{"id":83568,"date":"2007-11-01T00:00:00","date_gmt":"2007-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/11\/01\/el-color-de-la-sal-de-la-tierra\/"},"modified":"2016-01-28T13:57:33","modified_gmt":"2016-01-28T15:57:33","slug":"el-color-de-la-sal-de-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-color-de-la-sal-de-la-tierra\/","title":{"rendered":"El color de la sal de la tierra"},"content":{"rendered":"<p>Un tipo nuevo de guerra en rural parece no haber despertado todav\u00eda el merecido inter\u00e9s de la gran prensa: la lucha de comunidades remanentes de esclavos fugitivos [quilombolas] por la propiedad de la tierra en todo el pa\u00eds. A lo mejor por la relativa novedad. Aunque con la Constituci\u00f3n de 1988 (art\u00edculo 68 del Cap\u00edtulo de las Disposiciones Constitucionales Transitorias) se haya creado una herramienta legal de posesi\u00f3n, solamente a partir del Decreto 4.887, de 20 de noviembre de 2003, la cuesti\u00f3n se volvi\u00f3 conflictiva. Su art\u00edculo 2\u00ba establece criterios m\u00e1s completos para conceptuar el t\u00e9rmino y considera los remanentes de las comunidades de los llamados quilombos y los grupos \u00e9tnico-raciales seg\u00fan criterios de autoatribuci\u00f3n, con trayectoria hist\u00f3rica propia, presunci\u00f3n de ancestralidad negra relacionada con la resistencia a la opresi\u00f3n hist\u00f3rica sufrida.<\/p>\n<p>El proceso de certificaci\u00f3n de propiedad, sin embargo, es burocr\u00e1tico y lento. La Fundaci\u00f3n Cultural Palmares analiza actualmente procesos de regularizaci\u00f3n de tierras para los remanentes de los quilombos que deber\u00e1 beneficiar a 500 comunidades de 300 territorios. La meta es, hasta el fin del pr\u00f3ximo a\u00f1o, certificar 22.650 familias de 969 comunidades negras en todo el territorio nacional. Est\u00e1n identificadas oficialmente mil localidades en condiciones de ser atendidas, diseminadas por todos los estados brasile\u00f1os, de norte a sur las mayores concentraciones est\u00e1n en Bah\u00eda y en Mara\u00f1\u00f3n.<\/p>\n<p>Con el inicio de las demarcaciones, la pol\u00e9mica se ampli\u00f3 entre propietarios, alcald\u00edas y entidades rurales. Del otro lado, las comunidades quilombolas cuentan con entidades de derechos humanos, principalmente la Pastoral de la Tierra. El Legislativo federal, entonces, ha sido la arena de la pelea entre lobistas de los dos lados. Como resultado, ya tramita en la C\u00e1mara de los Diputados el Proyecto de Decreto Legislativo (PDL) 44\/2007, del diputado federal Valdir Colatto (PMDB-SC), que, si es aprobado, deja sin efecto la aplicaci\u00f3n del decreto de 2003.<\/p>\n<p>En cuanto eso, las comunidades remanentes y su rica historia se han convertido cada vez m\u00e1s en objeto de inter\u00e9s de tesis de maestr\u00eda y doctorado en todo el pa\u00eds. En verdad, el propio debate para darles protecci\u00f3n de la ley y aplicaci\u00f3n cont\u00f3 con la presencia activa de la academia, como revela una de las pioneras en el asunto, Neusa Maria Mendes de Gusm\u00e3o, antrop\u00f3loga y profesora asociada del Instituto de Filosof\u00eda y Ciencias Humanas (IFCH) de la Unicamp. Fruto de la lucha social de los movimientos negros, explica ella, la discusi\u00f3n involucr\u00f3 tambi\u00e9n desde los a\u00f1os 1970 investigadores y acad\u00e9micos preocupados con la cuesti\u00f3n racial en Brasil.<\/p>\n<p>Entre ellos los antrop\u00f3logos. Muchos pasaron, en los a\u00f1os 1990, a ser sistem\u00e1ticamente solicitados a tomar posici\u00f3n delante de la conquista del dispositivo legal o hasta a suministrar procesos de reivindicaci\u00f3n de las tierras quilombolas. Hab\u00eda, sin embargo, una pol\u00e9mica instaurada en relaci\u00f3n al enunciado de la ley alrededor de los t\u00e9rminos\u00a0 remanentes y quilombos. Uno remit\u00eda a alguna cosa que sobrevivi\u00f3 y otro consolidado por la historiograf\u00eda conservadora y de dominio del sentido com\u00fan a un grupo o colectivo de negros fugitivos (de la esclavitud). La cuesti\u00f3n se volvi\u00f3 objetivo de debates acalorados no s\u00f3lo entre acad\u00e9micos, sino entre juristas y pol\u00edticos.<\/p>\n<p>El impasse, prosigue ella, acab\u00f3 por movilizar a los antrop\u00f3logos y la Asociaci\u00f3n Brasile\u00f1a de Antropolog\u00eda (ABA) con el fin de rever la significaci\u00f3n posible de esos t\u00e9rminos, de modo que haga factible el derecho de esos grupos a su tierra. Eso sucedi\u00f3 no solamente por la naturaleza del envolvimiento del antrop\u00f3logo brasile\u00f1o con las poblaciones que estudia, sino en raz\u00f3n de la demanda del propio Estado, que requiri\u00f3 de la ABA su experiencia en la realizaci\u00f3n y emisi\u00f3n de laudos periciales de tierras ind\u00edgenas y otras, tendiendo a hacer factible los principios contenidos en el art\u00edculo 68.<\/p>\n<p>La designaci\u00f3n de quilombo como grupo de negros fugitivos, afirma ella, podr\u00eda sugerir en el proceso jur\u00eddico que las actuales comunidades ser\u00edan resquicios del pasado y que tendr\u00edan que comprobar ese origen. Sin embargo, la constituci\u00f3n de esas realidades negras rurales obedecieron a determinaciones hist\u00f3ricas diversas y no se dieron por un camino \u00fanico y homog\u00e9neo, como bien muestra la historia de Campinho de la Independencia. As\u00ed, las m\u00faltiples formas de acceso a la tierra, hist\u00f3ricamente constituidas, no podr\u00edan ser reconocidas en la concepci\u00f3n tradicional de quilombo en portugu\u00e9s. Con eso, la ley, m\u00e1s que beneficiar a los grupos como pretendido, podr\u00eda ser un l\u00edmite a la propia conquista de la tierra.<\/p>\n<p>En ese contexto, el GT de la ABA, en la b\u00fasqueda del alcance conceptual para la efectiva aplicaci\u00f3n de la ley, pas\u00f3 a designar el t\u00e9rmino remanente de quilombos como un legado, una herencia cultural y material que da a los grupos negros en contexto rural una referencia propia de un modo de ser y pertenecer a un lugar espec\u00edfico (Doc. De la ABA, 1994). En ese sentido, explica Neusa Gusm\u00e3o, queda claro que esos grupos no son resquicios, supervivencias o lo que quiera que sea. Se trata de grupos con pr\u00e1cticas cotidianas de resistencia, lo que permite que ellos se mantengan y se reproduzcan por medio de modos de vida espec\u00edficos y vinculados a un territorio que consideran suyo, as\u00ed como a trav\u00e9s de reglas de pertenencia y de uso colectivo de la tierra. Son organizados y orientados por el parentesco com\u00fan y en lazos de solidariedad y reciprocidad.<\/p>\n<p>Para la antrop\u00f3loga, dos d\u00e9cadas despu\u00e9s de la promulgaci\u00f3n de la ley, el escenario a\u00fan est\u00e1 compuesto por muchos desaf\u00edos. Los debates que involucran a los muchos agentes y agencias, \u00f3rganos p\u00fablicos y otros en la definici\u00f3n y titulaci\u00f3n de las tierras quilombolas a\u00fan enfrentan muchos l\u00edmites. La indefinici\u00f3n de los par\u00e1metros jur\u00eddicos y pol\u00edticos persiste, afirma, en raz\u00f3n de diferentes entendimientos y debido a nuevas demandas que se refieren\u00a0 a los intereses en juego en los espacios ocupados por los grupos negros, en una o en otra realidad particular. Hay conflictos entre \u00f3rganos responsables por la aplicaci\u00f3n de la ley (el caso de las comunidades del Valle de Ribeira en S\u00e3o Paulo es emblem\u00e1tico) y tambi\u00e9n entre \u00f3rganos civiles y asociaciones que se crean con la finalidad de conducir la lucha en el campo institucional.<\/p>\n<p>Por otro lado, agrega ella, es innegable que hubo avances significativos. No s\u00f3lo la mayor visibilidad de la existencia de esos grupos y la constataci\u00f3n de que no son pocos, sino tambi\u00e9n el hecho de que reconocidos (en mayor n\u00famero) o ya titulados (pocos entre los reconocidos) y con registros efectivos de una tierra propia (poqu\u00edsimos) pasan a tener acceso a beneficios varios.<\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 igualmente un proceso de fortalecimiento de la historia com\u00fan y de nuevas formas de organizaci\u00f3n tendiente ahora no solamente a un vivir para dentro sino tambi\u00e9n para el mundo exterior y, en \u00e9l, una serie de derechos que van desde la atenci\u00f3n a la salud y la educaci\u00f3n al de obtenci\u00f3n de financiaci\u00f3n para proyectos de desarrollo local y cooperaci\u00f3n con \u00f3rganos p\u00fablicos, entre otros.\u00a0 Tuvo lugar a\u00fan el fortalecimiento de redes de apoyo y se constituyen otras fuentes de renta con base en actividades familiares y\/o grupales.<\/p>\n<p>No obstante, los entendimientos diversos de las diferentes agencias con respecto de la conducci\u00f3n de los procesos afectan lo cotidiano de los grupos por la persistencia de la indefinici\u00f3n y el constante reavivar de las amenazas sobre las tierras (a\u00fan reconocidas como quilombolas lo que sucede en la primera fase del proceso). A veces, hasta cuando ya tituladas, las comunidades remamentes no consiguen registrar sus t\u00edtulos ante notario y quedan\u00a0 a merced de nuevos conflictos con los que se oponen a su derecho. Eso significa que desde 1988 hasta el presente muchas fueron las conquistas, pero no todas se encuentran consolidadas. Ese hecho exige mucha movilizaci\u00f3n por parte de todos los involucrados y solidarios a la causa negra. Por lo tanto, el reconocimiento act\u00faa en el sentido de dar visibilidad y legitimidad al grupo para obtener por medio de s\u00faplicas el proceso jur\u00eddico de derecho a la tierra, sin embargo no define ese derecho. Para ello, es necesario cumplir las cuatro fases del proceso de regularizaci\u00f3n de las tierras, o sea, identificaci\u00f3n y demarcaci\u00f3n de los l\u00edmites, reconocimiento oficial, otorgamiento del t\u00edtulo y registro ante el notario de inmuebles. La autora de la tesis de doctorado Barrios negros del Valle de Ribeira: del esclavo al quilombo, Maria Celina Pereira de Carvalho cree que el aislamiento de las comunidades en el comienzo del siglo XXI no es tan geogr\u00e1fico, sino pol\u00edtico. Existen proyectos para ayudarlos, el problema es que todo llega listo desde afuera, no es discutido con la comunidad para atender mejor a sus necesidades. Es necesario consultar cada grupo y debatir con ellos lo que debe ser hecho. A\u00fan as\u00ed, la lucha por la tierra trajo una nueva mentalidad a los habitantes de las comunidades. Antes algunos no sab\u00edan que viv\u00edan en reductos ni les gustaban que los llamaran negros. Actualmente eso cambi\u00f3 mucho, existe una clara autovaloraci\u00f3n y mejora de la autoestima.<\/p>\n<p>La movilizaci\u00f3n en la regi\u00f3n que ella estudi\u00f3 tuvo su inicio en 1994, con la llegada de la Pastoral de la Tierra, que llev\u00f3 a los habitantes la idea de como los quilombolas podr\u00edan protegerse de invasores y obtener el t\u00edtulo de sus propiedades. Hoy muchos est\u00e1n organizados pol\u00edticamente. Saben tambi\u00e9n que necesitan actuar as\u00ed para impedir que sus casas sean cubiertas por las aguas de las represas. Adem\u00e1s, ha sido muy fuerte el papel de las mujeres en ese sentido.<\/p>\n<p>Maria Celina se aproxim\u00f3 del tema en 1997, cuando particip\u00f3 en un seminario sobre la amenaza a las comunidades remanentes con las construcciones de represas en Vale do Ribeira. Ella entr\u00f3 en contacto con las comunidades y decidi\u00f3 estudiarlas como tesis de doctorado en la Unicamp. Por coincidencia, dos a\u00f1os despu\u00e9s, comenz\u00f3 a trabajar en el Instituto de Tierras de S\u00e3o Paulo, donde qued\u00f3\u00a0 encargada de elaborar los informes t\u00e9cnico-cient\u00edficos para efecto del reconocimiento y titulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ella enfoc\u00f3 los poblados de Galv\u00e3o y S\u00e3o Pedro y se depar\u00f3 con la fascinante historia de Bernardo Furkin, que mont\u00f3 el quilombo con un grupo de fugitivos cerca de la naciente del r\u00edo Boc\u00f3 alrededor de 1830. Poco a poco, Furkin consigui\u00f3 estructurar con los vecinos una eficiente red de informaci\u00f3n que permiti\u00f3 la defensa y la llegada de nuevos fugitivos. Al mismo tiempo, formaron alianzas por medio de casamientos.<\/p>\n<p>La educadora minera Ana Luiza de Souza, que defendi\u00f3 la tesis de maestr\u00eda Historia, educaci\u00f3n y lo cotidiano de un quilombo llamado Mumbuca (Minas Gerais), en la Unicamp, pas\u00f3 a interesarse por la cuesti\u00f3n de los quilombolas al mudarse para la regi\u00f3n del Vale de Jequitinhonha, cuando mantuvo contacto con comunidades all\u00e1 existentes. Ella revela un aspecto interesante de Mumbuca: hab\u00eda una tradici\u00f3n establecida por su fundador, Jos\u00e9 Cl\u00e1udio de Souza, de que todos los habitantes\u00a0 recibiesen educaci\u00f3n escolar. Souza era instruido y, despu\u00e9s de dejar la mina, donde supuestamente acumul\u00f3 una peque\u00f1a fortuna, compr\u00f3 en 1862 un \u00e1rea bastante aislada, que dio origen a un reducto. Fue esa curiosa caracter\u00edstica lo que despert\u00f3 la atenci\u00f3n de la investigadora, que reconstituy\u00f3 su historia, con \u00e9nfasis en la educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El \u00e1rea del antiguo quilombo es actualmente disputada por un hacendado que usa un certificado de propiedad del ex-esclavo para alegar derecho a usucapi\u00f3n. Ana Luiza cuenta que, durante mucho tiempo, hasta la d\u00e9cada de 1960, Mumbuca vivi\u00f3 con prosperidad, gracias al cultivo del caf\u00e9. En las ciudades vecinas, sus habitantes eran respetados como negros trabajadores y letrados. La declinaci\u00f3n comenz\u00f3 cuando la pol\u00edtica de protecci\u00f3n a la exportaci\u00f3n del caf\u00e9 determin\u00f3 que todas las plantaciones antiguas fuesen destruidas. Para sobrevivir, los quilombolas recurrieron a la yuca, cuyo rendimiento es bien menor. Hoy, mientras disputan en la Justicia la posesi\u00f3n de la tierra, ellos y un grupo de educadores, del cual Ana Luiza forma parte, luchan para recuperar sus tradiciones, como la Fiesta del Rosario.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n de los quilombos de Vale do Ribeira con el movimiento social tambi\u00e9n fue el tema de la tesis de maestr\u00eda del soci\u00f3logo Leandro Rosa por la Unesp. Asesor de cultura para G\u00e9neros y Etnias de la Secretaria de Estado de la Cultura de S\u00e3o Paulo, Rosa se inclino sobre los cambios tra\u00eddos a los quilombolas por la Constituci\u00f3n de 1988. Seg\u00fan \u00e9l, tanto en los remanentes paulistas como en otros estados se ve el surgimiento de una conciencia pol\u00edtica explotada y potencializada sobre todo por la actuaci\u00f3n de la Pastoral de la Tierra y otros movimientos sociales, de los amenazados o alcanzados por las represas, que pasan a incorporar las tierras protegidas por la Constituci\u00f3n para que refuercen sus discursos. Por lo tanto, debemos desmitificar algunas cosas. La primera es la de decir que no existe (o es excepci\u00f3n) encontrar una conciencia pol\u00edtica entre los quilombolas.<\/p>\n<p>Y esa conciencia, cree \u00e9l, siempre existi\u00f3 en esas comunidades. Lo que vino de nuevo fueron nuevos elementos de lucha y que por tratarse de una cuesti\u00f3n agraria grave viene al caso ahora con m\u00e1s visibilidad. El investigador defiende en su tesina que una comunidad remanente de esclavos fugitivos es, antes de m\u00e1s nada, un movimiento social. Es un movimiento hist\u00f3rico y por lo tanto su movilizaci\u00f3n de resistencia es pol\u00edtica y inmanente a ella. L\u00f3gicamente, la actuaci\u00f3n dentro de la comunidad y en su entorno siempre pas\u00f3 desapercibida de la dicha historia oficial, salvo en cuestiones de conflicto o guerra (vide Palmares). Por lo tanto, hoy en d\u00eda esa actuaci\u00f3n es m\u00e1s bien calificada porque tiene m\u00e1s elementos protecci\u00f3n de la ley y otras banderas, como la cuesti\u00f3n ecol\u00f3gica,\u00a0 de las mujeres quilombolas, la agraria, la \u00e9tnica etc.<\/p>\n<p>Carmem L\u00facia Rodrigues, profesora del Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad de S\u00e3o Paulo (Esalq), cree que no hay prejuicio detallado que justifique la carencia de ciertas comunidades, como en general sucede cuando se trata de la cultura negra en Brasil. En el caso de los quilombolas, sus \u00e1reas se transformaron, curiosamente, en atractivo tur\u00edstico el caso de la comunidad del Mandira cerca de Canan\u00e9ia.<\/p>\n<p>La autora de la tesis de doctorado L\u00edmites del consenso: territorios polisemicos en el Bosque Atl\u00e1ntico y la gesti\u00f3n ambiental participativa, ella sugiere observar dos comunidades bastante divergentes en cuanto a su integraci\u00f3n y al desarrollo: la del Mandira, en Canan\u00e9ia que tiene el apoyo de diversos proyectos gubernamentales y de ONGs y cre\u00f3 una depuradora de ostras con \u00e9xito y la del Cambury, localizada en el interior del parque estadual de la Sierra del Mar, N\u00facleo Picinguaba, municipio de Ubatuba, que, en su opini\u00f3n, tuvo poco apoyo del poder p\u00fablico hasta el momento, a excepci\u00f3n de la construcci\u00f3n de equipamientos de saneamiento b\u00e1sico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Antiguas comunidades de esclavos fugitivos buscan garantizar la propiedad","protected":false},"author":50,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[310,330],"coauthors":[337],"class_list":["post-83568","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es","tag-historia-es","tag-sociologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83568","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/50"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83568"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83568\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83568"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83568"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83568"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83568"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}