{"id":83769,"date":"2008-07-01T10:40:00","date_gmt":"2008-07-01T13:40:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2008\/07\/01\/la-vida-en-las-profundidades-del-mar-2\/"},"modified":"2017-07-12T15:48:47","modified_gmt":"2017-07-12T18:48:47","slug":"la-vida-en-las-profundidades-del-mar-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-vida-en-las-profundidades-del-mar-2\/","title":{"rendered":"La vida en las profundidades del mar"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_242315\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/07\/corais.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-242315\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/07\/corais-300x226.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"226\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">alberto lindner\/NOAA<\/span><\/a> Bien debajo de la superficie: corales Stylasteridae hallados en las Islas Aleutas, Alaska<span class=\"media-credits\">alberto lindner\/NOAA<\/span><\/p><\/div>\n<p>Entre 2001 y 2003, el bi\u00f3logo Alberto Lindner tuvo la suerte de ir all\u00e1 donde muchos ni siquiera sue\u00f1an llegar. Naveg\u00f3 por las aguas heladas del mar de Bering, en Alaska, cerca del polo Norte, y cruz\u00f3 los mares c\u00e1lidos y soleados de Nueva Caledonia, en el Pac\u00edfico Sur, cerca de Australia y Nueva Zelanda. No estaba de paseo. Su\u00a0 inter\u00e9s era reunir la mayor cantidad posible de ejemplares de un grupo de corales de formas variadas y colores intensos bastante raros en la costa brasile\u00f1a: los corales de la familia Stylasteridae, hallados casi exclusivamente en regiones profundas del oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>A bordo de buques de investigaci\u00f3n Lindner recogi\u00f3 corales con redes de pesca, levantados por dragas que raspaban el lecho marino, o tambi\u00e9n recolectados con la ayuda de peque\u00f1os submarinos. Coleccion\u00f3 en total m\u00e1s de 3 mil ejemplares de 100 de las 250 especies identificadas de Stylasteridae, la segunda menor de las cuatro familias de corales conocidas. Con un tama\u00f1o que var\u00eda de los pocos cent\u00edmetros a casi un metro, cada ejemplar es a decir verdad una colonia con millones de animales invertebrados de cuerpo muy simple, formado por una boca rodeada por tent\u00e1culos y una\u00a0 cavidad \u00fanica que funciona al mismo tiempo como est\u00f3mago e intestino.<\/p>\n<p>Durante el trabajo de doctorado que desarroll\u00f3 en Estados Unidos con apoyo de la Coordinaci\u00f3n de Perfeccionamiento del Personal de nivel Superior (Capes) y de la National Science Foundation, Lindner compar\u00f3 sus ejemplares de corales con otros recogidos en diferentes partes del planeta. Constat\u00f3 que entre los Stylasteridae recolectados hab\u00eda 26 especies a\u00fan no descritas por la ciencia. Son corales en forma de hojas de lechuga o de arbusto con pigmentos carm\u00edn, amarillo o anaranjado -algas microsc\u00f3picas llamadas zooxantelas determinan el color en otros grupos. Pertenecen a los g\u00e9neros Stylaster, Lepidopora, Lepidotheca, Distichopora y Stephanohelia y fueron hallados a profundidades que var\u00edan de 100 a 1.000 metros, en regiones donde posiblemente existen bancos de corales, colinas calc\u00e1reas con cobertura viva que constituyen uno de los ambientes con mayor diversidad de especies del mundo, actualmente amenazados por actividades humanas tales como la pesca y por la alteraci\u00f3n del clima del planeta.<\/p>\n<p>De las aguas azules del Pac\u00edfico emergieron tambi\u00e9n evidencias m\u00e1s contundentes de c\u00f3mo la vida marina evolucion\u00f3 y se propag\u00f3 por los oc\u00e9anos durante los \u00faltimos 65 millones de a\u00f1os. Con Clifford Cunningham, en la Universidad Duke, y Stephen Cairns, del Museo Nacional de Historia Natural de Estados Unidos, Lindner analiz\u00f3 tres genes de los ejemplares de corales prestados por museos y que recogi\u00f3 en Alaska, Nueva Caledonia y la Costa Oeste norteamericana, y estableci\u00f3 el grado de parentesco entre las cien especies de Stylasteridae. Cruzados con informaciones sobre f\u00f3siles de corales recolectados alrededor del mundo, Lindner y los bi\u00f3\u00aclogos norteamericanos reconstruyeron la historia evolutiva de esa familia, que surgi\u00f3 65 millones de a\u00f1os atr\u00e1s, cuando los continentes ocupaban una\u00a0 posici\u00f3n cercana a la actual.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 cuenta esa historia? Mucho sobre el pasado de esos corales, por supuesto. Pero tambi\u00e9n contribuye a actualizar y complementar una teor\u00eda planteada hace casi 130 a\u00f1os para explicar la evoluci\u00f3n de la vida marina. En 1880, el naturalista brit\u00e1nico Henry Nottidge Moseley, quien particip\u00f3 de la expedici\u00f3n oceanogr\u00e1fica Challenger, public\u00f3 en Nature un art\u00edculo\u00a0\u00a0 postulando que las especies que actualmente habitan tanto los continentes como los oc\u00e9anos habr\u00edan surgido en mares playos y solamente m\u00e1s tarde ocupado tambi\u00e9n las zonas marinas m\u00e1s profundas y menos turbulentas. Pero, recientemente, los bi\u00f3logos David Jacobs y David Lindberg, de la Universidad de California con sede en Los Angeles, Estados Unidos, reunieron evidencias qu\u00edmicas que corroboran esa idea: hace entre 240 millones y 90 millones de a\u00f1os, el nivel de ox\u00edgeno en las profundidades de los mares primitivos disminuy\u00f3 a punto tal de imposibilitar la existencia de animales.<\/p>\n<p><strong>Contra la corriente<br \/>\n<\/strong>Cuando el ox\u00edgeno del agua aument\u00f3, los animales marinos naturales de las regiones m\u00e1s playas se esparcieron por las aguas profundas. Los corales Stylasteridae siguieron el camino inverso, de acuerdo con el trabajo de Lindner. Surgieron hace 65 millones de a\u00f1os en \u00e1reas ubicadas a centenares de metros debajo de la superficie y al menos en cuatro momentos distintos invadieron las zonas costeras marinas. En tres de esas ocasiones (hace alrededor de 30 millones, 15 millones y 10 millones de a\u00f1os) migraron hacia los oc\u00e9anos tropicales -y alrededor de 20 millones de a\u00f1os atr\u00e1s alcanzaron tambi\u00e9n las aguas playas de las regiones templadas. &#8220;Este resultado no invalida la hip\u00f3tesis de Moseley, seg\u00fan la cual las aguas playas tropicales sirvieron como reservorio de la diversidad marina&#8221;, dice Lindner. &#8220;Pero muestra que lo contrario tambi\u00e9n debe haber ocurrido.&#8221;<\/p>\n<p>El trabajo de Lindner tambi\u00e9n indica que las aguas profundas no siempre son tan pac\u00edficas, raz\u00f3n por la cual, seg\u00fan el ge\u00f3logo Geerat Vermeij, de la Universidad de California en Davis, muchas especies habr\u00edan cambiado las aguas playas por los valles marinos (un 66% de las 5.080 especies de corales vive debajo de los 50 metros). Tres especies de corales del g\u00e9nero Adelopora, que poseen una estructura calc\u00e1rea sobre la apertura de la boca capaz de protegerlos del ataque de babosas y caracoles marinos, son naturales de las aguas profundas, de acuerdo con el art\u00edculo\u00a0 de PLoS One. &#8220;Este mecanismo protector sugiere que existe una presi\u00f3n predadora considerable sobre los organismos que viven en mares profundos&#8221;, comenta Lindner, hoy en d\u00eda posdoctorando del Centro de Biolog\u00eda Marina de la Universidad de S\u00e3o Paulo, en el litoral paulista, donde erigi\u00f3 un laboratorio de biolog\u00eda molecular con apoyo de la FAPESP y del Consejo Nacional de Desarrollo Cient\u00edfico y Tecnol\u00f3gico (CNPq). &#8220;A\u00fan sabemos poco sobre la ecolog\u00eda de los animales que viven en regiones profundas&#8221;, dice Lindner, quien m\u00e1s recientemente empez\u00f3 a investigar la evoluci\u00f3n de las antomedusas, grupo de animales marinos que incluye otros tipos de corales, aguas vivas e hidras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los corales aportan pistas sobre la evoluci\u00f3n de la biodiversidad marina ","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[275,278,321,335],"coauthors":[105],"class_list":["post-83769","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-biodiversidad","tag-biologia-es","tag-oceanografia-es","tag-zoologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83769","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83769"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83769\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83769"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83769"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83769"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83769"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}