{"id":80671,"date":"2006-10-01T10:20:00","date_gmt":"2006-10-01T13:20:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/10\/01\/lady-macbeth-tropical-2\/"},"modified":"2016-01-28T14:51:07","modified_gmt":"2016-01-28T16:51:07","slug":"lady-macbeth-tropical-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/lady-macbeth-tropical-2\/","title":{"rendered":"Lady Macbeth tropical"},"content":{"rendered":"<p>&#8220;No conf\u00edo en tu naturaleza. Te gustar\u00eda ser grande, pues no te falta ambici\u00f3n. Pero, aquello que deseas ardientemente, t\u00fa lo deseas santamente. No te\u00a0 gustar\u00eda\u00a0 robar en el juego, pero no te importar\u00eda ganar ileg\u00edtimamente. Sientes m\u00e1s miedo de hacerlo que deseo de no poder hacerlo. Ven aqu\u00ed para que yo pueda derramar mi coraje en tu o\u00eddo&#8221;. Lady Macbeth, como buena mujer, conoce a su marido. &#8220;El Pr\u00edncipe est\u00e1 decidido, pero no tanto cuanto yo desear\u00eda. Mucho me ha costado alcanzar todo esto y s\u00f3lo desear\u00eda insuflar una decisi\u00f3n m\u00e1s firme&#8221;, escribi\u00f3 Leopoldina, en enero de 1822, a un amigo austr\u00edaco, demostrando tambi\u00e9n conocer a su don Pedro I, algo claudicante entre quedarse en Brasil y desafiar a la aristocracia lusitana, que lo quer\u00eda de regreso a Portugal. Por ella, \u00e9l se qued\u00f3.<\/p>\n<p>&#8220;Aqu\u00ed todo es confusi\u00f3n y por todas partes priman los principios nuevos de la afamada libertad e independencia. Est\u00e1n trabajando para formar una Confederaci\u00f3n de los Pueblos, en el sistema democr\u00e1tico, como en los Estados libres de la Am\u00e9rica del Norte. Mi marido, que, desafortunadamente, ama todo lo\u00a0 que es novedad, est\u00e1 entusiasmado y tendr\u00e1, al final, que espiar todo&#8221;, se quej\u00f3 Leopoldina en carta al padre, el emperador austr\u00edaco Francisco I, en junio del mismo a\u00f1o. Lejos de un sistema democr\u00e1tico, Brasil se convirti\u00f3 un Imperio autocr\u00e1tico, &#8220;manteniendo la gloria de la Casa austr\u00edaca, preservando la monarqu\u00eda en tierras portuguesas y alejando el esp\u00edritu popular de las ideas republicanas&#8221;, se enorgullece la futura emperatriz de Brasil en otra misiva al padre monarca. Lejos de la joven rechoncha de ojos azules, por momentos\u00a0 descrita como ladina, y por momentos como la &#8220;articuladora de la independencia de Brasil&#8221;, surge ahora un nuevo retrato de Leopoldina Josefa Carolina Francisca Fernanda Beatriz de Habsburgo-Lorena (adicion\u00f3, por cuenta propia, un Maria al nombre kilom\u00e9trico, para agradar a los Bragan\u00e7a), nacida en Viena en 1797 y fallecida en R\u00edo en 1826. El m\u00e9rito es del libro Cartas de uma imperatriz, reci\u00e9n editado por la Esta\u00e7\u00e3o Libertad, una reuni\u00f3n de 315 cartas escritas por Leopoldina, desde la juventud austr\u00edaca hasta la muerte en Brasil.<\/p>\n<p>En un mundo historiogr\u00e1fico como el nacional, que tiene dificultades para lidiar con figuras individuales, prefiriendo concentrarse en las superestructuras, dejando a los protagonistas de la historia en las manos de aventureros, que los endiosan o ridiculizan, Leopoldina, poco estudiada, fue &#8220;recuperada&#8221; hace poco como una pieza importante en el proceso de la creaci\u00f3n del Imperio Brasile\u00f1o, en especial por su vinculaci\u00f3n con Jos\u00e9 Bonifacio. Sus cartas, le\u00eddas separadamente, pueden hasta dar esa impresi\u00f3n.\u00a0 Pero el conjunto de la obra revela una digna hija del Congreso de Viena,\u00a0 acostumbrada al juego pol\u00edtico y al &#8220;sacrificio&#8221; exigido de las princesas en nombre de alianzas. Joven, en Viena, pas\u00f3 a\u00f1os oyendo a los padres habl\u00e1ndole de Napole\u00f3n como el &#8220;corso maldito&#8221; solamente para despu\u00e9s ver al emperador entregar la mano de su hermana m\u00e1s pr\u00f3xima, Maria Luisa, al franc\u00e9s.\u00a0 No cabe la visi\u00f3n aburguesada de la mujer Leopoldina solitaria en un pa\u00eds salvaje y con un marido infiel. Eso es un enredo de novela rom\u00e1ntica. &#8220;Si tom\u00e1semos a Leopoldina apenas como mujer, pod\u00edamos perder, a la luz de la historia, la complejidad que envolvi\u00f3 su funci\u00f3n de princesa, la cual ella aprendi\u00f3 y acept\u00f3, en una sociedad que era regulada por ritos del Antiguo R\u00e9gimen&#8221;, observa Andr\u00e9a Slemian, historiadora de la USP y responsable de uno de los cinco ensayos que acompa\u00f1an la selecci\u00f3n de las cartas de la emperatriz..<\/p>\n<p>En ese contexto, Pedro y su mujer son una emulaci\u00f3n tropical de los Macbeth, llenos de palabras nobles y de acciones no tan nobles. &#8220;Es necesario que regrese a la mayor brevedad, est\u00e9 convencido de que no es el amor, ni la amistad lo que me hace desear m\u00e1s que nunca su r\u00e1pida presencia, sino las cr\u00edticas circunstancias en que se halla el amado Brasil&#8221;, escribi\u00f3 al marido, en agosto de 1822, dejando clara su voluntad de derramar coraje en su o\u00eddo. O a\u00fan: &#8220;He aqu\u00ed una verdadera suerte que haya sido decidida nuestra permanencia en Brasil (el Fico) y pensando en pol\u00edtica, ese es el \u00fanico medio de evitar la p\u00e9rdida total de la monarqu\u00eda portuguesa&#8221;, asever\u00f3 al marqu\u00e9s de Marialva, noble portugu\u00e9s que trat\u00f3 la alianza de su matrimonio, en 1917, con el hijo de don Joao VI. En cada carta, el tono correcto y adecuado al destinatario. A Bonif\u00e1cio, llega a renegar su origen: &#8220;En este instante don Francisco me viene a decir que tambi\u00e9n en la casa de Albano se re\u00fanen esos malvados llamados\u00a0 patriotas europeos; nosotros los\u00a0 brasile\u00f1os los despreciamos como debemos&#8221;. Curiosamente, al escribir &#8220;\u00a1Querid\u00edsimo pap\u00e1!&#8221;, el tono es otro: &#8220;La grandeza de Brasil es de supremo inter\u00e9s para las potencias europeas, especialmente desde el punto de vista comercial, y el mayor deseo de las Cortes aqu\u00ed reunidas es de cerrar contratos comerciales con las posesiones austr\u00edacas en Italia y establecer su monopolio comercial en sus puertos, lo que ser\u00eda extremamente ventajoso para mi querida patria, por la riqueza extraordinaria de Brasil&#8221;.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es la verdadera Leopoldina? &#8220;Aunque el se\u00f1or siempre haya prohibido a mi coraz\u00f3n y mi mente, amantes apenas de la verdad, hablar abiertamente, no puedo esta vez intentar mi suerte&#8221;, le dice al padre, firmando &#8220;su hija muy obediente&#8221;.\u00a0 &#8220;Leopoldina, adem\u00e1s de la claridad que demostraba con respecto a la fuerza pol\u00edtica de la palabra impresa, sab\u00eda que era una pieza importante como p\u00edvot de la Santa Alianza en Brasil, en la construcci\u00f3n de alternativas al Imperio Portugu\u00e9s&#8221;, observa Andr\u00e9a. &#8220;Al contrario de enfatizar \u00fanicamente la elecci\u00f3n personal de la princesa por la defensa de la Independencia, su opci\u00f3n debe pensarse en medio a una lucha pol\u00edtica en la que los grupos del centro-sur de Brasil llevaron adelante esa alternativa por la necesidad de mantener la supremac\u00eda de R\u00edo sobre el resto de la Am\u00e9rica portuguesa; por otra parte, se debe tener en cuenta su actuaci\u00f3n como articuladora pol\u00edtica que mantuvo muy claramente una posici\u00f3n firme en relaci\u00f3n a sus convicciones din\u00e1sticas, para evitar que principios democr\u00e1ticos se instalasen en la capital de la colonia.&#8221; La patria brasile\u00f1a se revela pr\u00f3diga en mujeres. Carlota Joaquina, la suegra detestada de Leopoldina (que la ve\u00eda como libertina y abominaba su h\u00e1bito de comer lagartos), tambi\u00e9n fue una fuerza importante en la disputa din\u00e1stica, presionando a don Jo\u00e3o VI en pro de los intereses espa\u00f1oles.<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n pragm\u00e1tica de los Habsburgo gener\u00f3 un ser inteligente y pol\u00edticamente consciente, a pesar de la pasi\u00f3n de la emperatriz por las ciencias naturales, en particular por la mineralog\u00eda. En el auge de la crisis previa a la Independencia, advirti\u00f3 al padre en carta que, &#8220;si todo por aqu\u00ed anda mal y toma la forma de la revoluci\u00f3n francesa, me ir\u00e9 con mis hijos a mi patria, pues, en cuanto a mi marido, estoy convencida, con pesar, de que la venda de la ceguera no se le caer\u00e1 de los ojos; espero que me dar\u00e9is la colocaci\u00f3n de Director de Mineralog\u00eda, que una vez me prometiste por chiste a la cena&#8221;. Tuvo el cuidado de estudiar el Brasil antes de venir ac\u00e1 y aprendi\u00f3 bien el portugu\u00e9s. Pero no era la primera opci\u00f3n de don Jo\u00e3o para su heredero, escogi\u00f3 a la austr\u00edaca por el prestigio del imperio de su padre, que colocar\u00eda Portugal en la Santa Alianza y aliviar\u00eda un poco la presi\u00f3n inglesa sobre la Corte de Lisboa.\u00a0 Para Francisco I, el matrimonio representaba el posibilidad de insertarse en el Nuevo Mundo, pleno de riquezas no explotadas.\u00a0 &#8220;Leopoldina estaba imbuida de una imagen de los brasile\u00f1os como buenos salvajes, a\u00fan no corrompidos por la civilizaci\u00f3n, de acuerdo con el pensamiento de Rousseau&#8221;, explica Andr\u00e9a. Se cas\u00f3 con Pedro I por poder y lleg\u00f3 a R\u00edo en 1817, con 20 a\u00f1os, describiendo\u00a0 Brasil al padre como &#8220;la Suiza con el m\u00e1s lindo y suave cielo&#8221;. En poco tiempo, las cartas hablar\u00edan del calor insoportable, de la brutalidad de los parientes y de los brasile\u00f1os, de la desconfianza generalizada con la Corte exilada, de los muchos monos que envi\u00f3 a Austria y, principalmente, de su esfuerzo por\u00a0 civilizar un poco al marido, a quien llam\u00f3, antes de conocerlo, apenas viendo una imagen en un broche, en Viena, dado por Marialva, como &#8220;su Adonis&#8221;.<\/p>\n<p>Pedro no se impresion\u00f3 tanto con la joven de senos exuberantes que, en las palabras de un contempor\u00e1neo, &#8220;era baja, ten\u00eda un rostro p\u00e1lido y cabellos rubios descoloridos; la gracia y la postura tambi\u00e9n no le eran propias, pues siempre tuvo aversi\u00f3n al cors\u00e9, teniendo los labios salientes de los Habsburgo y una expresi\u00f3n seria poco amable le estampaba el rostro&#8221;. Com\u00eda, le\u00eda compulsivamente y, como buena disc\u00edpula de Humboldt, sal\u00eda en caminatas por los alrededores de la ciudad, vistas como poco adecuadas a una dama de la Corte. Tampoco era com\u00fan la influencia que ejerc\u00eda sobre los asuntos de Estado del marido. En sus cartas, se percibe que la decisi\u00f3n de permanecer en Brasil de Pedro I fue en buena medida anticipada por la sabia actitud pol\u00edtica de Leopoldina de no dejar el pa\u00eds y, as\u00ed, echar a perder los proyectos mon\u00e1rquicos de la pareja. Era ella, adem\u00e1s, la que estaba en el comando del reino cuando don Pedro parti\u00f3 en viaje a S\u00e3o Paulo y fue la joven austr\u00edaca quien, ejerciendo en lugar del marido, convoc\u00f3 al Consejo de Estado el d\u00eda 2 de septiembre de 1822 y decidi\u00f3, con los ministros, la separaci\u00f3n de Brasil y Portugal. Mientras que el marido gritaba en Ipiranga, idealiz\u00f3 la bandera brasile\u00f1a reuniendo el verde, de la Casa de Bragan\u00e7a, con el amarillo, de la Casa de los Habsburgo, poniendo en un rombo el blas\u00f3n mon\u00e1rquico con las armas imperiales, en un inusitado homenaje de don Pedro I a Bonaparte. Pero\u00a0 toda Lady Macbeth merece un marido ingrato. Encantado por la Marquesa de Santos, Pedro puso a la mujer en un cautiverio de lujo, la humill\u00f3 y lleg\u00f3, dicen, a agredirla, provocando un aborto. Depresiva, muri\u00f3 en 1826, a los 30 a\u00f1os. &#8220;Deber\u00eda haber muerto m\u00e1s tarde&#8221;, habr\u00eda dicho Macbeth.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Cartas revelan la articuladora pol\u00edtica que odiaba la democracia","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[310],"coauthors":[684],"class_list":["post-80671","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es","tag-historia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80671","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80671"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80671\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80671"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80671"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80671"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80671"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}