{"id":83571,"date":"2007-11-01T00:00:00","date_gmt":"2007-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/11\/01\/jugadas-femeninas\/"},"modified":"2016-01-28T14:04:28","modified_gmt":"2016-01-28T16:04:28","slug":"jugadas-femeninas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/jugadas-femeninas\/","title":{"rendered":"Jugadas femeninas"},"content":{"rendered":"<p>En el mundo encantado de los clich\u00e9s, si hoy en d\u00eda hay controversias sobre el hecho de que Dios es brasile\u00f1o, nadie osa poner en duda el mayor entre ellos: Brasil es el pa\u00eds del f\u00fatbol. Sin embargo, siendo blanco del inter\u00e9s y preocupaci\u00f3n de millones, en esta tierra el f\u00fatbol es cosa de hombre. Eso no se discute. Cuando la mujer sabe lo que es la ley del off side, aplausos para ella, afirma Jorge Dorfman Knijnik, profesor de la Escuela de Educaci\u00f3n F\u00edsica y Deportes de la Universidad de S\u00e3o Paulo y autor de la tesis doctoral Femeninos y masculinos en el f\u00fatbol brasile\u00f1o, presentada al Instituto de Psicolog\u00eda de la USP y dirigida por Esdras Vasconcellos. El investigador entrevist\u00f3 a 33 atletas que disputaron el campeonato paulista femenino de f\u00fatbol de 2004 y traz\u00f3 un perfil de sus alegr\u00edas y angustias. Que, adem\u00e1s, no son pocas: 57,4% de las jugadoras, entre 16 y 21 a\u00f1os, se\u00f1al\u00f3 el prejuicio como causa de estr\u00e9s en el f\u00fatbol; en aqu\u00e9llas entre 22 y 27 a\u00f1os el valor trepa al 50%. A pesar de eso, 61% de las muchachas fueron enf\u00e1ticas al afirmar que las ganas de jugar y el amor al deporte son m\u00e1s fuertes que cualquier presi\u00f3n o discriminaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La propia legislaci\u00f3n deportiva no las ayud\u00f3: solamente en 1979 fue revocada una ley del antiguo Consejo Nacional de Deportes, datada del Estado Nuevo, que prohib\u00eda a las mujeres jugar f\u00fatbol en el pa\u00eds. Por la importancia es magnitud que posee el f\u00fatbol en Brasil, que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de los estadios y campos, alcanzando hasta a nuestra comunicaci\u00f3n cotidiana, este deber\u00eda ser un fen\u00f3meno en que todos, sin distinciones, pudiesen formar parte, lo que no sucede, cuando las muchachas y mujeres se ven sistem\u00e1ticamente alejadas de la pr\u00e1ctica futbol\u00edstica, avisa el investigador. En un final, si intelectuales del presente y del pasado (entre ellos, Gilberto Freyre) atribuyen al f\u00fatbol la capacidad de generar la identidad nacional brasile\u00f1a, excluir al sexo femenino del juego es, en ese contexto, lo mismo que dejarlas fuera de esa naci\u00f3n club de la bolita. Si mucha gente se qued\u00f3 pegada a la TV para acompa\u00f1ar el time brasile\u00f1o luchando contra las alemanas, en la Copa Femenina de 2007, en\u00a0 China, ese es un pasatiempo reciente, surgido, anota el profesor, a partir del subcampeonato alcanzado por el f\u00fatbol femenino en los Juegos Ol\u00edmpicos de Atenas, en 2004. En ellos, el t\u00e9cnico brasile\u00f1o, Ren\u00e9 Sim\u00f5es, pidi\u00f3 disculpas a las hijas, delante de las c\u00e1maras de televisi\u00f3n, por nunca haberles regalado\u00a0 una bola o haberlas ense\u00f1ado a jugar.<\/p>\n<p><strong>Brecha<br \/>\n<\/strong>Ya fue complejo que las mujeres entren en el deporte, oblig\u00e1ndolas a usar la brecha abierta por los Juegos Ol\u00edmpicos modernos, a pesar de la desaprobaci\u00f3n de su creador, Pierre de Coubertin, para quien ellas eran imitaciones imperfectas y trabajaban para la corrupci\u00f3n del deporte. El esfuerzo f\u00edsico, la rivalidad, los m\u00fasculos, la libertad de movimientos, la ligereza de las ropas, se pensaba, que eran factores que ablandar\u00edan los l\u00edmites de una imagen ideal de ser femenina y tambi\u00e9n colocaban en jaque el mito de la fragilidad femenina. El cuerpo femenino s\u00f3lo deber\u00eda ser preparado f\u00edsicamente para una buena maternidad, explica Silvana Goellner, profesora de la Escuela de Educaci\u00f3n F\u00edsica de la Universidad Federal de R\u00edo Grande do Sul. El deporte brit\u00e1nico era, en ese sentido, a\u00fan m\u00e1s condenable, por su supuesta violencia, caracter\u00edsticamente viril. De ah\u00ed que una de las primeras partidas de f\u00fatbol en Brasil, en 1913, destinada a recaudar fondos para la construcci\u00f3n de un hospital infantil, haber sido en verdad un f\u00fatbol travestido: la mayor\u00eda de los jugadores eran hombres con vestidos y pelucas, mezclados a pocas se\u00f1oritas de la sociedad. El prejuicio tiene historia.<\/p>\n<p>El prejuicio, muestran nuestros datos, aparece desde el inicio, revelando que masculinos y femeninos en el f\u00fatbol existen desde la infancia de las jugadoras. Las muchachas encuentran dificultades para jugar o son estereotipadas como homosexuales. Aprisionados en una orden de g\u00e9nero estrecho y excluyente, muchachos y muchachas miran la actividad por el prisma masculino, anota Knijnik. Pero toda acci\u00f3n tiene una reacci\u00f3n. Por causa de la rigidez que pesa sobre la actividad, es exactamente en ella que muchas muchachas comienzan una carrera de cuestionamientos de la orden de g\u00e9nero instituida, la cual resulta en una identificaci\u00f3n con el mundo masculino e, inmediatamente, con el f\u00fatbol, s\u00edmbolo de la masculinidad en nuestra cultura. As\u00ed, para el investigador, es fundamental que se abran las fronteras del f\u00fatbol en las escuelas y programas deportivos, favoreciendo la vivencia del juego entre muchachos y muchachas, lo que diminuir\u00eda el prejuicio y har\u00eda del deporte ingl\u00e9s una pr\u00e1ctica de todos, y no de pocos.<\/p>\n<p>Otro punto importante que descubr\u00ed a lo largo de la investigaci\u00f3n fue la inexistencia de una mujer futbolista brasile\u00f1a. Lo que existe es una diversidad de posibilidades de ser mujer y, al mismo tiempo, jugar f\u00fatbol, o sea, una gran variedad de vivencias de lo femenino tambi\u00e9n en el interior del juego. Inmediatamente, cuando se estigmatiza la actividad al punto de generar prejuicios contra las practicantes, eso refuerza una \u00fanica forma de feminidad posible en el f\u00fatbol, dificultando la elaboraci\u00f3n de identidades propias, observa. Eso, nota el investigador, confirma la presencia de femeninos y masculinos en el\u00a0 f\u00fatbol, con avances de nuevas formas de feminidad, a veces transgresoras de las normas dictadas por la conducta social, as\u00ed como las feminidades que se gu\u00edan por las normas, en que compa\u00f1eras de deporte critican las que viven m\u00e1s all\u00e1 de estas. Las mujeres futbolistas a\u00fan buscan refeminizarse para adecuarse a las expectativas sociales sobre sus cuerpos. Otras huyen de eso. Para las atletas queda claro que aquellas que no se someten a los deseos masculinos, m\u00e1s preocupadas en jugar que en usar calzones apretaditos, son las mayores v\u00edctimas de prejuicio, anota.<\/p>\n<p><strong>Paulistana<br \/>\n<\/strong>Basta recordar la reedici\u00f3n, en 2001, del Paulistana, campeonato paulista femenino de f\u00fatbol, en que las atletas no podr\u00edan tener m\u00e1s de 23 a\u00f1os, usar cabellos largos para que se tuviese un campeonato bonito, uniendo el f\u00fatbol y feminidad. El llamado a la belleza y la erotizaci\u00f3n de sus cuerpos eran basados en el argumento de que se las muchachas fuesen bonitas atrajeran p\u00fablico a los estadios y, as\u00ed, patrocinadores, recuerda Silvana Goellner. Las deportistas que se entregan al juego, y no a ese juego, acaban por cuestionar, completa Knijnik, conscientes o no, el status quo corporal. El cuerpo que no se muestra dispuesto a aparentar heterosexualidad o aqu\u00e9l que muestra su opci\u00f3n homosexual sufre gran prejuicio y estr\u00e9s negativo, pues el masculino predominante y los controles sociales de g\u00e9nero y sexualidad no aceptan revuelta contra esos dominios, revela el investigador. El prejuicio lleva al extremismo: si hay las que se hiper-feminizan, hay las que se masculinizan, convirti\u00e9ndose hombres en apariencia y en el juicio social. El f\u00fatbol femenino se organiza no solamente en grupos y subgrupos h\u00e9teros y homos, pero\u00a0 tambi\u00e9n porque las atletas sufren coacciones para mantener la apariencia normatizada como adecuada a una mujer. Muchas jugadoras se quejan de que las rebeldes estorban el f\u00fatbol femenino y que es necesario una limpieza para adecuar el deporte al r\u00f3tulo hist\u00f3rico. \u00bfEl fin de todo Patrocinio.<\/p>\n<p>Para muchas, es preciso acompa\u00f1ar la ret\u00f3rica de la sociedad y conformar a las normas de g\u00e9nero para que el dinero aparezca y as\u00ed las atletas deben\u00a0 dejarse los cabellos largos, entre otras actitudes que prueben al mundo que all\u00ed est\u00e1n mujeres que juegan, nada de tortilleras, afirma el profesor. A\u00fan seg\u00fan la investigaci\u00f3n, las jugadoras viven la dif\u00edcil y dolorosa contradicci\u00f3n de ser m\u00e1sculas para jugar el deporte y, al mismo tiempo, sean femeninas para agradar a las pol\u00edticas de g\u00e9nero, siempre actuante para vetar, impidiendo el paso, excluir. Curiosamente, anota Knijnik, en todo ese debate hay una ausencia a todas luces: las feministas, para quienes los proyectos deportivos parecen no interesar en la formulaci\u00f3n de pol\u00edticas p\u00fablicas. El f\u00fatbol femenino, que, en principio, yo negaba por pensar que s\u00f3lo hab\u00eda un f\u00fatbol, jugado por personas diferentes, pero con las mismas reglas, en\u00a0 verdad est\u00e1 siendo creado y mi\u00a0 investigaci\u00f3n muestra eso: no hay solamente un f\u00fatbol, sino m\u00faltiplos y variados f\u00fatbols, y el femenino aqu\u00ed no debe ser usado para justificar prejuicios, sino como proyecto de justicia social. Para el investigador, es posible que se cree un universo futbol\u00edstico y social diverso del ya conocido (que acumula prejuicios y desigualdades) con nuevos valores, de respeto y cooperaci\u00f3n, superiores a los de competitividad y mercantilismo.<\/p>\n<p>El f\u00fatbol no es solamente masculino, sino que puede ser de y para todos, haciendo que muchachos y muchachas puedan incorporarlo en su universo cultural y corporal, construyendo nuevas posibilidades para que ese juego maravilloso no sea m\u00e1s uno a castrar tipos de masculinidades y feminidades que no se ajusten a su pr\u00e1ctica. Y para que Brasil sea el pa\u00eds del f\u00fatbol, en la amplitud de la acepci\u00f3n de pa\u00eds, ni es necesario que Dios sea brasile\u00f1o. Basta comprensi\u00f3n y buena voluntad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El Pa\u00eds del f\u00fatbol es cruel con mujeres que quieren jugar","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-83571","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83571","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83571"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83571\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83571"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83571"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83571"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83571"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}