{"id":83313,"date":"2007-02-01T00:00:00","date_gmt":"2007-02-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/02\/01\/retrato-en-blanco-y-negro\/"},"modified":"2016-01-28T14:34:01","modified_gmt":"2016-01-28T16:34:01","slug":"retrato-en-blanco-y-negro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/retrato-en-blanco-y-negro\/","title":{"rendered":"Retrato en blanco y negro"},"content":{"rendered":"<p>Se al referirse a la esclavitud, Castro Alves pregunta a Dios, en &#8220;El nav\u00edo negrero&#8221;, &#8220;si es posible tanto horror ante los cielos&#8221;, no es de extra\u00f1ar que el soci\u00f3logo Muniz Sodr\u00e9, en el art\u00edculo intitulado &#8220;Una genealog\u00eda de las im\u00e1genes del racismo&#8221;, utilice un personaje de terror para ilustrar su visi\u00f3n de la imagen del negro en nuestra sociedad: &#8220;Dr\u00e1cula no se refleja en el espejo, por lo tanto, no tiene imagen. Es lo inverso de la identidad normalizada por la cultura peque\u00f1oburguesa. En la sociedad de la imagen (anagrama de magia), de los mecanismos visuales, el sujeto s\u00f3lo existe si se refleja en el &#8216;espejo&#8217;, esto es, si cuenta con condiciones socioculturales de acceder a una imagen p\u00fablicamente reconocible&#8221;. Vale recordar que el conde, as\u00ed como la fotograf\u00eda, son &#8220;hijos&#8221; del siglo XIX.<\/p>\n<p>&#8220;La percepci\u00f3n de aquel entonces acerca de la fotograf\u00eda es que ella no es s\u00f3lo una forma de &#8216;representar&#8217; el mundo, sino de &#8216;hacer del mundo algo visible'&#8221;, analiza Maur\u00edcio Lissovsky, historiador de la fotograf\u00eda de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro. A mediados de la d\u00e9cada de 1860, en Brasil, el retrato fotogr\u00e1fico se convert\u00eda en un objeto deseo para blancos y negros. &#8220;En el caso de \u00e9stos \u00faltimos, si eran nacidos libres o libertos, al hacerse retratar como los blancos, a la moda europea, y con c\u00f3digos y comportamientos copiados de otro, era una tentativa de transitar un camino dentro de una sociedad racista y exigente&#8221;, asevera Sandra Koutsoukos, autora de la tesis doctoral &#8220;En el estudio del fot\u00f3grafo: representaci\u00f3n y autorrepresentaci\u00f3n de negros libres, libertos y esclavos en Brasil, durante la segunda mitad del siglo XIX&#8221;, defendida en octubre, en la Unicamp, y dirigida por Iara Lis Schiavinatto.<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n &#8220;revela lo invisible&#8221;, presente en im\u00e1genes de negros con galeras y sus mujeres con sombrillas, amas y sus &#8220;hijos&#8221; blancos, como as\u00ed tambi\u00e9n los pol\u00e9micos &#8220;tipos de negro&#8221;, como las im\u00e1genes del fot\u00f3grafo Christiano J\u00fanior, que se anunciaba en Almanaque Lammert como due\u00f1o de &#8220;una variada colecci\u00f3n de costumbres y tipos de negros, cosa muy propia para quien viaja hacia Europa&#8221;. Exhibiendo negros y negras semidesnudos (adorados por los etn\u00f3logos racistas), catalogados por su origen africano, o en demostraciones hechas en el estudio de su trabajo en las calles y las haciendas, las im\u00e1genes llamaron la atenci\u00f3n de Sandra, quien vio que &#8220;era necesario mirar lo que estaba encuadrado en las fotos, como as\u00ed tambi\u00e9n descubrir lo que quedaba fuera&#8221;. Pero &#8220;Dr\u00e1cula&#8221; no aparece en el espejo. Entonces, \u00bfqu\u00e9 se ve?<\/p>\n<p>Finalmente, como observa la antrop\u00f3loga Manuela Carneiro da Cunha, en Mirada esclava, ser mirado, &#8220;en un retrato, puede verse y puede darse a conocer, alternativas que ata\u00f1en a la relaci\u00f3n entre el retratado y el observador: si el retrato del se\u00f1or es una opci\u00f3n de tarjeta de visita, el del esclavo es una tarjeta postal, donde el esclavo es visto, no se da a conocer&#8221;. En uno, se busca la preservaci\u00f3n de la imagen de una persona digna y singular, alguien que, al encargar una fotograf\u00eda, se da a conocer, se imprime sobre el papel como le gustar\u00eda ser visto, como se ve a s\u00ed mismo en el espejo; en el otro, un personaje pintoresco y gen\u00e9rico, contin\u00faa la profesora. &#8220;En mi estudio, descubr\u00ed que, a pesar de ser conducido al estudio del fot\u00f3grafo para posar, continuaba trabajando, era como el papel de fondo de su se\u00f1or, el esclavo y el liberto se &#8216;daban a conocer&#8217;, se &#8216;mostraban&#8217; y que fueran, tal vez, tanto como los blancos que posaban para sus fotograf\u00edas en estudios particulares, los sujetos de aquellos retratos&#8221;, analiza Sandra. Para la investigadora, en casi todas las im\u00e1genes existe un mirar fijo en el objetivo, en direcci\u00f3n del fot\u00f3grafo, otorgando voz a la imagen. &#8220;Muchos no se intimidaban delante de la m\u00e1quina so\u00f1ada y brindaban su contribuci\u00f3n personal por medio de la expresi\u00f3n, del mirar sufrido que nos enfrenta y parece contar sus historias. El lujo o la escena no enmascaraban la condici\u00f3n de esclavo o de liberto. Si el cuerpo del esclavo era una propiedad, su personalidad no lo era&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;La fotograf\u00eda es un arte maravilloso, un arte que excita las mentes m\u00e1s sagaces. Es un arte que puede ser practicado por cualquier imb\u00e9cil&#8221;, se quej\u00f3 el gran retratista franc\u00e9s Nadar. Suerte de la posteridad. Si bien demor\u00f3 en ser descubierta (reci\u00e9n en 1839), lleg\u00f3 r\u00e1pidamente a Brasil, al a\u00f1o siguiente, introducida por el abad Compte, alumno de Louis Daguerre, el inventor de la fotograf\u00eda.<\/p>\n<p>Antes de arribar a R\u00edo de Janeiro, el franc\u00e9s habr\u00eda pasado por Bah\u00eda, cuyo status de pionera se encuentra representado en el recientemente lanzado &#8220;La fotograf\u00eda en Bah\u00eda&#8221;, recopilado por Aristides Alves, y que trae 215 im\u00e1genes tomadas, entre mediados del siglo XIX y 2006, por 107 profesionales bahianos y extranjeros. (Otra excelente fuente es &#8220;El negro en la fotograf\u00eda brasile\u00f1a del siglo XIX&#8221;, de G. Ermakoff Casa Editorial, que cuenta con 306 p\u00e1ginas, y su valor de venta es 130 reales). Adem\u00e1s, hasta la llegada de la fotograf\u00eda, la visi\u00f3n del siglo XIX era una visi\u00f3n extranjera, ligada a la tradici\u00f3n de Franz Post, y, m\u00e1s tarde, de franceses, alemanes y suizos que pintaban lo cotidiano de la corte tropical, prefiriendo siempre el c\u00f3ctel ex\u00f3tico de indios o de negros en eterna alegr\u00eda y andanzas por las calles cariocas, como vemos en Debret y Rugendas. El daguerrotipo era caro y exig\u00eda poses tediosas de hasta 60 minutos.<\/p>\n<p><strong>Analfabetos<br \/>\n<\/strong>En 1854, el franc\u00e9s Andr\u00e9 Disderi cre\u00f3 un proceso de retratos de peque\u00f1o tama\u00f1o (9,5 cm. por 6 cm.), elaborados sobre papel albuminado, los que, baratos y de pose r\u00e1pida, fueron una revelaci\u00f3n en un pa\u00eds de analfabetos de pocas posesiones, quienes gustar\u00edan de verse inmortalizados como los nobles, due\u00f1os de pinturas. El costo de una docena de esas tarjetas de visita, como eran llamados, era el mismo de un \u00fanico daguerrotipo y se pod\u00eda ofrecer como un regalo para amigos y parientes y realizar \u00e1lbumes familiares. &#8220;Era la democratizaci\u00f3n de la autoimagen para los grupos sociales menos favorecidos. Como la tarjeta de visita, la fotograf\u00eda se tornar\u00eda una t\u00e9cnica al servicio de todos, un objeto de deseo y status, una mercader\u00eda de intercambio&#8221;, recuerda Sandra. Los peri\u00f3dicos se hallaban repletos de anuncios de estudios que se disputaban la clientela con precios y con la capacidad de &#8220;otorgar nobleza&#8221; al retratado, ya sea por su t\u00e9cnica, o por los equipos que pose\u00edan en el sal\u00f3n y que adornaban el entorno del fotografiado. &#8220;La fotograf\u00eda otorga al negro pobre la oportunidad de distanciarse de la realidad, de proyectarse seg\u00fan una imagen idealizada, de hacer su representaci\u00f3n. La necesidad de registrar un ascenso social requiere la asimilaci\u00f3n de los c\u00f3digos vigentes. Por ello la repetici\u00f3n y la uniformidad en las poses y accesorios en los retratos&#8221;.<\/p>\n<p>El estudio funcionar\u00eda, dice la profesora, como un camar\u00edn y palco, donde el fot\u00f3grafo era el director, y el cliente, a\u00fan participando de la construcci\u00f3n de su escena, el personaje. Una foto, a\u00fan a costa de la privaci\u00f3n de necesidades importantes para la supervivencia, era la prueba visual para ellos, para amigos y parientes, de que su lucha estaba valiendo la pena. &#8220;El momento exig\u00eda que, adem\u00e1s de ser libre, la persona nacida libre o liberada, tambi\u00e9n &#8216;pareciera&#8217; libre para los otros, utilizando por lo tanto, s\u00edmbolos que acreditasen esa condici\u00f3n&#8221;. Detalles como calzar zapatos eran indicativos del nuevo status de libertad. Gilberto Freyre, en &#8220;Sobrados y mucambos&#8221; [expresi\u00f3n que hace alusi\u00f3n a las diferencias en las residencias de amos y esclavos], cuenta c\u00f3mo los negros, &#8220;vestidos a la europea&#8221;, eran atacados y ridiculizados en las calles por la &#8220;osad\u00eda&#8221;. Del mismo modo, muchos esclavos eran llevados al estudio para figurar en el retrato de los se\u00f1ores, y con su humillaci\u00f3n (&#8220;pero no con su actitud&#8221;, resalta la investigadora), garantizar el registro de poder del se\u00f1or. Las fotos preparadas, con negros reproduciendo su labor en el estudio, representaban souvenires (cuya organizaci\u00f3n esc\u00e9nica as\u00e9ptica, recuerda Sandra, serv\u00eda para intentar demostrar una idea de &#8220;esclavitud civilizada&#8221;) y objetos etnogr\u00e1ficos, hechos por encargo para sustentar las teor\u00edas racistas.<\/p>\n<p>En ellas, se procuraba &#8220;poner en evidencia&#8221; la inferioridad de los negros, e igualmente serv\u00edan como base para refrendar el ideal de &#8220;esclavitud civilizada&#8221;, nota la investigadora. &#8220;A pesar de la limpieza y del orden retratados, la condici\u00f3n de esclavo no se hallaba encubierta; es m\u00e1s, su esencia era expuesta&#8221;. Exist\u00eda tambi\u00e9n un mercado para fotos de nodrizas, llevando en brazos a los ni\u00f1os blancos que amamantaban. &#8220;En ese tipo de fotos, se intentaba crear la idea de armon\u00eda y afecto, en un per\u00edodo en el que la utilizaci\u00f3n de amas de leche estaba siendo condenada por la medicina&#8221;, observa Sandra.<\/p>\n<p><strong>Humores<br \/>\n<\/strong>En un anuncio del Jornal do Commercio, de 1875, se hac\u00eda propaganda de la Harina L\u00e1ctea Nestl\u00e9, &#8220;la verdadera ama de leche&#8221;, que, seg\u00fan afirmaba el slogan, &#8220;libraba al hijo del contagio de enfermedades transmitidas por la leche de extra\u00f1os, corrompida por los malos humores de cualquier ama de leche&#8221;. La modernidad exig\u00eda cambios, pero las madres recelaban de perder el privilegio de &#8220;usar&#8221; una negra para alimentar a su hijo. Las fotos fueron una tentativa de &#8220;detener&#8221; el reloj de los nuevos tiempos. En esas fotos, eval\u00faa la investigadora, es a\u00fan m\u00e1s vehemente la fuerza de expresi\u00f3n en la mirada de la retratada, obligada a vestirse con lujo forzado.<\/p>\n<p>&#8220;Ellas recuerdan que, para existir un ama negra, hubo un beb\u00e9 negro, que muchas veces era separado de la madre para que ella pudiese criar al hijo se\u00f1orial&#8221;. Lo invisible se torna visible. &#8220;El uso social de la servidumbre de los pueblos africanos cre\u00f3 en Brasil una est\u00e9tica de exterioridad \u00fatil del cuerpo del negro. El amo de esclavos, como los profesionales del rubro, conoc\u00eda mejor los detalles de los dientes de sus siervos que los de sus propias hijas, tal como sucede con los criadores de caballos de raza en la actualidad. De ciertos desv\u00edos en la mirada no estamos exentos a\u00fan hoy&#8221;, analiza el antrop\u00f3logo de la Unicamp, Carlos Rodrigues Brand\u00e3o, en su art\u00edculo &#8220;La mirada negra&#8221;. &#8220;En los diarios y revistas los negros son m\u00e1s bien el cuerpo que el rostro, m\u00e1s el ejemplar y m\u00e1s todav\u00eda la funci\u00f3n y no la persona. En un pa\u00eds donde los negros &#8216;puros&#8217; son millones, es el rostro blanco, cualquiera que \u00e9ste sea, el que se da a conocer. Los negros y mestizos son casi todos los delincuentes del pa\u00eds, puesto que casi todas las fotograf\u00edas de criminales son de mestizos y negros&#8221;. Es fuerte en Brasil, la imagen del negro como m\u00e1quina corporal, algo complejo en un pa\u00eds que aprendi\u00f3 a despreciar el trabajo manual. Negros son los que trabajan, los que son sensuales (igualmente cuando son revelaciones como deportistas), a los que les encantan las fiestas, observa Paulo Bernardo Vaz, docente del Departamento de Comunicaci\u00f3n Social de la Universidad Federal de Minas Gerais y autor de un estudio acerca de la imagen del negro.<\/p>\n<p>&#8220;La atracci\u00f3n magn\u00e9tica que muestra el negro sufriendo, cosechando, robando o exhibiendo su cuerpo sensual, actualiza significados construidos socio-hist\u00f3ricamente y que sugieren cristalizaciones que tipifican al negro en una forma que no favorece una autoestima positiva. Es la mirada externa la que expone el negro, en una representaci\u00f3n peyorativa que puede afectar la construcci\u00f3n de su identidad. Finalmente, \u00bfqui\u00e9n querr\u00eda identificarse con un sujeto que vive sufriendo?&#8221; Para Vaz, los medios de comunicaci\u00f3n ofrecen al negro la oportunidad contradictoria de ser otro y no \u00e9l mismo. &#8220;El &#8216;otro&#8217; representa la amenaza fantasmal de dividir el espacio a partir del cual hablamos y pensamos, es el miedo a perder el propio espacio. Miedo primitivo, similar al terror nocturno de los ni\u00f1os. El &#8216;otro&#8217; acaba volvi\u00e9ndose Dr\u00e1cula, sin una imagen leg\u00edtima&#8221;, analiza Muniz Sodr\u00e9. Transilvania tambi\u00e9n puede existir ac\u00e1.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La imagen del negro en Brasil fue forjada con la llegada de la fotograf\u00eda","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-83313","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83313","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83313"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83313\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83313"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83313"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83313"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83313"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}