{"id":80679,"date":"2006-11-01T00:00:00","date_gmt":"2006-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2006\/11\/01\/vivir-es-muy-peligroso\/"},"modified":"2015-08-28T15:45:17","modified_gmt":"2015-08-28T18:45:17","slug":"vivir-es-muy-peligroso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/vivir-es-muy-peligroso\/","title":{"rendered":"Vivir es muy peligroso"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-37073\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/11\/Viver-1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"191\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/11\/Viver-1.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/11\/Viver-1-120x76.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/11\/Viver-1-250x159.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">ANDR\u00c9S SANDOVAL E MARIANA ZANETTI<\/span>Las largas horas desperdiciadas en el tr\u00e1nsito de las grandes ciudades y la inseguridad generalizada que hace que las personas se tranquen en casas rodeadas de rejas o se escondan detr\u00e1s de los vidrios oscuros de los coches generan m\u00e1s que una mera irritaci\u00f3n y miedo pasajeros. Sumadas al exceso de trabajo com\u00fan de los tiempos actuales, estas situaciones habituales en las metr\u00f3polis brasile\u00f1as llevan la tensi\u00f3n al l\u00edmite de lo soportable, con efectos nocivos para la salud.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os estudios conducidos en Europa, Estados Unidos y Brasil han demostrado que el estr\u00e9s por per\u00edodos prolongados favorece el surgimiento de la diabetes, de enfermedades cardiovasculares, de ansiedad, depresi\u00f3n, impotencia, infertilidad e incluso algunas formas de c\u00e1ncer. Y ahora una investigaci\u00f3n llevada adelante por equipos de dos universidades paulistas -la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) y la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp)- revela otro posible efecto devastador del estr\u00e9s. Esa reacci\u00f3n natural del organismo que facilita la adaptaci\u00f3n a situaciones nuevas o amenazadoras tambi\u00e9n potencializa procesos inflamatorios que pueden culminar en la muerte de c\u00e9lulas nerviosas (neuronas) en dos regiones espec\u00edficas del cerebro: el hipocampo, asociado a la formaci\u00f3n de la memoria, y la corteza frontal, responsable del razonamiento complejo.<\/p>\n<p>&#8220;El estr\u00e9s, en s\u00ed, es un mecanismo natural de adaptaci\u00f3n, no una enfermedad&#8221;, dice el neurofarmac\u00f3logo Cristoforo Scavone, del Instituto de Ciencias Biom\u00e9dicas de la USP, coordinador del equipo paulista. &#8220;El problema surge cuando se pierde el control sobre el nivel de estr\u00e9s.&#8221;<\/p>\n<p>Los resultados de este trabajo, publicados en abril de este a\u00f1o en el Journal of Neuroscience, ponen por tierra una creencia antigua entre los neur\u00f3logos: de que el sistema nervioso era un conjunto de \u00f3rganos privilegiados, no susceptibles a la inflamaci\u00f3n. &#8220;Una membrana que recubre el sistema nervioso central, la llamada barrera hematoencef\u00e1lica, impide la llegada de varias sustancias y agentes agresores a este \u00f3rgano, raz\u00f3n por la cual se cre\u00eda que el enc\u00e9falo estuviese libre de las inflamaciones&#8221;, dice Scavone. Desgraciadamente, no es precisamente as\u00ed.<\/p>\n<p>Scavone y la farmac\u00f3loga Carolina Demarchi Munhoz, que embarc\u00f3 en el final de octubre para un segundo per\u00edodo de investigaciones en el laboratorio del neurocient\u00edfico Robert Sapolsky, en la Universidad de Stanford, Estados Unidos, constataron una doble funci\u00f3n de la cortisona, hormona liberada en situaciones de estr\u00e9s por gl\u00e1ndulas situadas sobre los ri\u00f1ones. El susto provocado tanto por una amenaza real, como un perro que salta el port\u00f3n de una casa ladr\u00e1ndole a quien pasa por la acera, cuanto por una imaginaria, al ejemplo del miedo de ser asaltado al parar el carro en el pr\u00f3ximo sem\u00e1foro con la luz\u00a0 roja, llevan a la producci\u00f3n de esa hormona del estr\u00e9s.<\/p>\n<p>Desde hace tiempo se sab\u00eda que en dosis relativamente bajas la cortisona es un potente compuesto capaz de contener la inflamaci\u00f3n -la cadena de reacciones del sistema de defensa del organismo destinada a combatir microorganismos invasores, a semejanza de virus, hongos y bacterias. En el art\u00edculo del Journal of Neuroscience, Carolina y Scavone probaron tambi\u00e9n que la cortisona en cantidades elevadas y por largos per\u00edodos puede causar el efecto contrario, en especial en el cerebro. Es tambi\u00e9n lo que se observa cuando los m\u00e9dicos recetan el uso de compuestos derivados de la cortisona para controlar el sistema inmunol\u00f3gico que se vuelve contra el propio cuerpo y provoca las llamadas enfermedades autoinmunes, como la inflamaci\u00f3n de las articulaciones (artritis) o casos graves de rojez y la descamaci\u00f3n intensa de la piel (psoriasis).<\/p>\n<p>&#8220;Este trabajo tiene una probable relevancia cl\u00ednica por sugerir que el uso de versiones sint\u00e9ticas de la hormona asociada al estr\u00e9s, el cortisol, puede agravar la inflamaci\u00f3n en el cerebro&#8221;, declar\u00f3 Sapolsky a Pesquisa FAPESP. Sin embargo, esto no significa que las personas deban rebelarse contra los m\u00e9dicos e interrumpir el tratamiento, toda vez que, recuerda Carolina, &#8220;generalmente se eval\u00faa la relaci\u00f3n entre los costos y los beneficios de un medicamento antes de prescribirlo&#8221;.\u00a0 Pero, en la opini\u00f3n de\u00a0 Scavone, es hora de prestar atenci\u00f3n a esos efectos e iniciar una busca de alternativas que no produzcan esos efectos indeseables.<\/p>\n<p>Scavone y Carolina observaron la acci\u00f3n nociva del cortisol sobre el cerebro en un extenso trabajo en el Laboratorio de Neurofarmacolog\u00eda Molecular de la USP en el cual sometieron a un grupo de ratones saludables a diferentes situaciones que provocan un estr\u00e9s semejante al que las personas viven en su cotidiano.<\/p>\n<p><strong>Marat\u00f3n en el laboratorio<br \/>\n<\/strong> A lo largo de dos semanas, seleccionaron roedores de manera aleatoria para dejar el confort de sus cajas y pasar por alguna actividad que los sacaba de la rutina, obligando al organismo a adaptarse a las nuevas condiciones. Un d\u00eda, por ejemplo, Carolina los pon\u00eda en un tanque para nadar sin descanso durante quince minutos. Al otro, los ratones se quedaban una hora y media en un ambiente algunos grados m\u00e1s fr\u00edo que lo habitual. Tambi\u00e9n tuvieron que permanecer inm\u00f3viles durante una hora o quedarse medio d\u00eda sin comida y agua. Los animales experimentaron tambi\u00e9n la incomodidad de una noche con las luces encendidas o de un per\u00edodo diurno en lo oscuro ?una inversi\u00f3n total de h\u00e1bitos, toda vez que los ratones son animales nocturnos y salen a buscar comida a la noche y descansan durante el d\u00eda.<\/p>\n<p>Ese desarreglo todo, llamado por los bi\u00f3logos como estr\u00e9s imprevisible\u00a0 prolongado, no es muy diferente del que se experimenta en per\u00edodos conturbados en los cuales es necesario prescindir de algunas horas de sue\u00f1o para atender un trabajo extra y hasta sustituir una dieta equilibrada por meriendas o saladitos con el objetivo de hacer que sobre un tiempito para pagar una cuenta que solo puede pagarse en el banco o finalmente realizar aquella visita al dentista pospuesta hace meses.<\/p>\n<p>La primera consecuencia de tantos cambios se detect\u00f3 en la sangre. Un d\u00eda despu\u00e9s de la bater\u00eda de ex\u00e1menes los niveles de corticosterona -el correspondiente en los ratones a la cortisona humana- segu\u00edan siendo elevados, en una concentraci\u00f3n que variaba de 25 a 30 microgramos por decilitro de sangre. &#8220;Esos valores son de cinco a seis veces m\u00e1s altos que lo normal, semejantes a los que se observan en el organismo de personas bajo tratamiento para suprimir la actividad del sistema de defensa y evitar el rechazo a un transplante&#8221;, explica Carolina.<\/p>\n<p>Los efectos del estr\u00e9s, sin embargo, son a\u00fan m\u00e1s amplios e involucran una complicada red de interacciones entre el sistema nervioso central y el resto del cuerpo. Tan pronto como surge una situaci\u00f3n amenazadora o que altere la rutina, el hipot\u00e1lamo acciona la producci\u00f3n de la hormona adrenocorticotrofina (ACTH) en la gl\u00e1ndula pituitaria, en la base del cerebro. En instantes el nivel de ACTH en sangre aumenta y activa las gl\u00e1ndulas localizadas sobre los ri\u00f1ones (las suprarrenales), que inician la fabricaci\u00f3n de cortisona.<\/p>\n<p>En la sangre esta hormona bloquea las reacciones qu\u00edmicas caracter\u00edsticas de la inflamaci\u00f3n y reduce la actividad del sistema de defensa, raz\u00f3n por la que se imaginaba que funcionase principalmente como antiinflamatorio cuando se la utiliza por semanas o, como m\u00e1ximo, unos pocos meses -aunque su uso por m\u00e1s tiempo provoque una serie de efectos indeseables como el aumento de la presi\u00f3n sangu\u00ednea, la depresi\u00f3n, la diabetes y la insuficiencia card\u00edaca, adem\u00e1s de facilitar el surgimiento de infecciones, ya que deja el sistema de defensa queda inerme ante las bacterias y hongos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-37075\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/11\/Viver-2.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"287\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/11\/Viver-2.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/11\/Viver-2-120x115.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2006\/11\/Viver-2-250x239.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">ANDR\u00c9S SANDOVAL E MARIANA ZANETTI<\/span>En alianza con la farmac\u00f3loga Maria Christina Werneck Avellar, de la Unifesp, Scavone y Carolina constataron que esa hormona, por caminos a\u00fan no totalmente comprendidos, acciona en el interior de las neuronas una prote\u00edna llamada factor de transcripci\u00f3n kappa B, que es fabricada en procesos inflamatorios. Ese factor de transcripci\u00f3n, a su vez, activa por lo menos tres genes responsables de la producci\u00f3n de prote\u00ednas -la interleuquina 1-B, el factor de necrosis tumoral alfa y el \u00f3xido n\u00edtrico sintaxis inducida- asociados a la inflamaci\u00f3n a la toxicidad celular. En concentraciones bajas esas mol\u00e9culas generan un efecto ben\u00e9fico y ayudan a combatir microorganismos invasores. En exceso, aunque, parecen destruir a las c\u00e9lulas que deber\u00edan proteger.<\/p>\n<p>El propio Sapolsky, uno de los m\u00e1s respetados estudiosos de los efectos del estr\u00e9s sobre el sistema nervioso central, se sorprendi\u00f3 con los resultados parciales de ese trabajo hace cerca de dos a\u00f1os durante la primera temporada de Carolina en su laboratorio en Stanford. El descubrimiento de la acci\u00f3n inflamatoria del estr\u00e9s sobre el sistema nervioso central ayudaba a completar el rompecabezas que Sapolsky hab\u00eda comenzado a armar diez a\u00f1os antes. Aunque se haya dedicado por un largo per\u00edodo a analizar los efectos del estr\u00e9s cr\u00f3nico generado por disputas sociales entre babuinos de Kenya, animales que viven en sociedad con relaciones de poder un tanto complejas, fue en ratones que Sapolsky demostr\u00f3 que el estr\u00e9s prolongado intoxicaba a las neuronas por aumentar los niveles de glutamato en el hipot\u00e1lamo.<\/p>\n<p>Carolina comprob\u00f3 el doble efecto de la cortisona al comparar el nivel de inflamaci\u00f3n cerebral en ratones sometidos a estr\u00e9s duradero con lo observado en roedores saludables. Despu\u00e9s de inducir una inflamaci\u00f3n generalizada en el organismo de los animales por medio de una inyecci\u00f3n de part\u00edculas de bacteria en la sangre, ella analiz\u00f3 la acci\u00f3n de los tres genes inflamatorios en el sistema nervioso central. Los ratones libres del estr\u00e9s presentaron una ligera inflamaci\u00f3n en todo el enc\u00e9falo, como hab\u00eda observado tres a\u00f1os antes otro neurofarmac\u00f3logo del equipo de la USP, Isa\u00edas Glezer, actualmente en per\u00edodo de especializaci\u00f3n en la Universidad Laval, en Canad\u00e1. Esta inflamaci\u00f3n, no obstante, fue m\u00e1s intensa en el hipocampo y en la corteza frontal de los roedores cr\u00f3nicamente estresados.\u00a0 Los resultados preliminares de otro ensayo a\u00fan en marcha sugieren que de hecho es esta inflamaci\u00f3n la responsable de la muerte de las neuronas en los animales debilitados por el estr\u00e9s. &#8220;Es posible que el cerebro de una persona que vive bajo estr\u00e9s sea m\u00e1s susceptible a esos da\u00f1os&#8221;, comenta Carolina.<\/p>\n<p>Aunque se hayan hecho con ratones, estos experimentos suministran una buena pista de lo que debe ocurrir tambi\u00e9n con los seres humanos, altamente propensos a sufrir una forma de estr\u00e9s asociada al estilo de vida occidental: el estr\u00e9s psicol\u00f3gico provocado por la anticipaci\u00f3n.\u00a0 Diferente de una amenaza real a la vida, la anticipaci\u00f3n es una especie de estr\u00e9s imaginario. El simple pensar en una situaci\u00f3n que puede ocurrir o no, como el miedo de sufrir un secuestro rel\u00e1mpago cada vez que se va a un cajero autom\u00e1tico, ya es suficiente para accionar los mecanismos bioqu\u00edmicos relacionados al estr\u00e9s, que, se estima, alcanzan entre a entre el 10% y el 20% de la poblaci\u00f3n de los pa\u00edses desarrollados.<\/p>\n<p><strong>M\u00e1s ligereza<br \/>\n<\/strong> El precio de esa adaptaci\u00f3n no es solamente el cuerpo que paga, toda vez que las enfermedades provocadas por el estr\u00e9s consumen una parte del presupuesto del sistema p\u00fablico de salud.\u00a0 El a\u00f1o pasado las investigadoras Sophie B\u00e9jean y H\u00e9l\u00e8ne Sultan-Ta\u00efeb, de la Universidad de Burgundy, Francia, presentaron en el European Journal of Health Economics un ejemplo claro de este costo social del estr\u00e9s: calcularon los gastos con el tratamiento de tres enfermedades (cardiovasculares, musculares y mentales) consecuencias, al menos en parte, del estr\u00e9s asociado a las condiciones de trabajo. De los 24,5 millones de personas en edad productiva en el 2000 en Francia, de 300 mil a 400 mil tuvieron problemas de salud relacionados al estr\u00e9s por causa del trabajo -y entre 2.300 y 3.600 murieron. Los gastos con tratamientos y p\u00e9rdida de d\u00edas de trabajo costaron de 1,2 mil millones a 2 mil millones de euros, valores que corresponden entre el 14% al 24% de lo que el sistema p\u00fablico de salud franc\u00e9s consume con enfermedades profesionales.<\/p>\n<p>Mientras que no se descubra una cura para el estr\u00e9s -si es que alg\u00fan d\u00eda la habr\u00e1, toda vez que no se trata propiamente de una enfermedad-, una salida es prevenirse, llevando la vida de forma m\u00e1s ligera y realizando actividades f\u00edsicas,\u00a0 aconseja Sapolsky, un estresado, seg\u00fan confiesa. &#8220;Tenemos que ser m\u00e1s superficiales&#8221;, desafi\u00f3 el neurocient\u00edfico de Stanford en una entrevista publicada en abril por Folha de S. Paulo. &#8220;Con m\u00e1s superficiales quiero decir menos cerebrales. Conseguimos eso, parad\u00f3jicamente, siendo m\u00e1s cerebrales. Me explic\u00f3. Si uno consigue razonar cient\u00edfica y constantemente, lograr\u00e1 discernir si lo que lo est\u00e1 estresando es una realidad, digamos, f\u00edsica o solamente psicosocial. Si fuera f\u00edsica, puede estresarse. Si fuera psicosocial, olv\u00eddelo.&#8221;<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<br \/>\n<\/strong>Participaci\u00f3n de las MAP quinasas, prote\u00ednas de shock t\u00e9rmico y de la v\u00eda de apoptosis en los efectos adversos de los glucocorticoides en el sistema nervioso central (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/20399\/participacao-das-map-kinases-proteinas-de-choque-termico-e-da-via-de-apoptose-nos-efeitos-adversos\/\" target=\"_blank\">04\/11041-0<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad:\u00a0<\/strong>L\u00ednea Regular de Auxilio a la Investigaci\u00f3n;\u00a0<strong>Coordinador:\u00a0<\/strong>Cristoforo Scavone &#8211; USP;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n:\u00a0<\/strong>R$ 251.175,22 (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El estr\u00e9s prolongado intensifica la inflamaci\u00f3n cerebral","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[316,319],"coauthors":[105],"class_list":["post-80679","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-medicina-es","tag-neurociencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80679","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80679"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80679\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80679"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80679"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80679"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80679"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}