{"id":83664,"date":"2008-02-01T00:00:00","date_gmt":"2008-02-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2008\/02\/01\/el-primer-movimiento\/"},"modified":"2013-09-09T16:17:56","modified_gmt":"2013-09-09T19:17:56","slug":"el-primer-movimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-primer-movimiento\/","title":{"rendered":"El primer movimiento"},"content":{"rendered":"<p>Cuando todos miraban para un lado, ellas miraban para el otro. Hicieron preguntas diferentes y descubrieron cosas muy interesantes. Dos cient\u00edficas del Instituto Butantan, Catarina Teixeira y Cristina Fernandes, vieron que una misma prote\u00edna hallada en abundancia en los estadios m\u00e1s avanzados de la artritis (algo que todos los de esa \u00e1rea sab\u00edan) puede tambi\u00e9n ser una de las causas de esa enfermedad (esa es la parte que nadie m\u00e1s parece haber pensado o demostrado). Lo que ellas descubrieron, junto con investigadores de la Universidad Federal de Cear\u00e1 y de la Universidad de Costa Rica, hizo m\u00e1s que lanzar luz en los tortuosos laberintos de la inflamaci\u00f3n y del dolor que gradualmente se posesionan de las articulaciones como rodillas, codos, pu\u00f1os y manos. Tambi\u00e9n ayuda a comprender mejor c\u00f3mo y por que los tratamientos actuales pueden o no funcionar para contener esa enfermedad, que persigue principalmente a las mujeres, en una proporci\u00f3n tres veces mayor que los hombres, y comienza a aparecer alrededor de los 35 a\u00f1os. En Brasil aproximadamente 2 millones de personas conviven con la artritis y, en los casos m\u00e1s graves, evitan moverse para escapar del dolor, como si se hubiesen vuelto prisioneras del propio cuerpo.<\/p>\n<p>&#8220;La naturaleza es econ\u00f3mica&#8221;, comenta Catarina, explicando como, a partir de esta constataci\u00f3n tan simple, ella y Cristina se preguntaron si la misma prote\u00edna no podr\u00eda tener funciones m\u00e1s amplias y relevantes. El art\u00edculo que publicaron el a\u00f1o pasado en la British Journal of Pharmacology deja claro como la mol\u00e9cula que estudiaron &#8211; la BaP1, extra\u00edda del veneno de una serpiente y muy similar a la de seres humanos &#8211; acciona y alimenta los procesos inflamatorios t\u00edpicos de la artritis. Es tambi\u00e9n ella la que promueve la liberaci\u00f3n de sustancias inflamatorias conocidas como prostaglandinas y citocinas, que causan dolor en las articulaciones, y a\u00fan corroe los cart\u00edlagos en los estadios m\u00e1s avanzados de la enfermedad. Sumado a los resultados obtenidos por otros grupos de investigaci\u00f3n, ese trabajo ayuda a elegir esas prote\u00ednas &#8211; enzimas llamadas metaloproteasas por que cargan un metal, normalmente el zinc &#8211; como objetivo potencial para combatir no s\u00f3lo la artritis como tambi\u00e9n tumores y otras enfermedades de cuyo desarrollo participan.<\/p>\n<p>Normalmente, diferentes tipos de metaloproteasas trabajan como un equipo de mantenimiento, removiendo lo que no es m\u00e1s utilizado en el espacio entre las c\u00e9lulas, adem\u00e1s de participar de la formaci\u00f3n y de la recomposici\u00f3n de tejidos. S\u00f3lo se rebelan cuando el control habitual del organismo por alguna raz\u00f3n deja de funcionar. Es cuando pueden favorecer el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, la diseminaci\u00f3n de tumores o la producci\u00f3n intensiva de mol\u00e9culas bien menores como el factor de necrosis tumoral-alfa (TNF-alfa). Cuando es activado, el TNF-alfa recluta c\u00e9lulas de la sangre involucradas en la inflamaci\u00f3n, uno de los recursos del organismo para detener virus, bacterias y tumores; si es abundante, sin embargo, puede intensificar la inflamaci\u00f3n y el dolor en la artritis.<\/p>\n<p>Una l\u00ednea de medicamentos contra la artritis adoptada actualmente procura bloquear la acci\u00f3n del TNF-alfa, mientras otro abordaje trata de aplacar la acci\u00f3n de todo el sistema de defensa del organismo, que, por motivos a\u00fan desconocidos, pasa a reconocer los cart\u00edlagos de las articulaciones como algo extra\u00f1o, que debe ser eliminado. Por riendas a las metaloproteasas, una posibilidad levantada por los estudios m\u00e1s recientes, implicar\u00eda controlar la producci\u00f3n de esas peque\u00f1as mol\u00e9culas que inflan la inflamaci\u00f3n, los TNF. Lo que es simple de imaginar, sin embargo, es dif\u00edcil de ejecutar y, alertan las cautelosas investigadoras del Butantan, tal vez no muy seguro. En vista de la versatilidad de esas enzimas, la artritis podr\u00eda desaparecer, pero procesos fisiol\u00f3gicos relevantes como la cicatrizaci\u00f3n y la fertilizaci\u00f3n podr\u00edan ser perjudicados.<\/p>\n<p><strong>Objetivos &#8211;<\/strong> Ese es otro vasto laberinto. En un art\u00edculo de revisi\u00f3n publicado en la Expert Opinin on Therapeutics Targets el profesor de reumatolog\u00eda molecular Andrew Rowan y otros investigadores de la universidad inglesa de Newcastle describen 23 metaloproteases de mam\u00edferos, cujas fallas pueden llevar a problemas tan diferentes como esterilidad masculina, enanismo u obesidad. Analizan tambi\u00e9n los compuestos que podr\u00edan detener a esas enzimas, llamados inhibidores de metaloproteasas: de m\u00e1s de 50 identificados como alternativas potenciales para tratar artritis y c\u00e1ncer, la mayor\u00eda par\u00f3 por el camino, por causa de los efectos colaterales o de la baja eficacia, a pesar de los resultados iniciales animadores en c\u00e9lulas y animales de laboratorio. S\u00f3lo siete contin\u00faan y por el momento solo uno fue aprobado &#8211; y para la enfermedad periodontal, caracterizada por la inflamaci\u00f3n de la enc\u00eda y de los huesos que sostienen los dientes.<\/p>\n<p>En un art\u00edculo publicado tambi\u00e9n en la Expert Opinion, Paraic Kenny, de la Universidad de Calif\u00f3rnia en Berkeley, Estados Unidos, sale de lo que llama letan\u00eda de decepciones para contar los avances y los l\u00edmites de prote\u00ednas que inhiben una enzima de ese tipo conocida por la sigla Tace como forma de detener el desarrollo de tumores de pulm\u00f3n, p\u00e1ncreas, mama y ovario, entre otros, adem\u00e1s de la propia artritis. Seg\u00fan \u00e9l, la Tace ya puede ser considerada un objetivo terap\u00e9utico a ser perseguido, ya que sus antagonistas presentaron efectos t\u00f3xicos tolerables y una eficacia razonable en los testes preliminares en c\u00e1ncer en seres humanos; en artritis, sin embargo, os resultados hasta ahora no fueron tan buenos, posiblemente porque otras enzimas de ese tipo continuaron alimentando la inflamaci\u00f3n y el dolor.<\/p>\n<p>&#8220;El mayor avance hasta ahora fue adicionar un mecanismo m\u00e1s de acci\u00f3n de esas enzimas, que ahora se suman al caldo de mediadores que promueven la reacci\u00f3n inflamatoria, posiblemente contribuyendo con la perpetuaci\u00f3n de la inflamaci\u00f3n y da\u00f1o estructural de las juntas&#8221;, comenta Francisco A\u00edrton Rocha, m\u00e9dico reumat\u00f3logo de la Universidad Federal de Cear\u00e1 que trabaj\u00f3 con el equipo del Butantan. Los investigadores llegaron a esas conclusiones manipulando enzimas extra\u00eddas del veneno de serpientes. Hace 20 a\u00f1os, reci\u00e9n contratada por el instituto paulista, Catarina comenz\u00f3 a estudiar los efectos del veneno de v\u00edbora (Bothrops jararaca), una especie abundante, que causa el mayor n\u00famero de accidentes por picadas de serpientes en Brasil. Ella estaba interesada especialmente en comprender los mecanismos involucrados en las intensas reacciones inflamatorias verificadas en el local de las picadas y muy poco neutralizadas por el suero antiof\u00eddico.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de caracterizar la reacci\u00f3n inflamatoria local causada por las picadas de la Bothrops jararaca y de una especie pr\u00f3xima, la Bothrops asper, Catarina comenz\u00f3 a buscar los componentes del veneno responsables por esos efectos. En seguida, incentivada y apoyada por Jos\u00e9 Maria Gutierrez, investigador de la Universidad de Costa Rica y del Instituto Clodomiro Picado, equivalente al Butantan de aquel pa\u00eds, Catarina trabaj\u00f3 para caracterizar las propiedades inflamatorias de una enzima del grupo de las metaloproteasas encontradas en el veneno de la Bothrops asper; esa especie, tambi\u00e9n conocida como terciopelo (en espa\u00f1ol, veludo &#8211; portugu\u00e9s), es la que causa la mayor\u00eda de los accidentes por picadas en la Am\u00e9rica Central.<\/p>\n<p>Tanto Catarina como Cristina, a partir de 1999, se dejaron llevar por los impresionantes efectos de una de esas enzimas, la BaP1, cuya estructura es muy similar a la de metaloproteasas producidas en el organismo humano. Inicialmente Cristina demostr\u00f3 el efecto inflamatorio de esa enzima, detallado en 2006 en la Toxicon. Despu\u00e9s, sumando ese trabajo a relatos de otros grupos que demostraban que la articulaci\u00f3n de personas con artritis reumat\u00f3ide acumulaba metaloproteinasas, ellas imaginaron que esas enzimas podr\u00edan tener funciones a\u00fan m\u00e1s amplias que nadie hab\u00eda visto, hasta iniciando o ayudando a iniciar la inflamaci\u00f3n en la artritis. Testaron la hip\u00f3tesis aplicando la enzima en ratones, de acuerdo con el modelo experimental con que Rocha estudia hace 15 a\u00f1os los mecanismos de dolor y lesi\u00f3n provocados por la artritis.<\/p>\n<p><strong>Toxinas &#8211;<\/strong> Fue Rocha quien ense\u00f1\u00f3 a Cristina a inyectar la enzima de serpiente en la min\u00fascula cavidad entre los igualmente min\u00fasculos huesos de las rodillas de los ratones. Solamente una hora despu\u00e9s de la inyecci\u00f3n de la BaP1 un grupo de animales ya presentaba una cantidad notable de c\u00e9lulas inflamatorias, principalmente neutr\u00f3filos, adem\u00e1s de sustancias asociadas al dolor como las prostaglandinas y el TNF-alfa, caracterizando la barah\u00fanda de sustancias y c\u00e9lulas de defensa t\u00edpica de la artritis; otros grupos de animales, que hab\u00edan sido previamente tratados con compuestos que bloqueaban la acci\u00f3n de TNF-alfa o la formaci\u00f3n de prostaglandinas, no exhibieron inflamaci\u00f3n ni dolor cuando recibieron la BaP1.<\/p>\n<p>Los resultados representaron dos ganancias simult\u00e1neas. La primera es m\u00e1s obvia: comprobando la hip\u00f3tesis inicial, esa enzima dej\u00f3 de ser coadyuvante para asumir un papel principal en el doloroso enredo de la artritis, por iniciar y alimentar la inflamaci\u00f3n y el dolor que consume las uniones; el pr\u00f3ximo paso, claro, es confirmar si las equivalentes humanas producen el mismo efecto. El otro, destacado por Catarina, es m\u00e1s sutil: las toxinas de venenos pueden ser usadas tambi\u00e9n como herramientas para entender mejor los mecanismos de funcionamiento del propio cuerpo y del desarrollo de enfermedades como la artritis, esclareciendo por analog\u00eda las funciones hoy desconocidas de muchas mol\u00e9culas del organismo humano.<\/p>\n<p><strong>El proyecto<\/strong><br \/>\nEstudio de los efectos de la metaloproteinasa BaP1, aislada del veneno de la serpiente Bothrops asper, en la articulaci\u00f3n de ratones<br \/>\n<strong><em>Modalidad<br \/>\n<\/em><\/strong>Auxilio al Proyecto de Investigaci\u00f3n<br \/>\n<strong><em>Coordinadora<br \/>\n<\/em><\/strong>Catarina de F\u00e1tima Pereira Teixeira<br \/>\n<strong><em>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/em><\/strong>209.741,63 reales (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Descubren enzima que puede causar la inflamaci\u00f3n y el dolor de la artritis","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[311],"coauthors":[5968],"class_list":["post-83664","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-inmunologia"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83664","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83664"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83664\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83664"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83664"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83664"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83664"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}