{"id":83737,"date":"2008-05-01T00:00:00","date_gmt":"2008-05-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2008\/05\/01\/las-moradas-preteritas-2\/"},"modified":"2017-08-07T18:10:22","modified_gmt":"2017-08-07T21:10:22","slug":"las-moradas-preteritas-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/las-moradas-preteritas-2\/","title":{"rendered":"Las moradas pret\u00e9ritas"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_244105\" style=\"max-width: 235px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_botucatu-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-244105\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_botucatu-1-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Vladimir Benincasa<\/span><\/a> Hacienda Serra Negra, en Botucat\u00fa<span class=\"media-credits\">Vladimir Benincasa<\/span><\/p><\/div>\n<p>&#8220;En ella todo fue, nada es. No se conjugan los verbos en tiempo presente. Todo es pret\u00e9rito. Vistas de lejos, las haciendas son Escoriales de soberbio aspecto visual, pero son entristecedoras cuando uno llega al pie. Ladeando la casa grande, barracones vac\u00edos y patios de piedra con malvas en los intersticios. El due\u00f1o est\u00e1 ausente. Cafetales extinguidos&#8221;, escribi\u00f3 Monteiro Lobato sobre las &#8220;ciudades muertas&#8221; que albergaron &#8220;f\u00e1bricas de caf\u00e9&#8221;, responsables de la transformaci\u00f3n de la capitan\u00eda de la Colonia, sin riquezas ni poder, en el estado m\u00e1s desarrollado del pa\u00eds. &#8220;La caficultura del estado de S\u00e3o Paulo produjo en 150 a\u00f1os un acervo importante de edificaciones, que actualmente ayuda a explicar su historia. Desafortunadamente, muchas de esas construcciones han sido destruidas o descaracterizadas a lo largo de los a\u00f1os, con pocos registros sobre el cotidiano de las personas que las construyeron y las usaron&#8221;, lamenta Vladimir Benincasa, autor de la recientemente defendida tesis doctoral &#8220;Haciendas paulistas&#8221;, presentada ante el Departamento de Arquitectura y Urbanismo de la Escuela de Ingenier\u00eda de S\u00e3o Carlos (USP), dirigida por \u00c2ngela Bortolucci, que cont\u00f3 con el apoyo de la FAPESP.<\/p>\n<p>&#8220;Los cambios en la econom\u00eda de los \u00faltimos 50 a\u00f1os, que provocaron un intenso \u00e9xodo rural, crearon una generaci\u00f3n alejada de sus tradiciones y que desconoce sus or\u00edgenes&#8221;, explica el investigador. Fueron tres a\u00f1os visitando, midiendo y fotografiando m\u00e1s de 300 haciendas, que resultaron en 15 mil fotos y 200 planos de caserones. El objetivo de Benincasa era tener una visi\u00f3n general del acervo arquitect\u00f3nico rural producido durante el ciclo cafetalero, entre comienzos del siglo XIX y la d\u00e9cada de 1940, a los efectos de detectar c\u00f3mo se dio la creaci\u00f3n del modo paulista de construir y vivir y de qu\u00e9 forma el mismo se vio influenciado por el impacto de las transformaciones del capitalismo (la mecanizaci\u00f3n, la electrificaci\u00f3n, los ferrocarriles, etc.) en la configuraci\u00f3n de los espacios de producci\u00f3n y vivienda. La dificultad radicaba en volver en el tiempo para entender el espacio. Al fin y al cabo, las actualmente abandonadas o\u00a0 transformadas en &#8220;hoster\u00edas&#8221; casas de hacienda quedaron aisladas en el paisaje, desprovistas del conjunto de instalaciones que compon\u00edan el complejo de producci\u00f3n caf\u00edcola. &#8220;Dif\u00edcilmente el observador ser\u00e1 capaz de hacerse una idea del movimiento y de la actividad que hab\u00eda all\u00ed. Era una sucesi\u00f3n continua de casas formando patios, con lugares para el procesamiento, el ingenio, el molino, el almacenamiento, el herrero, la casa de esclavos, la enfermer\u00eda, el rancho, la venta, el apeadero; y gente, mucha gente. Casi todo desapareci\u00f3 y quedan solamente enormes edificios residenciales&#8221;, asevera el arquitecto Marcos Carrilho, del Iphan (Instituto del Patrimonio Hist\u00f3rico y Art\u00edstico Nacional), en su art\u00edculo &#8220;Haciendas de caf\u00e9 decimon\u00f3nicas en Vale do Para\u00edba&#8221;.<\/p>\n<div id=\"attachment_244114\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-244114\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_descalvado-1.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"132\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_descalvado-1.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_descalvado-1-250x114.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_descalvado-1-120x55.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Vladimir Benincasa<\/span>Hacienda Bella Alian\u00e7a, en Descalvado<span class=\"media-credits\">Vladimir Benincasa<\/span><\/p><\/div>\n<p>Si la decadencia fue r\u00e1pida, el apogeo fue largo. Reci\u00e9n a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, con el fin del ciclo minero, la Corte lusitana empez\u00f3 a valorar la fertilidad de las tierras del sur de Brasil, que hicieron surgir una econom\u00eda paulista agr\u00edcola significativa. El caf\u00e9 es hoy en d\u00eda una pasi\u00f3n nacional, y si bien lleg\u00f3 a Brasil en 1727, tard\u00f3 casi el siglo entero para llegar a R\u00edo de Janeiro, y a la zona de Vale do Para\u00edba lleg\u00f3 en 1790. Como poco se sab\u00eda acerca del nuevo\u00a0 cultivo, surgieron variedades de textos (como los manuales de Laborie, Saia y del bar\u00f3n de Paty Alferes) para ayudar a los pioneros, que describ\u00edan t\u00e9cnicas de implantaci\u00f3n de los cultivos, las m\u00e1quinas y, por encima de todo, la configuraci\u00f3n espacial de la hacienda. &#8220;Los toscos establecimientos rurales de subsistencia dieron lugar a los m\u00e1s que especializados y complejos conjuntos de edificaciones de la hacienda cafetalera&#8221;, sostiene Benincasa. &#8220;Principiar\u00e9is vuestra hacienda edificando primero una casa com\u00fan para vuestra vivienda temporal, y tantas cuantas fueren necesarias para instalar a los esclavos y camaradas; pero todo esto debe hacerse de forma tal que no estorbe la l\u00ednea de la hacienda&#8221;, advierte el compendio de 1847 de Paty Alferes. El proyecto del establecimiento era la base de todo, y en dicha base estaba el cultivo del caf\u00e9 y, posteriormente, el terrero, el centro de todo el conjunto. &#8220;Adem\u00e1s del cuidado de situar las plantaciones, es deseable implantar la residencia del propietario de manera tal de asegurar dominio visual de las instalaciones, evidenciando el prop\u00f3sito del control del conjunto de actividades&#8221;, agregaba Laborie. Para funcionar, la &#8220;industria&#8221; cafetalera deber\u00eda construirse de manera tal de permitir el encadenamiento de las articulaciones.<\/p>\n<div id=\"attachment_244113\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_itu-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-244113\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_itu-2-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Vladimir Benincasa<\/span><\/a> Hacienda Vassoural, en It\u00fa<span class=\"media-credits\">Vladimir Benincasa<\/span><\/p><\/div>\n<p>&#8220;La configuraci\u00f3n t\u00edpica era un terrero de secado de caf\u00e9 alrededor del cual se encontraba el caser\u00f3n en posici\u00f3n destacada, foco central del conjunto. Esa conformaci\u00f3n permit\u00eda la dominaci\u00f3n visual, y as\u00ed, la social, ya que todo suced\u00eda delante del caser\u00f3n, incluida la posici\u00f3n de la casa de esclavos, siempre cerca de la casa grande, dada la necesidad de vigilancia sobre los esclavos, cuyos precios eran a veces superiores a los de la tierra&#8221;, explica el investigador. Al lado del caf\u00e9, lleg\u00f3 la &#8220;leche&#8221;: con la decadencia de la miner\u00eda, grupos de mineros se vieron atra\u00eddos por el cultivo del caf\u00e9, y trajeron el influjo de su arquitectura, m\u00e1s sofisticada, y de t\u00e9cnicas m\u00e1s modernas que la paulista, basadas en la tapia de pil\u00f3n. Fueron tambi\u00e9n los mineros los que dieron a las haciendas nuevos rasgos formales, tales como la inclusi\u00f3n del \u00e1rea de servicio en el cuerpo principal de la edificaci\u00f3n, la adopci\u00f3n de alpendres y escalinatas externas, de los ornamentos, de la levedad de la obra. &#8220;En diversas regiones, la poblaci\u00f3n minera era superior a la paulista. De all\u00ed la presencia de la casa t\u00edpicamente minera en las m\u00e1s diversas \u00e9pocas y zonas del estado de S\u00e3o Paulo.&#8221;<\/p>\n<p>Aislada en el medio del bosque, la hacienda de caf\u00e9 del siglo XIX se asemejaba a una villa, y concentraba un gran n\u00famero de trabajadores para la ejecuci\u00f3n de actividades diarias. La tipolog\u00eda arquitect\u00f3nica de esta primera fase de la caficultura, sostiene Andr\u00e9 Ferr\u00e3o, de la Facultad de Ingenier\u00eda Civil, Arquitectura y Urbanismo de la Unicamp, autor de Arquitectura del caf\u00e9, es la &#8220;hacienda aut\u00e1rquica, sin relaci\u00f3n con el medio externo, porque produc\u00eda todo lo necesario para su subsistencia&#8221;. &#8220;La antigua casa paulista r\u00fastica, que perdur\u00f3 hasta el siglo XVIII, de pocos muebles, con ganchos de hamacas esparcidos por los batientes de las puertas, va paulatinamente cediendo su lugar a casas con salas amuebladas con muebles importados, pianos, cuadros y bibelot&#8221;, sostiene Benincasa. &#8220;Ya no se recibe m\u00e1s en la antigua galer\u00eda embutida; ahora las visitas llegan al sector principal por una escalinata&#8221;. Nac\u00eda la casa grande suntuosa, hecha para mostrar el poder de la elite cafetalera monarquista. &#8220;La llegada de la misi\u00f3n francesa a R\u00edo tambi\u00e9n introducir\u00eda elementos nuevos en esas casas, tales como una mayor preocupaci\u00f3n con la elaboraci\u00f3n del dise\u00f1o de la fachada, la b\u00fasqueda de la simetr\u00eda, la mayor armon\u00eda en la distribuci\u00f3n de los vanos, la adopci\u00f3n del s\u00f3tano para evitar el contacto directo con el suelo, el mayor aislamiento y la ventilaci\u00f3n, en el marco de los supuestos higienistas de la \u00e9poca. La hacienda cafetalera de S\u00e3o Paulo posee especificidades que no existen en propiedades similares de otros pa\u00edses&#8221;, advierte el autor.<\/p>\n<div id=\"attachment_244108\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_catanduva-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-244108\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_catanduva-2-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Vladimir Benincasa<\/span><\/a> Hacienda S\u00e3o Sebasti\u00e3o, en Catanduva&#8230;<span class=\"media-credits\">Vladimir Benincasa<\/span><\/p><\/div>\n<p>Los manuales de Laborie y del bar\u00f3n igualmente preconizaban la necesidad de organizar el lugar de albergue de los esclavos, hasta entonces construidos por ellos mismos, reproduciendo el esquema de sus habitaciones africanas. &#8220;A partir de la d\u00e9cada de 1840, se difundi\u00f3 un nuevo modelo de barracones en muros corridos o en cuadras, una forma de ejercer mayor control sobre los cautivos&#8221;. Hoy en d\u00eda existen pocas de esas edificaciones, ya que, no siendo lugares para vivir, sino de albergue, eran construidas con t\u00e9cnicas y materiales precarios y r\u00fasticos. &#8220;En general las que est\u00e1n en pie exhiben modificaciones hechas para albergar luego de la abolici\u00f3n a las familias de inmigrantes; otras se convirtieron en dep\u00f3sitos&#8221;. De todas maneras, se ubicaban cerca del caser\u00f3n se\u00f1orial, para que los ojos del due\u00f1o no se despegaran de sus esclavos. Al fin y al cabo, ahora \u00e9ste ten\u00eda nuevas obligaciones sociales que decretaron el fin del alpendre, que antes era el lugar destinado recibir a las visitas, una descortes\u00eda impensable a comienzos del siglo XIX en las haciendas del Para\u00edba. A los visitantes deb\u00eda recib\u00edrselos directamente en el interior de las casas, en salas de recepci\u00f3n, para despu\u00e9s llevarlos a una sala de visitas. &#8220;Esto modific\u00f3 la fachada del caser\u00f3n, ahora compuesta por una escalinata y un descanso de acceso, portadores de un fuerte simbolismo, marcando la recepci\u00f3n y creando una expectativa para la entrada en la casa del amo de la propiedad.&#8221;<\/p>\n<div id=\"attachment_244110\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_galia-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-244110\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_galia-2-300x221.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"221\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Vladimir Benincasa<\/span><\/a> &#8230;Hacienda S\u00e3o Jo\u00e3o do Tibiri\u00e7\u00e1, en G\u00e1lia&#8230;<span class=\"media-credits\">Vladimir Benincasa<\/span><\/p><\/div>\n<p>He all\u00ed otra innovaci\u00f3n en relaci\u00f3n con la antigua casa paulista: en la morada del rico hacendado del caf\u00e9, el espacio destinado a la recepci\u00f3n, el \u00e1rea de convivencia general, es mucho m\u00e1s generosa. &#8220;Son las salas sociales, en donde se hacen los saraos, las veladas literarias, y donde se admite en cierto grado la sociabilidad, una vez cumplidos los rituales m\u00ednimos de admisi\u00f3n y de actuaci\u00f3n de los cuales se revest\u00edan estos encuentros&#8221;, explica Benincasa. La capilla dentro del caser\u00f3n resaltaba de la misma manera la ligaz\u00f3n del poder del hacendado con la poderosa Iglesia Cat\u00f3lica. &#8220;El interior de esos caserones guardaba funciones exclusivas que no podr\u00edan desarrollarse en otro lugar de la hacienda, dado su valor simb\u00f3lico; las pr\u00e1cticas religiosas fueron llevadas adentro de la casa del hacendado&#8221;. La ostentaci\u00f3n estaba en todas habitaciones: desde los pisos encerados hasta las ca\u00f1er\u00edas de agua y la electrificaci\u00f3n, pasando por las pinturas murales decorativas, los papeles de pared importados, los techos elaborados, las ventanas y puertas tapizadas al mejor estilo de la Corte carioca, cuyos h\u00e1bitos se adoptaron en las haciendas de caf\u00e9. Nuevos tiempos, nuevas costumbres: la expansi\u00f3n de la caficultura en el interior de S\u00e3o Paulo, y tambi\u00e9n la campa\u00f1a antiesclavista, trajo a los colonos europeos y sus habilidades. &#8220;Este proceso, aliado al surgimiento de una elite cafetalera y a la llegada de profesionales tales como arquitectos e ingenieros europeos (adem\u00e1s de diversos artesanos transformados en colonos), iba a modificar el paisaje de las haciendas cafetaleras. Asimismo, la expansi\u00f3n de las v\u00edas f\u00e9rreas empleadas para llevar la producci\u00f3n al puerto de Santos y el desarrollo de la navegaci\u00f3n a vapor facilitaron la importaci\u00f3n de materiales de construcci\u00f3n desde Europa y Estados Unidos.&#8221;<\/p>\n<div id=\"attachment_244112\" style=\"max-width: 235px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_itapira-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-244112\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_itapira-2-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Vladimir Benincasa<\/span><\/a> &#8230;Hacienda Engenho da Palmeiras, en Itapira&#8230;<span class=\"media-credits\">Vladimir Benincasa<\/span><\/p><\/div>\n<p>Surgen casas de mayor libertad formal, con una r\u00edgida segmentaci\u00f3n del espacio. &#8220;Hay salas y saletas destinadas a las m\u00e1s diversas actividades: salas de visita, de t\u00e9, de juegos, de costura, de m\u00fasica, de almorzar, de cenar, fumoir, etc. Surgen los pasillos, destinados al tr\u00e1nsito interno por las diversas alas de la casa sin la percepci\u00f3n del visitante, reflejos de un proceso de aburguesamiento de la clase rural&#8221;, afirma Benincasa. La arquitectura de tierra fue sustituida por la modernidad de materiales y ladrillos y el nuevo ideal es la casa soleada, aireada y aseada, en la cual que el ba\u00f1o se convierte en una pieza fundamental. &#8220;La casa rural de finales del siglo XIX y comienzos del XX incorporaba las comodidades de la vida moderna, pasando a expresar de esta manera la solidez econ\u00f3mica y el cosmopolitismo del hacendado paulista&#8221;. Tan distante de la austeridad campesina de la casa bandeirante, el caser\u00f3n moderno era testigo de la disposici\u00f3n de los barones del caf\u00e9 a transformar sus residencias en lugares apacibles y c\u00f3modos que se reflejaba, acota el investigador, incluso en las relaciones de g\u00e9nero. &#8220;Hab\u00eda oportunidades de convivencia para las mujeres. Si bien las \u00e1reas de permanencia de ellas a\u00fan estaba separada de las de los hombres, se hab\u00eda creado una franja intermedia donde todos podr\u00edan estar, incluso gente ajena a la convivencia dom\u00e9stica.&#8221;<\/p>\n<div id=\"attachment_244106\" style=\"max-width: 235px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_casa-branca-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-244106\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_casa-branca-2-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Vladimir Benincasa<\/span><\/a> &#8230;Hacienda Santa Veridiana, en Casa Branca&#8230;<span class=\"media-credits\">Vladimir Benincasa<\/span><\/p><\/div>\n<p>La casa grande y los barracones dejaron paulatinamente su lugar a casas rodeadas de jardines y las casas de colonos. &#8220;Preservando elementos arquitect\u00f3nicos de la hacienda t\u00edpica, surg\u00eda una nueva\u00a0 tipolog\u00eda que incorporaba la modernidad t\u00e9cnica. La hacienda cobraba aires de empresa agroindustrial como las instaladas en la zonas de tierras moradas de la regi\u00f3n de Ribeir\u00e3o Preto&#8221;, escribe Andr\u00e9 Ferr\u00e3o. Esa evoluci\u00f3n arquitect\u00f3nica se romper\u00eda una vez m\u00e1s con la depresi\u00f3n de 1929 y la Revoluci\u00f3n del &#8217;30. &#8220;Surge una nueva arquitectura, no la de la gran hacienda, sino la de la chacra de caf\u00e9, de cara a la nueva l\u00f3gica del proceso productivo&#8221;, acota Ferr\u00e3o. Es el comienzo del fin de las grandes propiedades de Vale do Para\u00edba y de su evoluci\u00f3n como empresas agroindustriales del oeste paulista. Seg\u00fan el investigador, es el momento en que el n\u00facleo industrial de las haciendas se redujo en tama\u00f1o y complejidad, pues las operaciones de procesamiento y almacenaje del producto empezaron a hacerse en las ciudades, y as\u00ed, las casas principales, las de los colonos y las dem\u00e1s instalaciones se volvieron m\u00e1s modestas, cuando no desaparecieron. &#8220;El due\u00f1o no est\u00e1&#8221;: la frase de Lobato describ\u00eda la mudanza del propietario a las grandes ciudades, desde donde pod\u00eda controlar todo el proceso pasando solamente unas temporadas en sus propiedades rurales. Al fin de cuentas, ahora hab\u00eda medios de transporte r\u00e1pidos que permit\u00edan esa doble vida, tan diferente del antiguo aislamiento en la hacienda. &#8220;La arquitectura del complejo productivo de la mayor\u00eda de las propiedades del nuevo oeste paulista se identificaba as\u00ed bastante con la propia arquitectura del cafetal&#8221;, sostiene Ferr\u00e3o.<\/p>\n<div id=\"attachment_244107\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_casa-branca-fz-brejao-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-244107\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/patrimonio_casa-branca-fz-brejao-1-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Vladimir Benincasa<\/span><\/a> &#8230;Hacienda Brej\u00e3o, en Casa Branca<span class=\"media-credits\">Vladimir Benincasa<\/span><\/p><\/div>\n<p>&#8220;Las casas de las primeras d\u00e9cadas del siglo XX tienen una arquitectura sencilla, donde desaparecen los adornos; una arquitectura pr\u00e1ctica, destinada prioritariamente al trabajo y no tanto a vivir. Se hizo realmente com\u00fan que un hacendado tuviera varias haciendas, ya que con el autom\u00f3vil pod\u00eda desplazarse r\u00e1pidamente entre ellas. Es significativo que las revistas de comienzos del siglo XX no muestren casas de haciendas, como era com\u00fan, sino las oficinas y casas de administraci\u00f3n, como para justificar la ausencia de un caser\u00f3n m\u00e1s suntuoso&#8221;, a\u00f1ade Benincasa.\u00a0 Las casas de los colonos eran reflejo de la modernizaci\u00f3n econ\u00f3mica. &#8220;Existe una gran semejanza entre ellas y las casas de los poblados obreros, cuyo ideal se propagaba por el mundo capitalista, y la hacienda cafetalera paulista no podr\u00eda dejar de recibir ese influjo, principalmente en lo que ata\u00f1e al incremento de la productividad y al control del trabajo y de los trabajadores&#8221;, explica el investigador. Van tambi\u00e9n volvi\u00e9ndose comunes, sigue, las torres con relojes, las campanas, los miradores y las sirenas en estas haciendas convertidas en complejos agroindustriales: eran s\u00edmbolos de la modernidad y organizaban el d\u00eda en varios turnos de trabajo, que ahora pod\u00edan entrar en la noche gracias a la iluminaci\u00f3n el\u00e9ctrica. Pero el tiempo corr\u00eda en contra del sistema. &#8220;En la d\u00e9cada de 1940 era n\u00edtida la tendencia que indicaba que la chacra de caf\u00e9, con su arquitectura espec\u00edfica y apropiada a los nuevos par\u00e1metros impuestos por el sistema productivo, se hab\u00eda convertido en la principal unidad de producci\u00f3n del complejo agroindustrial de caf\u00e9. En la mayor\u00eda de estas chacras, la llamada casa de colonos desapareci\u00f3 debido al \u00e9xodo de los trabajadores rumbo a las ciudades, con lo cual surgi\u00f3 la figura del bracero [b\u00f3ia-fria]. Algunas casas aisladas, en general de madera, se esparcen por la propiedad. El caser\u00f3n se volvi\u00f3 sencillo o incluso inexistente&#8221;, escribe Ferr\u00e3o. Todo es pret\u00e9rito, aunque los verbos se conjuguen en futuro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La riqueza de la vida en las haciendas de caf\u00e9 paulistas","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[272],"coauthors":[117],"class_list":["post-83737","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es","tag-arquitectura"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83737","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83737"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83737\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83737"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83737"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83737"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83737"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}