{"id":83395,"date":"2007-06-01T00:00:00","date_gmt":"2007-06-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/06\/01\/secuencia-hinchada\/"},"modified":"2015-03-24T17:58:28","modified_gmt":"2015-03-24T20:58:28","slug":"secuencia-hinchada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/secuencia-hinchada\/","title":{"rendered":"Secuencia hinchada"},"content":{"rendered":"<p>Producto un esfuerzo internacional de cient\u00edficos de siete pa\u00edses incluido Brasil, la publicaci\u00f3n de la primera versi\u00f3n del genoma del mosquito Aedes aegypti en la edici\u00f3n del 18 de mayo pasado de la revista cient\u00edfica Science contiene una gran sorpresa: el material gen\u00e9tico del agente transmisor de los virus del dengue y de la fiebre amarilla es cinco veces mayor que el del Anopheles gambiae, vector del protozoario de la malaria, y casi siete veces m\u00e1s extenso que el de la Drosophila melanogaster, la mosca de la fruta, hasta entonces las dos \u00fanicas especies de mosquito con genomas secuenciados. El ADN del Aedes comprende casi 1,4 mil millones de pares de bases, las unidades qu\u00edmicas que componen el c\u00f3digo gen\u00e9tico, mientras que el del Anopheles llega a 280 millones de pares de bases y el de la Drosophila, a 180 millones de pares de bases.<\/p>\n<p>A pesar de la enorme diferencia de tama\u00f1o, los genomas de los mosquitos del dengue y del paludismo, por mencionar solamente a los dos insectos transmisores de enfermedades, tienen m\u00e1s o menos la misma cantidad de genes, cerca de 15 mil. El talle aventajado del genoma del Aedes se debe a una peculiaridad tambi\u00e9n presente en igual intensidad en el ADN humano: casi la mitad de toda su secuencia, precisamente el 47% de ella, est\u00e1 compuesta de los llamados elementos de transposici\u00f3n, o simplemente transposones, los populares (para la gente de la gen\u00e9tica) genes saltadores. Es un porcentaje muy alto. En el Anopheles, que evolutivamente deriv\u00f3 de linajes de mosquitos de los g\u00e9neros Aedes y Culex hace 150 millones de a\u00f1os, los elementos de transposici\u00f3n responden por menos del 25% del genoma.<\/p>\n<p>Los transposones son trechos de ADN que pueden cambiar de posici\u00f3n dentro de un genoma, o hasta pasar del genoma de una especie al de otra, por medio de la generaci\u00f3n de copias de su secuencia original o por su simple desplazamiento entre dos regiones. M\u00e1s de mil tipos diferentes de transposones fueron identificados en el genoma del mosquito del dengue. Uno de ellos, llamado Feilai-B,\u00a0 presenta cerca 50 mil copias dispersadas por los cromosomas del insecto. En el caso del Aedes, esos trechos m\u00f3viles del ADN pueden ser usados como herramientas para estudiar la interacci\u00f3n entre el mosquito y el virus del dengue. Pueden ser la clave para revelar una forma de\u00a0 interferir en la transmisi\u00f3n de la enfermedad del insecto para el hombre. De los transposones, puede salir una pista del por que el Aedes es capaz de pasar un virus al hombre al paso que el Anopheles transmite un protozoario,\u00a0 dice Sergio Verjovski-Almeida, del Instituto de Qu\u00edmica de la USP, que coordin\u00f3 la participaci\u00f3n brasile\u00f1a en el consorcio internacional que sigui\u00f3 la secuencia del ADN del mosquito del dengue. Le cupo al equipo nacional, que tambi\u00e9n incluy\u00f3 cient\u00edficos del Instituto Butantan, secuenciar los genes expresos en las larvas de los mosquitos y, en menor escala, en sus gl\u00e1ndulas salivares. La contribuci\u00f3n de los brasile\u00f1os se dio por medio de una alianza firmada entre la FAPESP y el Instituto Pasteur de Paris,\u00a0 que financiaron el trabajo del equipo coordinado por\u00a0 Verjovski.<\/p>\n<p>Los transposones ya fueron considerados parte del llamado ADN basura, como eran peyorativamente denominados los pedazos del genoma que parec\u00edan no desempe\u00f1ar ninguna funci\u00f3n. Hoy queda cada vez m\u00e1s claro que la inserci\u00f3n de esos genes saltadores o al menos de algunos de ellos en un genoma puede alterar o regular la acci\u00f3n de otros genes. De esa forma, esas secuencias m\u00f3viles y repetitivas, que algunos creen que sean resquicios gen\u00e9ticos de material de origen viral, pueden ser responsables de mutaciones y contribuir a la ocurrencia de algunas enfermedades, como la distrofia muscular de Duchenne y las hemofilias en seres humanos, y promover alteraciones de trazos f\u00edsicos.\u00a0 Una \u00fanica espiga de ma\u00edz indiano, por ejemplo, puede presentar granos de tres colores diferentes (blancos, amarillos o rojizos) en raz\u00f3n de\u00a0 la presencia de genes saltadores. El genoma de algunos tipos de ma\u00edz puede ser compuesto en 80% de transposones, afirma Marie-Anne Van Sluys, del Instituto de Biociencias de la USP, una estudiosa de los transposones. Adem\u00e1s, fue trabajando con la gen\u00e9tica del ma\u00edz en la d\u00e9cada de 1940 que la estadounidense Barbara McClintock comenz\u00f3 a desvendar la influencia de esos elementos de transposici\u00f3n, hecho pionero que le rendir\u00eda un Nobel en 1983.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<br \/>\n<\/strong><em>FAPESP Aedes aegypti cdna project in partnership with Institut Pasteur &#8211; Amsud network<\/em><br \/>\n<strong><em>Modalidad<br \/>\n<\/em><\/strong>L\u00ednea Regular de Auxilio a la investigaci\u00f3n &#8211; Proyecto Genoma<br \/>\n<strong><em>Coordinador<br \/>\n<\/em><\/strong>Sergio Verjovski-Almeida &#8211; IQ\/ USP<br \/>\n<strong><em>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/em><\/strong>690.882,36 reales (FAPESP\/Instituto Pasteur)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La presencia de genes saltadores infla el tama\u00f1o del genoma del Aedes aegypti, el mosquito del dengue y la fiebre amarilla","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[101],"class_list":["post-83395","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83395","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83395"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83395\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83395"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83395"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83395"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83395"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}