{"id":83562,"date":"2007-11-01T00:00:00","date_gmt":"2007-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/11\/01\/saltando-de-rama-en-rama\/"},"modified":"2013-04-25T15:55:42","modified_gmt":"2013-04-25T18:55:42","slug":"saltando-de-rama-en-rama","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/saltando-de-rama-en-rama\/","title":{"rendered":"Saltando de rama en rama"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_115587\" style=\"max-width: 309px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-115587 \" alt=\"Mono ara\u00f1a: el mayor mono brasile\u00f1o hojas son una fiesta\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2007\/11\/galho-em-galho.jpg\" width=\"299\" height=\"198\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2007\/11\/galho-em-galho.jpg 299w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2007\/11\/galho-em-galho-120x79.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2007\/11\/galho-em-galho-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 299px) 100vw, 299px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\"> MIGUEL BOYAYAN<\/span>Mono ara\u00f1a: el mayor mono brasile\u00f1o hojas son una fiesta<span class=\"media-credits\"> MIGUEL BOYAYAN<\/span><\/p><\/div>\n<p>Mirar hacia lo alto en una selva tropical puede ser tan frustrante como deslumbrante. Las copas de los \u00e1rboles albergan colores, formas, sonidos y vidas de todo tipo. Vidas que ora saltan a la vista, ora se imponen a los o\u00eddos, ora se esconden. En medio de lo que las hojas ocultan, en Am\u00e9rica viven alrededor de 130 especies de monos, raramente vistos por los visitantes curiosos. Los monos capuchinos se cuelgan por la cola y con ellas tambi\u00e9n agarran los insectos y frutos que componen su dieta, que incorpora una amplia gama de bocadillos tales como hojas, flores, peque\u00f1os vertebrados y hasta la corteza de \u00e1rboles indigestos como el eucalipto o el pino. Esos monos que viven en bandos de hasta 35 individuos y suelen defender su territorio, pero m\u00e1s curiosamente admiten en los mismos gajos ejemplares de una especie menor, el mono ardilla com\u00fan, con quien disputan los mismos frutos e insectos. Es como si los monos ardillas fuesen cr\u00edas de los capuchinos, explica el bi\u00f3logo de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) Gabriel Marroig. \u00c9l analiz\u00f3 la variedad de monos que pueblan los \u00e1rboles de la Am\u00e9rica y concluy\u00f3 que entre las caracter\u00edsticas favorecidas por la selecci\u00f3n natural tales como fuerza f\u00edsica y capacidad de reproducirse lo que m\u00e1s cuenta es el tama\u00f1o del animal.<\/p>\n<p>En un art\u00edculo reciente en la <em>BMC Evolutionary Biology<\/em>, Marroig compara las proporciones en cr\u00e1neos de micos capuchinos, del g\u00e9nero <em>Cebus<\/em>, y los monos ardillas (<em>Saimiri<\/em>) a lo largo del crecimiento. Son dos g\u00e9neros emparentados con tama\u00f1os bien diferentes, lo que los destaca de los otros monos del Nuevo Mundo. Los cr\u00e1neos son las partes del cuerpo m\u00e1s usadas en los estudios de zoolog\u00eda como fuente de informaci\u00f3n, porque las distancias entre puntos de referencia como re-instancias y comparar animales diferentes. En las manos del bi\u00f3logo ayudan a contar lo que sucedi\u00f3 desde que los monos llegaron a la Am\u00e9rica, 30 millones de a\u00f1os atr\u00e1s.\u00a0 El equipo del Laboratorio de Evoluci\u00f3n de Mam\u00edferos de la USP transforma las medidas en im\u00e1genes tridimensionales de los cr\u00e1neos analizados ?una t\u00e9cnica conocida como morfometr\u00eda geom\u00e9trica. Con el cr\u00e1neo apoyado en una plataforma, el investigador toca en los puntos de referencia con algo que se parece a un bol\u00edgrafo met\u00e1lico que cuelga de un brazo articulado. Los movimientos de ese brazo, unido a una computadora, son almacenados como distancias en tres dimensiones. La computadora entonces genera im\u00e1genes que parece de cristales lapidados, pero son una versi\u00f3n simplificada de los cr\u00e1neos medidos. Luego los investigadores pueden encoger o inflar los cr\u00e1neos digitales de manera que el mono capuchino y el mono ardilla queden del mismo tama\u00f1o el primero es en realidad de dos a tres veces mayor que el segundo. De esa forma ellos pueden ignorar las diferencias de tama\u00f1o y comparar las proporciones entre las medidas y el formato del cr\u00e1neo en animales de varias edades.<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes digitales muestran que el mono ardilla nace con el cr\u00e1neo casi esf\u00e9rico. A medida que crece, su cr\u00e1neo se achata como si algo presionase la cocorota hacia abajo mientras el hocico se alarga. Marroig demostr\u00f3 que, ignorando las diferencias de tama\u00f1o, el cr\u00e1neo de un mono ardilla adulto es muy similar al de la cr\u00eda de un mico capuchino que pasar\u00e1 por el mismo proceso de achatado en una direcci\u00f3n y alargamiento en la otra.<\/p>\n<p><strong>Adultos precoces<br \/>\n<\/strong>Ese patr\u00f3n de diversificaci\u00f3n se encaja en la teor\u00eda que describe la evoluci\u00f3n, que puede dar origen a nuevas especies, como resultado de cambios en las tasas de desarrollo de un organismo. Ese mecanismo evolutivo, conocido como heterocron\u00eda, fue por mucho tiempo pensado para explicar como los seres humanos habr\u00edan evolucionado: es como si el feto del chimpanc\u00e9 se tornase adulto sin perder su apariencia infantil. Seg\u00fan Marroig, esa hip\u00f3tesis ya no es aceptada. La diferenciaci\u00f3n de la especie humana es m\u00e1s compleja, involucr\u00f3 muchas otras caracter\u00edsticas adem\u00e1s de tasas de desarrollo, dijo.<\/p>\n<p>A pesar de no ser m\u00e1s visto como central para diferenciar al hombre de sus parientes primates, el desarrollo contin\u00faa siendo cotizado como una fuerza evolutiva importante. Existen evidencias de que las alteraciones en el desarrollo ocurrieron en momentos sobresalientes de la historia evolutiva de diversos grupos, cuenta la bi\u00f3loga Tiana Kohlsdorf, del campus de Ribeir\u00e3o Prieto de la USP. Cuando no es posible encontrar embriones para analizar la acci\u00f3n de los genes a lo largo del desarrollo, Tiana explica que la manera es analizar las secuencias del ADN de los genes relacionados al desarrollo de la caracter\u00edstica en cuesti\u00f3n. En su trabajo ella compara, entre lagartos y cobras, genes que act\u00faan en la formaci\u00f3n de las patas.<\/p>\n<div id=\"attachment_115604\" style=\"max-width: 236px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-115604 \" alt=\"Mico-de-cheiro (imagen) y monos capuchinos comparten comida y \u00e1rboles\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2007\/11\/mico-de-cheiro.jpg\" width=\"226\" height=\"299\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2007\/11\/mico-de-cheiro.jpg 226w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2007\/11\/mico-de-cheiro-120x159.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 226px) 100vw, 226px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO CESAR<\/span>Mico-de-cheiro (imagen) y monos capuchinos comparten comida y \u00e1rboles<span class=\"media-credits\">EDUARDO CESAR<\/span><\/p><\/div>\n<p>En el caso de la diferenciaci\u00f3n entre los monos de Am\u00e9rica, el objetivo de los an\u00e1lisis gen\u00e9ticos ha sido la hormona del crecimiento. Durante su doctorado bajo la orientaci\u00f3n de Marroig, Elytania Menezes descifr\u00f3 la secuencia del gen que comanda la s\u00edntesis de esa hormona y encontr\u00f3 evidencias de evoluci\u00f3n en la adaptaci\u00f3n variaciones en la acci\u00f3n de la hormona del crecimiento entre g\u00e9neros habr\u00edan sido causadas por selecci\u00f3n natural y ser\u00edan responsables de\u00a0 diferencia de tama\u00f1o entre los monos de esos g\u00e9neros. Elyt\u00e2nia debe defender su doctorado a inicios de 2008 y est\u00e1 preparando el art\u00edculo para su publicaci\u00f3n. Para m\u00e1s detalles, por lo tanto, es necesario esperar.<\/p>\n<p>Marroig compar\u00f3 aspectos relacionados al desarrollo entre todos los 16 g\u00e9neros de monos de las Am\u00e9ricas. \u00c9l vio que, en relaci\u00f3n con su tama\u00f1o, los monos capuchinos tardan m\u00e1s de lo que ser\u00eda esperado para llegar a la edad reproductiva, lo que les da m\u00e1s tiempo para alcanzar un tama\u00f1o mayor. En tanto los monos ardillas nacen mayores en relaci\u00f3n al tama\u00f1o de la madre de lo que se observa en otros monos. Nacen cabezones, con el cerebro m\u00e1s desarrollado que otras especies, cuenta Marroig. Es en parte gracias a eso que son destetados m\u00e1s de prisa que otros monos con tama\u00f1o parecido.\u00a0 Esas correlaciones refuerzan la idea de que fueron alteraciones de tama\u00f1o las que generaron los diferentes g\u00e9neros. El trabajo no permite decir con seguridad\u00a0 como era el ancestral com\u00fan a los g\u00e9neros Cebus y Saimiri. Marroig cree m\u00e1s probable, no obstante, que el mico capuchino sea una versi\u00f3n crecida del mono ardilla, y no al contrario. Es m\u00e1s que intuici\u00f3n. El tiempo m\u00e1s largo que el Cebus lleva para llegar a la madurez\u00a0 es una pista. Otra es el \u00e1rbol geneal\u00f3gico de los monos de este continente: la rama en donde est\u00e1n esos dos g\u00e9neros abriga solamente primates peque\u00f1os.<\/p>\n<p>F\u00f3siles y estudios gen\u00e9ticos cuentan que hace 30 millones de a\u00f1os, en el per\u00edodo geol\u00f3gico Oligoceno, llegaron al Nuevo Mundo los primeros primates. En esa \u00e9poca, Marroig explica, las pen\u00ednsulas un\u00edan \u00c1frica a Am\u00e9rica del Sur. No eran puentes completos entre ambos continentes, pero las distancias eran lo suficientemente cortas como para que los ancestros de los primates que hoy en d\u00eda viven aqu\u00ed pudiesen transponerlas viajando en troncos o en otros materiales flotantes. El mapa del fondo del oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico millones de a\u00f1os atr\u00e1s fue elaborado por Felipe Bandoni, alumno de doctorado de Marroig, para el libro South american primates, en la imprenta por la editora Springer. Los emigrantes simios, animales con aproximadamente de 1 kilogramo (como los monos ardillas, que tienen 40 cent\u00edmetros de altura), encontraron una tierra llena de posibilidades. No ten\u00edan competidores; los marsupiales eran los \u00fanicos mam\u00edferos relativamente arb\u00f3reos, pero usaban los recursos de manera diferente, cuenta Marroig. Los \u00e1rboles estaban liberados, con repastos para todos los gustos. Sucedi\u00f3 entonces, entre 20 y 16 millones de a\u00f1os atr\u00e1s, lo que los evolucionistas llaman radiaci\u00f3n de adaptaci\u00f3n explosiva: r\u00e1pidamente surgi\u00f3 una gran variedad de monos capaces de explorar los m\u00e1s diversos nichos ecol\u00f3gicos, definidos por las dietas.<\/p>\n<p>Es ah\u00ed que entra el tama\u00f1o como motor evolutivo fundamental, pues es el que permite la especializaci\u00f3n alimentar. No existe ning\u00fan mono grande que se alimente de insectos, y ninguno peque\u00f1o que sobreviva a base de hojas, dice Marroig. Eso ocurre porque los mam\u00edferos peque\u00f1os necesitan nutrientes que puedan ser r\u00e1pidamente transformados en energ\u00eda, lo que obtienen de frutos e insectos. Para sobrevivir con una dieta de ese tipo, animales mayores necesitar\u00edan consumir una cantidad muy grande de insectos. Para eso, explica el bi\u00f3logo, ellos tendr\u00edan que especializarse en insectos sociales que pueden ser encontrados en grandes densidades, como hacen los osos hormigueros, o convertirse predadores eficaces. Ning\u00fan mono suramericano desarroll\u00f3 estas caracter\u00edsticas. Pero comer hojas tambi\u00e9n no es f\u00e1cil: est\u00e1n repletas de substancias que no pueden ser digeridas y por eso solo pueden alimentarse de ellas animales con intestinos largos, capaces de extraer nutrientes y depurar las toxinas con que las plantas se defienden de los herb\u00edvoros.<\/p>\n<p>Los integrantes de los g\u00e9neros <em>Cebus<\/em> y <em>Saimiri<\/em> tiene dietas semejantes: sobre todo frutas e insectos. La diferencia est\u00e1 en la capacidad de los micos capuchinos de completar su dieta con casi cualquier cosa que les aparezca por la frente, y en las proporciones que representen. Insectos son 50% de la dieta de Cebus, monos de 2 a 3 kilogramos, y llegan a 75% de lo que comen los Saimiri, cuyos adultos pesan alrededor de 1 kilogramo.<\/p>\n<p><strong>Rumbos evolutivos<br \/>\n<\/strong>No llega a ser sorprendente que la variaci\u00f3n en tama\u00f1o sea el camino para la diversificaci\u00f3n de los monos. Pero nadie hablar de eso, dice Marroig. Es previsible porque la selecci\u00f3n natural act\u00faa sobre la diversidad gen\u00e9tica si un gen fuera siempre id\u00e9ntico, no existe la posibilidad de evoluci\u00f3n. Y el tama\u00f1o es una caracter\u00edstica marcada por enorme variabilidad basta correr los ojos por una sala llena de personas para tener una noci\u00f3n de como los tama\u00f1os son diversos. En un art\u00edculo publicado en 2005 en la revista <em>Evolution<\/em>, Marroig analiz\u00f3 todos los 16 g\u00e9neros de monos de este continente y mostr\u00f3 que el tama\u00f1o es, en el argot evolutivo, una v\u00eda de menor resistencia evolutiva. Es decir, es por ese lecho que la evoluci\u00f3n tiende a correr.<\/p>\n<p>Tal diversidad de tama\u00f1os podr\u00eda haber surgido por azar, o acompa\u00f1ada con otras caracter\u00edsticas, como dientes mayores o colas m\u00e1s largas. Pero Marroig mostr\u00f3, en un art\u00edculo publicado en 2004 en la revista <em>The American Naturalist<\/em>, que en la mayor parte de los monos americanos fue la selecci\u00f3n natural, y no el azar, lo que gener\u00f3 la diversidad. Hoy tenemos herramientas estad\u00edsticas para distinguir sobre cual caracter\u00edstica la selecci\u00f3n actu\u00f3, explica el bi\u00f3logo.<\/p>\n<p>Dice el conteo m\u00e1s reciente que son 129 las especies de monos de las Am\u00e9ricas con tama\u00f1os que van de los 100 gramos del leoncillo (<em>Cebuella pygmaea<\/em>) a los 10 kilos del muriqui (<em>Brachyteles arachnoides <\/em>y<em> B. Hypoxanthus<\/em>). Todos ellos consumen frutas, una fuente f\u00e1cil de az\u00facares, y adoptan estrategias de vida distintas para completar su dieta con prote\u00ednas y vitaminas. El muriqui frecuenta las copas de los \u00e1rboles del Bosque Atl\u00e1ntico, donde se relame con hojas. M\u00e1s abajo viven los monos capuchinos y luego los mono ardilla, con sus dietas variadas. En el estrato m\u00e1s pr\u00f3ximo al piso viven los peque\u00f1os sag\u00fc\u00edes, que pesan alrededor de 400 gramos y tienen incisivos alargados y estrechos con los cuales excavan los troncos de los \u00e1rboles y obtienen savia. Comen tambi\u00e9n frutas, insectos y n\u00e9ctar.\u00a0 Comparadas a sus parientes americanos, las m\u00e1s de 150 especies de monos del Viejo Mundo exhiben poca diversidad en t\u00e9rminos de formas, tama\u00f1os y comportamientos. Deben eso, en parte, a su diversificaci\u00f3n m\u00e1s reciente. Aunque el Viejo Mundo tenga m\u00e1s especies que el Nuevo Mundo, Marroig defiende que no es posible comparar n\u00fameros, no s\u00f3lo por ser historias evolutivas separadas. De acuerdo con \u00e9l, las escuelas cient\u00edficas son muy diferentes y resultan en estrategias distintas de clasificaci\u00f3n de los animales. En Brasil los investigadores describen especies nuevas con mayor facilidad de lo que en el Viejo Mundo, donde los especialistas son m\u00e1s conservadores y tienden a clasificar variedades que encuentran como subespecies en vez de especies.<\/p>\n<p>Para entender con mayor detalle lo que ocurri\u00f3 a lo largo de la evoluci\u00f3n de\u00a0 nuestros monos, ser\u00eda necesario encaminarse por an\u00e1lisis de desarrollo, como los que Tiana usa para develar la evoluci\u00f3n de la ausencia de patas en cobras, para averiguar como alteraciones en el crecimiento pueden dar origen a tal diversidad. Pero mientras no aparezca un especialista en desarrollo interesado en profundizar lo que \u00e9l ya descubri\u00f3 sobre los micos capuchinos y los monos ardillas, Marroig se da por satisfecho y encara nuevos desaf\u00edos otros animales, otros continentes. Integrantes de su laboratorio est\u00e1n recogiendo datos sobre otros grupos de mam\u00edferos para hacer an\u00e1lisis semejantes a los que ayudaron a contar la historia de los monos. \u00c9l apuesta que la importancia del tama\u00f1o para la evoluci\u00f3n sea generalizada. Y pretende demostrar eso en los pr\u00f3ximos a\u00f1os.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\nEvoluci\u00f3n morfol\u00f3gica, biogeograf\u00eda y sistem\u00e1tica en mam\u00edferos neotropicales<br \/>\n<strong><em>Modalidad<br \/>\n<\/em><\/strong>1. Joven Investigador<br \/>\n2. Auxilio a la Investigaci\u00f3n &#8211; Regular<br \/>\n<strong><em>Coordinador<br \/>\n<\/em><\/strong>Gabriel Marroig Zambonato &#8211; IB\/ USP<br \/>\n<em><strong>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/strong><\/em>170.487,26 reales<br \/>\n65.124,88 reales<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La selecci","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[300,335],"coauthors":[95],"class_list":["post-83562","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-evolucion","tag-zoologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83562","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83562"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83562\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83562"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83562"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83562"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83562"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}