{"id":83425,"date":"2007-07-01T00:00:00","date_gmt":"2007-07-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/07\/01\/nino-yo-soy-es-hombre-y-como-lo-soy\/"},"modified":"2013-01-14T17:46:58","modified_gmt":"2013-01-14T19:46:58","slug":"nino-yo-soy-es-hombre-y-como-lo-soy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/nino-yo-soy-es-hombre-y-como-lo-soy\/","title":{"rendered":"Ni\u00f1o, yo soy es hombre, y c\u00f3mo lo soy"},"content":{"rendered":"<p>Seg\u00fan la definici\u00f3n eminentemente cient\u00edfica de Luis Fernando Verissimo, el hombre que es hombre (el llamado HQEH) solamente ve f\u00fatbol en la televisi\u00f3n. Tom\u00e1ndose una cerveza. \u00a1Y nada de cebollitas en conserva! HQEH eructa y no pide disculpas. HQEH no deja a la mujer ense\u00f1ar las nalgas, ni en el Carnaval. HQEH no muestra sus nalgas a nadie. Solamente en el vestuario, con otros hombres, y aun as\u00ed, si mira por m\u00e1s de 30 segundos da problemas. Existe un HQEH dentro de cada brasile\u00f1o, sepultado bajo capas de civilizaci\u00f3n, de falsa sofisticaci\u00f3n, de propaganda femenina y de acomodaci\u00f3n. Si es f\u00e1cil definir la masculinidad en el humor, el HQEH es un &#8220;animal&#8221; de dif\u00edcil aprensi\u00f3n por la ciencia. &#8220;\u00bfAl final, qu\u00e9 es ser hombre? Esa es una pregunta de dif\u00edcil respuesta. Se sabe a\u00fan menos sobre la relaci\u00f3n de los hombres con la reproducci\u00f3n, su \u00f3ptica particular sobre la contracepci\u00f3n y los significados que atribuyen a la esfera reproductiva. El hecho es que los hombres han constado en las investigaciones de forma secundaria, aunque participen en la concepci\u00f3n de los ni\u00f1os&#8221;, observa la antrop\u00f3loga y doctora en demograf\u00eda Sandra Garc\u00eda, investigadora del Centro Brasile\u00f1o de An\u00e1lisis y Planificaci\u00f3n (Cebrap), autora del estudio reci\u00e9n lanzado <em>Hombres en la intimidad: masculinidades contempor\u00e1neas<\/em> (Holos Editora\/FAPESP), basado en su tesis de doctorado, apoyada por la FAPESP.<\/p>\n<p>Dispuesta a incluir el HQEH en las investigaciones sobre demograf\u00eda, Sandra fue al campo y entrevist\u00f3 hombres entre 25 y 55 a\u00f1os, pertenecientes a las clases medias, para reflexionar sobre la identidad masculina y los cambios en las relaciones de g\u00e9nero. El resultado fue un mixto de estereotipos del HQEH con el llamado &#8220;nuevo hombre&#8221;. Ser hombre, seg\u00fan eles, engloba: ser heterosexual; dar gran importancia al trabajo y al papel de proveedor en la identidad masculina; permanencia de la divisi\u00f3n sexual del trabajo dom\u00e9stico para los de la generaci\u00f3n de 1960; mantener la dupla moral sexual (&#8216;\u00a1hombre puede, mujer no!&#8217;). Al mismo tiempo, hay nuevos conceptos en escena: mayor expresi\u00f3n de la subjetividad, con posibilidad de demostrar sus sentimientos para hombres y mujeres; nueva visi\u00f3n de las dimensiones de lo masculino y de lo femenino; reconocimiento de la sexualidad y del placer femeninos; nuevo abordaje de las funciones paternas; y, para los de la generaci\u00f3n de 1970 y 80 en lo adelante, una nueva postura sobre la divisi\u00f3n sexual del trabajo, aunque con l\u00edmites colocados por la herencia social y el mercado. &#8220;La identidad de g\u00e9nero no es m\u00e1s vista como fija, aunque su movilidad no necesariamente indique que la adquisici\u00f3n de nuevos desbanque a los antiguos. Al contrario, las ambig\u00fcedades surgen justamente porque conviven juntas en una misma subjetividad e, inmediatamente causan conflictos que esos sujetos intentan superar en sus reflexiones y pr\u00e1cticas&#8221;, analiza la investigadora.<\/p>\n<p>Un poeta dec\u00eda que &#8220;el ni\u00f1o es el padre del hombre&#8221;, pondera, con raz\u00f3n, Machado de Assis. &#8220;Para la mayor\u00eda de los informantes, a excepci\u00f3n de algunos de la generaci\u00f3n de 1980, el modelo de conyugalidad a que estuvieron expuestos fue r\u00edgidamente marcado por los lugares espec\u00edficos de hombres y mujeres: la mujer ama de casa y que cuida a la familia y las relaciones entre sus miembros y el hombre proveedor, ausente de la convivencia \u00edntima con los hijos&#8221;, nota Sandra. Eso confirma el estudio <em>Hombres, esos desconocidos<\/em> (tambi\u00e9n financiado por la FAPESP), coordinado por Maria Coleta de Oliveira, del N\u00facleo de Estudios de la Poblaci\u00f3n (Nepo), de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). &#8220;Los hombres se resienten de la relaci\u00f3n con los propios padres, clasificados como ausentes y autoritarios, y ven la paternidad como un fardo excesivo, a medida que exigen ser padres mejores que aquellos que tuvieron&#8221;, describe la investigaci\u00f3n. Pero hay novedades. &#8220;Muchas declaraciones hablan de las dificultades de ser padre en un mundo en el que el trabajo tiene una gran dimensi\u00f3n en sus vidas. Mientras tanto, la mayor\u00eda afirm\u00f3 que ejerce la paternidad de forma m\u00e1s participativa desde los primeros cuidados. La redefinici\u00f3n del modelo tradicional de padre gener\u00f3 un proceso de reflexi\u00f3n sobre su lugar en la familia como padre&#8221;, analiza la investigadora. &#8220;Se verific\u00f3 que los hombres de la generaci\u00f3n de 1960 se adecuaran al modelo antiguo, ausentes de los primeros cuidados con los hijos. Los de las generaciones posteriores fueron conducidos por el &#8216;proyecto igualitario&#8217; entre los sexos, coloc\u00e1ndose como presencia constante de la gestaci\u00f3n a los primeros d\u00edas de los beb\u00e9s.&#8221;<\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed, contin\u00faa Sandra, si los hombres est\u00e1n ocupando un espacio mayor de intimidades con los hijos, las pr\u00e1cticas cotidianas y los cuidados afectan mucho m\u00e1s la vida de las mujeres. La matriz del g\u00e9nero, por lo tanto, dice la autora, es actualizada pero no radicalmente transformada. &#8220;La paternidad est\u00e1 en el horizonte de esos hombres, pero no es la realizaci\u00f3n de un objetivo que se deba cumplir necesariamente. La construcci\u00f3n de una familia, el ejercicio de la responsabilidad y el sentido social de continuidad fueron tra\u00eddos por los informantes como elementos comunes de ser padre.&#8221; Para Sandra, los cambios observados ante de la paternidad est\u00e1n en el mismo \u00e1mbito de las transformaciones que lanzaron a la mujer en el mercado de trabajo y exigieron una nueva configuraci\u00f3n de los papeles de hombres y mujeres en las familias. &#8220;Yo creo dif\u00edcil ser hombre, corresponder a las expectativas de las mujeres, ser proveedor, siempre fuerte, no dejar que los sentimientos comprometan su desempe\u00f1o profesional. El tipo tiene que ser un gran mujeriego; si la secretaria es bonita, tiene que sentirse atra\u00eddo por ella. Tienen todas esas exigencias&#8221;, se desahoga uno de los entrevistados. Lo mismo ocurre en el mercado de trabajo. Seg\u00fan la investigaci\u00f3n, los hombres a\u00fan consideran el trabajo como forma de afirmaci\u00f3n de la masculinidad, pero demandan que las compa\u00f1eras contribuyan al presupuesto dom\u00e9stico, reclamando cuando ellas, estando desempleadas, &#8220;s\u00f3lo buscan trabajo de media jornada&#8221;. &#8220;El hombre compite en todo con la mujer, desde la cama, para ver quien tiene m\u00e1s placer, hasta en la casa, quien contribuye m\u00e1s, quien hace m\u00e1s por la casa, quien tiene m\u00e1s \u00e9xito profesional&#8221;, reclama otro informante.<\/p>\n<p>&#8220;No hay posiciones confortables o duraderas, pero cambios, incomodidades y tensiones&#8221;, explica Sandra. &#8220;Los hombres se ven como polifac\u00e9ticos, en un momento atendiendo las demandas externas de una sociedad competitiva, y en otra construyendo las relaciones m\u00e1s igualitarias, basadas en la divisi\u00f3n del poder entre los sexos, no siempre de igual forma, peor buscando un camino propio intentando deshacerse de las creencias y de los valores heredados.&#8221; Por encima de todo, contin\u00faa la autora, los hombres se quejan de tener que confirmar su masculinidad para otros hombres y mujeres. &#8220;Como la sexualidad es una pieza clave de la identidad masculina, tenemos la importancia del cumplimiento de las reglas de como proceder como hombre, fuera de toda sospecha, en oposici\u00f3n a la figura del &#8216;marica&#8217;, la amenaza social bastante presente en lo imaginario masculino.&#8221; La Homosexualidad e impotencia ser\u00edan, entonces, las grandes amenazas al modelo predominante de masculinidad. \u00bfHay razones hist\u00f3ricas para todos esos comportamientos? El concepto de masculinidad es algo reciente, pues hasta el siglo XVIII no hab\u00eda o modelo diferencial de hoy. &#8220;El monismo sexual domin\u00f3 el pensamiento anat\u00f3mico por dos milenios, en que la mujer era vista como un hombre invertido: el \u00fatero era el escroto, los ovarios eran los test\u00edculos etc. El modelo de perfecci\u00f3n era la anatom\u00eda masculina y la mujer, por la regla f\u00e1lica, era &#8216;menos desarrollada&#8217; en la escala metaf\u00edsica&#8221;, nota el historiador Thomas Laqueur en su Inventando el sexo. Cuando el siglo XIX puso fin al monismo, lo sustituy\u00f3 por el &#8220;sexo pol\u00edtico-ideol\u00f3gico que justifica diferencias morales y de comportamiento entre hombres y mujeres. De hombre invertido, a mujer pasa a ser el inverso del hombre&#8221;. El HQEH no sab\u00eda lo que hiciera.<\/p>\n<p>&#8220;La imagen de &#8216;hombre invertido&#8217; se va a pegar al mismo hombre, que ahora pasar\u00eda por la irremediable oportunidad de ser un &#8216;invertido sexual&#8217;. Nace el culto a la masculinidad.&#8221; Prerrogativa y fardo. &#8220;Bajo la amenaza de una femenilidad inherente, consecuencia del miedo de que se convirtieran homosexuales, poniendo su sexo a prueba, los hombres tuvieron que cultivar su masculinidad y su virilidad. &#8220;La preocupaci\u00f3n con una posible feminizaci\u00f3n con que los hombres construyesen para si una serie de papeles y trazos de su condici\u00f3n masculina. La sociedad machista burguesa y capitalista constru\u00eda a su nueva imagen de hombre, y como consecuencia vinieron las duras pruebas por las cuales el hombre deber\u00eda pasar, como las luchas, parte de los &#8216;componentes del comportamiento masculino'&#8221;, anota Laqueur. La masculinidad se convierte en estereotipo. &#8220;El ideal masculino era un basti\u00f3n erigido contra la decadencia; representaba un ideal de virilidad casta que entr\u00f3 fuertemente en la conciencia burguesa. Fue la roca sobre la cual esa sociedad (y, tal vez, a\u00fan la nuestra) construy\u00f3 buena parte de su auto-imagen.&#8221; Todo tiene su precio: si en el siglo XVIII un hombre pod\u00eda llorar en p\u00fablico y tener v\u00e9rtigos, al final del siglo XIX eso no era factible, pues compromet\u00eda su dignidad masculina. Pero todo lo que se construye puede ser destruido y rehecho.<\/p>\n<p>&#8220;Pero romper con los valores predominantes de g\u00e9nero no es una tarea f\u00e1cil. Es importante que modelos fijos de hombres y mujeres sean rechazados, para trabajar la noci\u00f3n de reproducci\u00f3n como una construcci\u00f3n social de g\u00e9nero. Otro punto fundamental es que, por la investigaci\u00f3n, se verific\u00f3 que los hombres est\u00e1n lidiando con las angustias de los cambios m\u00e1s en el nivel individual que en el colectivo. Eso es poco. Es necesario estimular la discusi\u00f3n social, d\u00e1ndole mayor intensidad&#8221;, avisa la investigadora. HQEH puede que hasta no le guste el canap\u00e9 o cualquier cosa que lleve m\u00e1s de 30 segundos para masticar y tragar, pero HQEH merece, s\u00ed, un espacio de discusi\u00f3n. De preferencia, despu\u00e9s del juego que est\u00e1 pasando en la TV.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Nuevas cuestiones colocan en jaque la masculinidad contempor\u00e1nea","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-83425","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83425","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83425"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83425\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83425"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83425"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83425"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83425"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}