{"id":83569,"date":"2007-11-01T00:00:00","date_gmt":"2007-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/11\/01\/el-duro-fardo-de-ser-simbolo-un-nacional\/"},"modified":"2016-01-28T13:59:21","modified_gmt":"2016-01-28T15:59:21","slug":"el-duro-fardo-de-ser-simbolo-un-nacional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-duro-fardo-de-ser-simbolo-un-nacional\/","title":{"rendered":"El duro fardo de ser s\u00edmbolo un nacional"},"content":{"rendered":"<p>Durante varios a\u00f1os \u00e9l gener\u00f3 malestar para muchos brasile\u00f1os &#8211; era sin\u00f3nimo de la hora de apagar la radio cuando se iniciaban los acordes de su obra m\u00e1s conocida, la \u00f3pera O Guarani, que abr\u00eda, desde la \u00e9poca del Estado Novo, la c\u00e9lebre Hora do Brasil (hoy ella contin\u00faa all\u00e1, pero en versi\u00f3n modernita). Pobre del pa\u00eds que necesita\u00a0 h\u00e9roes, a\u00fan m\u00e1s pobre aqu\u00e9l que no sabe qu\u00e9 hacer de ellos: nuestro Carlos Gomes (1836-1896) fue el primer m\u00fasico brasile\u00f1o erudito en conquistar auditorios internacionales, el compositor de \u00f3peras italianas m\u00e1s representado en el Teatro alla Scala, de Mil\u00e1n, despu\u00e9s de Verdi, entre 1870 y 1879. Unido por lazos de amistad y gratitud a Pedro II, fue dejado en el ostracismo por la Rep\u00fablica, retirado del limbo por Vargas y, pobre Nh\u00f4 Tonico, elevado a s\u00edmbolo patrio en los a\u00f1os 1970.<\/p>\n<p>No se puede negar que a Brasil le gusta recordarlo de cuando en cuando, pero, al contrario de Villa-Lobos (un notorio colaborador del Estado Novo), nuestro maestro soberano, Carlos Gomes es, seg\u00fan asevera el profesor de historia de la m\u00fasica de la ECA-USP, Lorenzo Mamm\u00ec, autor de una m\u00fasica famos\u00edsima y, al mismo tiempo, casi desconocida. En el universo cultural de la Rep\u00fablica Vieja, \u00e9l era la nostalgia del antiguo r\u00e9gimen y tambi\u00e9n s\u00edntoma del mal gusto de una peque\u00f1a burgues\u00eda de inmigraci\u00f3n reciente, los italianos carcamanos. Para los modernos del 22, era el ejemplo de la decadencia del arte tradicional en oposici\u00f3n directa a la m\u00fasica de Villa. Hasta cuando lo elogia, con parcimonia, Mario de Andrade advierte que representar una obra suya ser\u00eda proclamar el bostezo una sensaci\u00f3n est\u00e9tica. Preocupada con esas capas de desprecio que le endilgaron compositor que Lenita Waldiges Nogueira, profesora de m\u00fasica del Instituto de Artes de la Unicamp, resolvi\u00f3 dedicarse a rescatar al maestro de Campinas de su ambigua calidad de ilustre desconocido. La obra de Carlos Gomes fue soslayada no por su calidad musical, sino en raz\u00f3n de una imagen p\u00fablica creada a su rebeld\u00eda y para la cual \u00e9l ciertamente en nada colabor\u00f3, explica la investigadora, que acaba de lanzar Nh\u00f4 Tonico y el burrico de palo: la historia de Carlos Gomes por \u00e9l mismo, un libro, dice, escrito a cuatro manos.<\/p>\n<p>Al final, deseando huir de una biograf\u00eda tradicional, la profesora opt\u00f3 por retratar al compositor de Fosca a partir de sus cartas, numerosas, intercambiadas con familiares, amigos, colegas y editores, entre otros, en que, cuenta, \u00e9l revela diversos aspectos de su vida, desmitificando y humanizando la figura del m\u00fasico. La primera edici\u00f3n del libro, hecho con el apoyo de la Alcald\u00eda Municipal de Campinas, ser\u00e1 solamente para distribuci\u00f3n en escuelas, museos y universidades. Surge el hombre Carlos Gomes, con sus miserias cotidianas en busca eterna de dinero para saldar sus deudas crecientes, lo depresivo que se sent\u00eda incomprendido entre los europeos y a\u00fan m\u00e1s en su pa\u00eds natal, que, efectivamente, amaba, al punto de gastar fortunas en una villa en los alrededores de Mil\u00e1n, la Villa Brasilia, en que exhib\u00eda orgullosamente colores y s\u00edmbolos nacionales. Hay detalles tocantes, como la carta enviada, en 1860, al padre, el tambi\u00e9n m\u00fasico Maneco Gomes, en la que intenta ganar el perd\u00f3n paterno hablando de su \u00e9xito inicial: Mi buen padre, escribo para no demorar una buena noticia. Al final tengo un libreto, La noche del castillo, y comienzo a trabajar hoy mismo en la composici\u00f3n de la \u00f3pera. Prep\u00e1rese para venir a R\u00edo. Nostalgias muchas a las manas y a los manos, bend\u00edgame como su hijo muy agradecido. Carlos.<\/p>\n<p>El original de la partitura de esta primera obra l\u00edrica de Carlos Gomes, a prop\u00f3sito, fue rescatado, en 1999, por la USP, con apoyo de la FAPESP, que, en 2003, tambi\u00e9n financi\u00f3 la edici\u00f3n cr\u00edtica de otra \u00f3pera suya, Joana de Flandres, hecha por Lenita Waldiges. Se habla mucho de \u00e9l, pero poco se escucha de lo que \u00e9l cre\u00f3. Su rehabilitaci\u00f3n como h\u00e9roe nacional caus\u00f3 m\u00e1s da\u00f1os que beneficios a su imagen, reitera la investigadora. Las falsificaciones de la biograf\u00eda de Carlos Gomes son tan reveladoras cuanto los hechos, concuerda Mamm\u00ec. De tez oscura, siempre se consider\u00f3 descendiente de indios, y no mulato, rode\u00e1ndose, en su Villa Brasilia, de objetos ind\u00edgenas, que dec\u00eda pertenecieron a la tribu de sus antepasados. Man\u00eda curiosa, repetida, en otro contexto, en otros tiempos, por Villa, que adoraba contar, en Par\u00eds, que hab\u00eda sido prisionero de indios canibales y, con ellos, hab\u00eda aprendido los sonidos primarios del Brasil. En el caso de Carlos Gomes, ese indianismo es m\u00e1s de lo que un disfraz oportuno, pues comporta una identificaci\u00f3n profunda. Yo soy de una raza b\u00e1rbara, pero reconocida hasta la muerte a quien sepa apreciarla, escribi\u00f3 en una carta. Peri no lo habr\u00eda dicho mejor, observa Mamm\u00ec.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s el \u00e9xito con La Noche del castillo, estrenada en el aniversario de casamiento del emperador, el m\u00fasico se muda para Mil\u00e1n con una beca de estudios obtenida por m\u00e9rito propio, que, al contrario de la leyenda, no fue concedida por Pedro II, sino por don Jos\u00e9 Amat, el creador de la \u00d3pera Nacional, un proyecto que pretend\u00eda promover el canto en lengua portuguesa. Tampoco, como se piensa, fue alumno regular del Conservatorio de Mil\u00e1n, dada su edad m\u00e1s avanzada, pero tuvo clases particulares como compositor en perfeccionamiento. Lleg\u00f3 a Italia en un momento cr\u00edtico, en que el melodrama italiano era atacado por una joven intelligentsia que hablaba de lavar el altar del arte, sucio como una pared de lupanar, como observa el music\u00f3logo Marcus G\u00f3es en La fuerza ind\u00f3mita, estudio definitivo sobre Carlos Gomes. El guaran\u00ed fue estrenado en la Scala en 1870 y caus\u00f3 estupefacci\u00f3n. Los intelectuales y casi todos los m\u00fasicos quer\u00edan algo nuevo y, all\u00ed, de repente, un extranjero aparece en el palco con una obra que ten\u00eda, aunque rudimentariamente, lo que todos quer\u00edan: mayor unidad dram\u00e1tica, continuidad del discurso musical, no insistencia en n\u00fameros cerrados, adecuaci\u00f3n de la m\u00fasica a la escena, nuevos ritmos y armon\u00edas audaces, acota G\u00f3es.<\/p>\n<p>Con el mayor suceso l\u00edrico de los palcos italianos desde Il trovatore, de Verdi, Carlos Gomes vio su proyecto colocado de cabeza para bajo: \u00c9l dej\u00f3 de ser el joven bachiller encargado de importar el lenguaje musical europeo para el teatro brasile\u00f1o y se convirti\u00f3, mucho antes de lo esperado, el representante brasile\u00f1o entre las naciones l\u00edderes de producci\u00f3n cultural europea, anota Mamm\u00ec. En vez de los faroleros de Villa, a quien le encantaba decir que hab\u00eda ido a Europa a ense\u00f1ar, y no a aprender, Carlos Gomes efectivamente consigui\u00f3 ser un hito en la m\u00fasica internacional de su \u00e9poca. Y, al mismo tiempo, que su pa\u00eds. Si el Segundo Reinado se caracteriza justamente por el intento de construir un perfil cultural nacional, cimentando trazos locales con un lenguaje internacional, se puede decir que El guaran\u00ed es su producto art\u00edstico m\u00e1s exitoso, completa el investigador.<\/p>\n<p>Eso, sin embargo, no trajo nada bueno al compositor. El d\u00eda 15 de noviembre de 1889 \u00e9l estaba de paso por Campinas, a\u00fan viviendo en Mil\u00e1n. El choque fue de tal naturaleza contra mi coraz\u00f3n de amigo de la Augusta Familia Real, que me qued\u00e9 hasta hoy pasmado. Mi salud ha sufrido mucho, pues siento hasta faltar el equilibrio corporal. Dios perdone a los autores de semejante acto brutal y proteja la tierra y el pueblo brasile\u00f1o, escribi\u00f3, el 20 de noviembre, a un amigo. Antes a\u00fan de la ca\u00edda del Imperio, ya en 1888, Carlos Gomes hab\u00eda tenido problemas en la presentaci\u00f3n de la \u00f3pera El esclavo, cuyo estreno, en R\u00edo de Janeiro, caus\u00f3 pol\u00e9mica en los c\u00edrculos abolicionistas por haber transformado a los esclavos del texto original de Taunay en indios, dedicando la obra a la princesa Isabel, representante del r\u00e9gimen que se corromp\u00eda, observa Lenita. La investigadora recuerda que en ninguna de sus cartas el compositor toca en la cuesti\u00f3n de la monarqu\u00eda de forma ideologizada. No hab\u00eda compromiso pol\u00edtico por parte de \u00e9l, sino gratitud y amistad por la familia real. Nunca manifest\u00f3 simpat\u00eda por el r\u00e9gimen.<\/p>\n<p>Carlos Gomes describi\u00f3 en una carta su credo pol\u00edtico: Todos saben que yo no tengo pol\u00edtica, que no me meto en barullo (a no ser el de la m\u00fasica), pero que como brasile\u00f1o patriota tengo el derecho de censurar o aplaudir los actos y procedimientos de quien gobierna a nuestra tierra, del mismo modo que cualquier politicazo diletante de la m\u00fasica est\u00e1 en el derecho de gustar o no de mi m\u00fasica. Cada vez me convenzo a\u00fan m\u00e1s de que el arte y los artistas de alg\u00fan merecimiento, todos reunidos, nada valen, en comparaci\u00f3n a uno s\u00f3lo de la pol\u00edtica. Problemas a la vista. A los cuales se sumaban las crisis personales y financieras por las que pasaba en\u00a0 Italia. A pesar de la buena recepci\u00f3n del Condor, en 1891, el m\u00fasico comenzaba a sentirse inc\u00f3modo en Mil\u00e1n, pues era extranjero y no era visto con buenos ojos por los compositores italianos, que no quer\u00edan un salvaje de piel morena ocupando su espacio, cuenta la profesora. Lorenzo Mamm\u00ec recuerda que el compositor de aquellos a\u00f1os era un hombre dividido entre dos mundos: de un lado, la Italia, que significaba la gloria, pero desgaste emocional y f\u00edsico, as\u00ed\u00a0 como una competencia creciente. Del otro, Brasil, donde las perspectivas eran limitadas y \u00e9l cre\u00eda que ser\u00eda tratado como h\u00e9roe y no tendr\u00eda rivales. Ledo enga\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00a1La frialdad de una respuesta de esa \u00edndole es de truncar el arrojo de un busca vida en la noche de S\u00e3o Jo\u00e3o! Pues un JOVEN como yo \u00bfpuede tener tiempo para esperar \u00bfHasta cu\u00e1ndo? \u00bfHasta que el perezoso o el oso hormiguero vayan subiendo hasta coger el tallo de la emba\u00fava?, escribi\u00f3 en 1893, despu\u00e9s de un intento sin \u00e9xito de crear un conservatorio musical en Campinas. Fue preterido en favor de Leopoldo Miguez, vinculado a los republicanos, como director del Conservatorio de R\u00edo de Janeiro: All\u00e1 no me quieren ni para portero del conservatorio, se lament\u00f3 el compositor, cada vez m\u00e1s lleno de dudas, envejecido, con una enfermedad grave en la lengua, desempleado y teniendo que cuidar a un hijo tuberculoso. En el fin de la vida, en 1895, recibi\u00f3 la invitaci\u00f3n para dirigir el Conservatorio de Bel\u00e9m de Par\u00e1, donde muri\u00f3 en 1896. En 1905 es inaugurado el monumento-tumba em el centro de Campinas, con la presencia de autoridades de la Rep\u00fablica. Esta estaba consolidada y no hab\u00eda raz\u00f3n para que Carlos Gomes fuese rechazado. Al contrario, era el ejemplo de un brasile\u00f1o humilde que venci\u00f3 en el exterior, observa Lenita. Durante el gobierno Vargas la figura (y no el m\u00fasico) se convirti\u00f3 en una figura de la patria. En el Museo Carlos Gomes en Campinas pueden ser encontradas fotos en que corporaciones y pol\u00edticos rinden homenaje en su tumba. Una de las m\u00e1s curiosas es la de un grupo de integralistas perfilados, con la ya anciana Anna Gomes, hermana del compositor, teniendo de fondo su estatua portentosa. Por fin lleg\u00f3 al dial de los radios, llevado por la dictadura varguista, pr\u00e1ctica continuada en la dictadura militar.<\/p>\n<p>Si hay algo incompleto en su vida, no es por no haber conseguido mezclarse con la verdadera naturaleza de su naci\u00f3n. Es, al contrario, haber quedado inevitablemente unido a ella, su situaci\u00f3n hist\u00f3rica y sus l\u00edmites, analiza Mamm\u00ec. No sin raz\u00f3n, en el final de la vida, observa Lenita, nuevamente Nh\u00f4 Tonico escribe una carta en la cual habla de su infancia, de la nostalgia de los cambu\u00eds floridos y de los juegos en la calle de las Casitas, donde participaba de las procesiones y, despu\u00e9s, con amigos, corr\u00eda atr\u00e1s del judas, cuando no empinaba papalotes por Campinas. Ni so\u00f1aba en ser h\u00e9roe.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Biograf\u00eda muestra que el ensalzar a Carlos Gomes le hizo mal al compositor","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-83569","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83569","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83569"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83569\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83569"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83569"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83569"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83569"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}