{"id":80669,"date":"2006-10-01T10:00:00","date_gmt":"2006-10-01T13:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/10\/01\/entre-la-virtud-y-la-fortuna\/"},"modified":"2015-07-17T12:41:02","modified_gmt":"2015-07-17T15:41:02","slug":"entre-la-virtud-y-la-fortuna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/entre-la-virtud-y-la-fortuna\/","title":{"rendered":"Entre la Virtud y la Fortuna"},"content":{"rendered":"<p>En <em>A seren\u00edssima<\/em> <em>rep\u00fablica<\/em>, cuento de Machado de Assis, el bondadoso can\u00f3nigo Vargas cuenta c\u00f3mo consigui\u00f3 reunir 490 ara\u00f1as hablantes y decidi\u00f3 dar a los ar\u00e1cnidos, buenos salvajes pol\u00edticos, &#8220;un gobierno id\u00f3neo&#8221;. Vali\u00e9ndose del talento de sus pupilos para crear telas, les dio un sistema que &#8220;excluye los desvar\u00edos de la pasi\u00f3n, los dislates de la ineptitud, el congreso de la corrupci\u00f3n y de la codicia&#8221;: un saco en el que se colocar\u00edan bolillas con los nombres de los candidatos, que, al ser escogidos, eran aptos para la carrera pol\u00edtica. Todo comenz\u00f3 bien, pero el &#8220;sistema inmune a fraudes&#8221; enseguida cay\u00f3 en las trampas debido a la astucia de varias ara\u00f1as. Por \u00faltimo, desisten de la b\u00fasqueda de la perfecci\u00f3n \u00e9tica y una de ellas anuncia a las hilanderas del saco: &#8220;Vosotras sois la Pen\u00e9lope de nuestra rep\u00fablica. Ten\u00e9is la misma paciencia y castidad. Rehaced el saco hasta que Ulises, cansado de andar, venga a tomar entre nosotras el lugar que le cabe. \u00c9l es la sabidur\u00eda&#8221;.<\/p>\n<p>Los ar\u00e1cnidos machadianos descubrieron temprano lo que a\u00fan nos hace darnos cabezazos: pol\u00edtica y \u00e9tica son una mezcla compleja, insondable, y le queda a la sociedad tener la paciencia de Pen\u00e9lope y esperar que electores, pol\u00edticos e instituciones maduren. La \u00e9tica en la pol\u00edtica, o la falta de ella es actualmente la obsesi\u00f3n nacional, aunque una investigaci\u00f3n reciente hecha por Ibope revele el famoso &#8220;dilema brasile\u00f1o&#8221;, como fue preconizado por el antrop\u00f3logo Roberto Da Matta: &#8220;Corrupci\u00f3n en la pol\u00edtica: \u00bfel elector es v\u00edctima o c\u00f3mplice?&#8221; Los resultados mostraron que el elector es muy cr\u00edtico en relaci\u00f3n a sus l\u00edderes pol\u00edticos en t\u00e9rminos de \u00e9tica y corrupci\u00f3n, pero un 75% de los entrevistados confiesan que cometer\u00edan los mismos pecados si tuviesen las mismas oportunidades que los pol\u00edticos. &#8220;Mientras m\u00e1s ilegalidades el elector comete o acepta en su cotidiano, m\u00e1s tolerante \u00e9l tiende a ser con los actos de corrupci\u00f3n de los gobernantes y legisladores. Las personas no ven la \u00e9tica como un valor absoluto, sino con gradaciones, en las que es posible ser m\u00e1s o menos \u00e9tico&#8221;, explica Silvia Cervellini, que hizo la investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;Es curioso que los medios, que cumplen un rol de mediador entre la clase dirigente y la sociedad, demuestren tanta indignaci\u00f3n con los casos de corrupci\u00f3n si, como muestra la investigaci\u00f3n, ambos extremos de la relaci\u00f3n no le dan tanta importancia. Pero la opini\u00f3n p\u00fablica acepta y hasta espera ese discurso por parte de los medios&#8221;, observa. As\u00ed, dicen las cifras (que, est\u00e1 claro, pueden ser impugnadas), el elector no es la v\u00edctima, sino un c\u00f3mplice y se identifica con buena parte de las infracciones cometidas por los pol\u00edticos. Hay mucho m\u00e1s que 490 ara\u00f1as por Brasil y por el mundo, ya que, aunque se preconice la falta de \u00e9tica pol\u00edtica como un fen\u00f3meno nacional, \u00e9sta se detecta en muchos otros pa\u00edses. &#8220;La gran pol\u00edtica es siempre percibida como amoral por la gran mayor\u00eda de las personas porque en sociedades modernas y complejas la negociaci\u00f3n pol\u00edtica es siempre realizada de forma no transparente para la mayor\u00eda. Lo que parece peculiarmente brasile\u00f1o es la manipulaci\u00f3n populista de la corrupci\u00f3n como tema central del debate pol\u00edtico, en un pa\u00eds tan carente de discusiones p\u00fablicas de fondo sobre elecciones colectivas fundamentales&#8221;, argumenta Jess\u00e9 Souza, soci\u00f3logo de la Universidad Federal de Juiz de Fora.<\/p>\n<p><strong>Asco<br \/>\n<\/strong>&#8220;Todo los pol\u00edtico son ladrones&#8221;, es la frase m\u00e1s o\u00edda en nuestra no tan seren\u00edsima rep\u00fablica, y el &#8220;asco&#8221; por la pol\u00edtica parece haberse transformado en virtud, sin hablar de los que, como se\u00f1alaba el psicoanalista Jurandir Freire Costa, preconizan que &#8220;en un pa\u00eds en que la ley ha sido puesta en descr\u00e9dito, cualquier promesa de ley, por m\u00e1s draconiana que sea, puede comportar un poder de seducci\u00f3n irresistible, trayendo la ilusi\u00f3n del &#8216;yo era feliz y no lo sabia'&#8221;. Es la famosa &#8220;nostalgia&#8221; de los reg\u00edmenes militares, que, para muchos, ser\u00edan incorruptibles, cuando, en verdad, &#8220;los ciclos autoritarios brasile\u00f1os suministraron combustible a la corrupci\u00f3n, pues cuanto m\u00e1s cerrado es un sistema, m\u00e1s tiende a respirar sus propios gases t\u00f3xicos&#8221;, en las palabras de Marco Aur\u00e9lio Nogueira, cient\u00edfico pol\u00edtico de la Unesp y autor de Em defesa da pol\u00edtica. Al fin y al cabo, la democracia no permite secretos, forzando la transparencia sobre las pr\u00e1cticas de corrupci\u00f3n en la pol\u00edtica. Pero es necesario tomar cuidado para que no se transforme en verdad la hip\u00f3tesis esgrimida por Theodore Lowi, de la Cornell University, para quien &#8220;la transformaci\u00f3n de la corrupci\u00f3n en cuesti\u00f3n pol\u00edtica tiene menos que ver con los niveles de corrupci\u00f3n que con el nivel de conflicto entre las elites y con la existencia de elites dispuestas a usar ese instrumento en la lucha contra otras&#8221;. La telara\u00f1a\u00a0 de la \u00e9tica es densa.<\/p>\n<p>Para Freire Costa, el pecado capital de la cuesti\u00f3n \u00e9tica en la pol\u00edtica es el fruto de la propia modernidad, con su &#8220;ideolog\u00eda del bienestar, que se opone, casi punto por punto, a la cultura humanista, democr\u00e1tica y pluralista&#8221;. Por encima de todo, ella es antipol\u00edtica. El modo de vida burgu\u00e9s, nota, siempre defini\u00f3 el culto de lo privado como superior al compromiso p\u00fablico. El pol\u00edtico era despreciado por no producir riqueza: los pol\u00edticos eran los que quer\u00edan tener dinero sin trabajar y viv\u00edan en el terreno de la mentira, de la falta de valores \u00e9ticos. \u00c9stos estar\u00edan relegados al mundo privado, cuna de los sentimientos honrados, de la honestidad. &#8220;Pero la actividad pol\u00edtica, menospreciada por razones que los agentes consideraban moralmente elevadas, no alcanzaba el n\u00facleo de la idea del sujeto moral. Aunque la hipocres\u00eda ten\u00eda compromisos con la decencia&#8221;,\u00a0 escribe Freire. El apoliticismo del ethos actual es de otra labra, ya que no se cultivan m\u00e1s virtudes p\u00fablicas o privadas. &#8220;En la ideolog\u00eda del bienestar, lo que cuenta no es la virtud, sino el \u00e9xito. No se pide m\u00e1s que se piense en cual es la mejor elecci\u00f3n para \u00e9l y para el otro, se pide que se calcule cual es la mejor t\u00e1ctica para ser exitoso.&#8221; El psicoanalista recuerda que, en sociedades subdesarrolladas como la nuestra, la apat\u00eda pol\u00edtica, normalmente exigida en los sistemas capitalistas, se acent\u00faa. &#8220;En la estabilidad, el apoliticismo de la sociedad es compensado por la adhesi\u00f3n al orden existente y por la creencia en la autoridad dominante. En las crisis, estos pilares se desmoronan y el hombre com\u00fan, habituado a delegar a la clase dirigente el poder y la iniciativa de decidir, pierde la confianza en la Justicia, en la pol\u00edtica y en las instituciones&#8221;. Reducido al &#8220;m\u00ednimo yo&#8221;, en las palabras de Christopher Lasch, es el individuo que piensa solamente en su bienestar, generando la llamada &#8220;raz\u00f3n c\u00ednica&#8221;.<\/p>\n<p>\u00bfEs posible existir \u00e9tica pol\u00edtica en ese estado de cosas? &#8220;Las sociedades se despolitizan, buscando refugio en el mercado y dando las espaldas para el Estado, profundizando el divorcio entre \u00e9ste y la poblaci\u00f3n, entre partidos y ciudadanos, entre clase pol\u00edtica y elector. As\u00ed, los pol\u00edticos quedan cada vez m\u00e1s distantes de los fines superiores de la pol\u00edtica (la realizaci\u00f3n del bien com\u00fan) y cada vez m\u00e1s enredados en sus medios. Crece el riesgo de inoperancia y de corrupci\u00f3n y diminuye el impacto \u00e9tico-pol\u00edtico de la pol\u00edtica&#8221;, analiza Nogueira. Para exigir y obtener \u00e9tica es necesario participar de la vida pol\u00edtica. &#8220;La amenaza que ronda nuestras sociedades democr\u00e1ticas es la combinaci\u00f3n de dos rasgos que, tomados separadamente, no parecen constituir un peligro radical: la constituci\u00f3n de una sociedad de consumidores pasivos y la creciente soledad de los individuos&#8221;, asever\u00f3 Newton Bignotto, fil\u00f3sofo de la UFMG, en <em>\u00bfUna sociedad sin virtudes?<\/em>, conferencia que forma parte del ciclo de debates &#8220;El olvido de la pol\u00edtica&#8221;, organizado por Adauto Novaes. Seg\u00fan \u00e9l, el ciudadano se torna impotente para comprender lo que pasa en su propio pa\u00eds. &#8220;De manera radical nos podemos preguntar si a\u00fan tiene sentido hablar de virtudes p\u00fablicas y \u00e9tica pol\u00edtica, en el mundo en que vivimos&#8221;, eval\u00faa Bignotto.<\/p>\n<p>As\u00ed, hasta el siglo XV la pregunta sobre la virtud y la vida en com\u00fan era invariablemente respondida por el recurso a la idea de que el buen gobernante y el buen ciudadano depend\u00edan de una pr\u00e1ctica virtuosa, y la f\u00f3rmula de una sociedad sin virtudes no ten\u00eda sentido para el mundo antiguo y el medieval. &#8220;Con Maquiavelo nace la sospecha de que las virtudes que se les exig\u00edan a los gobernantes cristianos no eran necesariamente cualidades que podr\u00edan garantizar el \u00e9xito y el respeto irrestricto a los consejos de la tradici\u00f3n, y podr\u00edan hasta ser una fuente de ruina para los que gobiernan&#8221;, recuerda el fil\u00f3sofo. Sin vulgarizar el concepto de maquiavelismo, se puede pensar que, a partir de entonces, la pol\u00edtica pas\u00f3 a definir un territorio diferente de aqu\u00e9l de la \u00e9tica. &#8220;No se preconizaba el abandono de las virtudes morales, pero el mantenerse en el poder y derrotar a los enemigos se vuelve tambi\u00e9n un punto importante en una sociedad que pasa a valorar al individuo y el \u00e9xito en la carreras&#8221;. Se abr\u00eda la puerta a la modernidad que pas\u00f3 a separar virtud moral e virtud pol\u00edtica. En el mismo instante, se inaugur\u00f3 la sospecha moderna sobre la virtud y la \u00e9tica en las asociaciones pol\u00edticas.<\/p>\n<p>Rousseau y la Revoluci\u00f3n Francesa, cada uno a su modo, intentaron cambiar ese estado de la cosas. Para el fil\u00f3sofo suizo, era necesario exaltar la \u00e9tica, la virtud, colocar el bien com\u00fan por encima de los intereses particulares. Robespierre llevar\u00eda ese precepto al extremo y el resultado de &#8220;tanta bondad&#8221; desencarril\u00f3 en el Terror, cuando, acota Bignotto, &#8220;la virtud sirve para construir la figura del enemigo y justificar la exclusi\u00f3n de los adversarios de la escena p\u00fablica, m\u00e1s que para guiar el comportamiento de los ciudadanos&#8221;. Entraba en escena el peor acompa\u00f1ante de la \u00e9tica en la pol\u00edtica, el moralismo (que fue apodado entre nosotros, desde los a\u00f1os 1940, como udenismo o lacerdismo, en &#8220;homenaje&#8221; al partido que advert\u00eda que &#8220;de nada valen las formas de gobierno si es mala la calidad de los hombres que nos gobiernan&#8221;). En un pol\u00e9mico art\u00edculo escrito en 2001, el fil\u00f3sofo Jos\u00e9 Arthur Gianotti advert\u00eda que &#8220;m\u00e1s que moral, acusar de inmoral p\u00fablicamente a una persona p\u00fablica es un acto pol\u00edtico&#8221;. Seg\u00fan \u00e9l, &#8220;no hay pol\u00edtica entre santos&#8221; y existir\u00eda una &#8220;zona gris de la inmoralidad&#8221;: &#8220;A las leyes guardianas de las leyes que rigen la polis, para que sean practicadas, requieren una zona de inmoralidad sin la cual no podr\u00edan funcionar&#8221;. Giannotti usa una imagen de Wittgenstein: si el \u00e9mbolo fuese rigurosamente ajustado al hueco del pist\u00f3n, no habr\u00eda movimiento posible.<\/p>\n<p>Esa &#8220;necesaria zona de indefinici\u00f3n&#8221;, eval\u00faa el fil\u00f3sofo, si es abolida, resultar\u00eda en la dictadura o en el jacobinismo. Es m\u00e1s: &#8220;Ser democr\u00e1tico es convivir con ese riesgo. Es necesario diferenciar el juicio moral en la esfera p\u00fablica del juicio moral en la intimidad, pues ambos son diferentes zonas de indefinici\u00f3n&#8221;. Para el jurista F\u00e1bio Konder Comparato, autor del reci\u00e9n presentado \u00c9tica, &#8220;en Brasil, la noci\u00f3n de \u00e9tica sigue en general vinculada a la vida privada. Condenamos al gobernante o al parlamentario ladr\u00f3n, porque su conducta no difiere, sustancialmente, del acto del particular que mete la mano en el bolsillo ajeno. Pero tenemos una enorme dificultad de percibir que una pol\u00edtica de privatizaci\u00f3n del Estado, o de endeudamiento p\u00fablico, es infinitamente m\u00e1s da\u00f1ina para la sociedad actual y el futuro del pa\u00eds que la pr\u00e1ctica del peculado&#8221;, analiza. &#8220;Para la gran masa de la poblaci\u00f3n, el reino de la pol\u00edtica en nada tiene que ver con el de la \u00e9tica: en aqu\u00e9l prevalece el principio del poder, en este el del respeto al pr\u00f3jimo. Esa mentalidad es, en gran medida, fruto de la esclavitud, que separaba el g\u00e9nero humano en superiores e inferiores&#8221;. Gilberto Freyre ya anticipaba la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Estado<br \/>\n<\/strong>Seg\u00fan el antrop\u00f3logo, para los brasile\u00f1os la culpa de todo estaba siempre en el Estado, que era necesario modificarlo, imaginando, con ingenuidad, que los pol\u00edticos encargados de esa transformaci\u00f3n no formasen parte de la sociedad que esas reformas objetivar\u00edan modificar. &#8220;En una sociedad donde los seguidores de la ley son clasificados como tontos, la tramoya y el asalto a los bienes p\u00fablicos son corrientes. El delito contra el Estado no es un desv\u00edo, es una oportunidad&#8221;, observ\u00f3 Da Matta en Encontros entre meios e fins. &#8220;Hoy en d\u00eda lamentamos la ausencia de la \u00e9tica, cuando de hecho todo nuestro malestar con la modernidad que construimos en Brasil tiene mucho que ver no con la ausencia, sino con la presencia inestable y contradictoria de muchas \u00e9ticas. Adoptamos valores modernos (isonom\u00eda legal, sufragio universal, l\u00f3gica de mercado etc.) sin la transformaci\u00f3n o discusi\u00f3n de los valores tradicionales. Adoptamos monedas nuevas, sin deshacernos de las antiguas, y peor a\u00fan, sin decirle a la sociedad que tales monedas no valen nada&#8221;. El antrop\u00f3logo cita como ejemplo la tendencia de los pol\u00edticos en &#8220;tomar posesi\u00f3n&#8221; de sus cargos o, para emplear su definici\u00f3n de &#8220;\u00e9tica doble&#8221;, en un momento se toman decisiones siguiendo valores modernos e impersonales, y en otro se act\u00faa en funci\u00f3n de la familia, de las simpat\u00edas personales y de las relaciones que consideran el caso de &#8220;Jo\u00e3o&#8221; o &#8220;Jos\u00e9&#8221; diferente, porque ellos son amigos y est\u00e1n por encima de la ley. &#8220;La \u00e9tica como instrumento de gesti\u00f3n echa luz en la compleja y dif\u00edcil dial\u00e9ctica entre el principio de la compasi\u00f3n (para los &#8216;nuestros&#8217;) y de la justicia (para los &#8216;otros&#8217;)&#8221;, asevera. En la promiscuidad entre lo viejo y lo nuevo, \u00bfc\u00f3mo conciliar igualdad pol\u00edtica y jerarqu\u00eda &#8216;famil\u00edstica&#8217;\u00a0y social&#8221;, se pregunta Da Matta.<\/p>\n<p>&#8220;La respuesta desnuda y cruda es la de la corrupci\u00f3n, la de la tara de origen y del atraso hist\u00f3rico. La m\u00e1s sutil es de la mentira, de la piller\u00eda y de los varios populismos que prometen mejorar la vida de todos, sin alcanzar de nadie&#8221;, dice. O, en las palabras de Oliveira Vianna: &#8220;Soy capaz de una gran intrepidez, menos de la intrepidez de resistir a los amigos&#8221;. La investigaci\u00f3n del Ibope hace eco a esas palabras que demuestran, contin\u00faa Vianna, nuestra incapacidad moral de resistir a las sugerencias de la amistad, para sobreponerlas a las contingencias del personalismo de los grandes intereses sociales. Es necesario tejer mucho todav\u00eda para reunir \u00e9tica y pol\u00edtica. A expensas de esa ciencia, preferimos abdicar de la pol\u00edtica sin demoras, como si la misma se hubiese efectivamente transformado en el espacio weberiano del desencanto. La intenci\u00f3n de galvanizar ese encanto no siempre es saludable. &#8220;Esa especie de rechazo \u00e9tico de la pol\u00edtica configura la profunda contradicci\u00f3n en que estamos enredados. Pues si definimos al individuo como social, entonces la separaci\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00edtica configura la ruptura entre el individuo y la sociedad, lo que en el l\u00edmite significa la ruptura del individuo con s\u00ed mismo&#8221;, afirm\u00f3 el fil\u00f3sofo Franklin Leopoldo e Silva en su conferencia &#8220;La banalizaci\u00f3n de la \u00e9tica&#8221;, tambi\u00e9n en el marco del ciclo &#8220;El olvido de la pol\u00edtica&#8221;. &#8220;En esas condiciones, la \u00e9tica gana una autonom\u00eda de car\u00e1cter ideol\u00f3gico, en la medida en que aparece como la ilusi\u00f3n de la preservaci\u00f3n de una subjetividad que ya no encuentra en el plano social las posibilidades de realizaci\u00f3n, toda vez que la instancia de lo social, precisamente por haberse tomado solamente el lugar de manifestaci\u00f3n del inter\u00e9s privado, se muestra desnuda de cualquier car\u00e1cter pol\u00edtico-comunitario.&#8221;<\/p>\n<p>La telara\u00f1a se retuerce. &#8220;La cuesti\u00f3n central no est\u00e1 en lo inadecuado que consistir\u00eda en juzgar acciones p\u00fablicas con criterios privados; lo fundamental es que las acciones ocurren de modo caracter\u00edsticamente privado en sus causas y consecuencias, aunque enmascaradas por la forma de acci\u00f3n p\u00fablica, y son juzgadas de modo privado en el contexto de un espect\u00e1culo p\u00fablico&#8221;, observa Franklin. Para \u00e9l, si la vida pol\u00edtica es aut\u00e9ntica (en el sentido arendtiano de la Antig\u00fcedad, en que se entrecruzaban opiniones pol\u00edticas diversas), su moralizaci\u00f3n es innecesaria, pues el verdadero sentido de la vida p\u00fablica est\u00e1 en la reciprocidad entre \u00e9tica y pol\u00edtica. Cuando esta vida no es aut\u00e9ntica, su moralizaci\u00f3n es in\u00fatil, porque la ruptura de la reciprocidad desde luego compromete el sentido de los dos elementos y de su vinculaci\u00f3n intr\u00ednseca. &#8220;Cuando hablamos de la cosa p\u00fablica (su deterioraci\u00f3n como experiencia real), la quiebra simult\u00e1nea de la pol\u00edtica y de la \u00e9tica hace del discurso moralizante, o de la intenci\u00f3n de sustituci\u00f3n de la pol\u00edtica por la \u00e9tica, un procedimiento de la banalizaci\u00f3n y una estrategia de cinismo&#8221;. Eso se refleja en la decisi\u00f3n de voto. Para Marco Aur\u00e9lio Nogueira, el brasile\u00f1o ha votado y participado pol\u00edticamente para defenderse, no para tomar la iniciativa y atacar. &#8220;Una cultura del desencanto, sumada a una visi\u00f3n minimalista de la democracia (reducida al rito electoral, visto como v\u00eda crucis, extra\u00f1a a la participaci\u00f3n sustantiva) ayuda a expropiar las personas de la capacidad de decidir. La incertidumbre pasa a prevalecer por sobre la hip\u00f3tesis misma de la regulaci\u00f3n, o sea, del equilibrio y de la sensatez.&#8221;<\/p>\n<p>Para el cientista pol\u00edtico Alberto Carlos de Almeida, se puede dividir el elector en dos tipos, caracter\u00edsticos de su visi\u00f3n sobre lo que debe ser la relaci\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00edtica: el ciudadano delegativo y su opuesto, el no delegativo. El primero es una persona que o no tiene noci\u00f3n de derechos, o, si la tiene, no la considera importante ya que nadie los cumple o los hace cumplir. Espera que los otros act\u00faen correctamente (desde el punto de vista de \u00e9tica \u00fanica) y encuentra justificaci\u00f3n para que \u00e9l tampoco act\u00fae correctamente. No ve problemas en\u00a0 utilizar lo p\u00fablico como si fuese privado y su tipo de pol\u00edtico es el de alguien que resuelva sus problemas, aunque de forma autoritaria, y cuide de lo que es p\u00fablico, ya que \u00e9l no quiere preocuparse con eso. As\u00ed, no exige un comportamiento recto del pol\u00edtico, siempre que, claro est\u00e1, resuelva sus problemas.<\/p>\n<p>El tipo no delegativo conoce y exige sus derechos y apoya una \u00e9tica \u00fanica, considerando que la &#8220;viveza&#8221; brasile\u00f1a es una forma de corrupci\u00f3n. Pero existe un &#8220;pero&#8221;. Como recuerda el cientista pol\u00edtico Yan de Souza Carreir\u00e3o, el elector que no se sujeta al aspecto \u00e9tico lo hace siguiendo un raciocinio todo suyo que le dice no haber inocentes en la pol\u00edtica, desde el punto de vista \u00e9tico, especialmente considerando los partidos m\u00e1s relevantes en el escenario pol\u00edtico nacional. No se puede poner sobre ellos, de forma aturdida, la c\u00e9lebre cr\u00edtica brechtiana de que &#8220;primero viene la panza y s\u00f3lo despu\u00e9s viene la moral&#8221;. &#8220;La crisis moral acompa\u00f1a a la crisis pol\u00edtica, econ\u00f3mica y social&#8221;, avisa Freire Costa. La cultura narcisista que se establece, nutrida por la decadencia social y por el descr\u00e9dito de la justicia y de la ley, lleva a un deseo de fruici\u00f3n inmediata del presente, la sumisi\u00f3n al status quo y la oposici\u00f3n sistem\u00e1tica y met\u00f3dica a cualquier proyecto de cambio que implique cooperaci\u00f3n social y negociaci\u00f3n no violenta de intereses particulares. La moral se vuelve banal.<\/p>\n<p><strong>Flojedad<br \/>\n<\/strong>Acompa\u00f1ando ese movimiento surge la flojedad de la relaci\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00edtica, que trae muchas veces el llamado &#8220;voto econ\u00f3mico&#8221;, en que el elector valoriza sobre todo los resultados y menos la cuesti\u00f3n de saber qui\u00e9n los produce o cu\u00e1les son y c\u00f3mo ser\u00e1n removidos los eventuales obst\u00e1culos. &#8220;Es un voto pragm\u00e1tico, que juzga al candidato no por su \u00e9tica o por la identificaci\u00f3n del elector con su ideolog\u00eda o personalidad, sino por su potencial de realizaciones&#8221;, observa Elizabeth Balbachevsky en Identidade, oposi\u00e7\u00e3o e pragmatismo, un an\u00e1lisis del contenido estrat\u00e9gico de la decisi\u00f3n electoral en 13 a\u00f1os de elecciones (1989, 1994, 1998 y 2002). Por los resultados, no es de hoy que el elector se deja llevar m\u00e1s por lo que espera ganar que por la rectitud de car\u00e1cter de su gobernante o por una eventual identificaci\u00f3n ideol\u00f3gica. Collor y Cardoso, antes que Lula, se beneficiaron de esa proyecci\u00f3n del elector sobre ellos como &#8220;realizadores futuros&#8221;. Solamente cuando Lula consigui\u00f3 reunir ese requisito de identificaci\u00f3n entre el elector y \u00e9l es que logr\u00f3 ganar las elecciones. El futuro, entonces, parece no reservarnos sorpresas mejores.<\/p>\n<p>&#8220;Hannah Arendt afirm\u00f3 una vez, cuando se la cuestion\u00f3 sobre si la pol\u00edtica a\u00fan ten\u00eda sentido, que no deber\u00edamos olvidarnos que originalmente el sentido de la pol\u00edtica era la libertad, y que eso segu\u00eda siendo v\u00e1lido, si quisi\u00e9semos mantener nuestra creencia en los valores que aprendimos a defender como el m\u00e1s alto ideal de la vida en com\u00fan&#8221;, cree Bignotto. Seg\u00fan el fil\u00f3sofo, si para hablar de virtudes en las sociedades de hoy no podemos apelar al comportamiento heroico de sus ciudadanos, no por eso necesitamos relegar la b\u00fasqueda de la virtud a un pasado imposible de ser recuperado. &#8220;Las virtudes republicanas posibles en nuestro tiempo tal vez no sean tan espectaculares como las que aprendimos a admirar en personajes del pasado, pero en su modestia podr\u00e1n apuntar el mantenimiento del espacio de la pol\u00edtica como aqu\u00e9l en el cual nuestras potencialidades puedan ir m\u00e1s all\u00e1 del hecho de que seamos consumidores&#8221;. De lo contrario, advierte, estaremos condenados a vivir en una sociedad sin virtudes, presa f\u00e1cil de los procesos y viviendo &#8220;solitarios en medio a hombres solitarios&#8221;. O, seg\u00fan las palabras de Da Matta: &#8220;Decir que todo es un &#8216;mar de lodo&#8217; es reiterar un moralismo interesado y casi siempre autoflagelante y leer la pol\u00edtica con los ojos implacables de una virgen del noviciado&#8221;. Una democracia joven, reci\u00e9n salida del autoritarismo, necesita, como las 490 ara\u00f1as del can\u00f3nigo Vargas, la paciencia de esperar el regreso de la sabidur\u00eda de Ulises.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo analizar la \u00e9tica de la pol\u00edtica sin perderse en el moralismo?","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-80669","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80669","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80669"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80669\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80669"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80669"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80669"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80669"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}