{"id":83393,"date":"2007-06-01T00:00:00","date_gmt":"2007-06-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/06\/01\/fragmentos-del-pasado\/"},"modified":"2015-03-24T17:52:04","modified_gmt":"2015-03-24T20:52:04","slug":"fragmentos-del-pasado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/fragmentos-del-pasado\/","title":{"rendered":"Fragmentos del pasado"},"content":{"rendered":"<p><em>*Ricardo Zorzetto viaj\u00f3 por invitaci\u00f3n de Petrobras y del proyecto Piatam<\/em><\/p>\n<p>Las comunidades ind\u00edgenas que habitaron la Amazonia Central durante los casi dos milenios que antecedieron a la llegada de los europeos estaban formadas por grupos que se fijaban durante decenas o hasta centenares de a\u00f1os a orillas de los r\u00edos y no deambulan tanto por la selva en busca de alimentos. En una forma inicial de agricultura, cultivaban mandioca, ma\u00edz y posiblemente otras plantas domesticadas en la Amazonia como la pi\u00f1a o la palmera pihuayo o pupunha. Tambi\u00e9n pescaban y cazaban peque\u00f1os animales en lo alto de los \u00e1rboles, toda vez que por all\u00ed a\u00fan hoy en d\u00eda son raros los animales en el nivel del piso. Con interrupciones m\u00e1s o menos breves, grupos de cuatro culturas ind\u00edgenas se sucedieron en comunidades que, en los per\u00edodos m\u00e1s pr\u00f3speros, llegaron a reunir algunos cientos de miles de personas. En esa \u00e9poca de la cual no hay registros hist\u00f3ricos, el grado de organizaci\u00f3n social de los grupos ind\u00edgenas era bastante variable, como se puede inferir de las excavaciones iniciadas en 1995 por el equipo de Eduardo G\u00f3es Neves, del Museo de Arqueolog\u00eda y Etnolog\u00eda de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). Es cierto que las culturas precoloniales que vivieron entre 2.300 y 500 a\u00f1os atr\u00e1s en la Amazonia Central, regi\u00f3n que abarca los principales afluentes del r\u00edo Solimones en el estado de Amazonas, jam\u00e1s alcanzaron la estructura y la sofisticaci\u00f3n de otras civilizaciones contempor\u00e1neas como la maya y la azteca, en Am\u00e9rica Central, o la inca, en la cordillera de los Andes, diezmadas por los conquistadores espa\u00f1oles y por las enfermedades que \u00e9stos trajeron a las Am\u00e9ricas. En el coraz\u00f3n de la Amazonia brasile\u00f1a, no siempre las comunidades ind\u00edgenas se constitu\u00edan seg\u00fan un patr\u00f3n de complejidad creciente bandos, tribus, cacicazgos y civilizaciones, planteado hace m\u00e1s de 50 a\u00f1os por una rama de la antropolog\u00eda estadounidense llamada neoevolucionismo, que ve\u00eda en la civilizaci\u00f3n occidental su m\u00e1s alto grado de desarrollo. Hay se\u00f1ales de que en esos dos milenios existieron por all\u00ed tribus y posiblemente cacicazgos, en que un l\u00edder ejercer\u00eda poder sobre varias aldeas, dice Nieves. En la Amazonia Central, esa complejidad vari\u00f3 seg\u00fan la \u00e9poca. Algunos grupos crecieron y alcanzaron cierto grado de organizaci\u00f3n, pero, pr\u00f3ximo a la llegada de los colonizadores, comenzaron a disminuir hasta casi desaparecer. Es un cuadro mucho m\u00e1s complicado de lo que se imaginaba, y esa es la belleza de la Amazonia, comenta Neves, que hasta recientemente trabaj\u00f3 con los arque\u00f3logos estadounidenses Michael Heckenberger, de la Universidad de Florida con sede Gainesville, y James Petersen, muerto en el 2005 durante un asalto cerca de Manaos.<\/p>\n<p><strong>Complejidad<br \/>\n<\/strong>No se deber\u00eda extra\u00f1ar tal variedad. Al final, la Amazonia es un mundo de complejidad. Quien toma un avi\u00f3n de Brasilia para Manaus sobrevuela por m\u00e1s de dos horas la densa vegetaci\u00f3n que se desparrama por todos los lados hasta donde la tierra se confunde con el cielo. Es de 11 mil metros de altitud que se tiene una idea mas necesita la inmensidad de la floresta: son 7 millones de kil\u00f3metros cuadrados de bosque cerrado que s\u00f3lo deja un 10% de la luz solar llegar al piso. La mitad de ella est\u00e1 en territorio brasile\u00f1o cubre poco m\u00e1s de un tercio del pa\u00eds y viene siendo vorazmente corro\u00edda en sus m\u00e1rgenes por llanuras y plantaciones de soja que empujan madereras clandestinas selva adentro. De lo alto, parece \u00fanica y homog\u00e9nea. Pero lo que la ciencia ya descubri\u00f3 muestra que no lo es. Como casi todo en Brasil, la Amazonia es m\u00faltiple. Son varias las formaciones forestales, que ahora absorben m\u00e1s carbono del que lanzan para la atm\u00f3sfera, ahora devuelven m\u00e1s de lo que toman para s\u00ed. Tambi\u00e9n es diversa la distribuci\u00f3n de animales y la fertilidad del suelo, as\u00ed como fue variado el patr\u00f3n de ocupaci\u00f3n humana de la selva antes de la llegada de los europeos, como revelan las investigaciones de Neves. En 12 a\u00f1os de trabajo en un \u00e1rea de 900 kil\u00f3metros cuadrados pr\u00f3xima a Manaus, el grupo del arque\u00f3logo de la USP viene ayudando a reescribir la historia de la Amazonia precolonial. O, al menos, colocando en cuesti\u00f3n conceptos que prevalecer\u00e1n por m\u00e1s de medio siglo entre c\u00edrculos de la\u00a0 arqueolog\u00eda y de la antropolog\u00eda en Brasil y en el exterior. Con base en lo que encontr\u00f3, Neves ya visualiza con buen nivel de detalle como fue entre 2.300 y 500 a\u00f1os atr\u00e1s la vida en el interior de la Amazonia, m\u00e1s precisamente en el canal del turbulento Solimones y del sereno Negro, por primera vez investigada a profundidad.\u00a0 Esas nuevas informaciones deben contribuir a que los arque\u00f3logos comiencen a ver el pasado de la Amazonia brasile\u00f1a una regi\u00f3n que abarca los estados de Rondonia, Roraima, Amap\u00e1, Acre,\u00a0 Par\u00e1 y partes de Mato Grosso y Tocantins como un mosaico de culturas con diversos grados de evoluci\u00f3n, y no m\u00e1s un gigantesco bloque homog\u00e9neo. Por mucho tiempo, prevalecieron visiones antag\u00f3nicas con respecto a los dos primeros grupos humanos que vivieron por all\u00ed. Seg\u00fan una de esas visiones, las comunidades ancestrales amaz\u00f3nicas jam\u00e1s habr\u00edan reunido m\u00e1s que algunas decenas de individuos. Aunque rica en diversidad de plantas y animales, la floresta ser\u00eda un ambiente con poca disponibilidad de comida y desfavorable a la agricultura, por causa del suelo pobre en nutrientes, como defiende desde los a\u00f1os 1950 la estadounidense Betty Meggers, pionera en las excavaciones de la Amazonia. Esa escasez de alimento le impedir\u00eda a las comunidades ancestrales que\u00a0 crecieran y se convirtieran numerosas al punto de que las personas asuman papeles sociales distintos y desarrollasen una cultura m\u00e1s sofisticada, capaz de producir cer\u00e1micas ricamente ornamentadas. Una de las principales autoridades en la prehistoria amaz\u00f3nica, Betty Meggers tir\u00f3 sus conclusiones a partir de lo que observ\u00f3 en la Isla de Maraj\u00f3, en Par\u00e1, a cerca de 2 mil kil\u00f3metros de Manaus. Para ella, los indios marajoaras, autores de cer\u00e1micas coloreadas elaboradas, descendieron de una cultura original de Colombia o del Ecuador y ser\u00edan una excepci\u00f3n a la regla. En la d\u00e9cada de 1970, otro arque\u00f3logo estadounidense, Donald Lathrap, sugiri\u00f3 lo opuesto. Sin nunca haber pisado tierras brasile\u00f1as, compar\u00f3 cer\u00e1micas producidas en los Andes con la de los pueblos amaz\u00f3nicos, y propuso que la Amazonia Central hubiese sido el principal centro de innovaci\u00f3n cultural suramericano, con influencia hasta sobre el desarrollo de las primeras civilizaciones andinas, adem\u00e1s de haber sido la cuna de la agricultura en esa parte del continente. Las generalizaciones de Meggers y Lathrap generaron modelos panor\u00e1micos para la ocupaci\u00f3n de la Amazonia, pero que dejan de lado detalles importantes. A\u00fan se sabe poco sobre el pasado de la Amazonia, reconoce Neves. Lo que se dice de all\u00e1 tiene por base trabajos hechos en\u00a0 Par\u00e1, en Amap\u00e1, en Mato Grosso y, m\u00e1s recientemente, en el Amazonas.<\/p>\n<p><strong>Tierra prieta<br \/>\n<\/strong>Ese debate, uno de los m\u00e1s r\u00edspidos de la arqueolog\u00eda nacional, llev\u00f3 a Neves, Heckenberger y Petersen a que volvieran sus ojos hacia el coraz\u00f3n de la Amazonia. En un viaje a Manaus en 1994, Heckenberger pidi\u00f3 a un barquero que le mostrase lo que ge\u00f3logos y arque\u00f3logos llaman tierra prieta. Ese suelo ceniza-ennegrecido, que se destaca de la tierra arenosa y de color pardo del Amazonia, es bastante f\u00e9rtil y acostumbra indicar las \u00e1reas de ocupaci\u00f3n humana antigua. En algunos minutos en barco por el r\u00edo Negro, Heckenberger avist\u00f3 una inmensa mancha de suelo ennegrecido, cubierto por una plantaci\u00f3n de bananas y yuca. Al a\u00f1o siguiente, el tr\u00edo inici\u00f3 la explotaci\u00f3n de esa \u00e1rea pr\u00f3xima al igarap\u00e9 Azutuba. A lo largo de dos meses ellos analizaron la estancia Azutuba, una faja de 3 mil metros de extensi\u00f3n por 300 de largura, el tama\u00f1o de 90 manzanas de una ciudad. De all\u00e1 para ac\u00e1, identificaron casi cien estancias arqueol\u00f3gicas de dimensiones variables las menores tienen un \u00e1rea de cuatro manzanas y hasta el momento excavaron sistem\u00e1ticamente diez de ellos. Capas de tierra negra con espesor de entre 70 cent\u00edmetros y casi 2 metros preservaron vasos, urnas funerarias y cascos de cer\u00e1mica fabricados por pueblos que vivieron all\u00ed entre centenas y cientos de miles de a\u00f1os atr\u00e1s en algunos puntos, por hasta 300 a\u00f1os seguidos. El an\u00e1lisis de un poco m\u00e1s de cien muestras por la t\u00e9cnica de dataci\u00f3n por carbono 14, que permite estimar con una precisi\u00f3n de decenas de a\u00f1os la edad del material, revela que la presencia humana en la Amazonia Central es antigua y discontinua. Una punta de lanza esculpida en una roca muy dura amarilla enrojecida, el s\u00edlex, tiene cerca de 7.700 a\u00f1os. Pero los vestigios de las comunidades ind\u00edgenas desaparecen y s\u00f3lo reaparecen cinco milenios m\u00e1s tarde, cuando surge una cer\u00e1mica bastante elaborada pintada en rojo, negro y blanco y con incisiones pr\u00f3ximas al borde, t\u00edpica de un pueblo que el equipo de Neves denomin\u00f3 cultura azutuba, que ocup\u00f3 la regi\u00f3n por casi diez siglos, hasta 1.600 anos atr\u00e1s. El resurgimiento de la presencia humana en la Amazonia Central coincide con un per\u00edodo en que la temperatura del planeta aument\u00f3 y la Amazonia volvi\u00f3 a\u00a0 expandirse despu\u00e9s de haber encogido por cientos de miles de a\u00f1os. En ese per\u00edodo los r\u00edos subieron, posiblemente ocultando \u00e1reas de ocupaci\u00f3n m\u00e1s antigua, dice Neves. En la misma \u00e9poca en que comienzan a ser raras las se\u00f1ales de la cultura azutuba, aumenta en las estancias una cer\u00e1mica atribuida a la cultura manacapuru, que dur\u00f3 hasta 1.100 a\u00f1os atr\u00e1s y dej\u00f3 los colores de lado, adornando su trabajo solamente con dise\u00f1os geom\u00e9tricos. Casi simult\u00e1neamente, un pueblo que hac\u00eda vasos y urnas sin colores, pero con bordes reforzados y apliques en formas humanas o de animales, ocup\u00f3 por siete siglos la Amazonia Central hasta ser aparentemente expulsado de la regi\u00f3n por los autores de un cuarto tipo de cer\u00e1mica llamada guarita adornada en negro, blanco y rojo, semejante a la de los marajoaras. Los vestigios de cer\u00e1mica guarita indican que, por vuelta de 1.800 a\u00f1os atr\u00e1s, ese pueblo emigr\u00f3 de una regi\u00f3n en Par\u00e1 situada cerca de 300 kil\u00f3metros al este de Manaus rumbo a la Amazonia colombiana, en el extremo oeste. En el camino, ahuyentaban a quien estuviese por la frente. En la opini\u00f3n de Neves, los indios guaritas pueden haber visto en la tierra prieta formada por la deposici\u00f3n de restos de alimentos, excrementos y otros compuestos org\u00e1nicos por las tres culturas que vivieron antes por all\u00ed el sitio ideal para plantar rocas temporales. En tres de las estancias excavadas \u00e9l encontr\u00f3 se\u00f1ales de que puede haber habido conflicto entre las culturas que vivieron en la regi\u00f3n: vallas con 2 metros de profundidad y hasta los 150 metros de extensi\u00f3n proteg\u00edan las aldeas. Dos de esos fosos a\u00fan preservan indicios de cercas de estacas puntiagudas. En conjunto, los vestigios de la regi\u00f3n indican presencia humana por largos per\u00edodos, con apogeo entre 1.400 y 800 a\u00f1os atr\u00e1s. En esa \u00e9poca, algunas comunidades pod\u00edan abrigar a cientos de miles de personas, hasta con diferencia social tumbas construidas con a\u00f1icos de cer\u00e1mica sugieren divisi\u00f3n de trabajo, com\u00fan donde hay jerarqu\u00eda del poder. El investigador de la USP es el primero en reconocer los l\u00edmites del propio trabajo. Es muy arriesgado hacer esas afirmaciones para una regi\u00f3n tan vasta como la Amazonia Central con base en los hallazgos de solamente diez estancias arqueol\u00f3gicas. Pero es lo que se conoce m\u00e1s preciso hasta el momento. Estamos ayudando a construir un conocimiento que puede cambiar de aqu\u00ed a diez o veinte a\u00f1os. Neves espera chequear esa hip\u00f3tesis de la llamada expansi\u00f3n guarita en otra \u00e1rea de la Amazonia Central donde comenz\u00f3 a trabajar m\u00e1s recientemente. En 2002, \u00e9l fue convidado por la Universidad Federal del Amazonas (Ufam) y por Petrobras para acompa\u00f1ar la instalaci\u00f3n de un gasoducto de 400 kil\u00f3metros de extensi\u00f3n que une a la mayor reserva del petr\u00f3leo nacional en tierra, en el municipio de Coari, a la ciudad de Manaus. Es que en\u00a0 el inicio de las obras, equipos de Petrobras encontraron vestigios de un sitio arqueol\u00f3gico en Coari. Desde entonces fueran identificadas otras 41 \u00e1reas ocupadas por antiguos pueblo de la Amazonia, que vienen siendo estudiadas por un grupo coordinado por Neves en el programa Potenciales Impactos y Riesgos Ambientales en la Industria del Petr\u00f3leo y Gas en el Amazonas (Piatam), conducido por la Ufam y por Petrobras con el objetivo de reducir posibles impactos ambientales\u00a0 consecuencias del transporte de petr\u00f3leo en la Amazonia. Si Neves tiene raz\u00f3n, el pasaje de los guaritas barri\u00f3 las otras comunidades de buena parte de la Amazonia Central tres siglos antes del descubrimiento de las Am\u00e9ricas. Cuando Cristobal Col\u00f3n alcanz\u00f3 el Caribe en 1492, a servicio de la Corona espa\u00f1ola,\u00a0 de 2 millones a 4 millones de nativos suramericanos viv\u00edan en la Amazonia. Hoy las comunidades ind\u00edgenas en la regi\u00f3n deben sumar unas 170 mil personas: la mayor parte vive en \u00e1reas pr\u00f3ximas a Venezuela, al norte, o a Mato Grosso, al sur, y un tercio se concentra en Manaus.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<br \/>\n<\/strong>Cronolog\u00edas regionales, hiatos y discontinuidades en la historia precolonial de la Amazonia<br \/>\n<strong><em>Modalidad<br \/>\n<\/em><\/strong>Proyecto Tem\u00e1tico<br \/>\n<strong><em>Coordinador<br \/>\n<\/em><\/strong>Eduardo G\u00f3es Neves &#8211; MAE\/USP<br \/>\n<em><strong>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/strong><\/em>735.437,12 reales (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Cer\u00e1mica ind\u00edgena revela que el coraz\u00f3n de la Amazonia, actualmente un vac\u00edo demogr\u00e1fico, ya fue refugio de comunidades vastas y complejas, antes de la llegada de los europeos","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[105],"class_list":["post-83393","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83393","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83393"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83393\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83393"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83393"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83393"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83393"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}