{"id":83371,"date":"2007-05-01T00:00:00","date_gmt":"2007-05-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/05\/01\/con-piedras-y-palos\/"},"modified":"2015-03-24T16:48:15","modified_gmt":"2015-03-24T19:48:15","slug":"con-piedras-y-palos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/con-piedras-y-palos\/","title":{"rendered":"Con piedras y palos"},"content":{"rendered":"<p>Los agitados monos capuchinos impulsan un debate cient\u00edfico que apunta a escudri\u00f1ar las condiciones necesarias para la constituci\u00f3n de la inteligencia y de tradiciones culturales en el proceso evolutivo de los primates. Habitantes de\u00a0 Sudam\u00e9rica, conocidos por el tama\u00f1o modesto (tienen 60 cent\u00edmetros de estatura y pesan algo m\u00e1s de 3 kilos) y el pelaje denso y oscuro en la cabeza, que se asemeja a una capucha, los monos capuchinos (<em>Cebus apella<\/em>) eran relegados hasta la d\u00e9cada pasada a la periferia de la investigaci\u00f3n sobre el comportamiento de los primates, aunque ya hace mucho se supo, por medio de observaciones en cautiverio, que son capaces de aprender a usar herramientas para abrir frutos secos, por ejemplo. Con todo, pocos investigadores se entusiasmaban con ese tipo de actuaci\u00f3n. Sucede que la habilidad podr\u00eda haber sido estimulada por condiciones espec\u00edficas del cautiverio y por el contacto con los hombres, lo que descalificar\u00eda la actividad como tradici\u00f3n cultural desarrollada por cuenta propia y transmitida de generaci\u00f3n para generaci\u00f3n, dice Eduardo Ottoni, investigador del Instituto de Psicolog\u00eda de la Universidad de S\u00e3o Paulo, quien hace m\u00e1s de una d\u00e9cada estudia el comportamiento de los monos capuchinos.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos tres a\u00f1os, estudios hechos por investigadores de Brasil, de Italia y de Estados Unidos comprobaron que, en determinados lugares y circunstancias, los monos capuchinos usan herramientas tambi\u00e9n en la vida\u00a0 salvaje y transmiten la habilidad a las generaciones siguientes, en rituales, adem\u00e1s, bastante peculiares. El uso de herramientas no puede m\u00e1s ser visto como competencia exclusiva de hom\u00ednidos, sino tambi\u00e9n pertenece a los primates neotropicales, sostiene la italiana Elisabetta Visalberghi, del Instituto de Ciencia y Tecnolog\u00eda de la Cognici\u00f3n de Roma, en un art\u00edculo publicado en enero en el <em>American Journal of Physical<\/em> <em>Antropology<\/em>, que relata ese tipo de habilidad en monos capuchinos en un \u00e1rea en Boa Vista, en Piau\u00ed. Tambi\u00e9n firman \u00e9l art\u00edculo los investigadores Eduardo Ottoni y Patr\u00edcia Izar, de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), y Dorothy Fragaszy, de la universidad estadounidense de\u00a0 Georgia.<\/p>\n<p>Por razones que los investigadores todav\u00eda intentan definir con exactitud, no\u00a0 todas las poblaciones de la especie, encontradas desde Argentina hasta\u00a0 Venezuela, usan herramientas. En Brasil, los monos capuchinos ocupan ambientes tan variados como la Amazonia, el Cerrado, el Agreste y la Mata Atl\u00e1ntica. Pero las\u00a0 im\u00e1genes de los simios en actividad en Piau\u00ed repiten lo que se observ\u00f3 en cautiverio y de esta vez no se puede decir que ellos aprendieron con nosotros o que su comportamiento fue inducido por investigadores en busca de similitudes con la especie humana. Los animales cargan por varios metros piedras con cerca de 1 kilo que usar\u00e1n como martillo hasta sitios de ruptura rocas planas o troncos usados como apoyo, llamados yunques, en una referencia a la base sobre la cual se golpean los metales.<\/p>\n<p>El uso estereotipado de herramientas ya fue registrado en innumerables especies, de ara\u00f1as que arreglan un canto alrededor de su morada a buitres que utilizan piedras para perforar huevos de avestruz, sin que eso pudiese ser comparado a la destreza de los ancestrales humanos cuando ganaron cerebros aventajados o, desde los a\u00f1os 1970, a las evidencias de que los chimpanc\u00e9s (<em>Pan troglodytes<\/em>) pasan de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n ciertos aprendizajes, como el uso de varetas para recolectar miel o capturar hormigas, como una autentica tradici\u00f3n transmitida culturalmente. En la d\u00e9cada de 1990, se comprob\u00f3 que el orangut\u00e1n (<em>Pongo pygmaeus<\/em>) y el gorila (<em>Gorilla gorilla<\/em>) tambi\u00e9n son capaces en cautiverio de usar piedras y palos como herramientas \u00a0para romper cocos y casta\u00f1as. El escepticismo con relaci\u00f3n al mono capuchino ten\u00eda explicaci\u00f3n extra. ?Mientras los chimpanc\u00e9s y gorilas est\u00e1n pr\u00f3ximos al hombre en la cadena evolutiva, los monos-clavo pertenecen a un tronco que divergi\u00f3 hace por lo menos 40 millones de a\u00f1os?, dice la investigadora Patricia Izar.<\/p>\n<p>La evidencia de que un pariente tan distante del hombre consigui\u00f3 desarrollar el uso de herramientas pone a prueba la idea de que nuestra especie ser\u00eda la \u00fanica en desarrollar esa habilidad, propuesta por Kenneth Oakley en 1949 en el libro Man, the toolmaker (El hombre, fabricante de herramientas). En el lugar, se sugiere que tal categor\u00eda de comportamiento puede ser deflagrada por condiciones m\u00e1s gen\u00e9ricas de lo que se imaginaba. Al confirmarse la teor\u00eda, el mono capuchino es candidato a\u00a0 tornarse un gran modelo para entender como la especie humana evolucion\u00f3 alrededor de 2,5 millones de a\u00f1os atr\u00e1s, a punto de conseguir usar hachas, martillos, arpones y otros instrumentos. En los a\u00f1os 1970, la c\u00e9lebre primat\u00f3loga Jane Goodall ya colocaba a los chimpanc\u00e9s en el rol de especies capaces de usar herramientas aunque\u00a0 los investigadores sean cuidadosos al comparar esas habilidades con el salto cognitivo de nuestros ancestros. Si la cultura puede ser definida como una innovaci\u00f3n seguida de transmisi\u00f3n social, estamos encontrando patrones sugestivos de que estamos, s\u00ed delante de culturas, propuso, en una conferencia realizada en San Francisco, en el 2003, el holand\u00e9s Carel van Schaik, director del Instituto Antropol\u00f3gico y del Museo de la Universidad de Zurich, en Suiza, y un estudioso del comportamiento de los orangutanes.<\/p>\n<p><strong>Singularidad<br \/>\n<\/strong>La constituci\u00f3n de la cultura humana involucra un conjunto de elementos mucho m\u00e1s complejos, como el lenguaje y las expresiones art\u00edsticas. Pero las investigaciones, como observ\u00f3 la antrop\u00f3loga Eunice Durhan, de la USP, en su art\u00edculo \u00bfLos Chimpanc\u00e9s poseen cultura? Preguntas para la antropolog\u00eda sobre un tema bueno para pensar?, publicado en el 2005 en la Revista de Antropolog\u00eda, no buscan atribuir a los simios un lugar especial debido a su semejanza con los humanos. Por el contrario, su intenci\u00f3n es sobrepasar concepciones pautadas en la singularidad humana absoluta, aproxim\u00e1ndola, tanto como sea posible, de los grandes simios y de otros animales sociales inteligentes a partir de la profundizaci\u00f3n de las investigaciones sobre sus comportamientos?, escribi\u00f3 Eunice Durhan.<\/p>\n<p>Curiosamente, la imagen de los monos capuchinos usando herramientas en la vida salvaje fue divulgada mundialmente gracias a un golpe de suerte. En el 2004, un fot\u00f3grafo brit\u00e1nico visit\u00f3 una hacienda de ecoturismo en Gilbu\u00e9s, en Piau\u00ed, y qued\u00f3 fascinado con lo que vio: los monos capuchinos levantaban una piedra con las dos manos encima de la cabeza y daban un golpe certero en el coquito colocado en el piso, como un cazador que decide matar una cobra en medio del bosque. La escena fue registrada y divulgada por el mundo por la red brit\u00e1nica BBC. La estadounidense Dorothy Fragaszy vio la foto del mono piauiense y decidi\u00f3 accionar sus contactos en Brasil. Mando una carta para Eduardo Ottoni y Patr\u00edcia Izar, que, ella sab\u00eda, ya hac\u00eda tiempos estudiaban a los monos clavos. La carta, al mismo tiempo que sirvi\u00f3 de incentivo para los investigadores, los cogi\u00f3 de sorpresa. Sucede que miembros del equipo de la USP tambi\u00e9n estaban en Piau\u00ed, pero en un local distante de Boa Vista, la pedregosa y \u00e1rida sierra de la Capivara, justamente estudiando el uso de herramientas por monos capuchinos salvajes.<\/p>\n<p>El inter\u00e9s de los investigadores de la USP despunt\u00f3 una d\u00e9cada antes de ese episodio. En 1994, Ottoni fue sorprendido por el relato de una alumna de iniciaci\u00f3n cient\u00edfica que fuera a observar el comportamiento de los poco m\u00e1s de 20 monos capuchinos que habitan en el Parque Ecol\u00f3gico de Tiet\u00e9, en la capital paulista. La estudiante describi\u00f3 la misma escena: los grupos de monitos se reun\u00edan para romper cocos producidos por los racimos de una palmera. En aquel momento, percib\u00ed que estaba delante de un gran desafi\u00f3 cient\u00edfico, dice Ottoni, que es investigador del Laboratorio de Ecolog\u00eda Cognitiva del Departamento de Psicolog\u00eda Experimental del Instituto de Psicolog\u00eda de la USP.<\/p>\n<p>El problema es que las condiciones de vida de los monos capuchinos en el Parque de Tiet\u00e9 son excepcionales. Fueron aprehendidos por fiscales del Ibama e instalados all\u00ed. Pertenecen a una mezcla de sub-especies y no se conoce con seguridad su pasado. Pod\u00edan muy bien haber aprendido a usar herramientas en situaciones previas de cautiverio, como Elisabetta Visalberghi ya observara en zool\u00f3gicos de Italia, lo que descalificar\u00eda la hip\u00f3tesis de la tradici\u00f3n cultural. Por fin, no viven en condiciones comparables a las de la naturaleza. Aunque est\u00e9n sueltos, no consiguen salir de los limites del parque, que es cercado por el ri\u00f3, y reciben provisiones de alimentos.<\/p>\n<p>El estudio de aquellos animales, sin embargo, encendi\u00f3 la mecha de una l\u00ednea de investigaci\u00f3n en Brasil. En el inicio de esta d\u00e9cada, el holand\u00e9s Carel van Schaik, profesor del Departamento de Antropolog\u00eda Biol\u00f3gica y Anatom\u00eda de la Universidad Duke, en los Estados Unidos, y un estudioso del comportamiento de los orangutanes, propuso un modelo te\u00f3rico capaz de explicar el advenimiento de culturas asociadas al uso de herramientas. Seg\u00fan \u00e9l, la eclosi\u00f3n de ese comportamiento depender\u00eda de factores como la predisposici\u00f3n gen\u00e9tica (asociada a cerebros grandes y destreza manual), factores ambientales (como la dependencia de alimentos de acceso complicado, como el muc\u00edlago endulzado incrustado en los coquitos) y el comportamiento tolerante de los adultos, condici\u00f3n para que los m\u00e1s nuevos tengan el chance de quedarse cerca de los m\u00e1s viejos y, as\u00ed, aprender la t\u00e9cnica.<\/p>\n<p><strong>Hambre<br \/>\n<\/strong>Tales premisas fueron puestas a prueba por los investigadores de la USP y elevaron los estudios con los monos capuchinos en Brasil a un nuevo nivel. La tesis de la dependencia del alimento de dif\u00edcil obtenci\u00f3n, por ejemplo, enfrenta dificultades para encajarse en el rompecabezas. Ella combina con la observaci\u00f3n en algunos sitios, pero no en otros. En el caso de los animales del Parque Ecol\u00f3gico del Tiet\u00e9, el ritual de romper los cocos se da a pesar de que los macacos recibieron provisi\u00f3n de alimentos de los cuidadores. Ya en un \u00e1rea del Bosque Atl\u00e1ntico, el Parque Estadual Carlos Botelho, en S\u00e3o Miguel Arcanjo, interior paulista, la investigadora Patricia Izar observ\u00f3 lo opuesto. Hay tanta escasez de alimentos en la regi\u00f3n que el ciclo reproductivo de los monos capuchinos es mas lento: las hembras reproducen a cada tres a\u00f1os, ante un intervalo medio de dos a\u00f1os en la naturaleza. Pero all\u00ed nadie parece tener tiempo para romper coquitos. El hambre los obliga a dividirse en grupos menores, para buscar prote\u00edna en la forma de insectos, reagrup\u00e1ndose en un segundo momento en fen\u00f3menos conocidos como fisi\u00f3n y fusi\u00f3n.<\/p>\n<p>En un estudio publicado en la revista Science en el 2004, el brasile\u00f1o Antonio Christian de Moura, actualmente en la Universidad Federal de Para\u00edba (UFPB), y la primat\u00f3loga Phyllis Lee, de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, observaban que monos capuchinos de Serra da Capivara, Piau\u00ed, utilizan varetas para capturar hormigas y rompen frutos con piedras, como forma para garantizar comida en la aridez del agreste. En una correspondencia publicada en el 2005 en la misma Science, Elisabetta Visalberghi, Patr\u00edcia Izar, Dorothy Fragaszy y Eduardo Ottoni pusieron en duda la hip\u00f3tesis de la b\u00fasqueda de comida, una vez que parte de los monos estudiados recib\u00eda provisi\u00f3n de alimentos. La comparaci\u00f3n de la vida de los monos capuchinos en Serra da Capivara y en el Parque Carlos Botelho muestra que ni el agreste es tan pobre ni el Bosque Atl\u00e1ntico es tan rico como se supone, dice Patricia Izar.\u00a0 La hip\u00f3tesis del grupo explica la ocurrencia o no del uso de herramientas en una determinada poblaci\u00f3n m\u00e1s en funci\u00f3n del grado de territorialidad en el agreste o en el Cerrado los monos pasan m\u00e1s tiempo en el suelo\u00a0 que cuando viven en los bosques que le ofrece alimento en el ambiente. Eso no quiere decir que el comportamiento no haya evolucionado en funci\u00f3n de las grandes ventajas de poder tener acceso a estos recursos en ambientes en que hay escasez de otras fuentes, afirma Eduardo Ottoni.<\/p>\n<p>Una hip\u00f3tesis del grupo de la USP para el comportamiento corrobora otra premisa de Carel van Shaik: la de la tolerancia de los adultos con los aprendices. En un articulo publicado en la revista Animal Cognition en 2005, Ottoni, Patr\u00edcia y la investigadora de la USP Briseida de Resende observaron una curiosa correlaci\u00f3n en el ritual del uso de herramientas: los monos que rompen cocos con mayor eficiencia tiende a conquistar plateas mayores, compuesta por animales todav\u00eda peque\u00f1os. Evidentemente, los m\u00e1s j\u00f3venes est\u00e1n all\u00ed porque desean comer lo que sobra de los cocos rotos, dice Ottoni. Ellos observan a los m\u00e1s viejos, aprenden los gestos y, poco a poco, comienzan a hacer intentos, hasta convertirse adultos eficientes como sus maestros. Una posibilidad es que los machos adultos permitan la presencia de los mas j\u00f3venes y los dejen comer los restos como una forma de llamar la atenci\u00f3n de las hembras, dice Ottoni. Otra hip\u00f3tesis, levantada por Patricia, es que en vez de simplemente matar el hambre la transmisi\u00f3n del uso de herramientas ser\u00eda una forma de mantener la cohesi\u00f3n social do grupo.<\/p>\n<p>En el pasado, se cre\u00eda que los monos capuchinos pertenec\u00edan todos a una misma especie (Cebus apella), pero la nomenclatura cambi\u00f3 y hoy\u00a0 se considera la existencia de varias especies. Una posibilidad, en la cual los investigadores de la USP no creen, es que la distinci\u00f3n del comportamiento tenga origen gen\u00e9tico. Otra duda es con respecto a las evidencias de que, aunque los monos-clavo usen herramientas, puede ser exagerada la comparaci\u00f3n con la habilidad de los humanos. En el 2001, Euphly Jalles-Filho, Rog\u00e9rio Grassetto Teixeira da Cunha y Rodolfo Aureliano Salm, investigadores del Instituto de Biociencias de la USP, publicaron un art\u00edculo en el Journal of Human Evolution mostrando que los monos-clavo no tienen la habilidad de transportar las herramientas en sus desplazamientos por el ambiente como lo hac\u00eda el Homo habilis, 2,6 millones de a\u00f1os atr\u00e1s, la primera especie de hom\u00ednido en ser asociada a las lascas de piedras usadas como instrumentos (ver Pesquisa FAPESP n\u00ba 66). A\u00fan, cuando son forzados a eso, ellos transportan piedras y, con respecto a la bigornia, no es necesario, pues usan como base piedras fijas, el propio piso o troncos de \u00e1rboles, responde Eduardo Ottoni.<\/p>\n<p><strong>Intriga de los investigadores<br \/>\n<\/strong>La buena noticia es que, en el af\u00e1n de encontrar respuestas a esas cuestiones, crece la intriga de los investigadores que estudian los monos capuchinos en otros lugares de Brasil. En Goi\u00e1s, Francisco Dyon\u00edsio Cardoso Mendes y Rog\u00e9rio Ferreira Marquezan, de la Universidad Cat\u00f3lica de Goi\u00e1s, se juntaron a Eduardo y Patricia para analizar el uso de herramientas por una de las especies de mono capuchino Cebus libininosus en el estado. El mano capuchino de pecho amarillo (Cebus xanthosternos), amenazado de extinci\u00f3n, es objetivo de investigaci\u00f3n en el sur de Bah\u00eda. El responsable de esa investigaci\u00f3n fue nuestro practicante y estudi\u00f3 los monos capuchinos en el Parque Ecol\u00f3gico de Tiet\u00e9, dice Ottoni. Massimo Mannu, alumno de doctorado de Ottoni, constat\u00f3 que los monos-clavo de la sierra de la Capivara, en Piau\u00ed, usan varias herramientas al mismo tiempo, como varetas para sacar a los lagartos de la cueva y piedras para retirar ra\u00edces, algo no com\u00fan hasta en chimpanc\u00e9s. Es esencial ampliar el panorama de las investigaciones para poder afirmar que el uso de herramientas constituye una tradici\u00f3n cultural, afirma Patr\u00edcia Izar.<\/p>\n<p>La ampliaci\u00f3n de esos estudios ya muestra que las evidencias de que los monos capuchino desarrollaron tradiciones culturales no se resume al uso de herramientas. En un estudio publicado en febrero en la revista Suiza Folia Primatol\u00f3gica, el brasile\u00f1o Antonio Christian de Moura, de la UFPB, hizo un descubrimiento con los monos capuchino de Serra da Capivara: para apartar la amenaza de depredadores, ellos promueven una sinfon\u00eda de percusi\u00f3n, tirando piedras contra el piso. Seg\u00fan el investigador la especie es la \u00fanica en que fue observado ese comportamiento. tirar objetos en superficies parece ser una caracter\u00edstica innata, pero que puede ser moldeada en comportamientos sociales para nuevas funciones. Al tirar la piedra, el ruido se convierte una alarma eficiente, afirm\u00f3. En las observaciones hechas anteriormente, el toque solo se hab\u00eda manifestado por los monos para barrer o romper alimentos, principalmente en grupos en cautiverio. Esa vez fue constatado en un grupo salvaje. La falta del dispositivo en otras poblaciones de la misma especie, que tiene acceso a piedras, sugiere que tirar piedras pueda ser una tradici\u00f3n social de la poblaci\u00f3n estudiada, dice. Los investigadores que intenten dormir con un barullo de esos.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<br \/>\n<\/strong><em>El uso de herramientas y forrajes extra\u00eddos\u00a0 por monos capuchinos\u00a0 (Cebus apella): sociedad ecol\u00f3gica y transmisi\u00f3n social de informaci\u00f3n<\/em><br \/>\n<strong><em>Modalidad<br \/>\n<\/em><\/strong>L\u00ednea Regular de Auxilio a la investigaci\u00f3n<br \/>\n<strong><em>Coordinador<br \/>\n<\/em><\/strong>Eduardo Ottoni &#8211; USP<br \/>\n<strong><em>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/em><\/strong>212.375,15 reales (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El mono capuchino emplea herramientas para abrir frutos o cazar hormigas","protected":false},"author":11,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[98],"class_list":["post-83371","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83371","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/11"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83371"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83371\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83371"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83371"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83371"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83371"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}