{"id":83581,"date":"2007-12-01T00:00:00","date_gmt":"2007-12-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2007\/12\/01\/la-palabra-y-el-tiempo\/"},"modified":"2013-09-06T18:19:50","modified_gmt":"2013-09-06T21:19:50","slug":"la-palabra-y-el-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-palabra-y-el-tiempo\/","title":{"rendered":"La palabra y el tiempo"},"content":{"rendered":"<p>El ge\u00f3grafo alem\u00e1n Philipp Schmidt-Thom\u00e9 concluy\u00f3 con su propia experiencia que la mejor forma de comunicar los resultados de investigaciones a administradores de \u00f3rganos p\u00fablicos consiste en ser claro, directo y simple, evitar el catastrofismo y ofrecer posibilidades de selecci\u00f3n sobre qu\u00e9 hacer. &#8220;Si las personas sienten miedo, pueden perder la esperanza y dejar de tomar las actitudes necesarias para evitar lo peor&#8221;, coment\u00f3, al presentar en la Universidad de Campinas (Unicamp) y en la FAPESP el trabajo que lleva adelante desde 2002 para evitar desastres naturales en Europa.<\/p>\n<p>Schmidt-Thom\u00e9 coordina una red que re\u00fane a expertos de 29 pa\u00edses de Europa y produce mapas que indican los riesgos de desastres naturales. Algunos de los riesgos son t\u00edpicos del Hemisferio Norte, como tempestades de nieve. Otros, sin embargo, pueden ocurrir tambi\u00e9n en Brasil y convertirse m\u00e1s severos en la medida que los cambios clim\u00e1ticos se intensifiquen, por ejemplo las inundaciones, la sequ\u00eda, la erosi\u00f3n, la degradaci\u00f3n de los suelos, incendios forestales y deslizamientos de laderas.<\/p>\n<p>Esa perspectiva debe forzar a los gobiernos prestar m\u00e1s atenci\u00f3n a la gesti\u00f3n del territorio, pero la comunicaci\u00f3n entre cient\u00edficos y administradores p\u00fablicos a\u00fan necesita mejorar mucho para que las medidas capaces de reducir los impactos de un clima m\u00e1s cruel sean de hecho implantadas, seg\u00fan Schmidt-Thom\u00e9, que trabaja desde 1998 en el Servicio Geol\u00f3gico de Finlandia.<\/p>\n<p>\u00c9l reconoci\u00f3 que no siempre esa comunicaci\u00f3n es f\u00e1cil, porque requiere la identificaci\u00f3n de un lenguaje com\u00fan y la selecci\u00f3n de informaciones que puedan ser efectivamente \u00fatiles: &#8220;Los formuladores de pol\u00edticas p\u00fablicas no tienen tiempo de leer m\u00e1s que una p\u00e1gina de resultados&#8221;, dice. &#8220;Un lenguaje excesivamente cient\u00edfico puede alejar el inter\u00e9s de los gestores, pero el catastrofismo es a\u00fan peor, porque da la impresi\u00f3n de que nada m\u00e1s puede ser hecho.&#8221;<\/p>\n<p>Por esa raz\u00f3n, Schmidt-Thom\u00e9 considera provechoso contar con el apoyo de cient\u00edficos sociales, m\u00e1s h\u00e1biles en lidiar con p\u00fablicos diferentes de los llamados cient\u00edficos de la naturaleza. En Brasil parece haber un inter\u00e9s creciente por el di\u00e1logo. &#8220;Es fundamental o\u00edr diferentes opiniones&#8221;, coment\u00f3 Pedro Leite da Silva Dias, director del Laboratorio Nacional de Computaci\u00f3n Cient\u00edfica (LNCC) y presidente del comit\u00e9 ejecutivo de la 3\u00aa Conferencia Regional sobre Cambios Clim\u00e1ticos: Am\u00e9rica del Sur, realizada en noviembre en S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p>Aunque la comunicaci\u00f3n funcione, algunas barreras son insuperables. Schmidt-Thom\u00e9 cuenta que los pol\u00edticos a veces quieren una respuesta exacta sobre, por ejemplo, cuantos cent\u00edmetros el mar va a subir hasta una determinada data \u2013 algo imposible ya que la ciencia trabaja con escenarios, no con certidumbres. Puede suceder tambi\u00e9n que los pol\u00edticos dejen a los cient\u00edficos hablar y entiendan lo que dicen, pero no acepten las conclusiones. Fue lo que sucedi\u00f3 en el norte de Alemania. Si reconociesen que los cambios clim\u00e1ticos representan efectivamente una amenaza, los alcaldes tendr\u00edan que promover profundos cambios en la regi\u00f3n, que vive del turismo. Como algunas casas est\u00e1n a medio metro por debajo del nivel del mar, cualquier elevaci\u00f3n en el oc\u00e9ano ser\u00eda desastrosa.<\/p>\n<p>Schmidt-Thom\u00e9 mostr\u00f3 una serie de mapas de las \u00e1reas m\u00e1s sujetas a sequ\u00edas, inundaciones y otros accidentes naturales, ya adoptados como instrumentos de gesti\u00f3n y planificaci\u00f3n urbana en otras regiones de Alemania, en Estonia, en Finlandia o en Polonia, para evitar episodios dram\u00e1ticos como las inundaciones de 2002 del r\u00edo Elba, en la Alemania. Uno de los mapas, que sobrepuso los riesgos de accidentes naturales, dej\u00f3\u00a0 claro que las \u00e1reas m\u00e1s vulnerables en Europa son las regiones m\u00e1s pobladas que, forman un tri\u00e1ngulo delimitado por las ciudades de Londres, Munich y Mil\u00e1n.<\/p>\n<p>&#8220;No tenemos nada en Brasil con un abordaje tan abarcador&#8221;, coment\u00f3 la ge\u00f3grafa Luc\u00ed Hidalgo Nunes, docente del Instituto de Geociencias de la Unicamp, al final de una de las presentaciones del finland\u00e9s. Una semana despu\u00e9s, lluvias intensas, la ciudad de R\u00edo de Janeiro par\u00f3 por causa del deslizamiento de 7 mil toneladas de tierra que cerr\u00f3 una de las v\u00edas del t\u00fanel Rebou\u00e7as, una de las principales v\u00edas de vinculaci\u00f3n entre las zonas Norte y Sur de la ciudad.<\/p>\n<p>&#8220;Necesitamos conocer mejor los posibles efectos de las lluvias intensas sobre las ciudades&#8221;, alert\u00f3 Carlos Eduardo Tucci, profesor de la Universidad Federal de R\u00edo Grande do Sul (UFRGS), en la conferencia en S\u00e3o Paulo. Seg\u00fan \u00e9l, el escenario de las aguas en las ciudades ya era cr\u00edtico antes hasta de cobrar fuerza con los cambios clim\u00e1ticos. Y son justamente los pa\u00edses en desarrollo como Brasil los que exhiben las tasas m\u00e1s altas de urbanizaci\u00f3n, record\u00f3 la ge\u00f3grafa Helena Ribeiro, de la Facultad de Salud P\u00fablica de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP).<\/p>\n<p><strong>Islas de calor<br \/>\n<\/strong>Helena considera los cambios clim\u00e1ticos un problema de salud p\u00fablica, cuyas se\u00f1ales ya pueden ser detectadas. Ella misma hizo un estudio, publicado en 2005 en la revista Critical Public Health, mostrando que los habitantes de las \u00e1reas m\u00e1s calientes \u2013 las islas de calor \u2013 de la ciudad de S\u00e3o Paulo padecen de enfermedades cardiorrespiratorias con m\u00e1s frecuencia que los que viven en barrios con temperaturas m\u00e1s amenas.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son las soluciones? Menos poluci\u00f3n, m\u00e1s \u00e1rboles y techos m\u00e1s claros, por ejemplo. Podr\u00eda hacerse incluso una revisi\u00f3n del Plan Director de las ciudades, en la opini\u00f3n de Humberto Ribeiro da Rocha, profesor de la USP. Hasta ahora, sin embargo, el ritmo de acci\u00f3n parece no acompa\u00f1ar al ritmo de las sugerencias. &#8220;No estoy viendo nada en t\u00e9rminos de pol\u00edtica p\u00fablica&#8221;, dijo Rocha.<\/p>\n<p>El ge\u00f3grafo Hugo Iv\u00e1n Romero, de la Universidad de Chile, fue m\u00e1s incisivo: &#8220;La manera como administramos las ciudades en toda Am\u00e9rica Latina es un fracaso&#8221;, sentenci\u00f3. \u00c9l describi\u00f3 los contrastes de la capital chilena, Santiago, que son los mismos de las grandes ciudades de Brasil: los habitantes m\u00e1s ricos viven en \u00e1reas con m\u00e1s \u00e1rboles, que presentan los mejores climas, mientras que los m\u00e1s pobres viven en las \u00e1reas m\u00e1s desprovistas de \u00e1reas verdes y m\u00e1s sujetas a inundaciones y a variaciones clim\u00e1ticas m\u00e1s intensas. &#8220;El clima urbano es una construcci\u00f3n sociopol\u00edtica, que castiga principalmente a los m\u00e1s vulnerables&#8221;, concluy\u00f3. &#8220;\u00bfSer\u00e1 que tenemos fuerzas para cambiar esa situaci\u00f3n?&#8221;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los accidentes naturales exigen nuevas estrategias de comunicaci\u00f3n de los cient\u00edficos con los gestores p\u00fablicos","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[286,308],"coauthors":[5968],"class_list":["post-83581","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-clima-es","tag-geografia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83581","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83581"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83581\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83581"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83581"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83581"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83581"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}