{"id":83479,"date":"2007-10-01T10:50:00","date_gmt":"2007-10-01T13:50:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/10\/01\/viaje-al-centro-de-la-tierra\/"},"modified":"2015-07-16T15:07:33","modified_gmt":"2015-07-16T18:07:33","slug":"viaje-al-centro-de-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/viaje-al-centro-de-la-tierra\/","title":{"rendered":"Viaje al centro de la Tierra"},"content":{"rendered":"<p>Desde que cambi\u00f3 la vida corrida de las grandes ciudades por la tranquilidad del campo hace seis a\u00f1os, el publicista paranaense Ruy Ojeda no se cansa de hablar de los encantos de la tierra que adopt\u00f3 como suya: la peque\u00f1a Ponte Branca, en el sudeste del estado de Mato Grosso, el l\u00edmite con Goi\u00e1s. Lo que lo sedujo no fue el sosiego de localidad de menos de dos mil habitantes ni la belleza natural de la regi\u00f3n, donde los campos gradualmente sustituyeron a los \u00e1rboles de tronco retorcido y corteza espesa de la sabana. La raz\u00f3n del encanto es un fen\u00f3meno que ocurri\u00f3 mucho tiempo atr\u00e1s y a\u00fan hoy Ojeda no comprende bien: el surgimiento de un inmenso cr\u00e1ter formado por el impacto de un meteorito que cay\u00f3 hace 245 millones de a\u00f1os cerca de donde hoy queda Ponte Branca y la localidad vecina de Araguainha.<\/p>\n<p>Ojeda supo del cr\u00e1ter, cuya formaci\u00f3n comienza ahora a ser mejor conocida con base en estudios recientes de ge\u00f3logos y geof\u00edsicos de S\u00e3o Paulo y Campinas, en julio de 2002, cuando acompa\u00f1aba el trabajo de campo del equipo de Claudinei Gouveia de Oliveira, de la Universidad de Brasilia. Maravillado con la posibilidad de ver de cerca esa cicatriz de un pasado distante, Ojeda no perdi\u00f3 tiempo. Subi\u00f3 en Serra da \u00c1rnica -el punto m\u00e1s alto de la regi\u00f3n, a 16 kil\u00f3metros de Ponte Branca- y mir\u00f3 en todas las direcciones, con la esperanza de encontrar un inmenso hueco. No vio nada que pareciera un cr\u00e1ter. Pero no desisti\u00f3 de buscar y sali\u00f3 por las haciendas de la regi\u00f3n pidiendo informaciones sobre el tal hueco. S\u00f3lo consigui\u00f3 encontrar el cr\u00e1ter, el mayor de Am\u00e9rica del Sur provocado por la ca\u00edda de un cuerpo celeste, cuando aprendi\u00f3 a descifrar las informaciones de los documentos cient\u00edficos. &#8220;No imaginaba que viv\u00edamos todos dentro de \u00e9l&#8221;, cuenta.<\/p>\n<p>As\u00ed como \u00e9l, la mayor parte de los dos mil habitantes de Ponte Branca y de los 1.300 de Araguainha no sabe que las dos ciudades nacieron en el vientre de un cr\u00e1ter abierto por un meteorito. Muchos ni siquiera creen que de hecho exista. Y se puede entender por qu\u00e9. El cr\u00e1ter es tan extenso &#8220;tiene 40 kil\u00f3metros de di\u00e1metro&#8221; que de Serra da \u00c1rnica, su punto central, no es posible ver los cerros que forman su borde. S\u00f3lo para que se tenga una idea de su dimensi\u00f3n, un cr\u00e1ter como el de Araguainha abarcar\u00eda completamente la Regi\u00f3n Metropolitana de S\u00e3o Paulo, la mayor metr\u00f3polis sudamericana, formada por la capital paulista y 39 localidades vecinas.<\/p>\n<p>No es s\u00f3lo quienes viven por all\u00e1 que tienen dificultades en percibir que las ciudades est\u00e1n en el fondo de un cr\u00e1ter: la primera cerca del centro, la regi\u00f3n directamente alcanzada por el meteorito; y la segunda m\u00e1s pr\u00f3xima al borde, donde extensas cadenas de cerros semicirculares se irguieron a consecuencia del choque. Tambi\u00e9n los cient\u00edficos tardaron en notar el cr\u00e1ter. Su estructura en forma de un anillo con 40 kil\u00f3metros de di\u00e1metro fue inicialmente identificada en la d\u00e9cada de 1960 en estudios geol\u00f3gicos hechos por Petrobras. Pero los indicios m\u00e1s fuertes de que se trataba justamente de un cr\u00e1ter s\u00f3lo aparecieron m\u00e1s tarde. En 1973, al analizar las primeras im\u00e1genes del Brasil hechas por el sat\u00e9lite estadounidense Landsat, el geof\u00edsico Robert Dietz y el ge\u00f3logo Bevan French sugirieron en un art\u00edculo en Nature que la regi\u00f3n de Araguainha estaba en el interior de una depresi\u00f3n que podr\u00eda ser un cr\u00e1ter del impacto abierto por una roca proveniente del espacio, estructura a la que los ge\u00f3logos dan el nombre de astroblema.<\/p>\n<p>Pero el formato circular observado del espacio podr\u00eda representar tambi\u00e9n los restos de un volc\u00e1n extinguido, cubierto por sedimentos, duda que intrig\u00f3 a los investigadores durante a\u00f1os, hasta que las im\u00e1genes estudiadas por Dietz y French llamaron la atenci\u00f3n de un ge\u00f3logo brasile\u00f1o reci\u00e9n graduado Alvaro Cr\u00f3sta, que comenzaba su maestr\u00eda en sensoriamiento remoto en el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales. Despu\u00e9s de d\u00edas de viaje\u00a0 por carreteras de tierra llenas de huecos, en 1978 Cr\u00f3sta fue a Araguainha y Ponte Branca y recorri\u00f3 la regi\u00f3n, analizando los diferentes tipos de rocas que afloraban en el paisaje. En esa expedici\u00f3n encontr\u00f3 las se\u00f1ales caracter\u00edsticas de un cr\u00e1ter formado por el impacto de un meteorito, entre ellos fragmentos de rocas sedimentarias que recuerdan la punta de un \u00e1rbol de Navidad. Son los llamados conos de fragmentaci\u00f3n o shatter cones, que Cr\u00f3sta describi\u00f3 en un art\u00edculo publicado en 1981 en la Revista Brasile\u00f1a de Geociencias, simult\u00e1neamente a la publicaci\u00f3n del trabajo de la ge\u00f3loga alemana Barbara Theilen Willige, que hab\u00eda llegado\u00a0 al mismo resultado de modo independiente y estimado la edad del cr\u00e1ter en 285 millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Cr\u00f3sta analiz\u00f3 rocas que se formaron con la presi\u00f3n y el calor del impacto y calcul\u00f3 la edad del choque en aproximadamente 300 millones de a\u00f1os. &#8220;Pero en la \u00e9poca no hab\u00eda t\u00e9cnicas de dataci\u00f3n adecuadas y yo ya supon\u00eda que pudiese ser m\u00e1s reciente&#8221;, comenta el ge\u00f3logo, actualmente profesor del Instituto de Geociencias de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). Dataciones posteriores hechas con t\u00e9cnicas m\u00e1s precisas definieron en 245 millones de a\u00f1os la ca\u00edda del meteorito en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>En aquella \u00e9poca la Tierra era bien diferente de la que conocemos hoy. El clima era m\u00e1s c\u00e1lido y seco y las placas tect\u00f3nicas, inmensos bloques rocosos que forman los continentes actuales, a\u00fan se encontraban pegadas unas a las otras, fundidos en un continente \u00fanico: la Pangea. Ese supercontinente que se extend\u00eda en el sentido norte-sur divid\u00eda el globo al medio y era ba\u00f1ado al este por un mar llamado Tetis y al oeste por el Pantalasa, un inmenso oc\u00e9ano que cubr\u00eda casi toda la Tierra. Lo que m\u00e1s llama la atenci\u00f3n es que justamente en ese per\u00edodo ocurri\u00f3 la mayor de las cinco extinciones en masa que devast\u00f3 la vida en el planeta. F\u00f3siles encontrados en diferentes regiones del mundo permiten estimar que 96% de las especies que poblaban los oc\u00e9anos y 70% de las que habitaban la tierra firme hayan sido eliminadas hace 250 millones de a\u00f1os, data que marca la transici\u00f3n del per\u00edodo geol\u00f3gico P\u00e9rmico para el Tri\u00e1sico. Hay hasta quien crea que esa extinci\u00f3n haya favorecido a la soberan\u00eda de los dinosaurios, que surgir\u00edan tiempos m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Es poco probable que el meteorito de Araguainha haya sido el \u00fanico responsable de la mayor extinci\u00f3n de la vida del planeta. Pero alguna contribuci\u00f3n puede haber dado, toda vez que el choque liber\u00f3 una cantidad de energ\u00eda tan grande que caus\u00f3 en toda la regi\u00f3n m\u00e1s estragos de lo que se imaginaba, revela un extenso trabajo realizado por el equipo de Y\u00e1ra Marangoni, del Instituto de Astronom\u00eda, Geof\u00edsica y Ciencias Atmosf\u00e9ricas de la Universidad de S\u00e3o Paulo (IAG-USP).<\/p>\n<p>En 2005 Yara reuni\u00f3 especialistas de diferentes \u00e1reas de la USP y de la Unicamp y, en viajes en coche que duran dos d\u00edas a partir de S\u00e3o Paulo, los investigadores decidieron visitar la regi\u00f3n, con el objetivo de investigar c\u00f3mo el meteorito hab\u00eda afectado las capas m\u00e1s profundas de la corteza terrestre, que hoy se encuentran expuestas en el centro del cr\u00e1ter. Asociando t\u00e9cnicas distintas, este trabajo viene permitiendo redimensionar la intensidad del choque y la deformaci\u00f3n provocada debajo de la superficie. Despu\u00e9s de casi dos a\u00f1os de estudios y tres expediciones a Araguainha, el equipo de Y\u00e1ra ya tiene una idea m\u00e1s precisa de c\u00f3mo era la regi\u00f3n antes de la ca\u00edda del meteorito y de la profundidad de esa herida abierta en la piel del planeta. Tambi\u00e9n logra estimar mejor cuanto ya cicatriz\u00f3 y fue borrado por el viento y por la lluvia.<\/p>\n<p>Cuando un bloque rocoso con 4 a 6 kil\u00f3metros de di\u00e1metro cay\u00f3 de los cielos a millares de kil\u00f3metros por segundo cerca de donde hoy es Araguainha, la regi\u00f3n era una vasta restinga, sumergida algunos metros en agua salada. La violencia del impacto afect\u00f3 inmediatamente la regi\u00f3n comprendida por un c\u00edrculo de unos 30 kil\u00f3metros de di\u00e1metro: la energ\u00eda del choque transform\u00f3 en vapor el agua que hab\u00eda all\u00ed y cav\u00f3 un hueco con casi 2 kil\u00f3metros de profundidad, afirma el grupo de Yara en un art\u00edculo publicado en octubre en el Geological Society of America Bulletin. El punto directamente alcanzado por el meteorito fue sometido a alt\u00edsimas presiones. Pero no por mucho tiempo. As\u00ed como una persona que cae en una cama el\u00e1stica es lanzada de vuelta al aire, el alivio de la presi\u00f3n en\u00a0 el centro del impacto hizo brotar la superficie un gigantesco bloque de granito, roca muy dura y antigua, que estaba a dos kil\u00f3metros de profundidad -muy distante del centro de la Tierra, visitado por los exploradores del libro de Julio Verne.\u00a0 Ese n\u00facleo con casi 5 kil\u00f3metros de di\u00e1metro es parte de la zona elevada en el centro del e incluye la actual Serra da \u00c1rnica, la misma zona que Ojeda visit\u00f3 a\u00f1os atr\u00e1s en la b\u00fasqueda del cr\u00e1ter, tambi\u00e9n conocida como domo de Araguainha.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se descubri\u00f3 eso? Es sencillo. Los ge\u00f3logos Cristiano Lana, Ricardo Trindade y Elder Yokoyama analizaron las rocas que forman el relieve de la regi\u00f3n y constataron que las capas que deber\u00edan estar a centenas de metros de profundidad aparec\u00edan al nivel del suelo, como si las entra\u00f1as de la Tierra hubiesen sido expuestas. &#8220;La presi\u00f3n del impacto fundi\u00f3 parte de los sedimentos y despu\u00e9s de enfriar hizo surgir en el centro del cr\u00e1ter una capa de 100 metros de espesor de una roca que contiene fragmentos microsc\u00f3picos de vidrio&#8221;, cuenta Trindade.<\/p>\n<p>Con un equipamiento que mide variaciones en la aceleraci\u00f3n de la gravedad -y permite estimar la densidad de las rocas de una regi\u00f3n-, Yara y Marcos Alberto Vasconcelos evaluaron 300 puntos en el interior del cr\u00e1ter. Notaron que la energ\u00eda liberada en el choque gener\u00f3 da\u00f1os muy por debajo de la actual superficie. &#8220;A casi 2 kil\u00f3metros de profundidad es posible detectar los efectos de ese impacto en el granito, que trinc\u00f3 y se convirti\u00f3 mucho menos denso de lo que generalmente es&#8221;, cuenta la geof\u00edsica.<\/p>\n<p>Los efectos del choque se propagaron para mucho m\u00e1s all\u00e1 del n\u00facleo y abollaron la corteza terrestre. Mapas tridimensionales producidos a partir de im\u00e1genes de sat\u00e9lite por Lana y Carlos Roberto Souza Filho, de la Unicamp, muestran que c\u00edrculos conc\u00e9ntricos se formaron alrededor del local de impacto, como cuando se lanza una piedra en una vasija con agua. Una primera cadena circular de cerros de hasta 500 metros de altura y kil\u00f3metros de extensi\u00f3n se erigi\u00f3 a 12 kil\u00f3metros del local de impacto, y una segunda un poco m\u00e1s adelante, de 14 a 18 kil\u00f3metros del n\u00facleo.<\/p>\n<p>Por supuesto, no todo sigue igual. &#8220;En esos millones de a\u00f1os esos cerros perdieron de 250 a 350 metros de altitud debido a la acci\u00f3n del viento y de la lluvia&#8221;, explica Y\u00e1ra. A pesar de ese desgaste natural, los investigadores\u00a0 afirman que el cr\u00e1ter sigue siendo muy parecido al que se form\u00f3 inmediatamente despu\u00e9s del impacto. &#8220;Es dif\u00edcil tener acceso a un cr\u00e1ter con estructuras bien conservadas como la de Araguainha&#8221;, dice Trindade. Muchos ge\u00f3logos creen que cr\u00e1teres escavados por meteoritos hayan sido mucho m\u00e1s comunes que se puede imaginar. Al inicio de la formaci\u00f3n del Sistema Solar los planetas m\u00e1s pr\u00f3ximos al Sol, incluyendo la Tierra, fueron fuertemente bombardeados por meteoritos. La diferencia por aqu\u00ed es que las condiciones clim\u00e1ticas y el movimiento de las placas tect\u00f3nicas apagaron parte de esa historia, que permanece grabada en los cr\u00e1teres de Marte o hasta de la Luna.<\/p>\n<p>Como primer paso para proteger Araguainha, a\u00f1os atr\u00e1s Cr\u00f3sta registr\u00f3 el cr\u00e1ter en la lista de la Comisi\u00f3n Brasile\u00f1a de Sitios Geol\u00f3gicos y Paleobiol\u00f3gicos con los principales sitios geol\u00f3gicos nacionales, candidatos a ser clasificados como patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Al inicio de este a\u00f1o las municipalidades de Ponte Branca y Araguainha y el Ibama firmaron un documento proponiendo la creaci\u00f3n de una \u00e1rea de protecci\u00f3n ambiental en el \u00e1rea del cr\u00e1ter. &#8220;Esa es una forma de la regi\u00f3n obtener recursos para preservar las estructuras del cr\u00e1ter y adoptar iniciativas como paneles explicando lo que sucedi\u00f3 por all\u00ed y programas de educaci\u00f3n y divulgaci\u00f3n en las escuelas locales&#8221;, afirma Cr\u00f3sta. &#8220;Si no transmitimos ese tipo de informaci\u00f3n, hay riesgo de que los afloramientos rocosos sean destruidos.&#8221;<\/p>\n<p>Ruy Ojeda, que hasta marzo era secretario de Medio Ambiente y Turismo de Ponte Branca, ve en la conservaci\u00f3n del cr\u00e1ter una oportunidad de renacimiento econ\u00f3mico para la regi\u00f3n, que empobreci\u00f3 desde el fin de las minas de piedras preciosas a mediados del siglo pasado. Desde que descubri\u00f3 el cr\u00e1ter cinco a\u00f1os atr\u00e1s, se enamor\u00f3 y ley\u00f3 todo lo que pudo al respecto. Y decidi\u00f3 compartir con los habitantes de la regi\u00f3n y de otras ciudades el conocimiento sobre ese pasado distante. &#8220;Para hablar de este tema no escatimo en tiempo&#8221;, dice Ojeda, que es conocido como el embajador del domo de Araguainha.<\/p>\n<p><strong>El proyecto<\/strong><br \/>\nCaracterizaci\u00f3n geof\u00edsica y petrof\u00edsica de la estructura de impacto de Araguainha<br \/>\n<em><strong>Modalidad<br \/>\n<\/strong><\/em>L\u00ednea Regular de Auxilio a la Investigaci\u00f3n<br \/>\n<em><strong>Coordinadora<br \/>\n<\/strong><\/em>Yara Regina Marangoni &#8211; IAG\/USP<br \/>\n<strong><em>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/em><\/strong>257.847,75 reales (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Hace 245 millones de a\u00f1os un meteorito abri\u00f3 un cr\u00e1ter de 40 kil\u00f3metros de di\u00e1metro en la actual divisi\u00f3n entre Mato Grosso y Goi\u00e1s","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[105],"class_list":["post-83479","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83479","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83479"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83479\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83479"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83479"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83479"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83479"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}