{"id":8194,"date":"2012-03-29T18:40:43","date_gmt":"2012-03-29T21:40:43","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2012\/03\/29\/conex%c3%b5es-viscerais-2\/"},"modified":"2015-10-19T14:04:13","modified_gmt":"2015-10-19T16:04:13","slug":"conex%c3%b5es-viscerais","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/conex%c3%b5es-viscerais\/","title":{"rendered":"Conexiones viscerales"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright  wp-image-4065\" title=\"art4645img2\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/art4645img2.jpg\" alt=\"\" width=\"194\" height=\"447\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/art4645img2.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/art4645img2-120x276.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/art4645img2-250x575.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 194px) 100vw, 194px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Larissa Ribeiro<\/span>Cada individuo transporta en s\u00ed mismo un universo. Literalmente. Se calcula que el cuerpo humano est\u00e1 formado por 75 billones de c\u00e9lulas y que alberga un n\u00famero 10 veces mayor de bacterias, un buen porcentaje de ellas (alrededor de 100 billones) en los intestinos. Estos datos no son nuevos, aunque reci\u00e9n ahora han comenzado a despertar el inter\u00e9s de la ciencia y de la medicina. Durante mucho tiempo se crey\u00f3 que la convivencia con los inquilinos microsc\u00f3picos, la mayor\u00eda de las veces era ben\u00e9fica para las bacterias y sus hospedadores. E incluso que, a lo sumo, era inocua para ambos. Esta idea de convivencia pac\u00edfica, sin embargo, comenz\u00f3 a cambiar en los \u00faltimos a\u00f1os, cuando aparecieron estudios revelando que la intimidad permanente \u2013y, cabe decirlo, inevitable\u2013 puede, en algunos casos, traer consecuencias indeseables. Por lo menos, para el hu\u00e9sped.<\/p>\n<p>Un estudio publicado por investigadores brasile\u00f1os el pasado mes de diciembre en la <a href=\"http:\/\/www.plosbiology.org\/article\/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pbio.1001212\" target=\"_blank\">revista <em>PLoS Biology<\/em><\/a> est\u00e1 atrayendo la atenci\u00f3n de mucha gente \u2013sum\u00f3 11 mil accesos en menos de tres meses\u2013 por poner de manifiesto una situaci\u00f3n en la que las bacterias de los intestinos pueden ocasionar perjuicios para el organismo humano. El equipo del m\u00e9dico M\u00e1rio Abdalla Saad, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), demostr\u00f3 que un determinado grupo de bacterias intestinales puede, en determinadas situaciones, iniciar un desequilibrio metab\u00f3lico que casi siempre conduce al que se convirti\u00f3, en tan s\u00f3lo dos o tres d\u00e9cadas, en uno de los m\u00e1s importantes problemas de salud p\u00fablica en el mundo: el desarrollo de la diabetes y la obesidad, que afectan, respectivamente, a 350 y 500 millones de personas.<\/p>\n<p>La anomal\u00eda que precede a la diabetes y el aumento excesivo de peso es lo que los m\u00e9dicos denominan resistencia a la insulina. Cuando \u00e9sta se instala, el organismo deja de utilizar de manera adecuada esa hormona, que permite a las c\u00e9lulas de los m\u00fasculos y de otros tejidos extraer el az\u00facar (glucosa) de la sangre y convertirlo en energ\u00eda o almacenarlo para su uso posterior. En experimentos con ratones, el equipo de Saad verific\u00f3 que la causa de la resistencia a la insulina puede hallarse en las bacterias del filo Firmicutes, un grupo que re\u00fane decenas de especies y, junto con otros grupos de bacterias, constituyen la microbiota intestinal.<\/p>\n<p>Un aumento de la proporci\u00f3n de Firmicutes en la microbiota parece incidir en la aparici\u00f3n de la diabetes y la obesidad en dos maneras. La primera es por mejorar la capacidad de extraer energ\u00eda de los alimentos. Algunas especies de Firmicutes rompen largas mol\u00e9culas de az\u00facares (polisac\u00e1ridos) contenidos en cereales, frutas y verduras, que, de otro modo, no ser\u00edan aprovechados por el organismo. La segunda es por propiciar el desarrollo de una sutil inflamaci\u00f3n, t\u00edpica en la obesidad, que se disemina por el organismo, e interfiere con el normal aprovechamiento de la insulina.<\/p>\n<p>\u201cLa microbiota intestinal no constituye la \u00fanica causa de diabetes y de obesidad, ni probablemente sea la m\u00e1s importante\u201d, comenta Saad. \u201cPero constatamos que contribuye a generar una inflamaci\u00f3n en el tejido adiposo que inicia un proceso de aumento anormal de peso que luego se perpet\u00faa\u201d, explica el investigador, cuyo grupo identific\u00f3 hace algunos a\u00f1os que esa inflamaci\u00f3n altera el funcionamiento de la regi\u00f3n cerebral que controla el hambre y la saciedad (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2007\/10\/01\/una-dieta-de-alto-riesgo\/\" target=\"_blank\"><em>lea <\/em>Pesquisa FAPESP<em>, edici\u00f3n N\u00ba 140<\/em><\/a>).<\/p>\n<p>No son las Firmicutes las que disparan la inflamaci\u00f3n. Estas bacterias, mediante alg\u00fan mecanismo a\u00fan no conocido, parecen facilitar el paso de peque\u00f1os fragmentos de otras bacterias por la delicada pared de los intestinos. Estos fragmentos \u2013mol\u00e9culas constituidas por az\u00facares y grasa, los lipopolisac\u00e1ridos (LPS)\u2013 atraviesan la mucosa intestinal y se adhieren a receptores en la superficie de diferentes tipos de c\u00e9lulas del organismo.<\/p>\n<p>Al conectarse con la membrana de los macr\u00f3fagos, las primeras c\u00e9lulas defensivas en reconocer a microorganismos invasores y compuestos extra\u00f1os al organismo, los LPS activan se\u00f1ales bioqu\u00edmicas que ponen al sistema inmunol\u00f3gico en alerta e inician una inflamaci\u00f3n leve, decenas de veces menos intensa que la originada por el ingreso de bacterias en la sangre (infecci\u00f3n). La inflamaci\u00f3n asociada con una infecci\u00f3n se resuelve en d\u00edas, pero la causada por los LPS puede tardar a\u00f1os y afectar a todo el organismo. En las c\u00e9lulas de los m\u00fasculos, del h\u00edgado y del tejido adiposo, los s\u00edntomas inflamatorios disparados por los LPS, adem\u00e1s, generan un efecto distinto: impiden la utilizaci\u00f3n de la insulina y el ingreso de glucosa en las c\u00e9lulas: es el fen\u00f3meno denominado resistencia a la insulina.<\/p>\n<p>La prolongada exposici\u00f3n a los LPS hace que la resistencia a la insulina se instale, en primera instancia en el h\u00edgado, y despu\u00e9s, en los m\u00fasculos, el tejido del cuerpo que consume mayor cantidad de energ\u00eda. Solamente m\u00e1s adelante, \u00e9sta se instala en el tejido adiposo. En ello reside, por cierto, el porqu\u00e9 de que el cuerpo acumule grasas. La glucosa no utilizada por el h\u00edgado y los m\u00fasculos permanece en la sangre y es absorbida por el tejido adiposo. \u201cLas c\u00e9lulas de ese tejido reciben glucosa y la almacenan como grasa durante mucho tiempo antes de tornarse resistentes a la insulina\u201d, explica F\u00e1bio Bessa Lima, del Laboratorio de Fisiolog\u00eda del Tejido Adiposo de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/40_Intestino_193.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter  wp-image-116573\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/40_Intestino_193-1024x375.jpg\" alt=\"40_Intestino_193\" width=\"491\" height=\"180\" \/><\/a><\/p>\n<p>Se necesitaron cuatro a\u00f1os de trabajo para arribar a la conclusi\u00f3n de que las Firmicutes podr\u00edan desencadenar la resistencia a la insulina. En el laboratorio de Saad, la bi\u00f3loga Andrea Moro Caricilli realiz\u00f3 diversos test con ratones hasta identificar la conexi\u00f3n entre la microbiota intestinal con la inflamaci\u00f3n y con la resistencia a la insulina.<\/p>\n<p>Todo empez\u00f3 en 2008, cuando el equipo de Saad obtuvo un resultado inesperado durante un experimento con roedores que hab\u00eda recibido del inmun\u00f3logo Ricardo Gazzinelli, de la Universidad Federal de Minas Gerais. Los animales estaban modificados gen\u00e9ticamente para no expresar en la membrana de sus c\u00e9lulas una de las prote\u00ednas \u2013el receptor <em>toll-like <\/em>2 o TLR2\u2013 que identifica componentes extra\u00f1os al organismo y dispara la inflamaci\u00f3n. En ese momento, investigadores de Canad\u00e1 y Suiza hab\u00edan demostrado que, aunque fueran alimentados con una dieta 10 veces m\u00e1s grasa que lo normal, los roedores sin TLR2 no desarrollaban diabetes ni obesidad. Pero el grupo de Saad no lograba reproducir el resultado. \u201cAndrea\u00a0 me mostraba los datos y yo le dec\u00eda que deb\u00eda haber algo que estaba mal. Los animales que, en principio, deber\u00edan permanecer flacos, hab\u00edan engordado m\u00e1s que los normales\u201d, relata Saad.<\/p>\n<p>La diferencia se explicaba en parte por las condiciones en que eran criados los animales. Los ratones sin TLR2 del grupo suizo-canadiense viv\u00edan en salas as\u00e9pticas y sus raciones de alimento y agua estaban esterilizadas. Fuera de ese \u00e1mbito, adquir\u00edan flora intestinal y engordaban un poco. Los animales del laboratorio de Saad no viv\u00edan en ambiente est\u00e9ril, aunque tampoco recib\u00edan dieta hipercal\u00f3rica. Se los alimentaba con raciones normales, y aun as\u00ed, a los 4 meses de vida, pesaban un 50% m\u00e1s que los roedores sin alteraci\u00f3n gen\u00e9tica. Desarrollaban diabetes y obesidad todav\u00eda m\u00e1s graves cuando se los alimentaba con una dieta rica en grasas.<\/p>\n<p>Luego de repetir los test y cerciorarse que los animales no hab\u00edan sido intercambiados, Saad y Andrea comenzaron a buscar otras posibles explicaciones. Como esos animales presentaban niveles m\u00e1s altos de LPS en sangre e incremento en los s\u00edntomas de inflamaci\u00f3n, decidieron analizar su microbiota intestinal. Los ratones sin TLR2 hab\u00edan desarrollado una flora bacteriana muy distinta a la de los otros animales. Estaba integrada por un 48% de bacterias Firmicutes y otro 48% de Bacteroidetes. La del resto conten\u00eda un 14% de Firmicutes, un 43% de Bacteroidetes y un 39% de Proteobacteria.<\/p>\n<p>Esto constitu\u00eda una buena pista acerca de que el resto de la explicaci\u00f3n podr\u00eda hallarse en la microbiota. En 2006, el grupo del m\u00e9dico estadounidense Jeffrey Gordon, de la Universidad de Washington, hab\u00eda observado que la microbiota de los individuos obesos era distinta a la de quien presenta un peso considerado saludable. La de los obesos estaba conformada b\u00e1sicamente por Firmicutes y Bacteroidetes, con una proporci\u00f3n del primer grupo bastante mayor que la hallada en individuos con un peso adecuado.<\/p>\n<p>Estos hallazgos impulsaron los estudios sobre infectoobesidad, una l\u00ednea de investigaciones surgida en 1988 que busca en la infecci\u00f3n por virus, bacterias y otros microorganismos la explicaci\u00f3n para los casos de obesidad no asociados con alteraciones gen\u00e9ticas, sedentarismo o trastornos alimentarios. A pesar de los recientes avances, tales como el mapeo de las bacterias de la microbiota intestinal humana, que identific\u00f3 casi 400 especies, todav\u00eda no existe una buena explicaci\u00f3n para el hecho de que la microbiota del obeso sea diferente a la de alguien delgado. \u201cA\u00fan no se sabe si la modificaci\u00f3n en el perfil de la microbiota es causa o consecuencia de la obesidad\u201d, comenta la m\u00e9dica Sandra V\u00edvolo, de la Facultad de Salud P\u00fablica de la USP, experta en epidemiolog\u00eda de la diabetes.<\/p>\n<p>Los datos recabados por el grupo de la Unicamp suger\u00edan que los ratones sin TLR2 hab\u00edan desarrollado resistencia a la insulina, torn\u00e1ndose obesos, por albergar\u00a0 una microbiota intestinal diferente. Pero era necesario confirmarlo. Saad y Andrea decidieron entonces realizar otras pruebas. En primer lugar, utilizaron antibi\u00f3ticos para eliminar la microbiota intestinal de los animales. Si ella era la causa de la resistencia a la insulina, al matar las bacterias el problema deber\u00eda menguar, o incluso, desaparecer. Pasadas dos semanas de tratamiento con antibi\u00f3ticos, la cantidad de bacterias hab\u00eda disminuido dr\u00e1sticamente y la proporci\u00f3n de cada grupo era similar a la encontrada en los animales sin la alteraci\u00f3n gen\u00e9tica. Mejor a\u00fan: la sensibilidad a la insulina se normaliz\u00f3, la diabetes desapareci\u00f3 y el roedor adelgaz\u00f3.<\/p>\n<p>Se demostraba as\u00ed el v\u00ednculo entre la microbiota, la aparici\u00f3n de resistencia a la insulina y el aumento de peso. Pero restaba saber si eran las bacterias de los intestinos las que efectivamente iniciaban las alteraciones metab\u00f3licas que originan esos trastornos. Para probar esa idea, Andrea trasplant\u00f3 la microbiota de los roedores que no produc\u00edan TLR2 y la de animales delgados a ratones con una flora bacteriana m\u00e1s sencilla. Los animales que recibieron la microbiota de los roedores sin TLR2, que conten\u00eda elevados niveles de Firmicutes, desarrollaron diabetes y engordaron, mientras que los inoculados con la del grupo control no sufrieron alteraciones. \u201cEstos resultados demuestran que un factor ambiental, la microbiota, se sobrepuso a la protecci\u00f3n gen\u00e9tica\u201d, dice Saad. \u201cLa microbiota es m\u00e1s importante de lo que se pensaba\u201d.<\/p>\n<p>El trabajo de la <em>PLoS Biology<\/em> abre el camino para buscar nuevas formas de combate y prevenci\u00f3n de la diabetes y la obesidad. \u201cNo estamos proponiendo el uso de antibi\u00f3ticos para tratar la obesidad; en el estudio los mismos sirvieron para probar un concepto\u201d, aclara Saad. Por cierto, incluso es posible que, de adopt\u00e1rselos para el tratamiento de obesos, causen m\u00e1s da\u00f1os que beneficios. La microbiota desempe\u00f1a funciones esenciales en el organismo, ya que las bacterias producen vitaminas y enzimas que ayudan a metabolizar las grasas. Adem\u00e1s, al eliminar una microbiota indeseable, es posible que se instale otra menos favorable a\u00fan.<\/p>\n<p>Incluso existen centros en Europa y Estados Unidos que realizan trasplantes de microbiota en seres humanos, aunque de manera experimental, para el tratamiento de infecciones graves. \u201cHay gente que promueve el uso de esa estrategia en otras circunstancias, pero todav\u00eda no hay datos que la justifiquen\u201d, afirma el gastroenter\u00f3logo Eamonn Quigley, de la University College Cork, en Irlanda.<\/p>\n<p>Aunque el procedimiento se aprobara para la obesidad, nada garantiza que funcionar\u00e1. \u201cA largo plazo, el intestino presenta una tendencia a ser recolonizado por su microbiota original\u201d, menciona Quigley. Algunos creen que los probi\u00f3ticos \u2013compuestos que contienen microorganismos vivos\u2013 pueden propiciar el desarrollo de una microbiota que evite el aumento de peso. Pero no est\u00e1 comprobado. \u201cPuede ser que funcione preventivamente, antes de comenzar a engordar\u201d, imagina Saad.<\/p>\n<p>Mientras no avancen los experimentos, la soluci\u00f3n menos riesgosa consiste en la pr\u00e1ctica de ejercicios f\u00edsicos y la elecci\u00f3n de una dieta magra, en especial, en lo referente a las carnes rojas. Investigadores chinos demostraron en 2010 que el consumo de grasas altera la microbiota y conduce a la obesidad. En diciembre, un estudio divulgado en el <em>British Journal of Nutrition<\/em> arrib\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que consumir frutas, verduras, cereales integrales y pescados reduce la inflamaci\u00f3n t\u00edpica de la obesidad.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\nInstituto Nacional de Obesidad y Diabetes (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/2245\/instituto-nacional-de-obesidade-e-diabetes\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 08\/57952-5<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad <\/strong>Proyecto Tem\u00e1tico;\u00a0<strong>Coordinador\u00a0<\/strong>M\u00e1rio Jos\u00e9 Abdalla Saad \u2013 FCM\/ Unicamp;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 3.292.062,55 (FAPESP)<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo cient\u00edfico<br \/>\n<\/em>CARICILLI, A.M. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/www.plosbiology.org\/article\/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pbio.1001212\" target=\"_blank\">Gut microbiota is a key modulator of insulin resistance in TLR 2 knockout mice<\/a>. <strong>PLoS Biology<\/strong>. 6 dic. 2011.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Mutaci\u00f3n en el perfil de la microbiota intestinal favorece la obesidad","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[305,311,316],"coauthors":[105],"class_list":["post-8194","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-fisiologia-es","tag-inmunologia","tag-medicina-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8194","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8194"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8194\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8194"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8194"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8194"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=8194"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}