{"id":83608,"date":"2008-01-01T10:40:00","date_gmt":"2008-01-01T12:40:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2008\/01\/01\/los-peligros-de-la-tierra-desnuda\/"},"modified":"2015-10-19T18:02:13","modified_gmt":"2015-10-19T20:02:13","slug":"los-peligros-de-la-tierra-desnuda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/los-peligros-de-la-tierra-desnuda\/","title":{"rendered":"Los peligros de la tierra desnuda"},"content":{"rendered":"<p>Bastan 100 metros de descampado separando un tramo de selva y un riacho para eliminar a la mayor\u00eda de sapos y ranas del Bosque Atl\u00e1ntico que dependen del agua para procrear. Cuando salen de la selva rumbo a los arroyos donde van a reproducirse, estos animales tienen que atravesar campos y sembrad\u00edos, y exponerse al ataque de las aves, a la contaminaci\u00f3n con agrot\u00f3xicos y al sol, capaz de resecar sus pieles h\u00famedas. Muchos de los que sobreviven a los peligros de la aventura no logran hacer el viaje de vuelta. Para las fr\u00e1giles cr\u00edas, esta traves\u00eda es a\u00fan m\u00e1s ardua.<\/p>\n<p>Un estudio realizado en S\u00e3o Lu\u00eds de Paraitinga, regi\u00f3n de Vale do Para\u00edba, una de las \u00e1reas donde el Bosque Atl\u00e1ntico se encuentra bastante degradado en el interior de S\u00e3o Paulo, mostr\u00f3\u00a0 cuanto el desmonte de la vegetaci\u00f3n natural para extraer madera o formar plantaciones o campos amenaza la supervivencia de los anfibios en especial cuando la extracci\u00f3n de la selva deja la tierra casi raleada entre dos ambientes que estos animales necesitan para alimentarse y reproducirse.<\/p>\n<p>Descrito en un art\u00edculo de la edici\u00f3n del 14 de diciembre de la Science, ese fen\u00f3meno puede explicar la desaparici\u00f3n de la mayor parte de los anfibios del Bosque Atl\u00e1ntico y de otras regiones tropicales como Am\u00e9rica Central y Australia, donde se encuentran en declive las poblaciones de sapos y ranas, esenciales para el equilibrio de esos ecosistemas. Tambi\u00e9n puede ser aplicado para entender mejor lo que sucede con los peces de un r\u00edo cuando se crea una represa interrumpiendo el camino entre el ambiente en que viven y aquel en que desovan, seg\u00fan sugiere el trabajo que reuni\u00f3 a equipos de las tres universidades estaduales paulistas y de la Universidad Vale do R\u00edo dos Sinos (Unisinos), R\u00edo Grande do Sul.<\/p>\n<p>En Brasil, la separaci\u00f3n entre la selva y los riachos es consecuencia de la forma de ocupaci\u00f3n predominante en buena parte de la costa, donde viven un 70% de la poblaci\u00f3n. Al dejar el litoral, los colonizadores casi siempre se instalaban en las tierras m\u00e1s f\u00e9rtiles del altiplano pr\u00f3ximas a los riachos. Abr\u00edan claros para criar ganado y plantar tabaco, ca\u00f1a de az\u00facar o algod\u00f3n. Al mismo tiempo que garantizaban el acceso al agua, constru\u00edan el escenario hoy com\u00fan en el sudeste y en parte del sur del pa\u00eds: una casa al pie de una colina, cercada por plantaciones y por un campo donde pastan vacas, algunas ovejas y uno que otro caballo. Lo poco que rest\u00f3 de la vegetaci\u00f3n natural muchas veces est\u00e1 confinado al tope de los morros, bien distante de los arroyos y peque\u00f1os canales que se arrastran por valles pelados.<\/p>\n<p>Si por un lado esa forma de ocupaci\u00f3n de la tierra abri\u00f3 camino para el desarrollo de estados como S\u00e3o Paulo, por otro impuso inmensas barreras a anfibios y otros grupos de animales que necesitan la selva y el agua para vivir. Los autores de ese trabajo llamaron a ese fen\u00f3meno desconexi\u00f3n de h\u00e1bitat, por destruir la vinculaci\u00f3n entre los ambientes acu\u00e1ticos y terrestres indispensables a la reproducci\u00f3n de esos seres vivos. Su efecto se revel\u00f3 mucho m\u00e1s nocivo que otras dos formas m\u00e1s conocidas de destrucci\u00f3n de la vegetaci\u00f3n natural identificadas en la d\u00e9cada de 1960, la reducci\u00f3n de los ambientes naturales (p\u00e9rdida del h\u00e1bitat) y el aislamiento de trechos de selva (fragmentaci\u00f3n del paisaje).<\/p>\n<p>Esas tres expresiones definen fen\u00f3menos aparentemente semejantes causados por la tala de la vegetaci\u00f3n natural de un \u00e1rea, pero que generan resultados muy distintos. Siempre que los seres humanos se instalan en \u00e1reas del Bosque Atl\u00e1ntico o el Cerrado (sabana), por ejemplo, provocan lo que los especialistas llaman p\u00e9rdida o reducci\u00f3n de h\u00e1bitat, cuyo efecto m\u00e1s evidente es la disminuci\u00f3n del \u00e1rea con vegetaci\u00f3n original. La p\u00e9rdida de h\u00e1bitat tambi\u00e9n altera el suelo y el ciclo de lluvias. Ya de inicio las poblaciones de animales que viven en la regi\u00f3n comienzan a disminuir de tama\u00f1o a medida que el alimento escasea.<\/p>\n<p><strong>Selva aislada<br \/>\n<\/strong>La deforestaci\u00f3n tambi\u00e9n puede dejar la vegetaci\u00f3n confinada en bloques menores, separados unos de los otros por descampados y con poca o ninguna conexi\u00f3n \u00a0esa es la fragmentaci\u00f3n del paisaje. Para los animales, los principales efectos de ese tipo de alteraci\u00f3n son sentidos a lo largo de varias generaciones. Especies que necesitan grandes \u00e1reas para sobrevivir como el muriqui, el mayor mono de las Am\u00e9ricas no consiguen atravesar los pastos o plantaciones y permanecen en un \u00fanico fragmento de la selva. Adem\u00e1s del efecto inmediato de reducci\u00f3n de la poblaci\u00f3n, hace otros de largo plazo sobre los animales y plantas que sobran, explica el ec\u00f3logo Paulo In\u00e1cio Prado, de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), uno de los autores del estudio de Science. Con el tiempo, los animales aislados en los trechos de selva pasan a aparearse con parientes pr\u00f3ximos, aumentando el riesgo de enfermedades gen\u00e9ticas.<\/p>\n<p>La\u00a0 situaci\u00f3n descrita en el art\u00edculo de diciembre es a\u00fan m\u00e1s dr\u00e1stica, en especial para un 80% de las 483 especies de anfibios de la Selva Atl\u00e1ntica. Es el caso del sapo de cuerno (Proceratophrys boiei), cuyas larvas (renacuajos) se desarrollan en ramblas hasta que se transforman en j\u00f3venes adultos capaces de sobrevivir en la selva. Cuando los pastos o plantaciones\u00a0 sustituyen los \u00e1rboles y los arbustos pr\u00f3ximos a los arroyos, aumentan las dificultades para los anfibios y otros animales, como algunas especies de lib\u00e9lulas, que necesitan agua para reproducirse.<\/p>\n<p>La desconexi\u00f3n de h\u00e1bitat puede reducir dr\u00e1sticamente a una poblaci\u00f3n de anfibios en apenas una generaci\u00f3n, afirma el ec\u00f3logo ga\u00facho Carlos Guilherme Becker, primer autor del art\u00edculo de la Science, que desarroll\u00f3 el estudio durante su maestr\u00eda en la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). La desconexi\u00f3n de h\u00e1bitat tambi\u00e9n puede afectar a otros grupos de animales, afirma Becker. Algunas especies de lib\u00e9lulas, por ejemplo, usan el ambiente de modo semejante al de los sapos: necesitan agua para procrear y la selva para alimentarse. Tambi\u00e9n se puede entender como desconexi\u00f3n de h\u00e1bitat la construcci\u00f3n de represas, que impiden la migraci\u00f3n de peces para el desove, y la eliminaci\u00f3n de lagos o grandes \u00e1reas de vegetaci\u00f3n natural usadas por aves migratorias para comer y descansar durante los largos viajes.<\/p>\n<p>Becker identific\u00f3 ese fen\u00f3meno ecol\u00f3gico al estudiar lo que suced\u00eda con los anfibios donde pocos se animan a investigar. En vez de meterse en marjales y ramblas de los remanentes de Selva Atl\u00e1ntica mayores y m\u00e1s bien preservados, \u00e9l se uni\u00f3 al grupo de Prado, que analizaba como la interacci\u00f3n entre los habitantes de S\u00e3o Lu\u00eds de Paraitinga y el espacio en que viv\u00edan modificaba la biodiversidad de la regi\u00f3n. All\u00ed lo poco que resta del Bosque Atl\u00e1ntico se anida en lo alto de los cerros, separado de los r\u00edos por plantaciones, pastos y poblados.<\/p>\n<p>Una investigaci\u00f3n hist\u00f3rica hecha por Allan Monteiro, del equipo de Prado, indica que este patr\u00f3n de ocupaci\u00f3n surgi\u00f3 a mediados del siglo XVIII, cuando el rey de Portugal Don Jos\u00e9 I nombr\u00f3 a Luiz Antonio de Souza Botelho, Morgado de Mateus, gobernador de la entonces provincia de S\u00e3o Paulo. Con el objetivo de proteger el sur del pa\u00eds de los espa\u00f1oles, Morgado de Mateus inici\u00f3 la creaci\u00f3n de ciudades en el interior de S\u00e3o Paulo. \u00c9l dividi\u00f3 el este del estado en sexmos (tierras para cultivar por cuenta propia) y las distribuy\u00f3 para quien tuviese condiciones econ\u00f3micas para ocuparlas. Los pobladores enviados por la Corona portuguesa comenzaban a instalarse en los valles, donde estaban las tierras m\u00e1s f\u00e9rtiles y f\u00e1ciles de ocupar. Una de sus obligaciones era abrir carreteras, normalmente a las m\u00e1rgenes de los r\u00edos, uniendo las sexmos a la sede de las villas, dice Prado. Hasta hoy muchas carreteras vecinales de S\u00e3o Lu\u00eds de Paraitinga siguen los trazados de aquella \u00e9poca.<\/p>\n<p><strong>Fragmentos secos<br \/>\n<\/strong>Bajo la orientaci\u00f3n de Prado y de Carlos Roberto Fonseca, de la Unisinos, Becker analiz\u00f3 lo que suced\u00eda con los anfibios de el Bosque Atl\u00e1ntico en S\u00e3o Lu\u00eds de Paraitinga. Al buscar las manchas de selva de la regi\u00f3n, not\u00f3 que pr\u00e1cticamente ninguna era cortada por un r\u00edo. Despu\u00e9s de analizar m\u00e1s de 60 fragmentos, Becker encontr\u00f3 s\u00f3lo tres, con m\u00e1s de 10 hect\u00e1reas, en que hab\u00eda arroyos. Poco a poco comenz\u00f3 a imaginar la dificultad que los anfibios tendr\u00edan que enfrentar para llegar a las ramblas para\u00a0 reproducirse.<\/p>\n<p>Para descubrir si los descampados de hecho estorbaban a los\u00a0 sapos, \u00e9l instal\u00f3 una pantalla con 45 metros de ancho y 1 metro de altura en medio de pastos y plantaciones en las laderas de los morros. Bajo esas barreras, enterr\u00f3 baldes de 60 litros divididos al medio, que permit\u00edan distinguir a los anfibios que ven\u00edan del bosque para reproducirse en los riachos de aquellos que hac\u00edan el camino de vuelta para casa. En marzo, en el final del per\u00edodo de reproducci\u00f3n, Becker confirm\u00f3 la sospecha: cuando no hab\u00eda vegetaci\u00f3n uniendo la rambla a la selva la cantidad de anfibios era menor.<\/p>\n<p>La desconexi\u00f3n de h\u00e1bitat, sin embargo, s\u00f3lo afect\u00f3 a los anfibios necesitaban salir de la selva para reproducirse en las ramblas y riachos. Ese efecto no influenci\u00f3 la variedad de los sapos que viven exclusivamente en el bosque y procrean en el suelo, generando cr\u00edas que ya salen saltando por el suelo del\u00a0 bosque. Faltaba, no obstante, saber si el efecto de la desconexi\u00f3n de h\u00e1bitat era exclusivo de la regi\u00f3n de S\u00e3o Lu\u00eds do Paraitinga o si podr\u00eda ser generalizado para otras \u00e1reas.<\/p>\n<p>Becker, Prado y Fonseca se unieron entonces al bi\u00f3logo C\u00e9lio Haddad, de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), en R\u00edo Claro, que coordina un an\u00e1lisis de anfibios en S\u00e3o Paulo, y a R\u00f3mulo Batista, en la \u00e9poca investigador de la Unicamp. Juntos, calcularon la p\u00e9rdida de h\u00e1bitat, la fragmentaci\u00f3n y la desconexi\u00f3n de h\u00e1bitat en otras regiones del estado. Al cruzar las informaciones sobre la diversidad de especies con el patr\u00f3n de deforestaci\u00f3n de cada uno de esos trechos de Bosque Atl\u00e1ntico, concluyeron que el n\u00famero de especies de anfibios era m\u00e1s bien explicado por la desconexi\u00f3n de h\u00e1bitat, y no por la p\u00e9rdida o fragmentaci\u00f3n de los bosques, la hip\u00f3tesis m\u00e1s aceptada para el declive de las poblaciones de anfibios.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de ese nuevo efecto, ese trabajo genera ideas que pueden orientar la preservaci\u00f3n y la recuperaci\u00f3n de lo que rest\u00f3 del Bosque Atl\u00e1ntico y de otros ambientes. Al comprender mejor c\u00f3mo el uso humano de la tierra reduce la diversidad biol\u00f3gica en esas \u00e1reas, podemos pensar en maneras espec\u00edficas de reducir esos da\u00f1os, afirma Prado. Una primera propuesta es enfatizar la recuperaci\u00f3n de los bosques ciliares, la vegetaci\u00f3n que bordea los r\u00edos. Aunque protegidas desde 1965 por el C\u00f3digo Forestal Brasile\u00f1o, un 76% de los bosques ciliares de S\u00e3o Paulo fueron destruidos.<\/p>\n<p>En las regiones que a\u00fan no sufrieron el impacto de la intervenci\u00f3n humana, los investigadores proponen la creaci\u00f3n de reservas biol\u00f3gicas que comprendan el mayor n\u00famero posible de recursos h\u00eddricos. Donde el ambiente ya fue alterado, sugieren la restauraci\u00f3n de los bosques ciliares y la creaci\u00f3n de corredores de selva reconectando los ambientes terrestres y acu\u00e1ticos. Ahora, dice Prado, tenemos m\u00e1s argumentos para mostrar a los propietarios de tierras y a los \u00f3rganos p\u00fablicos la importancia de conservar y tambi\u00e9n de recuperar esa vegetaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<br \/>\n<\/strong>Biodiversidad y procesos sociales en S\u00e3o Lu\u00eds de Paraitinga, S\u00e3o Paulo\u00a0(<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/2965\/biodiversidade-e-processos-sociais-em-sao-luiz-do-paraitinga-sp\/\" target=\"_blank\">n\u00ba\u00a002\/08558-6<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>L\u00ednea Regular de Auxilio a la Investigaci\u00f3n (Biota);\u00a0<strong>Coordinador\u00a0<\/strong>Paulo In\u00e1cio de Prado &#8211; USP; <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> 121.023,44 reales (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La separaci\u00f3n entre los montes y los arroyos elimina los anfibios","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[308,335],"coauthors":[105,95],"class_list":["post-83608","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-geografia-es","tag-zoologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83608","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83608"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83608\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83608"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83608"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83608"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83608"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}