{"id":83692,"date":"2008-03-01T00:00:00","date_gmt":"2008-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2008\/03\/01\/los-halcones-de-la-sabana\/"},"modified":"2017-08-14T18:30:50","modified_gmt":"2017-08-14T21:30:50","slug":"los-halcones-de-la-sabana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/los-halcones-de-la-sabana\/","title":{"rendered":"Los halcones de la sabana"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/03\/aves-do-cerrado_1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-244529\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/03\/aves-do-cerrado_1-751x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"409\" \/><span class=\"media-credits-inline\">jos\u00e9 carlos motta junior<\/span><\/a>Un paisaje que parece un vasto campo abandonado, con un \u00e1rbol aqu\u00ed y otro all\u00e1, perseguido por el sol ardiente del interior paulista, emerge como una notable reserva de aves a cielo abierto. El Cerrado [sabana] de la Estaci\u00f3n Ecol\u00f3gica de Itirapina, a 230 kil\u00f3metros de la capital paulista, alberga 231 especies de aves, entre ellas delicados p\u00e1jaros que caben en la palma de la mano, la urraca campestre, 17 especies de gavilanes y halcones y siete de lechuzas, predadores del tope de la cadena alimentaria como si fuesen leones alados, y el \u00f1and\u00fa, la mayor ave brasile\u00f1a, de hasta 1,80 metro de altura. En los 23 kil\u00f3metros cuadrados de ese descampado \u2014\u00a0un \u00e1rea equivalente a un 1% del Distrito Federal, el coraz\u00f3n de la sabana brasile\u00f1a \u2014\u00a0vive una de cada tres especies exclusivas del Cerrado, un 27% del total de las especies encontradas en ese tipo de ambiente y un 30% de las registradas en todo el estado de S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p>Ni siquiera los bi\u00f3logos esperaban encontrar tama\u00f1a diversidad biol\u00f3gica en una vegetaci\u00f3n antes desvalorizada por representar las formas m\u00e1s raleadas del Cerrado paulista \u2014\u00a0el campo limpio, raro especialmente en S\u00e3o Paulo, cubierto por un suelo arenoso en el que nada crece a no ser las insistentes plantas arrastradas, y el campo sucio, solamente con arbustos en medio de la alfombra verde. \u00bfC\u00f3mo explicarlo? Jos\u00e9 Carlos Motta Jr., profesor de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), cuenta que justamente por tratarse de un espacio abierto es que nace, crece y se esconde all\u00ed tama\u00f1a variedad de seres alados, muchos en la lista de amenazados de extinci\u00f3n en el estado de S\u00e3o Paulo. Quien tenga m\u00e1s paciencia puede ver tambi\u00e9n a alguna de las 33 especies migratorias ya identificadas, como el ejemplo de la rara \u00e1guila pescadora (Pandion haliaetus), que viene del sur de Estados Unidos. Muchas otras pueden no ser vistas nunca si el propio Monte\u00a0 desaparecer, como advirtieron dos expertos en aves, Edwin O&#8217;Neill Willis y Roberto Cavalcanti, hace casi dos d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>Motta Jr., que comenz\u00f3 a los 13 a\u00f1os de edad a salir por las noches para ver y o\u00edr a las lechuzas de los montes y sabanas de aquella regi\u00f3n, forma parte del equipo de casi 30 bi\u00f3logos de la USP, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y del Instituto Butantan que pasaron d\u00edas y noches detr\u00e1s del pulsar de la vida en el cielo, en los huecos del suelo o en \u00e1rboles muertos del Cerrado de Itirapina. El censo de la vida salvaje que toma forma ahora, despu\u00e9s de 10 a\u00f1os de trabajo, revela tambi\u00e9n especies y fen\u00f3menos nuevos. Es el caso del &#8220;rato-de-espinho&#8221; (<em>Clyomys bishopi<\/em>), un roedor de 20 cent\u00edmetros (sin el rabo) exclusivo del Cerrado paulista, que cava t\u00faneles interconectados a medio metro de la superficie. Viviendo en colonias, los &#8220;ratos-de-espinho&#8221; son posibles especies claves. El bi\u00f3logo Roberto Guilherme Trovati verific\u00f3 que esos animales almacenan y diseminan frutos y semillas, ellos mismos sirven de alimento para otros animales y construyen abrigos que acogen a lagartos, serpientes y sapos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n salieron de la cueva conclusiones que pueden ser \u00fatiles para rever o fortalecer las estrategias de conservaci\u00f3n de la vegetaci\u00f3n natural. &#8220;Perdimos el romanticismo de creer que podr\u00eda existir una soluci\u00f3n \u00fanica para preservar todos los grupos de animales&#8221;, dice Marcio Martins, profesor del Instituto de Biociencias de la USP y coordinador del equipo. &#8220;No se trata m\u00e1s de escoger entre las lagunas llenas de sapos end\u00e9micos o el campo abierto en donde viven algunas aves que no aceptan otros espacios, sino de mantener los dos ambientes, porque son igualmente importantes.&#8221; Los bi\u00f3logos de ese grupo verificaron que la deforestaci\u00f3n perjudica a la mayor\u00eda de las especies de animales, como por ejemplo el de la rana Leptodactylus furnarius, que pr\u00e1cticamente s\u00f3lo vive en el Cerrado preservado, pero otras pueden hasta darse bien con la deforestaci\u00f3n, como la cascabel y la lechuza de cola larga, que se diseminan y se reproducen f\u00e1cilmente en \u00e1reas abiertas.<\/p>\n<p><strong>Pastos y cazadores<br \/>\n<\/strong>Los an\u00e1lisis evidencian la delicada situaci\u00f3n de esa \u00e1rea del Cerrado paulista cercada por haciendas y ciudades, una de las pocas del pa\u00eds en preservar los campos limpios. En otros trechos se esparcen \u00e1rboles tortuosos y de cortezas gruesas que resisten a incendios frecuentes \u2014\u00a0es el campo cerrado, con \u00e1rboles como el &#8220;pequ\u00ed&#8221; (<em>Caryocar brasiliense<\/em>), cuyo fruto los habitantes del centro-oeste adicionan al arroz, y la &#8220;gabirobeira&#8221; (<em>Campomanesia adamantium<\/em>), cuyos frutos eran usados en dulces y mermeladas. Normalmente los bosques que contornean los r\u00edos cubren de\u00a0 un 10% a un 15% del \u00e1rea de Cerrado en Brasil, pero en Itirapina no llegan a un 5%; y justamente en ellas es que vive buena parte de las aves y la mayor\u00eda de los anfibios, adem\u00e1s de los anfibios que s\u00f3lo se reproducen en esos bosques. La recomposici\u00f3n e integraci\u00f3n de los bloques de los bosques pr\u00f3ximos a los r\u00edos es una de las recomendaciones que los investigadores pretenden entregar en breve a la directiva de la estaci\u00f3n ecol\u00f3gica como forma de celar a\u00fan m\u00e1s por el espacio natural del oso hormiguero (<em>Myrmecophaga tridactyla<\/em>), el puma (<em>Puma concolor<\/em>) y la nutria (<em>Lontra longicaudis<\/em>). Ellos sugieren mayor fiscalizaci\u00f3n contra los cazadores y la invasi\u00f3n de ganado, cuyas heces fecales propagan semillas de malezas invasoras, y m\u00e1s atenci\u00f3n a la eliminaci\u00f3n de los \u00e1rboles ex\u00f3ticos, especialmente los pinares, que invaden la estaci\u00f3n y crecen a partir de semillas tra\u00eddas por el viento de las reforestaciones vecinas. &#8220;Los pinares avanzaron bastante sobre otras \u00e1reas de preservaci\u00f3n del Cerrado en S\u00e3o Paulo&#8221;, observa Motta Jr.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/03\/aves-do-cerrado_3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-244531\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/03\/aves-do-cerrado_3-683x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"450\" \/><span class=\"media-credits-inline\">jos\u00e9 carlos motta junior<\/span><\/a>Tiempos atr\u00e1s, con base en las informaciones y conclusiones de los an\u00e1lisis de campo, la administraci\u00f3n de la estaci\u00f3n y los investigadores decidieron en conjunto por la desactivaci\u00f3n de estradas internas, en beneficio de la diversidad biol\u00f3gica. Cuando necesitaba argumentos para luchar por la anexi\u00f3n de un \u00e1rea vecina de 150 hect\u00e1reas de campo cerrado que pertenec\u00eda al estado, la bi\u00f3loga Denise Zanchetta, ex administradora de la estaci\u00f3n, no vacil\u00f3 en llamar a los bi\u00f3logos de S\u00e3o Paulo que andaban por all\u00e1. &#8220;Trabajar en conjunto y tomar decisiones que beneficien a todos fue una experiencia muy rica y f\u00e1cil&#8221;, dice ella. &#8220;En la mayor\u00eda de las veces hay un vac\u00edo. El investigador viene y se va sin dejar nada y el administrador es visto solamente como quien va a poner trabas al trabajo cient\u00edfico.&#8221;<\/p>\n<p>Por all\u00ed todo parece sereno, pero es un comer y comer irrefrenable a\u00fan entre los representantes de lo alto de la cadena alimentaria: un gavil\u00e1n grande puede atacar a una lechuza y una lechuza grande puede comer un gavil\u00e1n peque\u00f1o. Motta Jr. cuenta que una vez vio a un cabur\u00e9, la menor lechuza brasile\u00f1a, de alrededor de 60 gramos (menos que un zorzal), agarrando a un p\u00e1jaro, la tijereta (Tyrannus savana), de 30 gramos. Pero conviene no mirar solamente para lo alto, porque las cobras por all\u00e1 tambi\u00e9n son muchas. Martins, Ricardo Sawaya, bi\u00f3logo del Butantan, y los dem\u00e1s integrantes del equipo que estudiaba a los reptiles pidieron a los habitantes de las haciendas pr\u00f3ximas que guardaran las serpientes que encontraban en las plantaciones, en los pastos y en las casas \u2014\u00a0y antes, claro, las mataban. La mayor\u00eda de las 35 especies vistas en la reserva viv\u00eda tambi\u00e9n en las haciendas, en una indicaci\u00f3n de que soportaban variaciones acentuadas de temperatura, humedad y vegetaci\u00f3n. S\u00f3lo tres, menos flexibles &#8220;una yarar\u00e1 (<em>Bothrops itapetiningae<\/em>), una falsa coral (<em>Oxyrhopus rhombifer<\/em>) y la nariguda (<em>Lystrophys nattereri<\/em>) \u2014, viv\u00edan solamente\u00a0 en el Cerrado preservado.\u00a0Otras veces, mientras el equipo de las aves sal\u00eda detr\u00e1s de bolotas de heces fecales, por medio de las cuales descubr\u00edan de qu\u00e9 los animales se alimentaban, el grupo de los reptiles abr\u00eda la barriga de cobras muertas para saber cuantos sapos, lagartos y roedores se com\u00edan. En uno de los estudios, Felipe Spina hizo 900 cobras de 20 cent\u00edmetros con masilla de modelar (300 con listas rojas, blancas y negras intercaladas, representando las corales, las serpientes m\u00e1s coloreadas del mundo, 300 con listas inclinadas y otras 300 enteramente marrones) para verificar si gavilanes y lechuzas dejaban de atacar las cobras de masilla con colores intensos, que representar\u00edan las especies venenosas y sus imitadores fidedignos. S\u00ed, evitan \u2014\u00a0y prefieren las marrones, que representaban las no venenosas.<\/p>\n<p>Una de las conclusiones de ese trabajo es que en el Cerrado, como ya hab\u00eda sido verificado en selvas tropicales de Am\u00e9rica Central, una forma de ganar algunos meses de vida es parecer venenoso: hasta una semejanza superficial con una coral verdadera (venenosa) ya aleja a predadores. Gavilanes, lechuzas, urracas y garzas no distinguen las cobras corales falsas (no venenosas) de las verdaderas, ya que ambas son coloreadas. En la duda sobre cual ser\u00eda realmente venenosa \u2014\u00a0el riesgo de errar puede significar la muerte \u2014, los predadores van a buscar alimento. As\u00ed, las corales verdaderas, aunque raras en Itirapina, benefician a todas las otras coloreadas. &#8220;Es un altruismo involuntario&#8221;, comenta Martins.<\/p>\n<p>Los bi\u00f3logos descubrieron tambi\u00e9n los prejuicios que acompa\u00f1an algunas especies, como el aguar\u00e1 guaz\u00fa (<em>Chrysocyon brachyurus<\/em>). El \u00fanico lobo de Brasil se alimenta principalmente con frutas y ratones, a veces una perdiz, pero los habitantes de la regi\u00f3n creen que le encantan las gallinas y otros animales dom\u00e9sticos. No es cierto. De acuerdo con un an\u00e1lisis de los investigadores, el aguar\u00e1 ataca a una gallina cada 50 \u00f3 70 ratones que consume. &#8220;Si los habitantes cercasen los gallineros o dejasen a un perro cerca, el aguar\u00e1 guar\u00fa se va&#8221;, sugiere Motta Jr. &#8220;No es como el lobo gris estadounidense, que se puede comer hasta al perro.?&#8221;<\/p>\n<p><strong>Los Proyectos<\/strong><br \/>\n<strong> 1.<\/strong> Historia natural, ecolog\u00eda y la evoluci\u00f3n de los vertebrados brasile\u00f1os;\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Proyecto Tem\u00e1tico;\u00a0<strong>Coordinador\u00a0<\/strong>M\u00e1rcio Martins \u2014\u00a0IB\/USP;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>815.289,80 reales (FAPESP)<br \/>\n<strong>2.<\/strong> Ecolog\u00eda de comunidades de vertebrados terrestres en Montes y \u00e1reas alteradas en la regi\u00f3n de Itirapina, SP;\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Auxilio Regular al Proyecto de Investigaci\u00f3n;\u00a0<strong>Coordinador\u00a0<\/strong>M\u00e1rcio Martins \u2014\u00a0IB\/USP; <strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>4.8954,88 reales (CNPq)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Descampado exhibe una riqueza biol\u00f3gica inesperada\r\n","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[275,278,269],"coauthors":[5968],"class_list":["post-83692","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-biodiversidad","tag-biologia-es","tag-ambiente-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83692","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83692"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83692\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83692"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83692"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83692"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83692"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}