cables, bombas de vac\u00edo y term\u00f3metros meticulosamente organizados que cubren un cilindro de aluminio de un metro de di\u00e1metro por tres de largo. Dentro de ese cilindro se esconde el coraz\u00f3n del detector: una esfera maciza de cobre y aluminio, de 65 cent\u00edmetros de di\u00e1metro y 1,15 tonelada, suspendida por un hasta de cobre y mantenida en el vac\u00edo bajo una capa de helio l\u00edquido a casi -270 grados Celsius. Su sutil\u00edsima pulsaci\u00f3n -u oscilaci\u00f3n- indicar\u00e1 cuando finalmente se detecten las ondas gravitacionales, que constituyen uno de los m\u00e1s desafiantes objetos de estudio de la f\u00edsica contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Conocidas hasta ahora solamente por medio de evidencias indirectas, como la reducci\u00f3n de la \u00f3rbita de estrellas binarias, las ondas gravitacionales son definidas como deformaciones en el espacio resultantes del movimiento acelerado de cuerpos grandes, como las propias estrellas. Puede compar\u00e1rselas con las ondas que se forman cuando lanzamos una piedra sobre el agua de un lago, aunque sean extremamente d\u00e9biles y, te\u00f3ricamente, puedan\u00a0 propagarse a la velocidad de la luz. Fascinan a los f\u00edsicos porque representan la \u00faltima prueba de la Teor\u00eda de la Relatividad General, formulada en 1916 por Albert Einstein -todas las otras predicciones, como el desv\u00edo de la luz al pasar cerca de estrellas como el Sol, ya se comprobaron.<\/p>\n<p>Exhausto, sin voz y durmiendo mucho menos que lo habitual a causa de la entrada en operaci\u00f3n del detector y de los constantes viajes entre S\u00e3o Paulo y S\u00e3o Jos\u00e9 dos Campos, donde est\u00e1 el Inpe y su casa, Aguiar sabe que tan r\u00e1pido no ser\u00e1 posible igualarse con los equipos de los otros 11 detectores semejantes -en operaci\u00f3n hace muchos a\u00f1os en Estados Unidos, Alemania, Italia y Australia- que tambi\u00e9n est\u00e1n atr\u00e1s de las ondas gravitacionales. &#8220;El detector es ahora como un coche que anduvo por primera vez despu\u00e9s de que juntamos las piezas que nunca antes estuvieron juntas&#8221;, compara el f\u00edsico de 52 a\u00f1os que desde hace por lo menos 20 trabaja con equipamientos de ese g\u00e9nero. &#8220;La sensibilidad a\u00fan est\u00e1 lejos de lo que necesitamos para ser competitivos&#8221;. En esa fase inicial, de pruebas y ajustes de los componentes, el detector opera solamente con tres de los seis sensores previstos en el proyecto inicial. Son los sensores los que transforman las oscilaciones de la esfera en se\u00f1ales el\u00e9ctricas, captadas por antenas de microondas y amplificados en fracciones de segundo antes de llegar a la computadora instalado en un entrepiso cercano a una de las paredes del galp\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Vibraciones audibles<br \/>\n<\/strong>Al final de este a\u00f1o, sin embargo, deben ser instalados los sensores definitivos. Seg\u00fan Aguiar, ser\u00e1n mucho m\u00e1s refinados y sensibles. Construidos en uno de los laboratorios del Inpe por el f\u00edsico S\u00e9rgio Ricardo Furtado, los nuevos sensores -o transductores- tendr\u00e1n una cavidad de niobio, elemento qu\u00edmico superconductor, y una membrana de silicio con una espesura de 20 mil\u00e9simas de mil\u00edmetro. La membrana de los sensores actuales es met\u00e1lica y presenta una espesura de 200 a 300 mil\u00e9simas de mil\u00edmetro, que resulta de una sensibilidad bien menor a las ondas que pueden llegar a cualquier momento de las profundidades del espacio.<\/p>\n<p>Con los sensores definitivos, el detector podr\u00e1 captar ondas gravitacionales en las frecuencias de 3.100 a 3.300 Hertz, que se encuentra en el rango de los sonidos que pueden ser captados por el o\u00eddo humano. Por lo tanto, ser\u00eda posible o\u00edr la vibraci\u00f3n de la esfera de bronce, siempre que las se\u00f1ales pasasen por un micr\u00f3fono y fuesen amplificados, ya que la esfera se encuentra envuelta por el vac\u00edo.<\/p>\n<p>El detector instalado en la USP cost\u00f3 aproximadamente 800 mil d\u00f3lares, financiados por la FAPESP, e insumi\u00f3 el trabajo de unos 30 f\u00edsicos experimentales y te\u00f3ricos de la propia USP, del\u00a0 Inpe, del Instituto Tecnol\u00f3gico de la Aeron\u00e1utica (ITA), tambi\u00e9n de S\u00e3o Jos\u00e9 dos Campos, de la unidad paulistana del Centro Federal de Educaci\u00f3n Tecnol\u00f3gica (Cefet) y de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). Aunque entre s\u00f3lo ahora en una carrera que ya comenz\u00f3, cuenta con dos ventajas resultantes del hecho de ser esf\u00e9rico: podr\u00e1 captar las ondas que lleguen de todo el cielo y determinar tambi\u00e9n la direcci\u00f3n de donde vinieron.<\/p>\n<p>En tanto, los detectores que funcionan con barras de aluminio en vez de esferas o por medio de l\u00e1ser podr\u00e1n registrar solamente las ondas, seg\u00fan Aguiar. &#8220;Es casi imposible que pesquemos la primera onda&#8221;, dice \u00e9l. &#8220;Pero ser\u00e1n los detectores esf\u00e9ricos los que van a determinar la forma y la direcci\u00f3n de las ondas&#8221;. Aguiar cree que los f\u00edsicos brasile\u00f1os, en el caso de que lleguen a esas informaciones igualmente estrat\u00e9gicas, podr\u00e1n entonces conversar de igual a igual con los representantes de los equipos al frente de los equipamientos que costaron 400 veces m\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Comienza a funcionar el detector brasile\u00f1o de ondas gravitacionales","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[5968],"class_list":["post-80664","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80664","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80664"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80664\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80664"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80664"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80664"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80664"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}