{"id":83418,"date":"2007-07-01T10:50:00","date_gmt":"2007-07-01T13:50:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/07\/01\/el-sol-que-nos-protege\/"},"modified":"2015-07-16T16:23:05","modified_gmt":"2015-07-16T19:23:05","slug":"el-sol-que-nos-protege","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-sol-que-nos-protege\/","title":{"rendered":"El Sol que nos protege"},"content":{"rendered":"<p>La astrof\u00edsica brasile\u00f1a Merav Opher, de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, descubri\u00f3 c\u00f3mo parece el Sistema Solar visto de lejos. La imagen de &#8220;nuestra casa en la galaxia&#8221;, como ella describe, es una especie de inmensa burbuja que contiene el Sol y los planetas y funciona como un escudo que impide la invasi\u00f3n de rayos c\u00f3smicos gal\u00e1cticos, uno de los tipos m\u00e1s energ\u00e9ticos de part\u00edculas, mortales para astronautas en viajes interplanetarios. Esa burbuja, llamada heliopausa, es inflada por el viento de part\u00edculas emitidas por el Sol en el medio del gas extremadamente enrarecido que existe entre las estrellas. En el viaje del Sistema Solar alrededor del n\u00facleo de la galaxia, la heliopausa choca contra una gigantesca nube interestelar de gas y polvo en movimiento que cruza su camino. Como resultado, ese choque hace a la heliopausa asumir una forma semejante a la de los cometas que viajan contra el viento solar, con una nariz, al frente, seguido por una larga cola. En alianza con Edward Stone, del Instituto de Tecnolog\u00eda de California (Caltech), Merav public\u00f3 en mayo en la Science un mapa de la nariz de la heliopausa, analizando como el medio interestelar lo distorsiona.<\/p>\n<p>La tarea exigi\u00f3 m\u00e1s que el esfuerzo del an\u00e1lisis de datos. De 2001 a 2004, Merav trabaj\u00f3 en el Laboratorio de Propulsi\u00f3n a Chorro de la agencia espacial estadounidense (Nasa), en el Caltech, y atraves\u00f3 el pa\u00eds diversas veces, de la California, en el extremo oeste, hasta la Universidad de Michigan, en la regi\u00f3n de los Grandes Lagos. El objetivo era aprender con Tamas Gombosi a usar un programa de computadora desarrollado por \u00e9l, capaz de simular en tres dimensiones la interacci\u00f3n entre campos magn\u00e9ticos y part\u00edculas el\u00e9ctricamente cargadas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del aprendizaje, Merav adapt\u00f3 el programa para reproducir las condiciones f\u00edsicas de la frontera del Sistema Solar y convenci\u00f3 a Stone, f\u00edsico experimental veterano contrario a nuevas colaboraciones y director cient\u00edfico de la misi\u00f3n Voyager, a trabajar en el modelo te\u00f3rico de ella. &#8220;Stone percibi\u00f3 que necesitaba examinar la teor\u00eda m\u00e1s de cerca si quisiese entender mejor los datos de los Voyagers&#8221;, dice Merav. De la misma forma, ella necesitaba de la experiencia de \u00e9l con los datos del Voyager 1 y 2 &#8211; actualmente a una distancia del Sol cien veces mayor que la observada entre el Sol y la Tierra, que los astr\u00f3nomos llaman unidad astron\u00f3mica &#8211; para compararlos con los resultados de sus simulaciones de computadora. &#8220;Tard\u00f3 para que descubri\u00e9ramos como usar el programa de forma creativa para extraer informaci\u00f3n de los datos&#8221;, cuenta la astrof\u00edsica.<\/p>\n<p>Las cien unidades astron\u00f3micas de distancia del Sol, las Voyagers tienen 50 unidades astron\u00f3micas m\u00e1s por la frente hasta la nariz de la heliopausa. Hoy se encuentran en la vecindad de otra regi\u00f3n interesante, casi esf\u00e9rica, donde el viento solar choca contra el gas del medio interestelar. All\u00ed, la velocidad del viento cae abruptamente, de 400 para 40 kil\u00f3metros por segundo. &#8220;Es como las aguas de las cataratas de Foz de Iguaz\u00fa, cuya velocidad es dr\u00e1sticamente reducida despu\u00e9s de la ca\u00edda&#8221;, compara Merav.<\/p>\n<p>En diciembre de 2004, la Voyager 1 se intern\u00f3 en el hemisferio norte de esa regi\u00f3n turbulenta, donde la cascada de viento solar encuentra las aguas tranquilas interestelares. El torbellino y el campo magn\u00e9tico del viento solar concentrado aceleran las part\u00edculas el\u00e9ctricamente cargadas, que la Voyager 1 deber\u00eda detectar en cantidades iguales de todas las direcciones al aproximarse a esa regi\u00f3n. Contrariando la expectativa, sin embargo, la sonda recibi\u00f3 m\u00e1s part\u00edculas en su lado izquierdo. El modelo de Merav mostr\u00f3 que los datos de la Voyager 1 solo pod\u00edan ser explicados si la forma de esfera de la zona de choque fuese medio abollada. Lo m\u00e1s sorprendente es que la deformaci\u00f3n es causada por el campo de fuerzas magn\u00e9ticas del medio interestelar que envuelve la heliopausa. Nadie esperaba que algo tan distante pudiese influenciar la zona de choque.<\/p>\n<p><strong>Simulaciones<br \/>\n<\/strong>Para entender la deformaci\u00f3n en la zona de choque, Merav y Stone ten\u00edan que determinar la direcci\u00f3n necesaria del campo magn\u00e9tico en nuestra vecindad interestelar. Se inclinaron, entonces, sobre una franja en el cielo en que las Voyagers detectaron se\u00f1ales de radio venidas de la heliopausa, donde el campo magn\u00e9tico solar y el gal\u00e1ctico se tocan. En sus simulaciones, Merav vari\u00f3 la inclinaci\u00f3n del campo magn\u00e9tico interestelar hasta que la franja de emisiones de radio coincidiese con el observado por las Voyagers. &#8220;Intent\u00e9 cerca de 90 modelos diferentes&#8221;, cuenta. Estudios anteriores suger\u00edan valores muy distintos para la inclinaci\u00f3n del campo magn\u00e9tico del medio interestelar en relaci\u00f3n al plano del Sistema Solar &#8211; uno indicaba 60 grados y el otro, 90 grados. El trabajo de Merav y Stone resolvi\u00f3 la contradicci\u00f3n, mostrando que los experimentos anteriores suger\u00edan valores extremos posibles para la inclinaci\u00f3n del campo. Seg\u00fan Merav, con la precisi\u00f3n y los datos disponibles, solo se puede afirmar que el campo magn\u00e9tico interestelar en aquella regi\u00f3n est\u00e1 inclinado entre 60 y 90 grados.<\/p>\n<p>Esa inclinaci\u00f3n del campo empuja tanto la heliopausa como la zona de choque para dentro del Sistema Solar en su hemisferio sur. Datos enviados por la Voyager 2, que viaja al sur del Sistema Solar, confirman el modelo de Merav. En el 2006 la sonda comenz\u00f3 a dar se\u00f1ales de que se aproxima a la zona de choque, a una distancia menor que la que ser\u00eda de esperar en el caso que esa regi\u00f3n no fuese deformada. Los c\u00e1lculos indican que la Voyager 2 debe adentrarse en esa regi\u00f3n a\u00fan en este a\u00f1o, 9 unidades astron\u00f3micas antes de que la Voyager 1, en el hemisferio norte.<\/p>\n<p>Estudiar la regi\u00f3n de influencia del Sol, la heliosfera, y a su frontera ense\u00f1a mucho sobre otras estrellas. &#8220;Es la \u00fanica manera de saber como las estrellas interact\u00faan con su medio&#8221;, explica Merav. La sensibilidad inesperada de la heliosfera al campo magn\u00e9tico gal\u00e1ctico descubierto por ella indica que, en estrellas con campos magn\u00e9ticos m\u00e1s fuertes, los efectos deben ser a\u00fan m\u00e1s intensos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Estudio identifica la forma de la burbuja magn\u00e9tica que envuelve al Sistema Solar","protected":false},"author":14,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[103],"class_list":["post-83418","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83418","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83418"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83418\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83418"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83418"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83418"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83418"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}