{"id":83448,"date":"2007-08-01T00:00:00","date_gmt":"2007-08-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/08\/01\/profesion-ambiguedad\/"},"modified":"2016-01-28T14:18:37","modified_gmt":"2016-01-28T16:18:37","slug":"profesion-ambiguedad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/profesion-ambiguedad\/","title":{"rendered":"Profesi\u00f3n ambig\u00fcedad"},"content":{"rendered":"<p>Amenazada de destrucci\u00f3n por un zeppel\u00edn plateado, la ciudad, de rodillas, fue salvada por la travesti Geni. Como agradecimiento, ella tuvo m\u00e1s de lo mismo de parte de los ciudadanos &#8220;de bien&#8221;: &#8220;Tiren piedras a Geni\/ Ella es hecha pa&#8217; cobrar\/ Ella es buena pa&#8217; escupir\/ Maldita Geni&#8221;, escribi\u00f3 Chico Buarque en su &#8220;\u00d3pera do balandro&#8221;. Recientemente, la prensa public\u00f3 que actores del canal Globo habr\u00edan ido a un motel con dos travestis y, al darse cuenta del enga\u00f1o, las amenazaron de muerte. &#8220;Hechas para cobrar&#8221;, otras recibieron mucho m\u00e1s que amenazas. &#8220;Figuras consideradas &#8216;monstruosas&#8217; y abyectas, no son apropiadas por los sistemas de saber y poder establecidos, lo que suscita su eliminaci\u00f3n, resultando en los asesinatos frecuentes de travestis, fruto de la llamada &#8216;transfobia&#8217;. Al exceder las clasificaciones de g\u00e9nero y sexualidad de nuestra\u00a0 sociedad, ellas nos desaf\u00edan, nos deconstruyen y provocan un deseo de muerte, como las figuras monstruosas descritas por Foucault&#8221;, explica el psic\u00f3logo Marcos Garc\u00eda, autor de la tesis doctoral &#8220;Dragones: g\u00e9nero, cuerpo, trabajo y violencia en la formaci\u00f3n de la identidad entre travestis de baja renta&#8221;, defendida este a\u00f1o en el Instituto de Psicolog\u00eda de la Universidad de S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p>Durante cuatro a\u00f1os Garc\u00eda acompa\u00f1\u00f3 reuniones semanales de travestis en una instituci\u00f3n p\u00fablica en busca de un factor com\u00fan que las identificase. En vez de la mera dualidad de g\u00e9neros, se depar\u00f3 con una compleja &#8220;colcha de retazos&#8221; en permanente construcci\u00f3n que re\u00fane, en una persona, a varias figuras diversas y contradictorias, parcialmente incorporadas por el travest\u00ed y que forman su identidad: la &#8220;mujer sumisa&#8221;, la &#8220;prostituta&#8221;, la &#8220;mujer superseductora&#8221;, en el campo de la feminidad, y el &#8220;maric\u00f3n&#8221;, el &#8220;pillo&#8221; y el &#8220;bandido&#8221;, en el lado de la masculinidad. &#8220;Ellas son travestis justamente porque asumen todas esas figuras. La s\u00edntesis de elementos contradictorios en una misma persona puede metaforizarse en la figura m\u00edtica del drag\u00f3n, el mismo t\u00e9rmino usado por ellas para designar a las que son pobres o tienen apariencia masculina (en oposici\u00f3n a las &#8216;diosas&#8217;, como Roberta Close etc.)&#8221;, observa el autor. &#8220;El drag\u00f3n tiene como marca com\u00fan la mezcla de elementos de diferentes animales y es entendido como un representante de poderes del &#8216;bien&#8217; o del &#8216;mal&#8217;, otra analog\u00eda con las travest\u00eds, tenidas como figuras para ser eliminadas, pero que, al mismo tiempo, atraen el deseo er\u00f3tico de muchos, a veces de los mismos que las agreden.&#8221; Como el ser mitol\u00f3gico, continua, ellas &#8220;contrar\u00edan&#8221; las leyes de la naturaleza y de la sociedad, combinando lo imposible con lo prohibido, aquello que no es contra la ley, solamente en la medida en que esa no lo prev\u00e9. &#8220;\u00c9l es impensado, el fuera de la ley, suscitando no la imposici\u00f3n de\u00a0 ley, sino la eliminaci\u00f3n.&#8221;<\/p>\n<p>Garc\u00eda cree que la violencia a ellas dirigida tenga como uno de sus determinantes el hecho de que ellas justamente no ocupan un local definido en los &#8220;cat\u00e1logos&#8221; de identidades reconocidos en la sociedad brasile\u00f1a, &#8220;siendo perseguidas no por ocupar un lugar femenino, sino por la pretensi\u00f3n a la transitividad y por escapar a la clasificaci\u00f3n social&#8221;. En Brasil, el t\u00e9rmino &#8220;travesti&#8221;, hasta la d\u00e9cada de 1960, era reservado a quien se vest\u00eda como mujer, sea en parodias carnavalescas o en shows, sin la connotaci\u00f3n de prostituci\u00f3n. &#8220;En aquel tiempo era casi imposible ser travesti en Brasil. Ellas no ten\u00edan condici\u00f3n de poner los pies en la calle, pues la sociedad no lo admit\u00eda&#8221;, cuenta el antrop\u00f3logo H\u00e9lio Silva, de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro, y autor de Travestis: entre el espejo y la calle (Editora Rocco), estudio cl\u00e1sico, reeditado recientemente. En una d\u00e9cada, los &#8220;transformistas&#8221;, como tambi\u00e9n eran llamadas, se transformaron, en los a\u00f1os 1970, observa Garc\u00eda, en el travesti actual, t\u00e9rmino a partir de entonces usado para designar a quien se prostitu\u00eda, no solamente usando aderezos femeninos, sino cabellos largos, u\u00f1as pintadas y con el &#8220;cuerpo modificado&#8221; por medio de hormonas o silic\u00f3n, en busca de una imagen semejante a la femenina.<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n del antrop\u00f3logo revel\u00f3 historias comunes entre ellas, en general venidas de familias de baja renta y desde temprano discriminadas y agredidas por ser &#8220;afeminados&#8221;. La soluci\u00f3n tambi\u00e9n era patr\u00f3n &#8220;ir a la ciudad grande en busca de mejores condiciones de vida y aceptaci\u00f3n social&#8221;, as\u00ed como el destino final, la prostituci\u00f3n, alternativa a la falta de espacio en el mercado de trabajo y a la imposibilidad de contar con el auxilio de la familia. Ese rompimiento, adem\u00e1s, es el responsable por el aislamiento social de las travestis, que fortalece la nueva identidad, ya que la convivencia pr\u00f3xima a otros homosexuales surge como la red social alternativa a la exclusi\u00f3n familiar. Esos lazos de amistad y protecci\u00f3n, apunta el investigador, llegaban hasta a constituir un lenguaje espec\u00edfico entre las travest\u00eds, permeado por t\u00e9rminos oriundos de dialectos africanos, manifestaci\u00f3n &#8220;de pertenencia a un grupo selecto y una protecci\u00f3n en relaci\u00f3n a los que est\u00e1n fuera de las fronteras definidas por esos cultos&#8221;. Esa lengua propia se explicar\u00eda, observa Garc\u00eda, &#8220;por la asociaci\u00f3n hist\u00f3rica entre los cultos afrobrasile\u00f1os y la homosexualidad&#8221;.<\/p>\n<p>El &#8220;retazo&#8221; m\u00e1s notable de la &#8220;colcha&#8221; de identidad de las travest\u00eds es su relaci\u00f3n, afectiva y sexual, con sus compa\u00f1eros, los &#8220;maridos&#8221;. &#8220;Ellas incorporaban la mujer sumisa, permaneciendo en posici\u00f3n pasiva frente a ellos, que muchas veces las explotan econ\u00f3micamente, y asociando la feminidad con el sufrimiento&#8221;. Si aceptaban el &#8220;marido&#8221; pillo, en la relaci\u00f3n con los clientes, sin embargo, se colocaban como &#8220;pillos&#8221;, manteni\u00e9ndolos en una posici\u00f3n complementar la suya (la de &#8220;tontos&#8221;) y sublev\u00e1ndose\u00a0 contra aquellos que intentaban dejarlas en un lugar sumiso. Seg\u00fan el antrop\u00f3logo, hay un desprecio por los clientes que quer\u00edan relaciones pasivas en los &#8220;programas&#8221;, toda\u00a0 vez que, aunque eso garantizase la satisfacci\u00f3n de las necesidades financieras, no realizaba las del orden de ser deseadas como &#8220;mujeres&#8221;. Ya el papel pasivo puede, muchas veces, ser fuente de satisfacci\u00f3n, ya que la travesti era reconocida, &#8220;piropeada&#8221;, desarrollando su autoestima, y ganando dinero.<\/p>\n<p><strong>T\u00eda<br \/>\n<\/strong>Pero la felicidad nunca es completa. &#8220;Las travestis desvalorizan el dinero de la prostituci\u00f3n, visto como &#8216;sucio&#8217;. El mismo t\u00e9rmino es aplicado a los portadores de VIH (llamados por ellas como &#8216;t\u00edas&#8217; y vistos como una forma indeseada de &#8216;masculinizaci\u00f3n&#8217;, redoblando el sufrimiento de ser portadores), cuya sangre tambi\u00e9n ser\u00eda &#8216;sucia&#8217;. En los dos casos hay un desprecio por la actividad que ejercen, remitiendo a una &#8216;suciedad moral&#8217;, involucrando todo en una atm\u00f3sfera de verg\u00fcenza y culpa&#8221;, analiza el investigador. La pauperizaci\u00f3n revelaba en ellas otro &#8220;retazo&#8221;: el &#8220;bandido&#8221;. &#8220;Robando y amenazando clientes para arrancar dinero, hac\u00edan de ellos objetos de explotaci\u00f3n econ\u00f3mica. Eso es agravado por el envolvimiento con el tr\u00e1fico de drogas o por el consumo de drogas, en especial el crack, que hac\u00eda que ellas se aproximasen del &#8216;mundo del crimen&#8217;.&#8221;<\/p>\n<p>\u00bfPero qu\u00e9 decir de los clientes? Desgraciadamente, dice Garc\u00eda, casi inexisten investigaciones sobre la otra punta de la relaci\u00f3n, por un miedo obvio de los clientes en presentarse como tales. &#8220;Pero algunos autores relacionan la b\u00fasqueda por travestis como la b\u00fasqueda de un ideal de feminidad estereotipada, asociada a la seducci\u00f3n que las mujeres &#8216;de verdad&#8217; no m\u00e1s encarnar\u00edan por cuenta de la emancipaci\u00f3n femenina, que las har\u00eda recusar la posici\u00f3n de &#8216;mujer objeto&#8217;. Esa &#8216;mujer ideal&#8217; ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cilmente inventada por un hombre, por el hecho de \u00e9l conocer profundamente los deseos masculinos.&#8221; Aunque el psic\u00f3logo resalte la peligrosa generalizaci\u00f3n de ese argumento, \u00e9l, de cierta forma, explica otro de los &#8220;retazos&#8221;: la figura de la femme fatale, ideal de muchas travest\u00eds. &#8220;La relaci\u00f3n de ellas con el cuerpo pasa por una percepci\u00f3n del car\u00e1cter ambiguo del mismo, lo que sugiere que no lo perciben como solamente masculino o femenino. De ah\u00ed la intensa preocupaci\u00f3n con la transformaci\u00f3n corp\u00f3rea por medio de m\u00e9todos definitivos como la hormonoterapia o la aplicaci\u00f3n de silicona (hecha, muchas veces, de forma inadecuada y peligrosa por las &#8216;bombadeiras&#8217;, colegas que inyectan silicona industrial).&#8221; La b\u00fasqueda por un cuerpo seductor y voluptuoso remite a la figura de la mujer seductora, calcada en los estereotipos cinematogr\u00e1ficos, lo que tambi\u00e9n se desdobla en la selecci\u00f3n de nombres de guerra con sonoridad &#8220;extranjera&#8221; (cuando no directamente inspirados en celebridades), forma de resaltar la aproximaci\u00f3n de las travest\u00eds con las estrellas de las pantallas.<\/p>\n<p>Para Garc\u00eda, toda esa complejidad debe ser contemplada al intentarse trazar un retrato de la identidad de las travest\u00eds. &#8220;Tal vez los &#8216;retazos&#8217; no sean los \u00fanicos en rellenar la &#8216;sobrecama&#8217; y que cada uno de ellos puede tener tama\u00f1os diferentes. Eso implica reconocer una identidad sujeta a tensiones evidentes entre masculino y femenino, pero tambi\u00e9n dentro del campo de la feminidad y de la masculinidad.&#8221; Como, por ejemplo, la contradicci\u00f3n entre la sumisi\u00f3n de la &#8220;mujer del pillo&#8221; y el deseo del dominio de la femme fatale o el desacuerdo entre ser deseada y ser usada, en el caso de la &#8220;prostituta&#8221;.\u00a0 En el campo de la masculinidad, existe la tensi\u00f3n entre la figura del &#8220;pillo&#8221; y la del &#8220;bandido&#8221; en lo que se refiere a las pr\u00e1cticas aceptadas por ellas en relaci\u00f3n a los clientes y la incoherencia de un &#8220;bandido&#8221; viril ante la identidad gay, vista como &#8220;pasiva y cobarde&#8221;. &#8220;Ser travesti es vivir tales contradicciones cotidianamente, en el cuerpo, en la auto-representaci\u00f3n, en las relaciones duraderas y transitorias, y ser cotidianamente castigada por eso.&#8221; Al final, nada m\u00e1s f\u00e1cil que tirar piedras y escupir a Geni.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una investigaci\u00f3n revela complejidad de la identidad de los travestis","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[117],"class_list":["post-83448","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83448","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83448"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83448\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83448"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83448"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83448"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83448"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}