{"id":83666,"date":"2008-02-01T00:00:00","date_gmt":"2008-02-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2008\/02\/01\/los-trucos-de-un-seductor\/"},"modified":"2024-06-05T15:58:17","modified_gmt":"2024-06-05T18:58:17","slug":"los-trucos-de-un-seductor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/los-trucos-de-un-seductor\/","title":{"rendered":"Los trucos de un seductor"},"content":{"rendered":"<p>En la casa de campo en que vivi\u00f3 durante una buena parte de su infancia en Petr\u00f3polis, regi\u00f3n serrana de R\u00edo de Janeiro, Glauco Machado acostumbraba encontrar por los rincones de la casa los peque\u00f1os e inofensivos opiliones, animales emparentados con las ara\u00f1as bastante comunes en \u00e1reas de la Mata Atl\u00e1ntica con humedad elevada y temperatura templada. Era el inicio de los a\u00f1os 1980 y Machado no imaginaba que m\u00e1s tarde volver\u00eda a rever a esos ar\u00e1cnidos de piernas muy largas y delgadas durante sus estudios de biolog\u00eda en la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). Menos a\u00fan sospechaba que un d\u00eda pudiese convertirse una de las mayores autoridades brasile\u00f1as en el comportamiento de esos animales, que puede ayudar a entender el de otros seres vivos. &#8220;El comportamiento de los opiliones puede servir de modelo para comprender como otros animales act\u00faan en lo que respecta a cortejar, a la reproducci\u00f3n y a las relaciones familiares&#8221;, afirma el bi\u00f3logo, actualmente profesor en el Instituto de Biociencias de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), que en los \u00faltimos a\u00f1os demostr\u00f3 que el cuidado de las hembras con la prole es fundamental para el \u00e9xito reproductivo de los opiliones.<\/p>\n<p>Frecuentemente confundidos con las ara\u00f1as, los opiliones tambi\u00e9n tienen ocho patas. Pero dos de ellas, m\u00e1s espec\u00edficamente el segundo par de patas, funcionan como antenas y son usadas para reconocer el ambiente por el tacto. A prop\u00f3sito, es justamente por el hecho de poseer patas largas que probablemente recibieron el nombre de opili\u00f3n, que en lat\u00edn significa pastor de ovejas. Es que en la Roma Antigua los pastores andaban sobre patas de palo para contar mejor sus reba\u00f1os. Diferentemente del cuerpo de las ara\u00f1as, separado en dos partes (abdomen y cefalotorax, que une cabeza y torax), el cuerpo de los opiliones no presenta divisiones: cefalotorax y abdomen est\u00e1n fundidos en una \u00fanica estructura. Pero su caracter\u00edstica m\u00e1s significativa, que permite a cualquier persona saber que no est\u00e1 delante de una ara\u00f1a, es que el opili\u00f3n posee gl\u00e1ndulas de olor: cuando es molestado, libera una secreci\u00f3n con un fuerte olor repulsivo que vali\u00f3 al grupo el apodo de ara\u00f1a chivo o ara\u00f1a apestosa. A base de compuestos qu\u00edmicos como quinonas, fenoles y cetonas, esa secreci\u00f3n permite a las diversas especies de opiliones &#8211; son alrededor de 6 mil en el mundo y casi mil en Brasil &#8211; librarse de predadores como sapos y hormigas, hecho constatado recientemente por el equipo de Machado.<\/p>\n<p>En un estudio coordinado por Machado en la Isla de Cardoso, litoral sur de S\u00e3o Paulo, la bi\u00f3loga Francini Osses acompa\u00f1\u00f3 durante un a\u00f1o la selecci\u00f3n de locales para nidos por las hembras de la especie Bourguyia hamata. De cuerpo anaranjado y patas con hasta 10 cent\u00edmetros de largura, esos opiliones buscan casi siempre las hojas largas de la bromelia Aechmea nudicaulis para depositar sus huevos, aunque existan otras 36 especies de bromelia solamente en la regi\u00f3n en que fue desarrollada la investigaci\u00f3n. Francini evalu\u00f3 el volumen de agua y las condiciones de limpieza de las bromelias que esa especie de opili\u00f3n escog\u00eda para tener sus cr\u00edas. Constat\u00f3 que la preferencia era por bromelias mayores, que acumulaban m\u00e1s agua, evitando la variaci\u00f3n de humedad, y donde se depositaban menos detritos ca\u00eddos de los \u00e1rboles, como describe en un art\u00edculo que ser\u00e1 publicado en breve en el Journal of Ethology. &#8220;La opci\u00f3n por esa bromelia, que generalmente crece sobre los \u00e1rboles, ofrece seguridad contra predadores y condiciones de limpieza ideal para el\u00a0 nacimiento de las cr\u00edas&#8221;, explica Francini.<\/p>\n<p>El cuidado materno no se restringe a la elecci\u00f3n del local m\u00e1s adecuado para procrear. Despu\u00e9s de colocar los huevos, las hembras muchas veces dejan de lado otras actividades diarias &#8211; como la propia alimentaci\u00f3n, a base de insectos y frutos o hasta opiliones muertos de otras especies &#8211; para dedicarse a la prole. Pasan pr\u00e1cticamente un mes sobre los huevos, para protegerlos de los predadores. &#8220;Es una tarea bastante \u00e1rdua. La hembra tiene que renunciar a una serie de situaciones para garantizar el nacimiento de las cr\u00edas, pero acaba siendo recompensada&#8221;, dice Machado, que hab\u00eda observado ese comportamiento ya en 1998, durante su proyecto de iniciaci\u00f3n cient\u00edfica. Pero recientemente \u00e9l y el zo\u00f3logo Bruno Buzatto decidieron analizar la importancia de proteger los huevos en un experimento realizado en la naturaleza.<\/p>\n<p><strong>Cuidado de madre<br \/>\n<\/strong>En el Parque Estadual Intervales, en el Valle do Ribeira, sur del estado de S\u00e3o Paulo, Buzatto encontr\u00f3 144 hembras de la especie Acutisoma proximum, de cuerpo verdoso con el tama\u00f1o de una moneda de 10 centavos, que acostumbran colocar sus huevos en piedras y hasta pr\u00f3ximas a las m\u00e1rgenes de riachos, y las marc\u00f3 con una tinta que permanece en el cuerpo por hasta dos a\u00f1os. En seguida, las separ\u00f3 en dos grupos: la mitad de ellas puede pasar todo el tiempo cuidando los huevos, mientras que los huevos de las restantes hembras fueron retirados de los nidos durante dos semanas. Buzatto vio que los nidos desprotegidos fueron atacados por grillos, avispas u opiliones, que como promedio consum\u00edan un 75% de los huevos. En un art\u00edculo en el Journal of Animal Ecology de septiembre de 2007, Buzatto, Machado, Gustavo Requena y Eduardo Martins relatan que las hembras cuyos huevos fueron experimentalmente retirados de los nidos buscaron en seguida otro macho para copular y pasaron a poner huevos m\u00e1s veces &#8211; como promedio depositaron un 18% m\u00e1s huevos que las que cuidaron de sus cr\u00edas. Colocar m\u00e1s huevos, sin embargo, garantiz\u00f3 solamente una ventaja aparente, seg\u00fan los investigadores. Cuando calcularon el costo para las hembras, vieron que lo mejor era poder cuidar de la prole. &#8220;De nada vale colocar m\u00e1s huevos si la mayor\u00eda de las cr\u00edas van a morir si no recibe los cuidados de la madre&#8221;, explica Machado.<\/p>\n<p>Y no son solamente las hembras que se interesan por cuidar los nidos. Machado descubri\u00f3 que los machos de algunas especies se las dan de buenos padres como estrategia de conquista. En los \u00faltimos a\u00f1os Machado y sus colaboradores identificaron a seis especies de opiliones en que son los machos los responsables por los huevos e investigaron ese comportamiento en otras seis &#8211; antes se conoc\u00eda solamente tres especies en que los machos cuidaban los huevos. Evaluando la especie Iporangaia pustolosa, con el cuerpo verde vivo con manchas negras y un poco mayor que una perla, Machado y Gustavo Requena descubrieron que cuanto mayor es el n\u00famero de hembras en una poblaci\u00f3n de opiliones,\u00a0 tanto m\u00e1s tiempo los machos pasan cuidando los huevos.<\/p>\n<p><strong>Selecci\u00f3n correcta<br \/>\n<\/strong>Al menos entre los opiliones, la estrategia funciona. Ta\u00eds Nazareth acompa\u00f1\u00f3 en laboratorio a los regordetes opiliones del genero Pseudopucrolia originarios de Esp\u00edritu Santo. Puso en recipientes de cristal dos machos &#8211; uno cuidaba los ovos, mientras el otro permanec\u00eda solito, sin prole. En seguida, Ta\u00eds coloc\u00f3 una hembra en el ambiente. En menos de dos horas, ella ya hab\u00eda escogido el macho que cuidaba los huevos y copulado con \u00e9l. En una etapa siguiente, los papeles fueron entonces invertidos. El macho que antes no ten\u00eda que cuidar pas\u00f3 a tomar cuenta de los huevos. El otro qued\u00f3 sin nada que vigilar. Nuevamente la hembra opt\u00f3 por el macho con la prole. Cualidades f\u00edsicas como tama\u00f1o y color del cuerpo no influenciaron en la selecci\u00f3n, not\u00f3 Ta\u00eds. Ese experimento mostr\u00f3 tambi\u00e9n que, cuando el responsable de los huevos muere, otro macho asume la protecci\u00f3n de la prole, comportamiento contrario al observado en varias especies. &#8220;Si las hembras prefieren a los machos cuidadores, aquellos que fingen ser due\u00f1os de los huevos se salen mejor&#8221;, sugiere Machado.<\/p>\n<p>Sin veneno ni presas, los aparentemente fr\u00e1giles opiliones pueden volverse agresivos para defenderse: atacan con los palpos, pellizcan con sus pinzas (quel\u00edceras) o con las espinas de las patas. Pero un arma exclusiva les viene permitiendo sobrevivir desde que surgieron, hace 400 millones de a\u00f1os: el mal olor. Por medio de un par de gl\u00e1ndulas de olor, ellos liberan un l\u00edquido amarillento con un fuerte olor \u00e1cido, capaz de mantener distante a varios de sus predadores. En una serie de testes realizados a\u00f1os atr\u00e1s en la Unicamp, Machado confirm\u00f3 la eficiencia del olor para salvar la vida de los opiliones. Con la ayuda de los investigadores Patr\u00edcia Carrera, Armando Pomini y Anita Marsaioli, \u00e9l recolect\u00f3 el l\u00edquido amarillento y maloliente producido por la especie Acutisoma longipes, com\u00fan en toda la Regi\u00f3n Sudeste del pa\u00eds, y aisl\u00f3 dos tipos de benzoquinona.<\/p>\n<p>En experimentos con siete especies de hormiga, Machado humedeci\u00f3 un pedazo de papel filtro en agua con az\u00facar y despu\u00e9s acrecent\u00f3 un poco de la secreci\u00f3n del opili\u00f3n. Fue lo bastante para mantener las hormigas lejos de la comida por hasta diez minutos, tiempo m\u00e1s que suficiente para un opili\u00f3n escapar de un ataque. El grupo repiti\u00f3 el teste con otros predadores de los opiliones. Para asegurarse de que era exactamente la peste &#8211; y no otra estrategia de defensa &#8211; lo que estaba protegiendo a los pastores de largas patas, Machado dej\u00f3 caer gotas de la secreci\u00f3n amarillenta en grillos y los ofreci\u00f3 tambi\u00e9n a sapos de cuernos y ara\u00f1as. La mayor parte de los predadores no soport\u00f3 el mal olor. Despu\u00e9s de morder al grillo apestoso, el sapo pas\u00f3 a saltar y revolverse hasta vomitarlo vivo. El \u00fanico predador que consigui\u00f3 comer el grillo, aunque con cierta dificultad, fue la mofeta de oreja blanca, relatan los investigadores en un art\u00edculo del Journal of Chemical Ecology.<\/p>\n<p>&#8220;Tuvimos el cuidado de estudiar animales que viven en las mismas \u00e1reas que los opiliones y los incluyen en su dieta&#8221;, dice Machado, que en el inicio del a\u00f1o pasado public\u00f3 en sociedad con Ricardo Pinto da Rocha, de la USP, y Gonzalo Giribet, de la Universidad Harvard, el libro Harveastmen: the biology of opiliones. Con cap\u00edtulos escritos por 25 autores, el libro trae novedades sobre morfolog\u00eda, taxonom\u00eda, comportamiento y ecolog\u00eda de los opiliones, uno de los grupos animales m\u00e1s antiguos de la Tierra. Como s\u00f3lo se desplazan por cortas distancias, es probable que las especies encontradas en diferentes regiones del mundo vivan en esos lugares hace millones de a\u00f1os, dato que contribuye a que se comprenda la evoluci\u00f3n del planeta. &#8220;Mirando la distribuci\u00f3n actual y estableciendo relaciones de parentesco, verificamos que hay especies muyo semejantes en Chile, en \u00c1frica del Sur y en Australia&#8221;, cuenta Machado. No por casualidad, esos pa\u00edses est\u00e1n en bloques continentales que centenas de millones de a\u00f1os atr\u00e1s estaban reunidos en el supercontinente Gondwana.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\nInversi\u00f3n parental y evoluci\u00f3n del comportamiento subsocial en opiliones de la familia <em>Gonyleptidae<\/em> (arachnida: opiliones)\u00a0(<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/bolsas\/121320\/investimento-parental-e-evolucao-do-comportamento-subsocial-em-opilioes-da-familia-gonyleptidae-ara\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">n\u00ba\u00a005\/50147-1<\/a>); <strong>Modalidad\u00a0<\/strong>L\u00ednea Regular de Auxilio a la Investigaci\u00f3n &#8211; Joven Investigador;\u00a0<strong>Coordinador\u00a0<\/strong>Glauco Machado &#8211; IB\/USP;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/strong>141.737,16 reales<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los opiliones machos que cuidan los huevos atraen el inter\u00e9s de las hembras","protected":false},"author":18,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[335],"coauthors":[109],"class_list":["post-83666","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-zoologia-es","keywords-comportamiento"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83666","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83666"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83666\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":518796,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83666\/revisions\/518796"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83666"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83666"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83666"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83666"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}