{"id":83336,"date":"2007-03-01T00:00:00","date_gmt":"2007-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/03\/01\/el-dia-en-que-hitler-lloro\/"},"modified":"2016-01-28T14:32:38","modified_gmt":"2016-01-28T16:32:38","slug":"el-dia-en-que-hitler-lloro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-dia-en-que-hitler-lloro\/","title":{"rendered":"El d\u00eda en que Hitler llor\u00f3"},"content":{"rendered":"<p>El siglo\u00a0 XX tuvo dictadores para todos los gustos: Stalin, Mao, Mussolini, Pol Pot, Franco, Pinochet. Pero, en el infierno, todos deben estar comi\u00e9ndose\u00a0 de envidia del colega que, cada vez m\u00e1s, conquista los corazones del p\u00fablico: Adolf Hitler. \u00a1Cuanto m\u00e1s el tiempo pasa, m\u00e1s crece la fascinaci\u00f3n de la Alemania nazista, que se transform\u00f3 en un negocio millonario. Vaya a una librer\u00eda, a un quiosco de peri\u00f3dicos o una videoteca de pel\u00edculas y, para su tiempo de ocio, en portadas de libros, revistas y DVDs est\u00e1n el F\u00fchrer, tropas marchando y, un best seller, la esv\u00e1stica. Acaban hasta de descubrir a Adolf escondidito detr\u00e1s de Ringo Starr en la c\u00e9lebre portada del \u00e1lbum de los Beatles, Sgt. Pepper&#8217;s. Aunque fascinaci\u00f3n y repulsi\u00f3n puedan andar juntas, lo que ayudar\u00eda a entender la admiraci\u00f3n macabra por la est\u00e9tica del poder y del mal absolutos, es un fen\u00f3meno digno de psiquiatras. Como, adem\u00e1s, fue el icono de esa extra\u00f1a obsesi\u00f3n, el propio Hitler.<\/p>\n<p>Tal como Joana d&#8217;Arc, fue un producto de sus propias fantas\u00edas y llevado por ellas en la multitud sedienta de revancha. Si \u00e1ngel o diablo, es el juicio de la historia que decide, explica el bioqu\u00edmico y psiquiatra de la UFRJ Fernando Portela C\u00e1mara, en su articulo El psiquiatra del F\u00fchrer, en el que relata la estad\u00eda del entonces soldado Adolf en un hospital militar, atacado de ceguera hist\u00e9rica. Atendido por el dr. Edmund Forster, que estimul\u00f3 su nacionalismo fan\u00e1tico para hacerlo recuperar la auto-confianza, el hombre t\u00edmido, con recelo de hablar en p\u00fablico, que nutria odio por los derrotistas, jesuitas y comunistas, habr\u00eda salido del hospital\u00a0 enteramente cambiado: mirar penetrante, gestos firmes, gusto de hablar en p\u00fablico, carism\u00e1tico, en fin, con los rasgos de personalidad que ir\u00edan a caracterizar al futuro F\u00fchrer. El caso, poco conocido, coloc\u00f3 en cuesti\u00f3n si la cura no habr\u00eda creado la enfermedad. Tal como el hach\u00eds o el alcohol nada provoca que ya no sea del propio car\u00e1cter y disposici\u00f3n del individuo, ninguna hipnosis o sugesti\u00f3n cambia a nadie.<\/p>\n<p>La psicoterapia puede reestructurar comportamientos, aclarar motivaciones, actualizar tendencias, pero no puede crear un nuevo ser, eval\u00faa Portela. Interesado en entender mejor la terapia de Hitler, Wagner Gattaz, profesor titular del Departamento de Psiquiatr\u00eda de la Facultad de Medicina de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), encomend\u00f3 a la Revista de Psiquiatr\u00eda Cl\u00ednica (del Departamento e Instituto de Psiquiatr\u00eda de la USP) art\u00edculos del psiquiatra brit\u00e1nico David Lewis, autor del libro The man who invented Hitler, y del psicoanalista alem\u00e1n Gerhard Kopf sobre el tema. El resultado es una historia rellena de suspensos, que ser\u00e1 contada a continuaci\u00f3n, teniendo como base los dos art\u00edculos.<\/p>\n<p>En octubre de 1918 el cabo Hitler, entonces con 29 a\u00f1os, y un grupo de soldados fueron alcanzados, de sorpresa, por una nube de gas mostaza. Ciegos, regresaron al campamento y, a excepci\u00f3n de Adolf, todos fueron remitidos a un hospital militar pr\u00f3ximo para tratamiento de los ojos. Hitler, sin embargo, fue llevado a Pasewalk, a 800 kil\u00f3metros de lo ocurrido, pues los m\u00e9dicos cre\u00edan que su ceguera era m\u00e1s un colapso psicol\u00f3gico, que un trauma f\u00edsico. No era el caso de que el cabo no pudiese ver, sino de que \u00e9l no quer\u00eda ver. Estaba sufriendo lo que, en la \u00e9poca, los m\u00e9dicos llamaban trastorno hist\u00e9rico y, desde 1917,se estableci\u00f3 que tales casos deber\u00edan ser tratados no en hospitales generales, sino en cl\u00ednicas apartadas para evitar el contagio ps\u00edquico, observa Lewis. El dictador que tanto admirar\u00eda el rigor se vio delante de m\u00e9dicos que trataban esos disturbios de guerra como falta de voluntad de los sistemas nerviosos inferiores, con cerebros degenerados. Dentro del staff psiqui\u00e1trico, uno de ellos se destacaba por abrazar ese credo: Edmund Forster. Siempre dej\u00e9 claro para los pacientes con reacciones hist\u00e9ricas que aquello se trataba de un mal h\u00e1bito, un comportamiento antipatri\u00f3tico y degradante, indigno del soldado alem\u00e1n, escribi\u00f3. Su m\u00e9todo se resum\u00eda en fortalecer la voluntad del combatiente en retornar al campo de batalla.<\/p>\n<p>De inicio curado, al saber de la rendici\u00f3n alemana en noviembre el cabo Adolf volvi\u00f3 a quedarse ciego. Forster fue, a\u00fan, m\u00e1s incisivo y el soldado, en fin, se vio recuperado. En Mi lucha Hitler omite el nombre de este m\u00e9dico y mucho menos que fue tratado por un psiquiatra, \u00e9l dice haber sido ayudado por una enfermera de esp\u00edritu maternal que le transmiti\u00f3 palabras de incentivo que lo curaron. No podemos dejar de notar que ese ocultamiento de la figura del psiquiatra por una figura materna es muy significativo aqu\u00ed. No podemos dejar de notar tambi\u00e9n que \u00e9l se refiere espec\u00edficamente a una cura por la palabra, nota Portela. Fueron 24 d\u00edas de tratamiento, que, creen los psicoanalistas, habr\u00edan transmutado al artista vagabundo en el futuro dictador de Alemania. Como fueron esas sesiones es un total misterio, pues, despu\u00e9s de subir al poder en 1933, todos los archivos cl\u00ednicos del caso desaparecieron. En aquel a\u00f1o Forster, anti-nazista, con la ayuda del hermano, se encontr\u00f3 en Paris con un grupo de intelectuales exiliados, entre los cuales estaba Alfred D\u00f6blin (el autor de Berl\u00edn Alexanderplatz) y Ernst Weiss, un novelista checo amigo de Kafka, ambos con formaci\u00f3n m\u00e9dica. El psiquiatra entrega a Weiss todo el dossier sobre la ceguera del F\u00fchrer.<\/p>\n<p>Vigilado por el gobierno franc\u00e9s, el escritor apenas en 1938 coloc\u00f3 el caso en palabras, a\u00fan as\u00ed en una novela a la clef llamada El testigo ocular, que habla del soldado A.H. tratado por un m\u00e9dico jud\u00edo en el hospital militar de P., atacado de histeria. En el libro, el paciente m\u00e1s tarde se convert\u00eda en l\u00edder supremo de la Alemania. En la falta del prontuari\u00f3 original, Lewis considera que varios pasajes de la obra describen como habr\u00eda sido la terapia de Forster con Hitler. Yo fui destinado a desempe\u00f1ar un papel significativo en la vida de un hombre extra\u00f1o, el cual, despu\u00e9s de la Primera Guerra Mundial, vendr\u00eda a provocar inmenso sufrimiento y cambios radicales en\u00a0 Europa. Muchas veces me pregunt\u00e9 qu\u00e9 me habr\u00eda llevado, en aquella \u00e9poca, en el oto\u00f1o de 1918, a intervenir de aquella forma: si era curiosidad \u00a0la cualidad principal de un cient\u00edfico trabajando en el \u00e1rea m\u00e9dica \u00a0el deseo de ser como un dios y cambiar el destino de una persona, habla el narrador de Weiss, el m\u00e9dico jud\u00edo. \u00c9l no consigue liberar al paciente de sus ideolog\u00edas pol\u00edticas ni de su odio, pero tiene \u00e9xito en restablecer e inflar\u00a0 su auto confianza, lo que desde el punto de vista del m\u00e9dico lo hace co-responsable de la terrible carrera y ascenso de A.H.; esta es la interpretaci\u00f3n del m\u00e9dico y el\u00a0 motivo de\u00a0 su desespero profundo, observa Gerhard K\u00f6pf.<\/p>\n<p>A\u00fan en las palabras de Weiss, en una sesi\u00f3n por la noche, teniendo solamente una vela encendida, el psiquiatra, despu\u00e9s de examinar los ojos del paciente, le afirma que su ceguera no tiene cura dentro de la medicina y enseguida a A.H. que el pudr\u00eda curarse a s\u00ed mismo, despertando en su interior fuerzas espirituales curativas poderosas. Le pide entonces al paciente que se concentre en la luz de la vela mientras el psiquiatra susurra: ?\u00a1Alemania necesita de hombres como usted&#8230;\u00a0 Austria acab\u00f3&#8230; pero la Alemania todav\u00eda persiste&#8230; para usted todo es posible! Dios ir\u00e1 a ayudarlo en su misi\u00f3n si usted se ayuda a si mismo ahora, y concluye con la sugerencia: iSi usted conf\u00eda ciegamente en esta misi\u00f3n, su ceguera desaparecer\u00e1! Cuando los alemanes entraron en Paris, el escritor se mat\u00f3, no sin antes avisar a\u00a0 los amigos que eso iba a ocurrir, dejando en el aire la sospecha de un probable homicidio. En Alemania, Forster fue expulsado de la Universidad de Greifswald, por causas de denuncias de inmoralidad y amor por los jud\u00edos hechas por un ex-alumno nazista. D\u00edas despu\u00e9s el psiquiatra del F\u00fchrer tambi\u00e9n se mat\u00f3 con un rev\u00f3lver que la familia desconoc\u00eda que \u00e9l pose\u00eda. M\u00e1s misterio. Otro m\u00e9dico, Karl Kroner, que apoyara el diagn\u00f3stico de histeria del cabo Hitler, fue enviado a un campo de concentraci\u00f3n, pero gracias a un embajador amigo de su mujer huy\u00f3 para\u00a0 Islandia. All\u00e1, en 1943, hizo una larga declaraci\u00f3n al servicio secreto estadounidense sobre Hitler, que acaba de ser liberado para el p\u00fablico por los archivos de la CIA.<\/p>\n<p>Acusando a Adolf de simular la ceguera, Kroner dice frases prof\u00e9ticas sobre los tiempos: En eras conturbadas, los psic\u00f3patas nos gobiernan; en los tiempos tranquilos, nosotros los investigamos. La cura de Hitler fue alcanzada, pero la Alemania se ceg\u00f3. S\u00f3lo espero que eso pase inmediatamente y podamos disecar al psic\u00f3pata y, con el regreso de la justicia, hacer que los alemanes vuelvan a ver. Otro psiquiatra alem\u00e1n, que no se arrepent\u00eda de curar psic\u00f3patas, vino a parar a Brasil y, sin querer, trajo consigo el huevo de la serpiente. Un admirador de las leyes eugen\u00e9sicas de la Alemania nazista, Werner Kemper, director del Instituto G\u00f6ring, hac\u00eda excepci\u00f3n al tratamiento de psicosis en caso de una personalidad genial excepcional que valiera la pena ser curada si hubiese la expectativa de que con eso su talento extraordinario pudiese ser retribuido en provecho de la totalidad, escribi\u00f3 en 1942. \u00bfQu\u00e9 dir\u00eda Forster si pudiese leer eso Sea como fuese, despu\u00e9s de la guerra, Kemper vino a Brasil indicado por nada menos que Ernest Jones, el bi\u00f3grafo y amigo de Freud. Aqu\u00ed fund\u00f3 la Sociedad Psicoanal\u00edtica Brasile\u00f1a. El an\u00e1lisis que ustedes hacen en R\u00edo de Janeiro fue hecho por un hombre de la Gestapo, afirm\u00f3 el presidente de la Asociaci\u00f3n Psicoanal\u00edtica Internacional (IPA) a una psiquiatra brasile\u00f1a en un congreso en los a\u00f1os 1980.<\/p>\n<p>Como al confirmar que el vientre de la bestia contin\u00faa fecundo, palabras de Brecht, en 1973 se descubri\u00f3 que el psicoanalista Am\u00edlcar Lobo Moreira da Silva era un torturador. Antes hab\u00eda sido formado por Le\u00e3o Cabernite, un analista y disc\u00edpulo de Kemper. Kemper al llegar a R\u00edo tra\u00eda la marca del r\u00e9gimen nazista y las caracter\u00edsticas de hombre \u00fanico en el poder, como Hitler, y habr\u00eda marcado como un F\u00fchrer al psicoan\u00e1lisis carioca. Como nunca habl\u00f3 sobre su pasado nazista, lo no dicho fue pasado inconscientemente a sus disc\u00edpulos y de estos para los posteriores disc\u00edpulos. En esta tercera generaci\u00f3n, la culpa habr\u00eda resurgido en forma de acci\u00f3n y se habr\u00eda revelado en la tortura, escribi\u00f3 la fallecida psiquiatra Helena Besserman Vianna en su libro No lo cuente. Curiosamente, Kemper habr\u00eda participado, en la Alemania, por medio de su instituto, como consultor de las directrices de la Wehrmacht sobre como tratar las neurosis de la guerra. El objetivo de esas directrices era evitar reacciones ps\u00edquicas anormales, como las verificadas en la Primera Guerra Mundial, por causa de su efecto contaminador que habr\u00eda afectado a la fuerza de combate de las tropas, observa el estudioso del Brasil, el\u00a0 alem\u00e1n, de la Universidad de Kassel, Hans F\u00fcchtner en su articulo El caso Kemper.<\/p>\n<p>Seg\u00fan relata F\u00fcchtener, para los m\u00e9dicos del\u00a0 instituto, los estados de miedo generaban la p\u00e9rdida del habla, de la audici\u00f3n, la ceguera y la par\u00e1lisis, entre otros, que pod\u00edan afectar a soldados sanos y capaces en determinadas circunstancias, lo que convert\u00eda no factible una desvalorizaci\u00f3n moral y la difamaci\u00f3n de los enfermos de reacciones anormales. Hab\u00eda, observa F\u00fcchtener, una grieta entre los miembros del instituto de Kemper y otros neuropsiquiatras que defend\u00edan los viejos m\u00e9todos brutales de la Primera Guerra Mundial, como a los que Hitler fuera sometido. En consonancia con instrucciones de la canciller\u00eda del Reich (\u00bfrecuerdos amargos del F\u00fchrer?), el instituto ped\u00eda m\u00e9todos blandos para tratar a los enfermos. M\u00e1s tarde, las filas de plomo ganaron la batalla y muchos enfermos fueron a parar a campos de concentraci\u00f3n, vistos como fracasados traidores.<\/p>\n<p>Kemper y sus colegas se mantuvieron fieles a su trabajo mas humanizado y, aunque defensor de las Leyes de Nuremberg, que defend\u00edan la creaci\u00f3n de una raza superior, escribe F\u00fcchtener, el psiquiatra nunca se manifest\u00f3 a favor de la eutanasia y siempre preconiz\u00f3 que hab\u00eda posibilidades de cura en varias etapas de la psicosis. El r\u00e9gimen hitleriano prefiri\u00f3 otras corrientes, aunque, si hubiesen sido aplicadas al entonces cabo Hitler, habr\u00edan llevado al futuro F\u00fchrer a la c\u00e1mara de gas o a una inyecci\u00f3n letal. El m\u00e9dico debe limitar su elecci\u00f3n a las personas, cuyas personalidades merecen un esfuerzo. Justamente\u00a0 en eso surgen graves decisiones humanas para el m\u00e9dico consciente de su responsabilidad. Si para e bi\u00f3logo especialista en gen\u00e9tica es f\u00e1cil decidir en la mayor\u00eda de los casos de enfermedades gen\u00e9ticas, para nosotros los limites son fluctuantes, escribio Kemper en 1942.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Las terribles consecuencias de la ceguera hist\u00e9rica de Hitler","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-83336","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83336","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83336"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83336\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83336"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83336"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83336"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83336"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}