{"id":83616,"date":"2008-01-01T00:00:00","date_gmt":"2008-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2008\/01\/01\/un-corte-en-la-historia-de-brasil\/"},"modified":"2015-08-24T18:27:07","modified_gmt":"2015-08-24T21:27:07","slug":"un-corte-en-la-historia-de-brasil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/un-corte-en-la-historia-de-brasil\/","title":{"rendered":"Un corte en la historia de Brasil"},"content":{"rendered":"<p>La frase de Roger Bastide puede haber sido castigada por el tiempo, pero no perdi\u00f3 para nada su sabidur\u00eda: Brasil, una naci\u00f3n de contrastes. Del f\u00fatbol a la historia, todo pasa por la infame regla del ocho u ochenta. As\u00ed fue con la llegada de la familia real portuguesa a Brasil en 1808, por ejemplo. \u00bfPor cu\u00e1ntas d\u00e9cadas no se habl\u00f3 de ese viaje en tonos jocosos, la aventura de Don Jo\u00e3o VI, el rey huidizo, con su mujer bigotuda y su corte provinciana? Actualmente, con la aproximaci\u00f3n del bicentenario de la llegada lusitana a la Bah\u00eda y a R\u00edo de Janeiro, se preparan celebraciones colosales y el monarca que cargaba pollos en sus trajes es revisto como un h\u00e1bil estadista. \u00bfCu\u00e1l es la real faceta de ese viaje y qu\u00e9 consecuencias trajo al pa\u00eds que, en la \u00e9poca, a\u00fan no era una naci\u00f3n?<\/p>\n<p>Sin soslayar el papel que la venida de la familia real tuvo en la formaci\u00f3n de Brasil como naci\u00f3n independiente, quiz\u00e1s sea provechoso ver el fen\u00f3meno desde otro un punto de vista. Me parece oportuno intentar disociar a prop\u00f3sito y moment\u00e1neamente el fen\u00f3meno de aquello que result\u00f3 de \u00e9l. Los an\u00e1lisis sobre 1808 tuvieron casi invariablemente la impronta de las reflexiones sobre la formaci\u00f3n de Brasil, acarreando as\u00ed una serie de juicios de valor y relaciones muchas veces teleol\u00f3gicas, asevera la historiadora Laura de Mello e Souza, de la USP, quien desde 2003 viene estudiando la fuga de los Bragan\u00e7a a Brasil en clave comparativa, como parte de un proyecto tem\u00e1tico que cuenta con apoyo de la FAPESP: Dimensiones del imperio portugu\u00e9s. El hecho de 1808 estar tan asociado al surgimiento de la naci\u00f3n hizo que la memoria de ese acontecimiento se construyese casi como una farsa; las evidencias emp\u00edricas son muchas veces escamoteadas por mera ideolog\u00eda, asevera. Seg\u00fan ella, la historiograf\u00eda congel\u00f3 1808 en perspectivas opuestas que, afirma, no fueron debidamente puestas en una ecuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el caso de la originalidad sin igual del suceso (para muchos, la patria naci\u00f3 en 1808 y no en 1822), se perd\u00eda de vista el proceso hist\u00f3rico para destacar el hecho extraordinario. Se descuidaba del tiempo largo, se recortaba aquella expresi\u00f3n singular del tiempo corto, 1808, como si ella sobrevolase como una especie de burbuja sobre otras expresiones de la misma coyuntura. En la medida en que se registraba lo anecd\u00f3tico, lo inusitado, se remit\u00eda incluso sin saberlo a una tradici\u00f3n antigua de prejuicio, propia de los pa\u00edses del Norte de Europa cuando, a partir del siglo XVIII, miraban hacia los del Sur. En el otro extremo, el de la crisis general del antiguo sistema colonial (evidenciado por la independencia de las colonias americanas, cuando por primera vez se rompi\u00f3 la sujeci\u00f3n de una colonia a su metr\u00f3poli), de fuerte ra\u00edz marxista, eval\u00faa la historiadora, se pecaba por las razones opuestas. Con los ojos en el largo tiempo, se destacaban las l\u00edneas generales de fen\u00f3menos que ten\u00edan mucho de com\u00fan, pero tambi\u00e9n de \u00fanico, las l\u00f3gicas de las estructuras asumiendo el primer plano y la de los eventos ton\u00e1ndose casi opacas, eval\u00faa. De esta forma, sigue, todo se atenuaba entre el porte de la Inglaterra capitalista en el control de pa\u00edses subalternos o el peso de la aplanadora napole\u00f3nica que iba sustituyendo la ideolog\u00eda revolucionaria de la Gran Nation francesa. A lo mejor esa tensi\u00f3n del tiempo largo y el corto sea insoluble. Pero sin an\u00e1lisis, la historia es cr\u00f3nica; con an\u00e1lisis, un cierto margen de anacronismo es ineludible.<\/p>\n<p>Este debate es permanente en la historiograf\u00eda y remonta a los tiempos inmediatos de la propia independencia, guardando un ineludible trasfondo pol\u00edtico, que matiza tanto las interpretaciones que adjudican gran importancia a la presencia y a la actuaci\u00f3n de Don Jo\u00e3o VI en el proceso de emancipaci\u00f3n pol\u00edtica brasile\u00f1a, como aqu\u00e9llos que disminuyen la importancia del rey al punto de concebirse que la independencia tuvo lugar pese a, no obstante las acciones del soberano, dice el historiador Jurandir Malerba, de la Unesp, autor de La corte en el exilio. La historiograf\u00eda sobre el 1808 se construye a partir de esas rectificaciones que suceden de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, pero el leitmotiv de la reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica y la lucha pol\u00edtica se traban en el presente. Aun as\u00ed, como acota Laura, subsisten prejuicios pasados. Hay un proceso de paso entre el final del Renacimiento y el inicio de las Luces, en que se construye una relaci\u00f3n entre ricos (Norte) y pobres (Sur) asentada en\u00a0 la ambig\u00fcedad y en la contradicci\u00f3n, en que operaba la lente del prejuicio y de la detracci\u00f3n. Los relatos sobre la venida de la corte fueron contaminados por esa tradici\u00f3n detractora preexistente y muy posiblemente sin saberlo, por los liberales que, entre nosotros, condujeron el proceso de independencia, e incorporaron tradiciones detractoras de extranjeros del Norte. \u00c9stas acabaron ganando en el Brasil naci\u00f3n, tanto las elites cultas como los estratos m\u00e1s populares.<\/p>\n<p>Esto ocurri\u00f3 inmediatamente despu\u00e9s del traslado de la corte: en 1809, por ejemplo, el History of Brazil, de Andrew Grant, ya llamaba al episodio como la fuga de esta corte imb\u00e9cil. En 1900, la Historia de Brasil de Jo\u00e3o Ribeiro, afirmaba: Si viniendo a Brasil don Jo\u00e3o VI nos trajo el premio de la autonom\u00eda, aunque bajo formas del absolutismo, no hab\u00eda con todo en la mezquindad de su esp\u00edritu dotes suficientes como para crear, como dijo inmediatamente, un nuevo imperio. Fue \u00e9l quien entre nosotros desmoraliz\u00f3 la instituci\u00f3n mon\u00e1rquica, ya de por s\u00ed antip\u00e1tica a las aspiraciones americanas. El tiempo no ayud\u00f3 a proveer un retrato preciso de la llegada de la familia real. En la Historia general de la civilizaci\u00f3n brasile\u00f1a, organizada por S\u00e9rgio Buarque de Holanda, la presencia de la corte es algo p\u00e1lida y la relevancia es para la recurrencia de la idea de mudar la sede de la monarqu\u00eda a Am\u00e9rica, una obsesi\u00f3n de todos los reyes y ministros de Portugal, del prior del Crato a Don Rodrigo de Souza Coutinho, jefe del Tesoro Real, quien en 1803 ofreci\u00f3 al pr\u00edncipe regente una evaluaci\u00f3n de la situaci\u00f3n pol\u00edtica precaria de Portugal y que, en una guerra entre Francia e Inglaterra, la independencia de la monarqu\u00eda portuguesa estar\u00eda en riesgo, aconsejando a Don Jo\u00e3o que la creaci\u00f3n de un nuevo imperio en Brasil podr\u00eda dar a los portugueses una base a partir de la cual el heredero del trono podr\u00eda reconquistar todo lo que se perder\u00eda en Europa y castigar al enemigo cruel. Pero ya en 1580, cuando el rey espa\u00f1ol Felipe II reclam\u00f3 para s\u00ed la corona portuguesa, ya se pensaba en Brasil como refugio de la corte exilada.<\/p>\n<p>Razones estrat\u00e9gicas, d\u00e9cadas despu\u00e9s, se transformaron en una visi\u00f3n mesi\u00e1nica en las palabras del Padre Vieira, para quien el rey podr\u00eda ser el jefe de un imperio eterno en tierras de Am\u00e9rica. En el reinado de Don Jo\u00e3o V (1706-1750) de cara a la expansi\u00f3n espa\u00f1ola y al comienzo de\u00a0 la decadencia lusitana, en un memorando secreto que anteced\u00eda la previsi\u00f3n de Montesquieu de la inversi\u00f3n en curso en el interior de los imperios modernos, un cortesano portugu\u00e9s, Luiz da Cunha, casi convenci\u00f3 al soberano de la necesidad de mover la corte a Brasil a fin de garantizar su futuro y preservar su altivez entre las naciones europeas. El traslado de la corte era efectivamente una antigua idea. Al final del siglo XVIII era expl\u00edcitamente defendida por Souza Coutinho, quien percib\u00eda a las claras las limitaciones de la metr\u00f3poli, eval\u00faa el historiador de la UFRJ, Jos\u00e9 Murilo de Carvalho. La historia de la pol\u00edtica y la cultura pol\u00edtica del traslado de la corte comienzan mucho antes de que el pr\u00edncipe\u00a0 regente deje Portugal y llegue a las costas brasile\u00f1as. La decisi\u00f3n de traslada el centro de la monarqu\u00eda, hecha en medio de un caos y una inmediatez solamente aparentes, estaba ya enraizada en una visi\u00f3n del potencial de Brasil que ya estaba en el foco en el siglo XVIII?, nota la brasile\u00f1ista Kirsten Schultz, autora de Tropical Versailles.<\/p>\n<p>En 1972, con la antolog\u00eda 1822: dimensiones, organizada por Carlos Guilherme Motta, surge un nuevo tono, pautado por la crisis del Antiguo R\u00e9gimen, en especial en el cap\u00edtulo escrito por el historiador Fernando Novais. El 1808 comienza a adquirir nuevos matices. En ese interregno historiogr\u00e1fico secular en que el evento pas\u00f3 por la devaluaci\u00f3n prejuiciosa, por la apolog\u00eda acr\u00edtica y por su reducci\u00f3n a an\u00e9cdota ante los cambios estructurales del sistema econ\u00f3mico y pol\u00edtico del Antiguo R\u00e9gimen, existe un ep\u00edgono importante, recuerda Laura: Don Jo\u00e3o VI en Brasil, de Manuel de Oliveira Lima (hoy reeditado por Topbooks), de 1908. Necesitamos volver a \u00e9l para repensar los rumbos de la historiograf\u00eda futura del 1808, y en este sentido, a pesar del estilo anticuado, sigue siendo actual e instigador, ya que Oliveira Lima trata simult\u00e1neamente del tiempo largo y del tiempo corto, de la estructura y del evento, del contexto general y de los personajes particulares.<\/p>\n<p>Para complicar m\u00e1s las cosas, dentro de ese debate historiogr\u00e1fico hay otro, a\u00fan m\u00e1s candente, que, a pesar de los 200 a\u00f1os que nos separan de lo acaecido, provoca pol\u00e9micas exacerbadas. Eso de hacer una fiesta alrededor de Don Jo\u00e3o VI es fachada de carioca para promover R\u00edo, afirm\u00f3, en entrevista, el historiador pernambucano Evaldo Cabral de Mello, para quien existe una insistencia en reforzar el lugar com\u00fan seg\u00fan el cual fue el rey el responsable de la unidad del pa\u00eds, que no pas\u00f3 de una fabricaci\u00f3n de la corona, no con el objetivo de que se crease a partir de un pa\u00eds independiente. \u00bfValdr\u00eda entonces conmemorar el bicentenario del 1808? Con respecto a la celebraci\u00f3n de la efem\u00e9ride, me quedo con la advertencia del historiador Fran\u00e7ois Furet, que dec\u00eda que era necesario temer la pasi\u00f3n con que se celebra a fin de evitar los inventarios. Es decir, festejos excesivos corren el riesgo de empujar muchas cuestiones abajo de la alfombra, sostiene la historiadora Mary del Priore. Entre estas cuestiones est\u00e1 el debate sobre la forma con que el pa\u00eds adquiri\u00f3 su independencia, una pol\u00e9mica que divide nuevamente a la historiograf\u00eda en dos campos: los que defienden la opci\u00f3n por la centralizaci\u00f3n de Brasil, hecha efectiva por la permanencia de los Bragan\u00e7a en el pa\u00eds, en oposici\u00f3n a los que a culpan por el sofocamiento de un movimiento federalista, en los moldes del estadounidense, a la que se prefiri\u00f3 llamar separatismo.<\/p>\n<p>Volvamos no obstante un poco en el tiempo, para analizar la salida o la fuga de la corte portuguesa a Brasil. El catalizador de ese movimiento fue el ascenso en 1799 de Napole\u00f3n Bonaparte a primer c\u00f3nsul y el inicio de una campa\u00f1a militar francesa con los tintes de la Revoluci\u00f3n Francesa, en una acci\u00f3n que transform\u00f3 el terror de las cortes europeas en p\u00e1nico. Las principales potencias fueron derrotadas, a excepci\u00f3n de los ingleses. Don Jo\u00e3o entonces se vio ante de una elecci\u00f3n de Sof\u00eda: o se entregaba a los franceses, corriendo el riesgo de ser depuesto, de ver Lisboa bombardeada por los brit\u00e1nicos y perder la colonia, o hu\u00eda, someti\u00e9ndose a Gran Breta\u00f1a, incurriendo en la ira de los s\u00fabditos portugueses abandonados?, analiza Murilo de Carvalho. Seg\u00fan \u00e9l, para Portugal, la salida signific\u00f3 la preservaci\u00f3n de la monarqu\u00eda y el prolongamiento por alg\u00fan tiempo de la colonia, aunque sin los beneficios de la exclusividad colonial, derrumbadas con la apertura de los puertos. La permanencia podr\u00eda haber significado lo que sucedi\u00f3 en Espa\u00f1a: la deposici\u00f3n y prisi\u00f3n del rey y, despu\u00e9s de la ca\u00edda de Napole\u00f3n, una posible anexi\u00f3n a Espa\u00f1a. Con todo, no se sabe cu\u00e1l fue el principal argumento que llev\u00f3 el Consejo de la Corona a votar por la salida, reitera Murilo de Carvalho.<\/p>\n<p>An\u00e9cdotas sobre el viaje y la fuga de la corte aparte, la venida de la familia real trajo cambios y dilemas a la naci\u00f3n incipiente. El accidente de la presencia de la familia real cambia enteramente el juego. El rey no es solamente la instituci\u00f3n pol\u00edtica que evita el desmembramiento del pa\u00eds en la \u00e9poca de la ruptura con la metr\u00f3poli, es tambi\u00e9n lo que hace factible la hegemon\u00eda de R\u00edo de Janeiro sobre los poderes locales y regionales, observa el cient\u00edfico pol\u00edtico Gildo Mar\u00e7al Brand\u00e3o en Linajes del pensamiento pol\u00edtico brasile\u00f1o. La nefasta independencia del Estado ante la sociedad civil (el nacimiento del Estado antes que la sociedad civil, su predominio exacerbado, la fatalidad de los individuos y grupos sociales que viven del y por el Estado) se asienta en la historia interna de la metr\u00f3poli, en la trasmigraci\u00f3n oce\u00e1nica del Estado portugu\u00e9s y en la reiteraci\u00f3n severa y avara de la cultura de las or\u00edgenes, a\u00f1ade. He ah\u00ed el sustento de la divisi\u00f3n entre unitarios y federales. Hay quienes, como Frei Caneca y Cipriano Barata, ambos a partir de Pernambuco, insist\u00edan en la forma federal y en una mayor independencia de las provincias en relaci\u00f3n con la capital. Pero los que ve\u00edan la grandeza del territorio brasile\u00f1o como una fuerza y quer\u00edan mantenerlo unido a cualquier precio alegaban que el modelo federalista tuvo \u00e9xito en EE.UU. porque antecedi\u00f3 a la formaci\u00f3n del Estado. Si fuera implementado aqu\u00ed, acabar\u00eda por provocar la desintegraci\u00f3n y llevarnos al mismo destino de las colonias espa\u00f1olas,sacudidas por revoluciones, eval\u00faa la historiadora de la USP Isabel Lustosa.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n de la historiograf\u00eda para la cual la historia de nuestra emancipaci\u00f3n pol\u00edtica se reduce a la construcci\u00f3n de un Estado centralista tiende por ende a ignorar que, si el reinado americano de Don Jo\u00e3o VI puede ser considerado el hito inicial de la construcci\u00f3n del futuro edificio imperial, no es menos verdad que \u00e9ste estuvo a punto de destruirle las fr\u00e1giles posibilidades, precisamente por su ineptitud para superar la ret\u00f3rica del vasto imperio, actualiz\u00e1ndola y realiz\u00e1ndola, critica Cabral de Mello. Para el pernambucano, como para Murilo de Carvalho, la construcci\u00f3n imperial no pas\u00f3 de figura de ret\u00f3rica con la que la corona bragantina busco deshacer la penosa impresi\u00f3n creada en Europa por su retiro, present\u00e1ndola como medida de alta visi\u00f3n destinada a rehabilitar a Portugal al templarse en el Nuevo Mundo para regresar al Viejo en la condici\u00f3n de potencia de primer orden. Esta elecci\u00f3n de Sof\u00eda? determinar\u00eda si el futuro brasile\u00f1o estar\u00eda en el centralismo mon\u00e1rquico que dej\u00f3 a los Bragan\u00e7a en el poder hasta finales del siglo XIX o en el federalismo en los moldes alcanzados en Estados Unidos, como preconizaron los l\u00edderes de los movimientos de independencia ya en 1817 en Pernambuco y en Bah\u00eda.<\/p>\n<p>Para Evaldo Cabral de Mello, hab\u00eda otra independencia posible que sin ser la \u00a0de cu\u00f1o unitario, conservadora y naturalmente mon\u00e1rquica, que nos hace soslayar otros modos posibles de desarrollo de la naci\u00f3n o de formaci\u00f3n del Estado. Aquellos movimientos se agruparon bajo la amalgama enga\u00f1adora del separatismo, al paso que los constructores del Imperio, a partir de R\u00edo de Janeiro, pasaron para la historia con el beau role de unitarios y de nacionalistas, observa. Como las fuerzas unitarias, la facci\u00f3n unitaria, como dec\u00eda Frei Caneca, vencieron a las centr\u00edfugas, sobre todo las de Pernambuco y de R\u00edo Grande do Sul, se puede preguntar si la venida de la corte ayud\u00f3 a moldear Brasil por su peso (no determinaci\u00f3n) en la conservaci\u00f3n de la monarqu\u00eda y fundamentalmente en el mantenimiento de la unidad. La respuesta es positiva. Monarqu\u00eda y unidad, unidad en parte a causa de la monarqu\u00eda, significaron la herencia de una de las culturas m\u00e1s atrasadas de Europa, favorecieron la prevenci\u00f3n de rupturas sociales, culturales y econ\u00f3micas, un exceso de centralizaci\u00f3n pol\u00edtica y conservadorismo social, eval\u00faa Murilo de Carvalho.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n seg\u00fan \u00e9l, lo que habr\u00eda sido una colonia transformada en algunos tantos pa\u00edses puede entreverse analiz\u00e1ndose lo que pas\u00f3 en la parte espa\u00f1ola: mucha inestabilidad, guerra civil, caudillismo, pero tambi\u00e9n m\u00e1s movilizaci\u00f3n pol\u00edtica, m\u00e1s autogobierno, m\u00e1s osad\u00eda reformista. \u00bfHabr\u00eda sido mejor? Depende de la perspectiva adaptada. Para los que so\u00f1aban y sue\u00f1an a\u00fan hoy (no es mi caso) con un gran imperio o un Brasil potencia (\u00bfpetrolera?), el mantenimiento de la unidad fue esencial. Para los que se preocupan m\u00e1s con la prosperidad y las condiciones de vida de la poblaci\u00f3n, la fragmentaci\u00f3n podr\u00eda haber sido m\u00e1s ventajosa, sobre todo para as provincias m\u00e1s ricas.? \u00bfHay una unanimidad en esa pol\u00e9mica? Creo que la mayor parte de los historiadores piensa que fue una cosa positiva el mantenimiento de la unidad brasile\u00f1a. Pero mientras que no se adopt\u00f3 el federalismo, la discusi\u00f3n sobre sus ventajas estuvo en pauta y acompa\u00f1\u00f3 al Imperio, los debates de la primera Constituyente (1823) y dej\u00f3 su impronta en la Rep\u00fablica. La aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica del federalismo con la pol\u00edtica de los gobernadores, del gobierno de Campos Salles, sin embargo, acab\u00f3 fortaleciendo el coronelismo y sirvi\u00f3 para aumentar la desigualdad social nacional, anota Isabel.<\/p>\n<p>Pero es necesario tambi\u00e9n volver a las cr\u00edticas de Cabral de Mello contra el per\u00edodo joanino en Brasil y sus consecuencias. Cualquier discusi\u00f3n sobre reformas pol\u00edticas era siempre barrada en las ruedas palacianas con la objeci\u00f3n de que la Revoluci\u00f3n Francesa tambi\u00e9n comenzara por ellas. El per\u00edodo de Don Jo\u00e3o se caracteriz\u00f3 por un extremo conservadorismo, que reduc\u00eda la actuaci\u00f3n del poder p\u00fablico a cuestiones administrativas que deb\u00edan resolverse seg\u00fan las pr\u00e1cticas del antiguo Estado. Seg\u00fan \u00e9l, a partir de la independencia se impon\u00eda una noci\u00f3n territorial de que Brasil hab\u00eda sido predestinado para ser un pa\u00eds. Para los fluminenses, la concepci\u00f3n era de un pa\u00eds grande, con potencial correspondiente a la recaudaci\u00f3n tributaria, bajo un r\u00e9gimen centralizador. Asimismo, la idealizaci\u00f3n del reinado joanino naci\u00f3 y se desarroll\u00f3 en R\u00edo, haciendo de la sede de la corte la gran beneficiaria de la inmigraci\u00f3n de los Bragan\u00e7a, mientras que las capitan\u00edas se vieron adicionalmente tasadas para financiar el embellecimiento de la capital para hacerla aceptable a los cortesanos y funcionarios p\u00fablicos de extracci\u00f3n mon\u00e1rquica. Ese entrelazamiento de intereses de las elites aut\u00f3ctonas con las emigradas marc\u00f3 el comp\u00e1s del proceso de independencia, a partir del acercamiento durante los a\u00f1os brasile\u00f1os de Don Jo\u00e3o de las elites del centro-sur con la corona, dice Malerba. Aqu\u00ed yo coincido con Cabral de Mello: ese proyecto centralizador vencedor que coopt\u00f3 al pr\u00edncipe del Brasil despu\u00e9s del regreso del rey a Portugal pugnaba por la imposici\u00f3n de intereses tan regionales (o hasta provincianos) como el de los llamados separatistas de R\u00edo Grande do Sul o Pernambuco, lo que me hace pensar cu\u00e1les ser\u00edan las ventajas para Brasil si cualquier otro de esos proyectos regionales se hubiese impuesto por sobre los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Para \u00e9l, no obstante, lo que importa es que en el Brasil joanino se gener\u00f3 el embri\u00f3n de la elite que har\u00eda la construcci\u00f3n del Estado imperial y de la naci\u00f3n brasile\u00f1a a lo largo del siglo XIX. Y esa elite fue la del centro-sur, se\u00f1ala. Malerba acota tambi\u00e9n que a la configuraci\u00f3n patriarcal del Estado en el Portugal del Antiguo R\u00e9gimen acompa\u00f1\u00f3 en la venida al Brasil la del car\u00e1cter sagrado de la realeza. Uno de los principios de esa forma de gobierno, la monarqu\u00eda absoluta, se asentaba en la liberalidad del soberano, en su capacidad de conceder gracias. Fue el abuso el empleo de esa propiedad la impronta distintiva de la monarqu\u00eda portuguesa en R\u00edo, escribe el historiador. La monarqu\u00eda que lleg\u00f3 a R\u00edo de Janeiro, perteneciendo a un tiempo que se desmoronaba en su lugar de origen, se transform\u00f3 en algo nuevo o por lo menos diferente. Con todo, el lastre de ese tiempo moribundo estaba fuertemente arraigado en las mentes de los hombres de elite y, particularmente, en la del heredero, Don Pedro. Sin la experiencia de ruptura radical, Brasil naci\u00f3 como un Estado-naci\u00f3n hijo de dos tiempos. Esa incertidumbre sign\u00f3 el per\u00edodo imperial y sus rasgos no se borraron hasta hoy.<br \/>\nLo que no podemos saber es si, en el caso de que ese proyecto centralizador, mon\u00e1rquico y conservador no fuese hist\u00f3ricamente el proyecto vencedor, qu\u00e9 tipo de federaci\u00f3n podr\u00eda haber surgido de los escombros del mundo colonial. El costado pol\u00edtico est\u00e1 patente: las interpretaciones que lamentan el aborto de los proyectos federalistas tienden a adjudicar las heridas sociales de Brasil a nuestra revoluci\u00f3n conservadora, a la v\u00eda prusiana seguida por las elites brasile\u00f1as. Pero en historia no tenemos el dispositivo de la contraprueba, dice Malerba. \u00bfUna experiencia federalista habr\u00eda llevado a un pa\u00eds mejor? Nuestra experiencia republicana no autoriza una respuesta tranquila. Laura de Mello e Souza prefiere optar por una tercera v\u00eda. Lo que se ensayaba de hecho en 1808 era la configuraci\u00f3n de un nuevo Imperio: no s\u00f3lo portugu\u00e9s para los americanos, que lo quer\u00edan luso-brasile\u00f1o, naciendo tal vez de ah\u00ed la tensi\u00f3n que explotar\u00eda inmediatamente despu\u00e9s, y en la medida en que los habitantes de la metr\u00f3poli (pues \u00e9sta continuaba vi\u00e9ndose como tal), insist\u00edan en seguir calificando la relaci\u00f3n. En suma, no era m\u00e1s de lo mismo: Imperio lo que los portugueses y luso-brasile\u00f1os pensaban: los primeros lo quer\u00edan portugu\u00e9s, los segundos, luso-brasile\u00f1o.<\/p>\n<p>Un acontecimiento s\u00f3lo se torna memorable debido a una cierta manera de ser excepcional, de suscitar, adem\u00e1s de su desarrollo ef\u00edmero, una realidad duradera, que acaba inscrita en los lugares de la memoria colectiva, convirti\u00e9ndose una especie de experiencia ejemplar, escribi\u00f3 el historiador franc\u00e9s Charles Mozar\u00e9. En ese sentido, la celebraci\u00f3n, la construcci\u00f3n de la memoria son fundamentos para la constituci\u00f3n de un cuerpo pol\u00edtico. \u00bfC\u00f3mo esa entidad a la que llamamos naci\u00f3n brasile\u00f1a comenz\u00f3? El rescate de eventos como la permanencia de la corte en Brasil entre 1808 y 1821, tiene una funci\u00f3n de cohesi\u00f3n social, contribuye a mantener org\u00e1nicas las sociedades, sostiene Malerba, quien aconseja que se haga buen uso de ese hacer memoria juntos, aprovechando cada fecha para un debate sobre nuestra trayectoria (a partir de aquel evento o por causa de aquel evento), nuestra realidad actual y sus impases. A tal fin, es necesario pensar en las conexiones hist\u00f3ricas m\u00e1s generales y, al mismo tiempo, mostrar c\u00f3mo y por qu\u00e9 no son aleatorias. Y dejar de ver la venida de la familia real como una an\u00e9cdota grotesca u ocurrencia aleatoria, dice Laura. Conmemoremos las fechas hist\u00f3ricas como los aniversarios de nuestros padres, personas de las cuales descendemos y que no escogemos, pero que nos generaron y con las cuales estamos irremediablemente asociados, completa Isabel Lustosa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La llegada de la familia real exige una reflexi\u00f3n historiogr\u00e1fica","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[310],"coauthors":[117],"class_list":["post-83616","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-historia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83616","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83616"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83616\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83616"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83616"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83616"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83616"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}