{"id":83435,"date":"2007-08-01T00:00:00","date_gmt":"2007-08-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/08\/01\/listos-para-actuar\/"},"modified":"2015-03-25T14:07:29","modified_gmt":"2015-03-25T17:07:29","slug":"listos-para-actuar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/listos-para-actuar\/","title":{"rendered":"Listos para actuar"},"content":{"rendered":"<p><em>desde Oxford<\/em><\/p>\n<p>En Inglaterra las conversaciones referentes a los cambios clim\u00e1ticos salieron de las nubes y entraron en la cocina, en los cuartos y en el ba\u00f1o, a medida que toman cuerpo los planes de reducci\u00f3n de consumo de energ\u00eda y de emisi\u00f3n de gases que aceleran la elevaci\u00f3n de la temperatura media del planeta. Las propuestas implican sacrificios en el confort y en el status: mantener los calefactores a temperaturas m\u00e1s bajas, tomar ba\u00f1os menos calientes, usar menos el horno de microondas, cambiar las l\u00e1mparas incandescentes por fluorescentes, cambiar el refrigerador por otro m\u00e1s econ\u00f3mico, andar m\u00e1s en \u00f3mnibus y menos en coche, parar de andar en avi\u00f3n y (quien a\u00fan no la compr\u00f3) olvidar la so\u00f1ada televisi\u00f3n de plasma, que consume mucho m\u00e1s energ\u00eda que una com\u00fan.<\/p>\n<p>\u00bfCree que es mucho? Pues la cosa no para por ah\u00ed. Bajo el argumento de que las personas deben actuar aunque los gobiernos no se hayan posicionado claramente con respecto a c\u00f3mo lidiar con los cambios clim\u00e1ticos, Chris Goodall, autor del libro How to live a low carbon life (Como vivir una vida de bajo carbono \u2013 su t\u00edtulo en ingl\u00e9s)(editorial Earthscan), un manual para reducir la emisi\u00f3n individual de gases del efecto invernadero, sugiere tambi\u00e9n reducir el consumo diario de comida y de alimentos industrializados, dejar de ir tanto al supermercado y usar m\u00e1s el transporte p\u00fablico o, cuando sea posible, la bicicleta. En el trabajo, evitar el aire acondicionado y disminuir el consumo de electricidad, desconectando los computadores y las l\u00e1mparas al salir para el almuerzo, por ejemplo.\u00a0 Goodall detall\u00f3 y justific\u00f3 esas recomendaciones hablando al frente del altar de una de las decenas de iglesias de Oxford, la St. Giles, bajo el mirar y los o\u00eddos atentos de se\u00f1oras elegantes, que no se preocupan m\u00e1s en esconder los cabellos canosos. No, \u00e9l no era un sacerdote en el estricto sentido de la palabra, aunque t\u00e1citamente pregonase la humildad y la resignaci\u00f3n a h\u00e1bitos m\u00e1s modestos. Goodall era solamente uno de los conferencistas convidados para hablar en esa peque\u00f1a iglesia de paredes de piedra y campanas poderosas, construida entre el 1123 e 1133, sobre un asunto que interesaba a los habituales frecuentadores y, al mismo tiempo, podr\u00eda atraer m\u00e1s p\u00fablico a las misas, a la coral y a las kerm\u00e9s.<\/p>\n<p>Los descubrimientos y las preocupaciones sobre los probables impactos de los cambios clim\u00e1ticos no quedaron s\u00f3lo en los peri\u00f3dicos y en la televisi\u00f3n. Decenas de conferencias y de debates aproximaron a las personas, alimentaron el di\u00e1logo y movieron esta por animada ciudad medieval inglesa en los \u00faltimos meses. Las lecturas \u2013 como son llamados esos encuentros, casi siempre con media hora de exposici\u00f3n de ideas y otra media hora de preguntas y respuestas \u2013 ocuparon no s\u00f3lo St. Giles, sino\u00a0 tambi\u00e9n los auditorios de las facultades e institutos de la Universidad de Oxford. Llegaron tambi\u00e9n al sal\u00f3n principal de la alcald\u00eda. All\u00ed en la tarde y en la noche del 5 de junio, los vecinos de la regi\u00f3n oyeron (y cuestionaron) a especialistas, conocieron los planes del poder p\u00fablico y vieron lo que podr\u00edan hacer para reducir el consumo de energ\u00eda.<\/p>\n<p>Semanas antes, un s\u00e1bado fr\u00edo y lluvioso, estudiantes y profesores del Exeter College, una de las unidades de la Universidad de Oxford, ambientalistas y la ganadora del Premio Nobel de la Paz en el 2004, Wangari Maathai, salieron en una alegre caminata conducida por un hombre de gafas oscuras, frac y chistera gris, una gran faja roja cruzando el pecho y un paraguas azul con franjas bailando al frente de una peque\u00f1a banda de jazz.<\/p>\n<p>Como en toda buena caminata, el grupo ganaba adeptos a medida que avanzaba entre las calles estrechas. La multitud sigui\u00f3 hasta otro college, como son llamadas las facultades de la Universidad de Oxford. Wangari Maathai entonces se puso las botas que le ofrecieron, tom\u00f3 la azada, hizo un hueco para remover la tierra negra y plant\u00f3 un \u00e1rbol.<\/p>\n<p>&#8220;Cualquier persona puede contribuir a mejorar el mundo&#8221;, ella dijo. &#8220;Quien planta un \u00e1rbol puede plantar mil millones de \u00e1rboles&#8221;. M\u00e1s de que el deber, &#8220;tenemos el derecho de proteger al mundo&#8221;, ella se\u00f1al\u00f3. &#8220;Si usted no tiene dinero, m\u00e1s valor todav\u00eda usted tiene, porque tiene de contar a\u00fan m\u00e1s con la autogobernaci\u00f3n.&#8221;<\/p>\n<p>Los ingleses est\u00e1n preocupados. Viven geogr\u00e1ficamente aislados en un archipi\u00e9lago y est\u00e1n sujetos a un tiempo poco amigable, que prima por la imprevisibilidad: a un invierno relativamente caliente le sigui\u00f3 una primavera anormalmente fr\u00eda \u2013 y el verano promete ser m\u00e1s caliente que lo habitual. De acuerdo con una exposici\u00f3n con 90 im\u00e1genes de fot\u00f3grafos de la National Trust y de la agencia Magnum que comenz\u00f3 en Londres en abril y sigue por otras ciudades hasta enero de 2008, las temperaturas m\u00e1s altas ya est\u00e1n secando los campos, alterando las reglas de reproducci\u00f3n de las plantas, atrayendo plagas, en fin, degradando el paisaje y la vida en Inglaterra.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n no faltan argumentos que incentiven aprietos en los ya espartanos h\u00e1bitos del d\u00eda a d\u00eda. Seg\u00fan Goodall, cambiar las l\u00e1mparas incandescentes de una casa, considerando que cada casa tiene como promedio 20 l\u00e1mparas de ese tipo, podr\u00eda reducir en casi tres cuartos el consumo de electricidad destinada a la iluminaci\u00f3n. Algunas de sus propuestas pueden sonar poco pr\u00e1cticas o radicales, como usar el horno o el fog\u00f3n de le\u00f1a en el lugar de gas para calentar el agua o la propia casa.<\/p>\n<p>Goodall cree que esas transformaciones de los h\u00e1bitos para reducir los impactos de los cambios clim\u00e1ticos s\u00f3lo avanzar\u00e1n por medio de un acuerdo que pueda integrar a todas las clases sociales, pol\u00edticas y econ\u00f3micas. No se trata de una tarea en principio imposible, a su modo de ver, porque Inglaterra ya consigui\u00f3 algo as\u00ed una vez, de 1787 a 1833.<\/p>\n<p>Fue cuando grupos religiosos y pol\u00edticos opuestos se unieron en una campa\u00f1a nacional, que se convirti\u00f3 una causa patri\u00f3tica, para acabar con la esclavitud. &#8220;Sin una campa\u00f1a como esa, que valorice el sentido de obligaci\u00f3n moral adem\u00e1s de las diferencias individuales o de grupos, la vida en la Tierra puede convertirse intolerable en 50 a\u00f1os&#8221;, coment\u00f3.<\/p>\n<p>Peri\u00f3dico, revistas, emisoras de radio y de televisi\u00f3n, comenzando por la BBC, la red p\u00fablica, y decenas de libros y de sitios tratan hoy con intensidad de las consecuencias del calentamiento global y de las posibilidades de acci\u00f3n para evitar bruscas transformaciones en la vida de las personas. Ese clima de preocupaci\u00f3n se hizo poco a poco,\u00a0 por medio de episodios como la presentaci\u00f3n del Informe Stern, en octubre de 2006. Ese estudio de casi 700 p\u00e1ginas, previa costos del orden de 20% del PIB mundial en consecuencia\u00a0 de las cat\u00e1strofes naturales resultantes del calentamiento global.<\/p>\n<p>El debate entonces transbord\u00f3 del c\u00edrculo estrictamente cient\u00edfico y moviliz\u00f3 a empresarios, ambientalistas, pol\u00edticos y ciudadanos comunes en busca de responsabilidades, respuestas y acciones. Peri\u00f3dicos y sitios web mostraron como calcular \u2013 y reducir \u2013 el consumo de energ\u00eda, pero hasta ahora, tal vez hasta por la propia complejidad del problema, parece haber un cierto desacuerdo entre la conciencia del problema y la acci\u00f3n efectiva. Las empresas, por ejemplo, a\u00fan no mostraron resultados a la altura de los planes que hab\u00edan anunciado para contener las emisiones de gases del efecto invernadero.<\/p>\n<p>En mayo, la c\u00fapula del Panel Intergubernamental de Cambios Clim\u00e1ticos (IPCC) reunida en Bangkok, en Tailandia, reforz\u00f3 la idea de que ser\u00e1n necesarias modificaciones en los estilos de vida, junto con las iniciativas de los gobiernos de cada pa\u00eds, para reducir los impactos de los cambios clim\u00e1ticos \u2013 sequ\u00eda e inundaciones m\u00e1s intensas, p\u00e9rdida de zafras agr\u00edcolas, migraciones en masa de poblaciones y hasta a\u00fan conflictos por la posesi\u00f3n de tierras f\u00e9rtiles.<\/p>\n<p>Pero no es f\u00e1cil transformar la preocupaci\u00f3n en acci\u00f3n. En un an\u00e1lisis del Energy Saving Trust, la mitad de las personas entrevistadas en 1.192 domicilios a\u00fan no est\u00e1 haciendo nada para contener esos probables impactos, aunque el 80% de los entrevistados crean que los cambios clim\u00e1ticos ya est\u00e1n alcanzando a Inglaterra. La mayor\u00eda no se mostr\u00f3 preparada o dispuesta a cambiar el estilo de vida y dejar de lado el viaje de vacaciones o la televisi\u00f3n de plasma: 40% a\u00fan no hac\u00edan nada para economizar energ\u00eda, pero 39% dijeron estar preparados para hacer peque\u00f1os cambios en sus vidas. Solamente 4% hab\u00edan hecho cambios dr\u00e1sticos en el d\u00eda a d\u00eda.<\/p>\n<p>George Marshall, director del Climate Outreach Information Network, pas\u00f3 a\u00f1os buscando entender por que las personas no reaccionan m\u00e1s intensamente y por qu\u00e9 es tan dif\u00edcil cambiar a\u00fan delante de la perspectiva de tantas p\u00e9rdidas y tragedias. Una de las conclusiones a que lleg\u00f3 es esta: &#8220;La falta de conexi\u00f3n entre lo que las personas saben y lo que hacen es un problema cultural, socialmente construido&#8221;.<\/p>\n<p>Seg\u00fan \u00e9l, las respuestas son m\u00e1s intensas a amenazas que son visibles, con precedente hist\u00f3rico, inmediatas, de causas simples, provocadas por otros grupos sociales y con impactos directos. El problema es que, inversamente, los peligros consecuentes de los cambios clim\u00e1ticos soo invisibles, sin precedentes, de efecto lento, de causas complejas y provocado por todas las personas, con efectos indirectos e imprevisibles.<\/p>\n<p>Nacen de ah\u00ed nueve estrategias de negaci\u00f3n de los cambios clim\u00e1ticos, presentadas por Suzanne Stoll-Kleemann, Tim O&#8217;Riordan y Carlo Jaeger en 2001 en la revista Global Environmental Change: la met\u00e1fora del compromiso dislocado (cuando alguien dice &#8220;yo protejo el ambiente de otros modos&#8221;), la condenaci\u00f3n del acusador (&#8220;usted no tiene el derecho de reclamarme&#8221;), la negaci\u00f3n de la responsabilidad (&#8220;no soy la causa de ese problema&#8221;), el rechazo de la culpa (&#8220;no hice nada errado&#8221;), la ignorancia (&#8220;yo no sabia&#8221;), la sensaci\u00f3n de falta de poder individual (&#8220;yo no hago ninguna diferencia&#8221;), limitaciones gen\u00e9ricas (&#8220;hay muchos impedimentos&#8221;), el pesimismo (&#8220;la sociedad es corrupta&#8221;) y el apego excesivo al confort (&#8220;es muy dif\u00edcil para m\u00ed cambiar mi comportamiento&#8221;).<\/p>\n<p>\u00bfDelante de tantas barreras, que hacer? &#8220;Podemos reconocer esa tendencia a la negaci\u00f3n, encorajar respuestas emocionantes y desarrollar una cultura del comprometimiento, que sea visible, inmediata y urgente&#8221;, dijo Marshall. En la semana siguiente, leyendo trechos del G\u00e9nesis, de Deuteron\u00f3mio y de Jerem\u00edas para mostrar que los seres humanos tambi\u00e9n tienen el papel de guardianes de la naturaleza, el vicario de St. Giles, Andrew Bunch, record\u00f3: &#8220;No cambiamos nada solamente pensando que somos buenos&#8221;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los ingleses s\u00ed que saben qu\u00e9 hacer contra el calentamiento global","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[5968],"class_list":["post-83435","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83435","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83435"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83435\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83435"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83435"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83435"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83435"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}