{"id":83752,"date":"2008-06-01T00:00:00","date_gmt":"2008-06-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2008\/06\/01\/el-baile-de-la-seduccion-2\/"},"modified":"2017-07-13T15:49:56","modified_gmt":"2017-07-13T18:49:56","slug":"el-baile-de-la-seduccion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-baile-de-la-seduccion-2\/","title":{"rendered":"El baile de la seducci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/06\/passaro-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-242510\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/06\/passaro-1-300x201.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"201\" \/><span class=\"media-credits-inline\">MARIA GUIMAR\u00c3ES<\/span><\/a>Desde la punta de una rama, la peque\u00f1a ave verde oliva observa la fila de machos que se preparan para el ritual del cortejo. El primero levanta vuelo, frena en el aire durante algunos segundos y muestra a la doncella las plumas rojizas del copete de la cabeza antes de posarse en el final de la fila. A alta velocidad, un macho sucede a otro en esa maniobra de conquista que parece una disputa entre rivales, pero en realidad es un baile organizado. La danza coordinada contin\u00faa hasta que uno de ellos suelta un agudo \u00a1ti-ti-ti-ti-ti!. Es el l\u00edder de la bandada, el macho alfa para los bi\u00f3logos, que anuncia el final de la fiesta. De ser correspondido, volar\u00e1 hacia la privacidad de la selva en compa\u00f1\u00eda de su pretendida.<\/p>\n<p>En el palco de exhibici\u00f3n, que los expertos denominan lek, quien manda es siempre el mismo macho. Pero sin un cuerpo de baile conformado por uno a siete machos subordinados, \u00e9l no tiene posibilidades de atraer la atenci\u00f3n de una hembra. La tarea es ardua: durante el per\u00edodo de reproducci\u00f3n, ellos bailan todos los d\u00edas, el d\u00eda entero. Durante el fr\u00edo del invierno, cuando no es la \u00e9poca de polluelos, limitan la exhibici\u00f3n a una o dos veces cada ma\u00f1ana. Las hembras eval\u00faan la capacidad de los machos para mantener al grupo organizado, explica el bi\u00f3logo Mercival Francisco, del campus de Sorocaba de la Universidad Federal de S\u00e3o Carlos (UFSCar).<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 ganan los compa\u00f1eros con eso? \u00c9sa es una de las preguntas que mantiene ocupado a Mercival, quien tambi\u00e9n procura identificar de qu\u00e9 manera la composici\u00f3n gen\u00e9tica del bailar\u00edn azul, p\u00e1jaro emblem\u00e1tico de Ubatuba, var\u00eda a lo largo de su distribuci\u00f3n. \u00c9l investig\u00f3 esos p\u00e1jaros trece cent\u00edmetros de cuerpo azul, alas y cabeza negras con un gorro rojizo que exhiben con tanto orgullo a lo largo del extenso tramo que queda del Bosque Atl\u00e1ntico, que supo acompa\u00f1ar pr\u00e1cticamente a todas las costas brasile\u00f1as.<\/p>\n<p>Esa franja continua se ubica casi por completo en el estado de S\u00e3o Paulo, donde Mercival escogi\u00f3 cinco \u00e1reas en zonas de preservaci\u00f3n para realizar un muestreo de la diversidad gen\u00e9tica\u00a0 de los tangar\u00e1: el Parque Estadual Tur\u00edstico de Alto Ribera (Petar), casi en el l\u00edmite con el estado de Paran\u00e1, el Parque Estadual Carlos Botelho, cercano a Sorocaba, y los n\u00facleos Cubat\u00e3o, Carguatatuba y Picinguaba del Parque Estadual de Serra do Mar todos ellos administrados por el Instituto Forestal. La afortunada fauna que vive en los 415 kil\u00f3metros que separan el Petar y el n\u00facleo Picinguaba tienen a su disposici\u00f3n m\u00e1s de 17.300 kil\u00f3metros cuadrados de selva. Para el investigador, una oportunidad \u00fanica de estudiar el comportamiento de las aves bailarinas cuando no se encuentran restringidas en las islas de selvas rodeadas de ca\u00f1averales o zonas urbanizadas.<\/p>\n<p>En las cinco \u00e1reas seleccionadas, Mercival extrajo sangre de los machos que participaban de los grupos de baile y analiz\u00f3 diez tramos de ADN seleccionados para medir el parentesco. La idea era comprobar si los lazos familiares, que explican mucho de la solidaridad animal, se escond\u00edan detr\u00e1s de esa danza el ayudar a los hermanos est\u00e1 visto por los bi\u00f3logos como una forma indirecta de perpetuar los propios genes, una estrategia que ser\u00eda favorecida por la evoluci\u00f3n. Con todo, los resultados demuestran que no es lo que sucede con los bailarines. Sus grupos pueden incluir machos emparentados, pero no es eso lo que los re\u00fane. Ellos habitan en donde nacieron, y por azar algunas veces acaban en un lek donde hay parientes, cuenta el bi\u00f3logo.<\/p>\n<p><strong>Todos para uno<br \/>\n<\/strong>Este descubrimiento no es del todo sorprendente. El mismo patr\u00f3n de conducta ya fue visto en otros bailarines, como los de la especie Chiroxipia lanceolada, habitantes de la Amazonia y de Am\u00e9rica Central parecidos a los del Bosque Atl\u00e1ntico, aunque en ellos el color azul se limita a sus costados, como una capa. Estos p\u00e1jaros, estudiados desde el a\u00f1o 1999 en Panam\u00e1 por la bi\u00f3loga norteamericana Emily Duval, de la Universidad Estadual de Florida, bailan en parejas, que tampoco se forman por relaciones de parentesco. Observando los pas de deux emplumados a\u00f1o tras a\u00f1o, Emily descubri\u00f3 un est\u00edmulo que es m\u00e1s fuerte que la solidaridad fraterna: los machos subordinados cuentan con mayores chances de ascender al puesto de alfa que un macho cualquiera que no haya participado en la danza.<\/p>\n<p>Mercival cree que las reglas del juego son las mismas entre sus bailarines. La posibilidad de reproducirse es cero para los machos que no integran un lek. Para los que participan, las oportunidades son raras, pero existen. El investigador pretende continuar los estudios pormenorizados para entender como funciona la sucesi\u00f3n dentro de los cuerpos de baile de los bailarines azules.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l est\u00e1 preocupado con la deforestaci\u00f3n del Bosque Atl\u00e1ntico, que confina a animales y plantas en islas de selva. En un art\u00edculo publicado hacia fines del a\u00f1o 2007 en la revista Molecular Ecology en colaboraci\u00f3n con Pedro Galetti Junior, del campus de S\u00e3o Carlos de la UFSCar, y con el estadounidense Lisle Gibas, de la Universidad Estadual de Ohio, Mercival compar\u00f3 la diversidad gen\u00e9tica en sus cinco \u00e1reas de estudio y demostr\u00f3 que, cuanto m\u00e1s distantes geogr\u00e1ficamente, m\u00e1s diferentes son las poblaciones desde el punto de vista gen\u00e9tico una indicaci\u00f3n de que los bailarines se quedan cerca de donde nacen en lugar de migrar largas distancias y diseminar su material gen\u00e9tico. En todos los sitios que estudiamos exist\u00edan alelos \u00fanicos, cuenta el bi\u00f3logo refiri\u00e9ndose a las diferentes formas que cada gen puede asumir. Esto significa que toda selva perdida se lleva consigo parte de la diversidad gen\u00e9tica del bailar\u00edn azul. En \u00e1reas en donde la variabilidad gen\u00e9tica ya no es grande, perder esa poca diversidad puede originar poblaciones altamente susceptibles a deformaciones y enfermedades causadas por genes defectuosos por el mismo motivo que se evitan casamientos consangu\u00edneos entre seres humanos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El comportamiento del bailar\u00edn azul determina su variabilidad gen\u00e9tica","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[275,335],"coauthors":[1601],"class_list":["post-83752","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-biodiversidad","tag-zoologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83752","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83752"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83752\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83752"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83752"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83752"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83752"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}