{"id":83553,"date":"2007-11-01T00:00:00","date_gmt":"2007-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/11\/01\/james-watson-y-los-cuatro-nuevos-jinetes-del-apocalipsis\/"},"modified":"2013-04-25T16:14:09","modified_gmt":"2013-04-25T19:14:09","slug":"james-watson-y-los-cuatro-nuevos-jinetes-del-apocalipsis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/james-watson-y-los-cuatro-nuevos-jinetes-del-apocalipsis\/","title":{"rendered":"James Watson y los cuatro nuevos jinetes del Apocalipsis"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-115629\" alt=\"James-Watson\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2007\/11\/James-Watson.jpg\" width=\"213\" height=\"299\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2007\/11\/James-Watson.jpg 213w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2007\/11\/James-Watson-120x168.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 213px) 100vw, 213px\" \/><span class=\"media-credits-inline\"> \"OS QUATRO CAVALEIROS DO APOCALIPSE\", DE ALBRECHT D\u00dcRER (1471-1528)<\/span>La Biblia nos presenta a los cuatro jinetes del Apocalipsis: La Muerte, La Guerra, El Hambre y La Pestilencia. Con los conflictos en Irlanda del Norte, en Ruanda y en los Balcanes al final del siglo pasado y despu\u00e9s del 11 de septiembre, la invasi\u00f3n de Afganist\u00e1n y de Irak y los conflictos de Darfur al inicio del siglo XXI, tenemos que adicionar cuatro nuevos jinetes: El racismo, La xenofobia, El odio \u00e9tnico y La intolerancia religiosa.<\/p>\n<p>En su obra Identidad y violencia, el ganador del Nobel Amartya Sen enfatiza de qu\u00e9 manera la imposici\u00f3n y la aceptaci\u00f3n de identidades unidimensionales del grupo alimentan la tropa del Apocalipsis. As\u00ed, debemos\u00a0 esforzarnos por construir una sociedad que celebre y valore la singularidad del individuo y en la cual exista la libertad de asumir, por elecci\u00f3n personal, una pluralidad de identidades. Este ideal est\u00e1 en perfecta sinton\u00eda con el hecho demostrado por la gen\u00e9tica moderna de que cada uno de nosotros tiene una individualidad gen\u00f3mica absoluta que interact\u00faa con el ambiente para moldear una singular trayectoria de vida.<\/p>\n<p>Examinemos en especial el concepto de raza, que se impregn\u00f3 en nuestra sociedad a partir del siglo XVI, inicialmente por fuerza de intereses econ\u00f3micos y como forma de intentar conciliar la fe cristiana con el crimen de la esclavizaci\u00f3n de los africanos. Desde ese entonces, las razas han sido usadas no solamente para sistematizar a las poblaciones humanas, sino tambi\u00e9n para intentar justificar la dominaci\u00f3n de algunos grupos por otros. As\u00ed, la persistencia de la idea de raza est\u00e1 vinculada a la visi\u00f3n at\u00e1vica y perversa de que los grupos humanos existen en una escala de valores.<\/p>\n<p>El mes pasado el famoso bi\u00f3logo y tambi\u00e9n ganador del Nobel James Watson afirm\u00f3 estar preocupado con el futuro de \u00c1frica, porque los habitantes de aquel continente, siendo menos inteligentes que otros pueblos, se mostraban incapaces de resolver sus problemas. Esta declaraci\u00f3n extravagante va totalmente en sentido contrario de todo lo que la gen\u00e9tica ha demostrado, es decir, que las razas humanas no existen desde el punto de vista cient\u00edfico.<\/p>\n<p>Sabemos que la variabilidad humana est\u00e1 concentrada dentro de las poblaciones continentales y no entre continentes. Asimismo, hay una relaci\u00f3n geneal\u00f3gica entre todas las poblaciones del mundo con \u00c1frica. La humanidad moderna emergi\u00f3 en el \u00c1frica hace menos de 200 mil a\u00f1os y s\u00f3lo en los \u00faltimos 60 mil a\u00f1os sali\u00f3 de all\u00e1 para poblar los otros continentes. Como dijo el evolucionista sueco Svante Paabo, somos todos africanos, viviendo en \u00c1frica o en el exilio reciente de all\u00e1. Puede parecer f\u00e1cil distinguir fenot\u00edpicamente a un africano de un europeo o de un asi\u00e1tico, pero tal facilidad desaparece tan pronto como salimos de la flor de la piel y buscamos evidencias de esas diferencias raciales en los genomas de las personas.<\/p>\n<p>En un reciente art\u00edculo, trac\u00e9 un paralelo entre la creencia en la existencia de las brujas, prevalente en los siglos XVI y XVII, y la creencia en la existencia de las razas humanas. El texto se cerraba con la siguiente frase: Un pensamiento reconfortante es que, ciertamente, la humanidad del futuro no creer\u00e1 en razas m\u00e1s que lo que creemos hoy en brujer\u00eda. Y el racismo ser\u00e1 relatado como una abominaci\u00f3n hist\u00f3rica pasajera m\u00e1s, as\u00ed como percibimos hoy el disparate que fue la persecuci\u00f3n a las brujas.<\/p>\n<p>Por ese prisma, un punto positivo que qued\u00f3 de la triste complicaci\u00f3n racista de James Watson fue el inmediato y vigoroso repudio de la prensa y de toda la sociedad a sus declaraciones. Eso muestra que el hecho cient\u00edfico de la inexistencia de las razas est\u00e1 finalmente siendo absorbido en nuestra cultura e incorporado a nuestras convicciones y actitudes morales.<\/p>\n<p>Para denotar la postura \u00e9tica que valoriza la variabilidad humana y la singularidad de cada individuo, cre\u00e9 la expresi\u00f3n pecilo\u00e9tica (de la ra\u00edz poikilia poikilia que quiere decir diversidad en griego). Su axioma fundamental es el derecho inalienable de toda persona de ser tratada como un individuo, \u00fanico y singular en su genoma y en su historia de vida, y no meramente como perteneciente a un sexo, religi\u00f3n, pa\u00eds, etnia o grupo de color. Mi esperanza es que la generalizaci\u00f3n de esa perspectiva moral ayude en el combate a los nuevos jinetes del Apocalipsis.<\/p>\n<hr \/>\n<p>S\u00e9rgio D. J. Pena <em>es profesor titular del Departamento de Bioqu\u00edmica e Inmunolog\u00eda de la Universidad Federal de Minas Gerais.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"En t","protected":false},"author":233,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[739],"tags":[294,330],"coauthors":[546],"class_list":["post-83553","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-opinion-es","tag-economia-es","tag-sociologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83553","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/233"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83553"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83553\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83553"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83553"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83553"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83553"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}