{"id":83334,"date":"2007-03-01T00:00:00","date_gmt":"2007-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/03\/01\/una-piedra-en-el-medio-del-camino\/"},"modified":"2015-03-24T15:16:14","modified_gmt":"2015-03-24T18:16:14","slug":"una-piedra-en-el-medio-del-camino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/una-piedra-en-el-medio-del-camino\/","title":{"rendered":"Una piedra en el medio del camino"},"content":{"rendered":"<p>Cuando en un programa de entrevistas, le preguntaron a Nelson Rodrigues que consejo le dar\u00eda a los j\u00f3venes, el escritor, mirando a la c\u00e1mara, dijo, casi implorando: Envejezcan. Lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible. Al final, \u00e9l creci\u00f3, palabras suyas, en un Brasil que era un paisaje de viejos donde los j\u00f3venes no ten\u00edan funci\u00f3n, ni destino, una \u00e9poca que no soportaba la juventud. Hoy en d\u00eda parece haber lugar de sobra para ellos y son los adultos los que desaparecieron. La juventud se convirti\u00f3 en un icono moral del espect\u00e1culo, o sea, de condici\u00f3n de cambio pas\u00f3 a ser un objetivo de cambio. La cultura som\u00e1tica es marcada por el empe\u00f1o encarnizado de la mayor\u00eda de las personas en permanecer joven para seguir siendo y permaneciendo joven, afirma el psicoanalista Jurandir Freire Costa en Adolescentes, estudio reci\u00e9n lanzado, organizado por Marta Rezende Cardoso. Al mismo tiempo, consternados por la muerte del ni\u00f1o carioca Jo\u00e3o H\u00e9lio, la sociedad, los medios y el parlamento intentan resucitar la anticipaci\u00f3n de la mayor\u00eda de edad penal, aunque, entre los cinco involucrados en el caso, solamente uno era adolescente.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo entender esa relaci\u00f3n de amor y odio que la sociedad mantiene con la adolescencia, curiosamente una invenci\u00f3n moderna, un mito del siglo XX (tan joven, adem\u00e1s, como el ideal de la infancia sagrada), que se consolid\u00f3 apenas en la post-Segunda Guerra Mundial? El adolescente es una creaci\u00f3n de la cultura occidental contempor\u00e1nea, en que prevalece un culto de la infancia, que se acompa\u00f1a con un movimiento de postergaci\u00f3n de la entrada en la fase adulta, ya sea porque fortalec\u00eda la idea de aprovechar al m\u00e1ximo un per\u00edodo supuestamente exento de preocupaciones, ya sea porque se tiene en vista el favorecer un desarrollo que posibilite una preparaci\u00f3n para la asunci\u00f3n de tareas adultas de la vida, observa Jacqueline Barus-Michel, de la Universidad de Paris VII, en su art\u00edculo Entre sufrimiento y violencia.<\/p>\n<p>Los adolescentes est\u00e1n cada vez m\u00e1s en la imaginaci\u00f3n de los adultos. El problema es que, cuando ellos miran para nosotros, esa nuestra idealizaci\u00f3n se hace manifiesta, queda evidente que a los adultos les gustar\u00edan ser adolescentes, afirma el psiquiatra Contardo Calligaris en el III Dossier universo joven, presentado el a\u00f1o pasado por la MTV. En \u00e9l descubrimos que 55% de los j\u00f3venes manifiestan inconformidad con la ausencia de la porci\u00f3n padres y el exceso del lado amigo que ellos asumieron en la relaci\u00f3n familiar. La juventud se transform\u00f3 en valor m\u00e1ximo, obsesivamente preservado por quien naturalmente la tiene y arduamente perseguido por quien est\u00e1 biol\u00f3gicamente\u00a0 distanci\u00e1ndose de ella, afirma la investigaci\u00f3n. La vacante de adulto en nuestra cultura est\u00e1 desocupada. Nadie quiere estar del lado de all\u00e1, el lado enmascarado del conflicto de generaciones, de modo que el conflicto bien o mal se disip\u00f3. Podemos entender el aumento de la delincuencia juvenil en nuestro tiempo como efecto de la teenagizaci\u00f3n de la cultura occidental, afirma la psicoanalista Maria Rita Kehl. El adolescente sin ley, o al margen de la ley, es el efecto de una sociedad en que nadie quiere ocupar el lugar del adulto, cuya principal funci\u00f3n es ser representante de la ley delante de las nuevas generaciones. Cuando los adultos se reflejan en ideales teen, los adolescentes se quedan sin par\u00e1metros para pensar el futuro. \u00bfC\u00f3mo y por qu\u00e9 ingresar en el mundo adulto, donde ning\u00fan adulto quiere vivir? \u00bfQu\u00e9 es lo que los espera, entonces??<\/p>\n<p>El culto al adolescente (y, al mismo tiempo, la preocupaci\u00f3n con ellos, el miedo y la rabia de ellos, llamados aborrescentes) surgi\u00f3 de la divinizaci\u00f3n de la infancia, observada por Freud en Sobre el narcisismo (1914), en que el padre del psicoan\u00e1lisis habla del amor extremado de los padres por los hijos como una forma de alimentar el narcisismo paterno. Ya que la muerte ser\u00eda el fin de todo, los hijos son la esperanza de la continuidad\u00a0 o hasta de la inmortalidad. En la corrida de la vida, los adultos ven en los hijos una extensi\u00f3n que har\u00eda la triste existencia moderna soportable, ya que habr\u00eda para quien pasar el bast\u00f3n.\u00a0\u00a0 Por medio de su majestad, el beb\u00e9, como escribi\u00f3 Freud, se intentar\u00eda burlar las leyes de la naturaleza, el envejecimiento, la enfermedad, la muerte, al\u00a0 recuperarse, por una procuraci\u00f3n dada al hijo, el per\u00edodo de felicidad irresponsable perdida. En esa l\u00ednea, si la criatura, asexual, ser\u00eda el \u00e1ngel, el adolescente, para usar la expresi\u00f3n feliz del psicoanalista franc\u00e9s Bernard Nomin\u00e9, encarnar\u00eda el papel del \u00e1ngel ca\u00eddo, envidiado y temido. Imposible\u00a0 no concordar con Calligaris en su separaci\u00f3n de adolescencia y pubertad, en que esta \u00faltima ser\u00eda una fase de maduraci\u00f3n sexual, mientras que la primera tendr\u00eda que ser analizada como fen\u00f3meno cultural, una fase no natural del desarrollo humano.<\/p>\n<p>La adolescencia en la modernidad tiene el sentido de una moratoria, per\u00edodo dilatado de espera por los que ya no son m\u00e1s ni\u00f1os, pero que a\u00fan no se incorporaron a la vida adulta, analiza Maria Rita. El \u00e1ngel ca\u00eddo se mira en el espejo y nota que perdi\u00f3 la gracia infantil que cautivaba a los adultos. Esa seguridad perdida deber\u00eda ser compensada por un nuevo mirar de los, que reconocieran la imagen p\u00faber como la de otro adulto, su par inminente. Pero\u00a0 ese mirar falla y el adolescente vive la falta del mirar apasionado que merec\u00eda cuando ni\u00f1o y la falta de palabras que lo admitan como par en la sociedad adulta. La inseguridad se torna, as\u00ed, el trazo propio de la adolescencia, escribe Calligaris en Adolescencia. \u00bfC\u00f3mo reconquistar el espacio perdido? \u00bfQu\u00e9 ellos esperan de mi?, son las preguntas que hacen. Para empeorar, se desarrollan en una sociedad, nota el psiquiatra, en que ?el imperativo cultural dominante es el individualismo, es desobedecer, probar su autonom\u00eda. Entonces, desobedecer puede ser, en la cabeza del adolescente, una manera de obedecer. Y obedecer, quien sabe, tal vez sea la manera cierta de no\u00a0 conformarse. Como nota Calligaris, quieren que el adolescente sea aut\u00f3nomo y le recusan esa autonom\u00eda. Quieren que persiga el \u00e9xito social y amoroso y piden que postergue esos esfuerzos para prepararse mejor. \u00bfEs justo que el adolescente se pregunte: Quieren que yo acepte esa moratoria, o prefieren, en verdad, que yo desobedezca y afirme mi independencia, realizando as\u00ed los ideales de ellos?.<\/p>\n<p>Si el \u00e1ngel recibe toda la carga de perfecci\u00f3n y felicidad que no conseguimos cumplir y proyectamos sobre nuestros ni\u00f1os, entonces los adolescentes reciben el fardo de llevar adelante los ideales adultos de libertad, transgresi\u00f3n y gozo sin l\u00edmites. Si la adolescencia es una patolog\u00eda, entonces ella es la patolog\u00eda de los deseos de rebeld\u00eda reprimidos por los adultos, explica Calligaris. As\u00ed, si los adultos idolatran y estetizan sus fantas\u00edas de que sea una infancia feliz, ellos temen y rechazan los obscuros deseos proyectados sobre los j\u00f3venes. Esa relaci\u00f3n delicada se expresa en la propia etimolog\u00eda de las palabras: adolescente vienen del participio presente del verbo en lat\u00edn adolescere, crecer. Ya el participio pasado adultus dio origen a la palabra adulto. En portugu\u00e9s, las palabras ser\u00edan equivalentes a creciente y crecido. Aumentar de tama\u00f1o implica desequilibrio, cambio del status quo, que siempre viene acompa\u00f1ada por el dolor. \u00a1Que desgracia! Perd\u00ed toda la energ\u00eda, me veo ca\u00eddo en una inquieta indolencia; no puedo hacer ninguna cosa. Ya no tengo imaginaci\u00f3n ni sensibilidad; la naturaleza ya no me impresiona y los libros me aburren, lamenta el patrono de los adolescentes, el Werther, de Goethe, al depararse con las p\u00e9rdidas inherentes a la adolescencia, como la de la libertad y la tranquilidad de la infancia. La adolescencia provoca una fragilizaci\u00f3n identitaria. La imagen del cuerpo en el espejo es un teatro de cambios\u00a0 incontrolables y el joven vive, del mismo modo, impulsos desordenados. El mirar de los dem\u00e1s se modifica, el otro deja de ser continente y apoyo, como fue el padre de la infancia, para tornarse rival y predador, en medio de la relaciones conflictivas de poder, eval\u00faa Barus-Michel. El adolescente se lanza en conductas de riesgo, juega con la muerte para sentirse vivir, para probar que es alguien, que vale algo, para driblar un malestar emparentado con la infelicidad de vivir en un universo en que ya no ve sentido. Atacar el cuerpo, con piercings y tatuajes, da al joven la sensaci\u00f3n de existencia y de valor personal, probado por medio de tales pruebas.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s: como nota Calligaris, recusado por la comunidad de los adultos, indignado por la moratoria impuesta, \u00e9l se aleja de los adultos e inventa micro-sociedades que van de grupos de amigos a pandillas, siempre buscando la ausencia de la moratoria o, al menos, una integraci\u00f3n m\u00e1s r\u00e1pida y con criterios de admisi\u00f3n m\u00e1s claros y precisos. Anthony Burgess recre\u00f3 genialmente ese gregarismo en Naranja mec\u00e1nica. El adulto demoniza el grupo adolescente temido, como una especie de tribu en la tribu. La propia constituci\u00f3n de grupos adolescentes es, del punto de vista adulto, una trasgresi\u00f3n, observa Calligaris. La contradicci\u00f3n es cada vez mayor entre discurso y pr\u00e1ctica de los adultos. Ya en Brasil del siglo XIX surge, oculta bajo el discurso higienista, la relaci\u00f3n entre adolescencia y delincuencia juvenil, ya que las familias pobres no tendr\u00edan, era el pensamiento de la \u00e9poca, condiciones de crear ciudadanos decentes. En el siglo XX, con el discurso cient\u00edfico, la adolescencia se present\u00f3 como una fase del desarrollo humano en que el riesgo de trasgresi\u00f3n e, inmediatamente, de delincuencia era un dato de la naturaleza, rondando los j\u00f3venes. La vigilancia era el arma de combate y la segregaci\u00f3n fue tomada como soluci\u00f3n, revela Maria Rita C\u00e9sar, psic\u00f3loga de la Universidad Federal de Paran\u00e1, en De la adolescencia en peligro a la adolescencia peligrosa. Nace la juventud trasviada, de inicio vinculada a los lambretistas y playboys, aut\u00e9nticos desamparados de la familia, seg\u00fan el pedagogo Im\u00eddeo N\u00e9rici, y, m\u00e1s tarde, asociada a la idea de subversi\u00f3n pol\u00edtica, pasando todav\u00eda por el estigma de las drogas, de los estupefacientes usados en la b\u00fasqueda insaciable del goce.<\/p>\n<p>Para la marginalizaci\u00f3n urbana actual fue un salto. Un joven pobre y negro es un ser socialmente invisible en las calles brasile\u00f1as. Saltando para afuera de lo oscuro en que lo olvidamos, el joven, armado, adquiere densidad antropol\u00f3gica, se convierte en un hombre de verdad. El mundo se pone de pies a cabeza: quien pasaba sin verlo lo obedece a \u00e9l. Se celebra un pacto fa\u00fastico: el joven cambia su futuro, su alma, su vida, por un momento de gloria fugaz; su destino por el acceso a la superficie del planeta, donde se es visible, observa el antrop\u00f3logo Luiz Eduardo Soares en Juventud y violencia. \u00bfNo parece l\u00f3gico que j\u00f3venes invisibles, carentes de todo lo que la participaci\u00f3n en un grupo puede ofrecer, procuren adherirse a grupos cuya identidad se forja en la guerra y para la guerra? J\u00fantese a eso la transformaci\u00f3n del joven, de angustiado perdido, en ?nueva tajada del mercado y la reacci\u00f3n es explosiva. El joven pas\u00f3 a ser considerado ciudadano porque se hizo consumidor en potencial. La asociaci\u00f3n entre el joven y el consumo cre\u00f3 una cultura adolescente altamente hedonista, en que el joven disfruta las libertades de la vida adulta sin responsabilidades, analiza Maria Rita. Del universitario al traficante, todos se identifican con el ideal publicitario del joven libre, bello y sensual. Lo que favorece, es claro, un aumento exponencial de la violencia entre los que se sienten incluidos por la v\u00eda de la imagen, pero excluidos de las posibilidades de consumo.Y no nos olvidemos: la cultura joven convoca a personas de todas las edades.<\/p>\n<p>El adolescente tambi\u00e9n no resiste al llamamiento del look de la periferia. Su hijo me imita\/ \u00c9l se burla y habla jerga \/ Ese no es m\u00e1s suyo, tom\u00e9, y usted ni vio \/ Entr\u00e9 por su radio, fiuuu&#8230; subi\u00f3!, canta el rapero Mano Brown. Los j\u00f3venes est\u00e1n identific\u00e1ndose con los marginales, los ni\u00f1os y ni\u00f1as de la periferia y de las favelas. Lo preocupante es cuando la curiosidad y la osad\u00eda en romper con el c\u00edrculo estrecho de la vida burguesa desembocan en la identificaci\u00f3n con la est\u00e9tica de la criminalidad, advierte la psicoanalista. Pero los padres tal vez se deben preocupar no solamente con el ejemplo de los traficantes, sino de los criminosos de la elite. La transmisi\u00f3n de valores por la familia tropieza cada vez m\u00e1s en la fragilidad de los valores culturales que ser\u00e1n transmitidos. \u00bfC\u00f3mo salir de la adolescencia en una cultura que desvaloriza la propia posici\u00f3n del adulto, como aquel que puede renunciar al goce de la inmediatez en nombre de un ideal a ser alcanzado?, se pregunta la psic\u00f3loga de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro Luciana Coutinho en El adolescente y los ideales. Los adultos ense\u00f1an a los j\u00f3venes a juzgarlos como personas desprovistas de m\u00e9rito social o moral. Al criar a los hijos arribistas disparan en el propio pie. Comienzan por desvalorizar y ridiculizar a los honestos, mostrados como patos, y acaban por ser vistos como patos por los hijos, avisa Freire Costa.<\/p>\n<p>Lo parad\u00f3jico de la relaci\u00f3n entre generaciones: los adolescentes infringen, hasta gravemente, no para burlar la ley, no en la esperanza de escapar de la consecuencia de sus actos, sino, al contrario, para excitarla, para que la represi\u00f3n corra detr\u00e1s de ellos y as\u00ed los reconozca como pareja de los adultos, o mejor, como la parte oscura y olvidada de los adultos, nota Calligaris. De ah\u00ed el peligro de dejar la puerta abierta para que el tribunal decida si los j\u00f3venes deben ser juzgados como menores o como adultos. Si fuera juzgado y condenado como adulto, ser\u00e1 la demostraci\u00f3n del hecho de que los adultos s\u00f3lo oyen el lenguaje del crimen y de que ese lenguaje funciona. La cuesti\u00f3n de la anticipaci\u00f3n de la mayor\u00eda de edad penal es, desde luego, pol\u00e9mica, aunque muchos psic\u00f3logos adviertan ante el hecho de que existan psic\u00f3patas en cualquier edad y el art\u00edculo 121 del Estatuto del Ni\u00f1o y del Adolescente (que establece el per\u00edodo m\u00e1ximo de encarcelamiento de adolescentes de tres a\u00f1os) no da tiempo para que instituciones psiqui\u00e1tricas puedan resolver problemas mentales graves. Sea como sea, la m\u00e1s reciente investigaci\u00f3n Crime Trends, hecha por la ONU, revela que son minor\u00eda (solamente 17% de las 57 naciones analizadas) los pa\u00edses que definen al adulto como una persona menor de 18 a\u00f1os y que la mayor parte de ellos est\u00e1 compuesta por pa\u00edses que no aseguran los derechos b\u00e1sicos de ciudadan\u00eda a los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>En los pa\u00edses investigados, los j\u00f3venes representan un 11,6% del total de infractores, mientras que en el Brasil la participaci\u00f3n adolescente en la criminalidad est\u00e1 alrededor\u00a0 del 10% (sorprendentemente, en el Jap\u00f3n ella llega a 42% y la edad penal es de 20 a\u00f1os). \u00a0En los pa\u00edses desarrollados puede tener alg\u00fan sentido argumentar que la sociedad dio a los j\u00f3venes lo m\u00ednimo necesario y, con base en ese presupuesto, responsabilizar individualmente a los que infringen la ley. Pero en pa\u00edses como la India y Brasil eso es falso. Es inmoral equiparar la legislaci\u00f3n penal juvenil brasile\u00f1a con la inglesa o la estadounidense, olvid\u00e1ndose de la calidad de vida de los j\u00f3venes de esos pa\u00edses, dice el cient\u00edfico de la Universidad de S\u00e3o Paulo T\u00falio Kahn.<\/p>\n<p>En art\u00edculo reciente para la Folha de S. Paulo (La mayor\u00eda de edad penal e hipocres\u00eda: nuestra alma generosa duerme mejor con la idea de que la prisi\u00f3n es re-educativa), Calligaris hace una importante ponderaci\u00f3n sobre el tema, sin pasiones exaltadas: En suma, la mayor\u00eda de edad penal podr\u00eda ser reducida a 16 \u00f3 14 a\u00f1os, pero no es eso lo que realmente importa. La hipocres\u00eda est\u00e1 en el art\u00edculo 121 del Estatuto del Ni\u00f1o y del\u00a0 Adolescente. Caso \u00e9l sea reconocido como menor o como portador de un trastorno de la personalidad, el joven s\u00f3lo deber\u00eda ser devuelto a la sociedad una vez completado su desarrollo o su cura, eso lleve tres a\u00f1os, o diez, o 50.<\/p>\n<p>Dejando de lado las pol\u00e9micas, \u00bfcu\u00e1l es al final la moraleja de la historia? El deber de los j\u00f3venes, como ya dec\u00eda Nelson Rodrigues, es envejecer. Suma sabidur\u00eda. \u00bfPero qu\u00e9 sucede cuando la aspiraci\u00f3n de los adultos es\u00a0 manifiestamente la de rejuvenecer?, pregunta Calligaris. Es tan dif\u00edcil ponerse viejo sin un motivo\/ Yo no quiero perecer como un caballo moribundo\/ La juventud es como diamantes al sol\/ Y los diamantes son para siempre, dice la m\u00fasica, de gusto dudoso, cuyo estribillo, sin embargo, es un primor: I want to be forever young. Quiero ser por siempre joven.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"O de c\u00f3mo la adolescencia &#8220;se trag\u00f3&#8221; a los adultos del planeta","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[117],"class_list":["post-83334","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83334","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83334"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83334\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83334"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83334"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83334"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83334"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}